Hacia la década del 40 del siglo pasado, un grupo de Oficiales de las Fuerzas Armadas con preponderancia de aquellos que pertenecían al Ejercito, iban a desenvolver una estrategia de acción política que se basó en la idea de alentar un cambio sustancial en la orientación del gobierno nacional al instaurar un nuevo modelo de desarrollo en el país acompañado por la pretensión de una nueva inserción en el concierto de naciones.
Introducción
Estos militares manifestaban su hastío fundamentalmente en lo referido al modelo económico liberal, el fraude patriótico instalado como emergente de una pantomima democrática manipulada por el conservadurismo y un creciente temor en el posicionamiento pro-aliado y anglófilo esgrimido por quien había sido elegido como sucesor por el Presidente en ejercicio Ramón Castillo, el empresario y político Robustiniano Patrón Costa.
La Revolución de los Coroneles llegaba a ponerle fin a un modelo cuyas bases sociales y económicas habían sido implantadas más de medio siglo atrás y cuyo cariz político falaz e impostado llevaba ya más de una década funcionando.
En su proclama revolucionaria se manifestaban fuertes críticas a la clase política por la corrupción y al fraude electoral, se pregonaba la restauración del régimen institucional y el sostenimiento de una posición neutral, haciendo especial hincapié en un proceso de restauración moral.
A los fundamentos propios de una mirada nacional histórica, estos militares agregaban una mirada estratégica respecto a la matriz económica de nuestro país en la que se vinculaban la geopolítica, la defensa y el desarrollo.
Sintetizaron su posición en lo que llamaron Grupo Obra de Unificación, una logia militar que funcionó de forma centrípeta donde fueron agrupándose, acumulando y ordenando voluntades de cierta oficialidad con representatividad y ascendencia en los subalternos y la tropa. Desde allí se consolidó una orientación única en base a expresar esa voluntad nacional, soberana, neutralista que se manifestaría en la sonada del mes de Junio de 1943.
Entre sus protagonistas se encontraba nada más y nada menos, que Juan Domingo Perón, quien después de todo sería por peso propio y relevancia histórica la figura descollante y de mayor trascendencia emergida de este movimiento. Juan Perón, sería el único argentino en ser electo tres veces como Presidente de la Nación hasta hoy, y en la última ocasión luego de casi dieciocho años de exilio, con más del 60% de los votos, mostrando una vigencia en la representación del pueblo argentino.
Fue el mismo Perón quien “se gustó de filiar a su movimiento político tanto con lo que llamaban Revolución de 1943 como con el 17 de octubre”[1], reivindicando su vinculación militar nacional, popular y obrera.
Esa nueva irrupción de la línea nacional a mediados del siglo pasado, se ordenaba entorno a lo que Devoto llama “horizonte de expectativas”[2], entre las cuales se destacaban el reordenamiento interno y sostener el posicionamiento externo, proceder a la recomposición institucional y la restauración democrática. Todo esto se encaminaría rápidamente, y en algo menos de tres años uno de esos Coroneles ganaría las elecciones imponiéndose sobre un amplísimo frente electoral apoyado por toda sinergia internacional (en la bolsa yanquis y marxistas) y en un rejunte de muchas de las expresiones locales llamada Unión Democrática. El slogan Braden o Perón sintetizaría la controversia del momento: intervención extranjera versus soberanía, sinergia internacional versus línea nacional. En definitiva Patria o Colonia, como rezaba otro lema difundido en el marco de aquella contienda electoral.
