Sobre la pregunta de si existe una filosofía argentina en Alejandro Korn.

Mauro Scivoli

La figura de Alejandro Korn ha sido, y es, ampliamente estudiada en el ámbito académico. Su obra, atraviesa distintas aristas. Histórica, filosófica, política, y hasta económica. Dentro de esa vastedad, del autor, como de los estudios del mismo, este trabajo pretende dar cuenta de una pregunta específica. ¿Qué es, para Korn, la filosofía argentina? ¿existe? ¿cuáles son sus perspectivas a futuro?

Sobre esto, hay otras cuestiones que debemos atender. ¿en donde ubica Korn el origen (ursprung) de nuestro pensamiento?, y más aún, ¿dónde se ubica el propio Korn en este derrotero?

En las líneas que siguen, este trabajo busca aproximar algunas respuestas a estos interrogantes, y plantear nuevas preguntas que resolver.

Introducción.

¿Existe una filosofía argentina? ¿cualquier forma de pensamiento de una comunidad reviste de carácter “filosófico”? Y si es así, ¿podemos pensar que hay tantas filosofías como pueblos existentes?

Estas preguntas, o al menos la primera, es frecuentemente tratada en los filósofos argentinos. Caaturelli, Nimio de Anquín, Kusch, entre otros, buscan dar un horizonte sobre esta pregunta. Este trabajo intenta indagar la (posible) respuesta a este dilema en la figura de Alejandro Korn. De ninguna manera buscamos agotar el debate si no, simplemente, dar cuenta de la respuesta de Korn. Por supuesto, respuesta determinada por el contexto en el cuál escribe nuestro autor. Veamos.

En primer lugar, el propio Korn nos da una pista: su libro más relevante se titula influencias filosóficas en la evolución nacional.

Dos palabras nos detienen; influencias y evolución.

Sobre la primera, el propio autor lo explica

No podemos abrigar la pretensión de una filosofía propia, pues todo el afán de nuestros hombres dirigentes se ha encaminado a europeizarnos, a borrar los estigmas ancestrales, a convertirnos en secuaces de una cultura superior pero exótica. Este argumento no carece de fuerza. Yo mismo, al abordar el asunto, no me he atrevido a llamar mi ensayo Historia de las Ideas sino Historia de las Influencias Ideológicas. (Korn, 1949: 29)

Aquí resuena aquella frase de José Pablo Feinmann: la filosofía argentina es un eco o reflejo de Europa.

Esto reviste ciertas observaciones. La primera, clara, es el carácter colonial de nuestro país. Adoptar una matriz ajena conlleva a mirar la realidad con anteojeras que no son nuestras. O si se quiere, la copia filosófica siempre es absurda.

Afirma Korn: “El esperar la solución de los problemas que nos interesan personalmente, creyendo que otros lo van a resolver, en lugar de reconcentrarnos y resolverlos y resolverlos con nuestras propias fuerzas, es una actitud que no nos honra. ¿Por qué hemos de vivir eternamente sometidos al pensamiento extraño?” (Korn, 1949: 497).

Copiamos, y copiamos mal. A menudo con vetustez. Que sería el menor de los problemas. Copiamos pensando que el hombre sobre el cuál se vuelca esa receta es el hombre americano. Y no lo es.

Una verdadera filosofía americana no niega su carácter occidental, sino que trata de nutrirla con cimentos propios.

En lugar de tener en cuenta los antecedentes de nuestro pueblo y ver que necesidades tenemos que satisfacer, estamos preguntando cuál es la filosofía verdadera que se ha producido en Europa […] con esto no pretendo, ni mucho menos, oponerme a que nos informemos y estudiemos los movimientos de la cultura europea […] pero el contacto con las culturas a que pertenecemos lo hemos de mantener, no a los efectos de reproducir aquello y admitirlo como un dogma, sino a los efectos de enriquecer nuestro espíritu para resolver los problemas que nos afectan. (Korn, 1049: 498)

La filosofía. ¿para qué?