Luego, este Proyecto Nacional se consolidaría y profundizaría hasta 1955 cuando fuera derrocado por un golpe militar con apoyo civil de carácter sangriento, cuya acción disolvente se prolongó de forma sistemática durante meses y se cobró la vida de cientos de personas en actos salvajes que incluyeron el Bombardeo de Plaza de Mayo, donde una vez más, la reacción conservadora oligárquico-liberal daría cuenta de un gobierno democrático mediante la utilización de sectores funcionales de las fuerzas armadas. En esos más de diez años (si consideramos como él mismo lo hacía, a los gobiernos de Perón como una continuidad de los revolucionarios de Junio), se habían logrado gran parte de aquellas expectativas mencionadas, y tal vez esto mismo haya sido el principal motivo de la reacción anti-nacional. Durante el período también se impulsó la Tercera Posición, y se enarbolaron como máximas imperativas, las Tres Banderas: Soberanía política, independencia económica y justicia social.
El Neutralismo argentino puesto en cuestión
Cuando Ramón Castillo eligió como su sucesor en el poder a Robustiniano Patrón Costas, seguramente no imaginó que sería la peor opción respecto a la continuidad del esquema de gobierno y aceleraría con ella no solo el fin de su mandato, sino el de una era. Esa elección de sucesor “tuvo muy en cuenta la posibilidad cada vez más acentuada de una derrota del eje”[3], cuestión que gravitó en la determinación. El empresario y político conservador elegido manifestaba abiertamente su postura aliadófila, y era visto con muy buenos ojos por los Estados Unidos. Un nuevo gobierno corrupto y fraudulento, no solo profundizaría la degradación moral e institucional, sino que permitiría prolongar el modelo de extracción de bienes primarios y su colocación en el mercado internacional. Además, esa simpatía mutua entre el delfín del régimen conservador y las potencias aliadas parecía poner en duda la tradición neutralista de nuestro país. El neutralismo de Argentina no era una novedad, y respondía a una vieja tradición institucional que incluía a las Fuerzas Armadas. Ésta se encontraba sustentada en una práctica diplomática que durante medio siglo había dado importantes resultados a nivel comercio exterior (pudiendo vender y comprar a todos sin ser vetado por ninguno), a su vez este posicionamiento le permitía mostrar una faz soberana en cuanto a decidir por sí misma su ubicación en el contexto internacional, sin la necesidad de hacer seguidismo de otros países, ni mezclarse en conflictos que le fueran ajenos.
Desde el plano militar, la neutralidad permitía profesionalizar las fuerzas, incorporar tecnología y armamento mientras se pasaba algo desapercibido al no involucrarse en conflictos bélicos activos era en este sentido un plusvalor. Si bien no puede decirse que primaba una idea antibelicista (nuestro Ejército y Armada había peleado muchísimo en las Guerras de Independencia de América y otros conflictos intestinos que incluyeron enfrentamientos con potencias extranjeras), si podemos decir que en su filosofía gravitaba hacía tiempo una idea de Defensa y no de Guerra. Ese neutralismo, que significa principalmente prescindir de conflictos ajenos, también va moldeando una impronta de independencia de criterio y de un posicionamiento de cierta equidistancia ante los protagonistas de prolongadas y sangrientas confrontaciones. Argentina va estableciendo para sí misma un lugar diferencial, ventajoso y estratégicamente conveniente.
Acercándose el proceso de recambio electoral del 43, no solo parecían prolongarse en horizonte inmediato la corrupción institucional, la falta de transparencia y los mecanismos del fraude, sino que además crecían las sospechas sobre el reposicionamiento que llevaría adelante en su gestión el principal candidato, Patrón Costas, siendo esta una de las variables que agitaron la reacción de parte de las fuerzas que se nucleaban alrededor del GOU y en la línea nacional en general, desencadenando entonces la acción.
La Revolución de Junio, el ascenso de los Coroneles y la reafirmación del neutralismo
Una vez ejecutado el golpe, se comunica mediante una proclama los lineamientos del nuevo gobierno. Según David Rock “el GOU redactó la proclama” en la que posicionaba a las Fuerzas Armadas como “fieles y celosas guardianas del honor y tradiciones de la Patria”[4], reposicionando a las mismas en un rol activo y restaurador ante la descomposición institucional y moral que significaba la Argentina del fraude que venían a dejar atras. En los principales apartados de aquella proclama se destaca la lucha directa contra la corrupción toda vez que allí se sostiene que “Propugnamos la honradez administrativa, la unión de todos los argentinos, el castigo de los culpables y la restitución al Estado de todos los bienes mal habidos” e impele a los conjurados para “aceptar la carga pública con desinterés y obrar en ella sólo inspirados en el bien y la prosperidad de la patria”[5], enlazando así el accionar venidero con preceptos caros a la línea nacional a lo largo de la historia. A su vez manifiesta que lucharan “por mantener una real e integral soberanía de la Nación; por cumplir firmemente el mandato imperativo de su tradición histórica; por hacer efectiva una absoluta, verdadera y leal unión y colaboración americana y cumplimiento de los pactos y compromisos internacionales”[6] otorgándole al manifiesto una mirada nacional soberana, pero con un anclaje pro integración continental, primando en ambas perspectivas la revalorización de las instituciones.
La neutralidad respecto a los conflictos bélicos internacionales, había dado sus frutos desde la Primera Guerra Mundial, potenciando la colocación de materias primas hacia los dos frentes, permitiendo la sustancial entrada de divisas. Por otro lado el no involucramiento activo en conflictos bélicos, permitía a nuestro país poder pertrecharse de tecnología militar y formación estratégica. La labor diplomática para sostener esa posición fue sin duda alguna muy destacada. No tomar un bando, suele ser un fino equilibrio difícil de sostener y sin embargo es lo que Argentina había podido sostener durante medio siglo.En 1914, Victorino de la Plaza había oficializado ante la Gran Guerra, una posición neutral que luego continuó sosteniendo Hipólito Yrigoyen, y de alguna u otra forma, también todos los gobiernos que lo sucedieron, convirtiéndose en una forma de ser y hacer de la Argentina a nivel internacional.
El stress bélico que sufren todos los países que participan o se ven directamente afectados en una guerra, suele impactar fuertemente en el sector productivo de esos países, o bien por la destrucción de los medios de producción y la fuerza de trabajo, o por la reorientación de éstas hacia los objetivos del conflicto (los trabajadores pasan en gran número a ser reclutados y la producción se enfoca a los suministros bélicos para sostener la contienda). Argentina tenía la capacidad de nutrir con carne y cereales a quienes estaban sometidos a esos grandes esfuerzos bélicos, cuestión que era de interés de todos aquellos que tenían un rol activo en el conflicto.
El suministro de alimentos a las tropas movilizadas y sobre todo a aquellas que se encuentran en el frente, suele ser costoso y complejo, más como ya vimos si el sector productivo de cada uno de esos países en conflicto haya sido reorientado por las necesidades bélicas y el comercio internacional obstruido o directamente impedido. Esta situación beneficia directamente a los países productores de alimentos y sobre todo a los neutrales como lo era la Argentina, que al mantenerse ajenos a los conflictos, podían comerciar sin ser agredidos.
En el plano de la autodeterminación de las Naciones y ante las presiones de las potencias en ambos conflictos mundiales, Argentina preservó su independencia de criterio y no determinó una alineación. Las mayores presiones venían dadas por parte de Estados Unidos, quien desde mediados del siglo XIX insistía en aquello de “américa para los americanos”[7], retórica engañosa que ofrecía naturalizar una supuesta mirada de bloque (que más tarde llamarán panamericanismo), la que básicamente encubría en latencia una dominación territorial efectiva ya sea por influencia, persuasión o directamente por las armas, una mirada neocolonial del territorio que sería y aún es ejercida por la potencia del norte.
El neutralismo funcionó entonces, como una bandera de defensa de la autonomía nacional en un tablero internacional polarizado. Y haberla sostenido durante tanto tiempo, posicionó a la Argentina como un actor diferenciado en el concierto de naciones.