Aquí debemos preguntarnos, no que es una filosofía, sino para que sirve una filosofía. Y la respuesta, que podemos aventurar, es que una filosofía es la guía para dar cuenta y respuesta de nuestros problemas. En palabras de Kusch, una filosofía es un pesar, que está y da forma a un existir. Si entendemos esto, es probable que nos resulte sencillo comprender porque recetas foráneas, económicas, como las del FMI, son inútiles en este continente.

En parte, Korn es el gran señalador de nuestro dilema: tenemos un acervo cultural occidental, pero eso no significa copiar. Al fin de cuentas, volvemos a lo que dijimos arriba. Mas que preguntarnos que es una filosofía debemos preguntarnos para que. Y he aquí que una filosofía no pueda aspirar a ser más que una voluntad nacional, en un doble sentido: por un lado, interrogar acerca de la identidad nacional, y por otro, desprendiendo de esta, plasmar una serie de respuestas a nuestros problemas. Conocer para resolver.

Esto adquiere una instancia previa, epistemológica, podríamos decir. Esto es, reconocer que nuestro esquema de pensamiento es colonial. A partir de aquí, podemos indagar la realidad; es decir, antes de realizar un planteamiento filosófico, debemos dar cuenta que nuestras anteojeras son americanas. O al menos, si no las tenemos, dar cuenta de ese vacío. Hablamos según una matriz filosófica. Si esta no existe, debemos pensarla. Sin importar si esta se da de una manera tosca y brusca.

Traigo a colación unas palabras de Coriolano Alberini

Así fuimos acumulando no poco substancioso humus filosófico verbal en la facultad de filosofía y Letras, único lugar del país donde eran permitidas semejantes expresiones espirituales. Luego, con el andar de los años, aquellas juveniles trifulcas socráticas, diremos así, dentro y fuera de la clase, sobre todo fuera, se iban trocando en artículos críticos filosóficos. (Alberini, 1966: 122)

El ámbito institucional permite el diálogo. Lo que se plasma en un artículo, y lo que no. De allí su importancia. Pensemos en la academia de Platón o en el liceo de Aristóteles. Son las instituciones las que generan el disenso que luego dan forma a un corpus ideológico.

Corresponde, posteriormente, asumir si ese corpus es autentico, es decir si da cuenta de la realidad del grupo humano en la que se encuentra anclado. Por eso la filosofía, más que una respuesta a los problemas existenciales de un grupo humano, lo que busca es servir como guía.

En este punto quiero traer algunas palabras de Jorge García Venturini. Ante la pregunta, ¿para qué sirve la filosofía?, responde: “La filosofía- y de modo eminente la metafísica- no sirve para nada, no porque sea inútil, sino porque es supra útil, porque está más allá de toda utilidad y por encima de cualquier servidumbre” (García Venturini, 1972: 3).

¿Qué significa esto? Pues que la filosofía expresa una verdad. O varias. Pero no sirven. Por el contrario, nos sirven a nosotros. Y ¿para qué? Para funcionalizar esas verdades en un nivel ontológico.

Volvemos a lo de arriba. La filosofía no va a resolver problemas económicos, pero si va a presentar una dimensión ontológica a los cuáles la economía debería servir. Pues bien, si la filosofía expresa verdades de un grupo cultural humano, lo que no debemos hacer es copiar filosofías foráneas ya que estaríamos pensando con anteojeras que no son nuestras. Es menester, ante todo, hallar una voluntad nacional sobre la cual se cimente una filosofía.

Sostiene Korn: “En busca de nuestra filosofía en este caso, como si la pudiéramos adquirir por compra o préstamo y la pudiéramos estrenar de improviso sin ajustarla a nuestra medida […] tengamos ante todo una voluntad nacional, luego hallaremos fácilmente las ideas que expresan” (Korn, 1949: 41).

Aquí el esquema parece claro: interrogar la realidad nacional para extraer aquellas máximas que sirvan de guía. Claro está, esto atisba dos cuestiones; el tiempo y el espacio. No podemos indagar una realidad pretérita con los ojos actuales porque caeríamos en el anacronismo. Y viceversa.

Corresponde, ante todo, una indagación real de lo que nos sucede. En esto juega el pueblo, como dador de esa realidad colectiva, y el filósofo, que actúa como un artista que logra plasmar esa realidad.