Si bien con el correr de la Segunda Guerra Mundial esa polarización externa se manifestaba también con adeptos en el frente interno mostrando cada vez más abiertamente a los sectores pro aliados y aquellos que simpatizaban con el eje, los revolucionarios de Junio llegaron con la firme intención de defender la neutralidad ya que vislumbraban que cuanto más nuestro país se “abstiene de participar en un conflicto armado extra-continental; sus vecinos próximos y más alejados están empeñados en romper esta abstención”[8]. Y así fue, el neutralismo se sostuvo hasta el último aliento también por las Fuerzas Armadas.
La reconfiguración del mapa mundial de posguerra, el nuevo posicionamiento argentino y el repotenciado interés de EEUU sobre Latinoamérica
La Revolución de Junio expresaba en términos de posicionamiento internacional la continuidad de ese neutralismo. Dentro del espacio amplio de lo que podemos considerar línea nacional de las fuerzas que empujaron el fin de la década infame, se destacaba el colectivo de oficiales nucleados en el GOU y principalmente Juan Perón como un hábil político.
Hacía 1945 diversos factores llevaron al Gobierno Revolucionario a declararse por un Decreto firmado por Edelmiro Farrell a favor del bando aliado, en una jugada diplomática que combinaba un tinte oportunista (toda vez que el resultado de la conflicto estaba cantado), presiones externas e internas pro-aliadas y un nuevo ordenamiento mundial de posguerra que incluía el ingreso a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ésta organización irrumpía con fuerza, con la idea de consolidarse como el estrado internacional más importante donde debatir y acordar por la paz, la seguridad y el desarrollo, y aunque el balance posterior de los resultados de sus gestiones e intervenciones deje mucho que desear, en aquel momento de impulso inicial el interés por pertenecer a esta Organización era significativo para las Naciones emergentes.
Por otra parte, en febrero de ese año, se realiza la conferencia continental de Chapultepec formalmente llamada Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y de la Paz, cuyo objetivo principal fue reorganizar el sistema interamericano ante el inminente fin de la Segunda Guerra Mundial, alineando al conjunto de países tras de EEUU y coordinando la postura conjunta de los mismos ante la creación de la ONU. El gobierno argentino es excluido en principio por sostener su histórico Neutralismo. Posteriormente el Gobierno Militar llegará a firmar un decreto de adhesión, lo cual sucede luego de una gran presión y una abrupta profundización del aislamiento diplomático internacional.
El presidente de facto Edelmiro Farrell firmó el mencionado Decreto Ley (con N° 6945), el 27 de marzo de 1945. Mediante este documento tardío pero aún oportuno, Argentina le declaró la guerra a Alemania y Japón y se adhirió formalmente al Acta firmada en Chapultepec. El documento final de adhesión se rubricó formalmente el 4 de abril de ese año. Más tarde, tras asumir la presidencia constitucional, Juan Perón enviaría el acuerdo al Poder Legislativo quien el 19 de agosto de 1946, aprobó por unanimidad la ratificación definitiva del tratado, una finta de aquellas que el Coronel supo llevar a cabo y lo distinguirían.
De forma colateral este movimiento diplomático devino en un creciente interés de EEUU sobre lo que sucedía en la política interna de nuestro país. Dicho interés pretendía configurase en una mayor presencia e influencia sobre las determinaciones de gobierno. La llegada en mayo de ese año Spruille Braden como embajador, vino de la mano con el impulso de nuevas acciones en búsqueda de reacomodar las piezas en el mapa internacional, lo cual aumentaba el foco sobre Argentina y sus riquezas. Braden era una lobista de primer nivel que ya había realizado misiones similares en otros países de Latinoamérica (luego de su paso por Argentina, fue reconocido con la relevante designación de Subsecretario para Asuntos Hemisféricos Occidentales) y un operador de confianza de F. Roosvelt y luego H. Truman. Dentro de sus supuestos objetivos diplomáticos, llegaba a nuestro territorio para presionar y lograr que el gobierno argentino profundizara la posición vertida en las actas de Chapultepec y la mirada Panamericana que ocultaba los deseos de EEUU de armarse un patio trasero con el resto del continente. El gobierno local instaló como interlocutor directo al Vicepresidente Juan Perón, desatando un histórico juego de ajedrez político-diplomático entre ambos, del cual sin dudas saldría finalmente ganador y como líder nacional. Lo cierto es que la relación entre ambos se complicó rápidamente, escalando en enfrentamientos principalmente discursivos que iban subiendo de tono. “Se agredieron prolijamente y esta hostilidad actuó como un precipitante del proceso político”[9] y catalizador de las diferencias existentes entre las masas que seguían a Perón y aquellos sectores que terminaron formando la Unión Democrática, aquel gran rejunte de conservadores liberales pro EE.UU, progresistas, socialistas y comunistas, con apoyo de empresarios nacionales y transnacionales acercados por Braden.
Para lograr sus objetivos Braden no solo operaba en contra de la llegada de armas y tecnología a nuestro país, sino que vetaba todo tipo de negocios internacionales afectando los intereses argentinos. Incluso Perón llegó a acusarlo directamente de instigar un golpe contra el gobierno, afirmando que la centena de agentes de prensa que habían llegado con el embajador, eran quienes actuaban abiertamente contra el gobierno, y fundamentalmente contra mismo Perón. El uso de la prensa para difamar y debilitar a gobiernos soberanos es ampliamente conocido por nosotros, no en vano se la ha llamado el cuarto poder.
La tensión entre los intereses norteamericanos y la posición Argentina, no se resolvió con la adhesión a la declaración y se iría profundizando, culminando en la expresión apologética ya mencionada: Braden o Perón. La historia sería pronto testigo que la Argentina elegiría a Perón.
Perón al poder: una Tercera Posición para la Nueva Argentina
Ante la finalización de la Segunda Guerra, se constituyen y consolidan rápida y claramente dos polos de poder. El mundo capitalista, liberal e individualista queda diferenciado del comunismo, colectivista y totalitario estatal. La consolidación de Estados Unidos de Norteamérica como líder del universo capitalista demo-liberal y la de la URSS con centralidad absoluta en el comunismo totalitarista, se dio rápidamente. Ambas potencias habían jugado un papel determinante en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, y se adentraron en el camino de profundizar la polarización para al mismo tiempo aglutinar tras de sí, la mayor cantidad de voluntades y territorios.
En Argentina, el ascenso de las masas a la vida política, la consolidación del liderazgo de Juan Perón y por lo tanto la conformación de un movimiento histórico de basamento nacional, independiente y auto-determinando que cambiaría para siempre la historia de nuestro país, había llevado a Perón a la Presidencia. La mirada estratégica de Perón a nivel internacional incluía una revalorización del concepto de nación en armas, el cual implica una preocupación especial por la cuestión social en el orden material y espiritual, toda vez que la pertenencia a una comunidad contenedora y proveedora reasegura el compromiso heroico con la patria y con un destino común por parte del pueblo, también coadyuva una perspectiva de potenciar la capacidad en la Defensa Nacional la cual “viene acompañada por una política nacional…al mismo tiempo que de una política entorno al desarrollo industrial”[10] toda vez que de esta forma se pudieran garantizar las realidades efectivas necesarias para solventar una posición soberana externa desde una amalgamada y consustanciada Comunidad.
Mientras a nivel internacional se daba la consolidación de un mundo de orden Bipolar, Juan Perón realizará una vez más un acto de insubordinación ante las potencias, al plantear una Tercera Posición, que si bien no logra dar por tierra con el nuevo orden, sí lo cuestiona fuertemente, al tiempo que le permitía a nuestra nación ejercer una vez más una ubicación propia y soberana en el tablero mundial, retomando así la línea que anteriormente cultivaba mediante el Neutralismo.