Sostiene Korn:

¿Desde cuándo tenemos filosofía argentina? ¿acaso tenemos filósofos? Y bien, a mi vez preguntaría: ¿se concibe que una colectividad humana unificada por sentimientos, intereses e ideales comunes desarrolle su acción sin poseer ideas generales? Pues si logramos desentrañar estas ideas implícitas del devenir histórico hallaremos, por fuerza, una posición filosófica. De hecho, nuestro pueblo nunca ha dejado de tenerla. (Korn, 1949: 29)

El filósofo, lugar en el que se inscribe el propio Korn, ha de tener como función dar cuenta de esas “ideas comunes” de la colectividad, que no es otra cosa que la voluntad popular.

En este punto entra Juan Bautista Alberdi. ¿Por qué? Pues porque a los ojos de Korn, Alberdi ha sido el único exponente que ha logrado materializar un corpus de pensamiento que responda a lo que mencionamos; que, de cuenta del medio, y que busque resolver los problemas del mismo.

Alberdi como pasado y futuro de la filosofía argentina.

Korn toma a Alberdi de una manera particular, sentando precedencia e inaugurando una tradición que tomará lo expuesto por este autor sobre las ideas del tucumano. Leer en clave filosófica a Alberdi se debe, en parte, a Korn

Compete, ante todo, plantearse una serie de preguntas orientadoras: ¿Por qué Korn toma a Alberdi?; ¿Qué texto de Alberdi es tomado?; y lo más primordial, ¿Qué busca legitimar con la exposición sobre Alberdi?

El autor de Influencias filosóficas considera a Alberdi no solo el más alto y pertinente exponente del positivismo sino también el pensador que mayor influencia ha ejercido en la actualidad. [2]

Las máximas del pensamiento alberdiano son sostenidas con fervor aun cuando quienes las sostengan, publicistas o políticos de moda, no conozcan ni un ápice de la obra que concentra lo neurálgico de este pensamiento, es decir Las Bases.

Ningún pensador argentino ha ejercido semejante dominio espiritual, ni se ha impuesto con mayor intuición profética. Su doctrina, novedosa al parecer, volvióse trivial; difundida en el ambiente y asimilada en lugares comunes se incorporó al haber intelectual de las masas. Todavía la repiten quienes jamás hojearon las Bases, desde los hombres de gobierno hasta los declamadores de bocacalle. La palabra de Alberdi persiste; su fuerza no tiende a extinguirse. Después de llenar con eficacia su cometido histórico aún le sobrevive. (Korn, 1983: 295)

Ahora bien, ¿de que consta esta doctrina y cuáles son estructuras por las que Korn afirma que mantienen su vigencia indeclinable?

Las reminiscencias del paradigma positivista en la formulación alberdiana son sintetizadas en el correlato que este tuvo con el utilitarismo inglés, y con ello el desarrollo exponencial de la arista económica, y por otro lado, la reticencia a todo elemento proveniente del ámbito hispánico colonial; economía y negación del sustrato español son los atributos que Korn le atribuye a Alberdi que siguen operando de manera no solo primordial sino también hegemónica: “El programa alberdiano postula como fin el desarrollo económico y como medio la asimilación de la cultura europea; su faz negativa es el repudio de la tradición hispano colonial y de los valores étnicos del ambiente criollo” (Korn, 1983: 299).

Así, se resuelven algunos de los interrogantes planteados: Korn toma a Alberdi por considerarlo el precursor de un ideario preminentemente activo, esto es, la negación del elemento español, al que considera estático y vetusto; luego, por poner el foco en la economía, sirviéndose de Las Bases, texto que considera, ejerce una enorme influencia para su actualidad (Influencias se edita en 1936, aunque la mayoría de los escritos responden a la década del ‘20).

El positivismo y la figura de José Ingenieros.

Quiero destacar lo siguiente; Korn encuentra en el positivismo la expresión de un movimiento autóctono, es decir que, según el autor, podemos hablar de un positivismo argentino. La guía de Comte y Spencer adaptada a las necesidades locales, a su genius loci.