Entendemos aquí, como lo hace Marcelo Gullo, que las estructuras hegemónicas diseñadas por las potencias tienden a instalar mecanismos para lograr la subordinación de otros países y territorios “como estrategia de preservación y expansión”[11]. El ordenamiento por subordinación ha traído a los países rectores de ese orden grandes beneficios para su desarrollo, mientras que ha llevado grandes perjuicios a quienes se han visto subordinados. Gullo a su vez plantea que toda insubordinación cometida por un estado periférico debe ser apuntalada por la construcción de un verdadero poder nacional, y que este debe asentarse en una clara insubordinación ideológica junto a un notorio impulso estatal.
La insubordinación ideológica que planteó Perón, y que sustentaba esa Tercera Posición, no era meramente declarativa, toda vez que tenía un basamento filosófico y también político.
La cosmovisión Justicialista, esta erigida sobre un profundo humanismo el cual instala a la persona humana en la centralidad absoluta, recuperando así la herencia de la tradición cristiana que nos es propia. Al mismo tiempo pregonará una posición realista alejada de todo idealismo. La orientación política peronista buscará “el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad”[12], revalorizando la vida en común, donde el principio de justicia está orientado por la máxima imperativa de que cada individuo debe dar todo lo que se puede para recibir de la comunidad todo lo que necesite.
Perón presenta como la Tercera Posición a la síntesis superadora de una tensión que en aquel momento parecía no poder resolverse por otros medios que no fuera, una vez más, un acontecimiento bélico de dimensiones mundiales, e invita así al mundo a pensar en un opción superadora a esa fatalidad, ofreciendo una filosofía-política si bien nacional (nacida en un pensamiento propio y autentico) y periférica (fuera del centro y alternativa a este), como una opción desde lo local hacia lo global, una mirada que platea soluciones a esos problemas generales que parecían no tener fin y se manifestaban en un ciclo de repeticiones de prolongadas y sangrientas guerras, breves momentos de calma y seguidos de más guerra.
Propone entonces esa Tercera Posición y la define como profundamente humanista y pacífica, practica y al servicio del pueblo. La misma debe estar afirmada como una opción ante las otras existentes que permanecen en sostenida tensión. Frente a una constante latencia bélica global, hablar de humanismo y de paz era como mínimo disruptivo.
Perón analiza al conflicto de extensión mundial en el que se debatían el comunismo y el imperialismo capitalista, y vislumbra que esas posiciones se enfrentan de forma fatal. Ante esa aparente contradicción ineludible, elabora y plantea una opción superadora, que es presentada como la decisión política soberana del movimiento histórico de establecer para sí, y ofrecer al mundo, una visión novedosa, que renegaba de aquella fatalidad dispuesta por los polos de poder.
El comunismo se orienta hacia encumbrar un colectivismo totalizante que aplasta al individuo con un peso insoportable, haciendo que éste se diluya dejando de existir como tal, y perfila por ese camino un oscuro final en la insectificación del hombre y la instalación de los estados totalitarios, donde la dimensión personal se disuelve y desaparece.
Sobre la posición sostenida por el capitalismo, vislumbra sociedades donde el individualismo liberal triunfante, deviene en la “nausea” de la existencia, un sinsentido y una perdición. En esa apología de las individualidades irresponsables con el destino colectivo y el entorno, donde los individuos viven aislados de los proyectos superadores y agobiados por la tristeza y la angustia, la existencia individual se transforma sencillamente en una vida de vacuidad y desperdicio.
La Tercera Posición, conformaba una mirada integral que también trazaba una propuesta diferencial orientada hacia la búsqueda de la justicia social, entendiendo a esta última como resultante de una vida en común donde se valora la faz personal del individuo, pero se sabe que éste no puede realizarse en una comunidad que no se realiza (apareciendo aquí una visión particular sobre el rol del estado, el cual entiende como mediador ante las diferencias y asimetrías sociales en pos de la búsqueda de alcanzar la justicia social como virtud realizable, terciando entre trabajo y capital). El Bienestar social y buen vivir, van entonces de la mano con la perspectiva de la realización de justicia social.