A diferencia del romanticismo, el positivismo se caracterizó por su negación de la metafísica, por el predominio de la ciencia laica y por la afirmación de los intereses económicos. En parte, estos son los pilares de la propuesta filosófica de Korn, y que mantendrá hasta el final de su obra, aun cuando considere que el positivismo se encuentra agotado para nuestro medio.

Sobre esto último, nuestro autor destaca que el positivismo argentino ha dado a luz a mentes brillantes, como la de José Ingenieros que dio inicio a etapa superadora: el cientificismo.

Korn alega que este positivismo, aún bajo sus vertientes autóctonas, ha entrado en franca decadencia y ha de ser reemplazado por una orientación superior: “Entre nosotros, en el transcurso de los últimos veinte años, si ha sobrevenido la decadencia evidente de las doctrinas positivistas, no han sido reemplazadas por una orientación de igual arraigo” (Korn, 1983: 289).

Si seguimos el hilo, podemos dar cuenta de lo siguiente; Alberdi, junto con el positivismo han sentado las bases de una propuesta filosófica argentina. De allí que, en este juego de palabras, Korn escriba las Nuevas Bases. Si se quiere, en parte, como una actualización de las Bases de Alberdi.

Korn reconoce el aspecto económico de este pensamiento, empero renegando de elementos como la creencia universal en la cultura europea, o del desconocimiento de la clase trabajadora.

No todos los frutos de la época alberdiana son halagadores. Recordemos la formación de un proletariado, anacrónico en un país de recursos inagotados; pensemos en la perversión del sentimiento nacional, en amable consorcio, por el histrionismo patriotero y el cosmopolitismo trashumante. No entendemos decir nada novedoso. Desde las más autorizadas tribunas se han señalado con frecuencia y con elocuencia los malos evidentes del predominio exclusivo de los intereses económicos: No se nos ocultan sus consecuencias más graves, la crisis del carácter y el culto al éxito. (Korn, 1983: 300)

Hay en esta última frase, el culto al éxito, cierta reminiscencia al libro de Gálvez, El diario de Gabriel Quiroga, que denuncia el utilitarismo inmigratorio en detrimento de la nacionalidad argentina mediterránea.

Ahora bien, si Korn rescata el pensamiento alberdiano, y en particular su faceta utilitaria, lo hace subordinando todo este entre tramado a una idea directriz: la ética.

Las nuevas Bases. El socialismo.

Debemos tener en cuenta que nuestro autor adhiere a las filas, primero de la U.C.R. y, más tarde, del socialismo; por lo cual debiera considerarse la posición de estos movimientos con respecto al elemento ético y a lo que concierne al examen propositivo.

Si lo que impero hasta aquí es un reconocimiento, con algunas críticas, al pensamiento de Alberdi, su desembocadura es una faceta donde se opere una actualización del mismo para que pueda tener vigencia en una sociedad en constante cambio. ¿Quién ha de operar para vitalizar el pensamiento de Alberdi, agregándole el aspecto ético indispensable para la transmutación de los hombres? La respuesta de Korn es evidente:

La obra más orgánica y coherente se la debemos a la pertinacia tesorera del doctor Justo. El partido socialista representa de hecho la fuerza renovadora más disciplinada […] El socialismo, en realidad, se ha dado cuenta de que el problema social, más que económico, es un problema ético. Públicamente no pueden confesarlo, porque este pensamiento no es de Marx, sino de Le Play, de Schmoller y de León XIII. Los dirigentes saben empero que sus propósitos no pueden realizarse sin la condición previa de una elevación intelectual y moral de las masas. (Korn, 1983: 303)

El socialismo, así, es la fuerza capaz de “actualizar” el pensamiento de Alberdi. Por eso la denominación “Nuevas Bases”.

Alberdi ha establecido los pilares de la Argentina. Compete, ahora, actualizarlos, darle una forma correspondiente al país de comienzos del siglo XX.

Korn reconoce en el positivismo argentino cierto carácter de autenticidad. Ahora bien, hay en esto, si se quiere, una caducidad.

El positivismo mostro signos de potencia, en tanto filosofía vernácula, pero no ha logrado materializarse. O si se quiere, el sujeto cultural ha cambiado. El discurso positivista es para una sociedad que no es la de la Argentina de los años ’30. En otras palabras, el país de José Ingenieros no es el mismo de Korn a la hora de escribir las Nuevas Bases.

En esto, uno podría preguntarle a Korn; si partimos del esquema acerca de que no pueden existir tantas filosofías como pueblos existen en el mundo, cabría preguntarnos, ¿existen tantas filosofías de acuerdo al tiempo cultural del sujeto? Y si es así, ¿no estaríamos saltando de filosofía en filosofía según la novedad de la época? ¿No hay una constante, una latencia, un algo que perviva al tiempo?

Nuestro autor ofrece una respuesta

               Así la dirección de nuestros estudios será, más que en sentido de la filosofía especulativa, de la filosofía en sí, en el de la filosofía de la aplicación, de la filosofía positiva y real, de la filosofía aplicada a las instituciones sociales, políticas, religiosas y morales de estos países. El pueblo será el gran ente cuyas impresiones, cuyas leyes de vida, de movimiento, de pensamiento y de progreso trataremos de estudiar y determinar. (Korn, 1949: 500)

El pueblo aparece como el centro desde el cuál ha de estructurarse una filosofía, teniendo como finalidad resolver sus problemas prácticos. Destaco la frase “filosofía positiva y real” en detrimento de la filosofía especulativa. Acá se produce un enraizamiento de la propuesta; la filosofía especulativa es propia de los países desarrollados. En América esto carece de sentido. Los problemas que tiene que dar cuenta la filosofía, son otros.

¿Cuáles son los problemas que América esta llamada a establecer y resolver en estos momentos? Son los de la libertad, de los derechos y goces sociales de los que el hombre puede disfrutar en el más alto grado en el orden social y político; son los de la organización pública más adecuada a las exigencias de la naturaleza perfectible del hombre en el suelo americano. (Korn, 1949: 500)

La cuestión social aparece, entonces, dentro del abanico de problemas que la filosofía ha de tener que ocuparse.

Quiero concluir este, breve, trabajo con algunas reflexiones sobre la figura de Korn.

Conclusión

Si bien tenemos autores nacionales, como Alberto Buela, que cuestionan a Korn por negar, en el sentido de no darle entidad, al pensamiento filosófico hispánico- americano, la figura de Korn echa luz sobre asuntos importantes; la necesidad de adaptar una filosofía al sujeto cultural, esto es, en su tiempo y espacio. La negación de la novedad europea, en tanto vanguardia filosófica. La reivindicación de Alberdi, como figura de un acervo cultural argentino que sienta las bases de un esquema futuro. Alberdi es el pasado y la piedra angular del ideario argentino. El futuro consiste en reactualizar su pensamiento, sin perder su esencia.

En la arista política, destaco a Korn como promotor de las demandas sociales, y, por último, por incorporar al pueblo como sujeto de un pensamiento americano.

Por todo esto, y seguro por mucho más, Korn constituye uno de los pilares de la filosofía argentina  

Imágenes extraídas de https://www.trenroca.com.ar/estaciones/alejandro-korn.html y de https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Korn#/media/Archivo:Alejandro_Korn-ca1920.jpg, luego generadas por chatgp por nosotros.

Bibliografía.

Korn, Alejandro, Obras Completas, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1949.

Alberini, Coriolano, Problemas de la historia de las ideas filosóficas en la Argentina, Instituto de estudios sociales y del pensamiento argentino, departamento de filosofía, Facultad de humanidades y cs. de la educación, La Plata, 1966.

García Venturini, Jorge, La filosofía ¿para qué sirve?, diario La Nación, 9 de julio de 1972.


[2] “Desde Caseros en adelante la vida argentina ha estado supeditada a una ideología bien definida, de índole positivista, de orientación pragmática. Su síntesis más acabada fueron las Bases de Alberdi.” Korn, Alejandro, Influencias filosóficas en la evolución nacional, Ediciones Solar, Buenos Aires, 1983, p. 295.

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