Respecto al impulso estatal que menciona Gullo, es en el Peronismo donde se puede observar claramente como ésta herramienta de acción acompaña de forma sincrónica la disrupción ideológica planteada. Este impulso refiere a “todas las acciones llevadas a cabo por el Estado periférico tendientes a poner en marcha las fuerzas necesarias para superar el estado de subordinación”[13].
La visión del Estado que elabora el peronismo sin dudas es particular y una característica de éste. La tarea principal del Estado desde la visión justicialista, es mediar ante las asimetrías y desigualdades, es garantizar las condiciones que orienten toda acción hacia la realización de la justicia social (bandera del movimiento). La cosmovisión justicialista plantea como principal logro de la vida en comunidad la virtud de la justicia en su forma social, incluyendo la perspectiva individual. No hay realización individual, donde no se alcanza la realización colectiva y viceversa.
El estado interviene entonces como mediador, para alcanzar el equilibrio donde todos puedan realizarse. La búsqueda de esa armonía social, se vincula con la posibilidad de morigerar los conflictos surgidos ante a las asimetrías existentes. La armonía aparece entonces como una segunda virtud del modelo, donde el rol del Estado es fundamental en la búsqueda del equilibrio y equidad.
Las acciones concretas que llevó adelante Perón desde el manejo del Estado, tras la búsqueda de profundizar y sostener la posición insubordinada y fundante, lo llevaron a consolidar y robustecer ese mismo Estado de forma independiente y soberana, desplegando una estrategia integral en la cual el Desarrollo para la Defensa y la figura de Estado Empresario son dos ideas y acciones principales. Éstas, fueron fuertemente apoyadas por gran parte de la oficialidad que se referenciaba con la línea nacional (sobre todo del Ejército y la joven Aeronáutica), toda vez que entendían que “la industrialización era la clave de la fuerza militar y la grandeza nacional” y junto al convencimiento de que ellos mismos “debían tener un papel directo en la promoción y administración de las empresas industriales”[14] con el fin de no solo potenciar la Defensa , sino que fomentar el desarrollo para proveer al bienestar general.
Perón entiende que el desarrollo del país es una misión estratégica que debe desplegarse principalmente desde la acción estatal, con el objetivo final de consolidar la independencia y proteger la soberanía. Incluye entonces una perspectiva de Defensa donde el eje principal es vigorizar posiciones y dotar a la Nación de fortalezas y capacidades para evitar ser agredidos, demostrando tener la poder defenderse si fuera necesario. La persuasión por capacidad de acción manifiesta, expresa la relevancia de la paz como valor y la elección del tiempo por sobre la sangre. También vuelve a poner en consideración primordial la armonía como virtud, ya que donde esta prima, se desenvuelven mejor las acciones para el desarrollo y hay más oportunidades de alcanzar la justicia social.
Surgía para entonces la necesidad de afianzar una industria nacional, toda vez que ésta, aparece como ineludible para posibilitar una transformación necesaria de nuestra estructura productiva, que hasta allí había sido fundamentalmente agrícola-ganadera, primarizada y extractivista.
El desarrollo de industrias estratégicas para la defensa nacional fue el motor principal del proceso de esa industrialización, y en este proceso el rol del Estado nacional como impulsor de medidas y acciones tuvo su punto más alto en las la visión de estado empresario, cuando fueron creadas y se multiplicaron empresas estatales como protagonistas en diversas áreas. Éstas empresas ejecutaban un rol principal, toda vez que habitualmente eran precursoras e iban generando las condiciones para el desarrollo de cada sector industrial a nivel local (ejemplo de esto son IAPI, SOMISA, IAME, Aerolíneas Argentinas, etc.), posibilitando la aparición de la inversión privada y florecimiento de industrias subsidiarias.
La relevancia del proceso de industrialización justifica en el pensamiento de Perón la intervención estatal en el proceso, y se confirma toda vez que observamos que “en el mundo moderno la industria es el único factor decisivo de fuerza que no puede improvisarse ni reemplazarse. La independencia estratégica es inseparable de la independencia industrial”[15]. Nuestra Línea Nacional representada por Perón, identificó la necesidad de consolidar la autonomía, la autosuficiencia y autoabastecimiento como conductas de independencia, y al mismo tiempo fundamentó esta posición en la idea de nación soberana.
El modelo de desarrollo planteado, en definitiva también aportaba a alcanzar una segunda Independencia y alzar otra de las banderas en las que se basa el movimiento histórico. Hacía 1947, específicamente el 9 de Julio, se declaraba la Independencia Económica, rompiendo con la tutela del capital foráneo, habiendo a su vez realizado un profundo proceso de nacionalización de recursos y tomado el control del comercio exterior.
La política económica sería acompañada por un notable despliegue de políticas sociales hacia el interior del país y una postura de restauración de vínculos con países latinoamericanos, que aportarían a un restablecimiento general del país en pos de la Justicia Social y la Soberanía Política, en definitiva a una Nueva Argentina.
En 1948 se crea la Fundación de Ayuda Social Eva Perón, para profundizar la asistencia directa sectores vulnerables, ampliar la cobertura de salud y seguridad social pública y la educación.
La sucesión de cambios estructurales planificados, se transparentaban en la confección y ejecución de Planes Quinquenales, donde la transversalidad de las acciones tendientes a alcanzar la Justicia Social, aparecían de forma sistemática en cada área de gestión de gobierno. Las mencionadas realidades efectivas, vieron su reflejo en un conjunto de transformaciones institucionales, cuyo sumun fue la Reforma Constitucional de 1949.
La Tercera Posición que se expresó respecto a la gran encrucijada internacional del momento, pretendió ser alternativa viable y legitima para los pueblos libres fomentó un ideario continentalista propio. El antecedente del neutralismo, como uno de los primeros signos concretos de lo que debe entenderse como una lógica de posicionamiento internacional independiente, periférico y cuestionador de los mandatos de los poderes centrales y que fuera sostenido desde tiempo antes, encontrará cierta continuidad en el tercerismo, todo lo cual profundizó a nivel internacional la antipatía de la potencia hemisférica (EEUU como patrón de Occidente), mientras que en el orden local generó cantidad importante de detractores, sobre todo de aquellos sectores oligárquicos que siempre ven necesario alinearse y someterse bajo algún poder foráneo para prosperar siendo lacayos.
En el planteo subyace cierta centralidad de valores y virtudes, que fueron utilizados para interpelar a los pueblos del mundo, destacando como misión fundamental de aquellos tiempos la búsqueda de la prosperidad mediante un mundo en paz, entendiendo que “La labor para lograr la paz internacional debe realizarse sobre la base del abandono de ideologías antagónicas y la creación de una conciencia mundial de que el hombre está sobre los sistemas y las ideologías, no siendo por ello aceptable que se destruya la humanidad en holocausto de hegemonías de derecha o de izquierda”[16] .
La Tercera Posición esgrimida por la Nueva Argentina ante el orden neocolonial, funcionó como una opción y un gran desafío a las potencias, aquellas que ofrecían como único destino para el resto de los países el de elegir un bando, alinearse con uno u otro, pero alinearse.
En el orden interior, el conjunto de transformaciones planteadas por la revolución peronista consolidaron el ascenso político de las masas, mayores derechos para sectores vulnerables y una distribución del ingreso justa e igualitaria, la cual más temprano que tarde desató una reacción liberal conservadora, que al buscar recomponer el statu quo anterior, fue capaz de acciones ominosas jamás vistas hasta entonces, entre las cuales se cuentan terrorismo sistemático mediante la ofensiva de los Comando Civiles y el Bombardeo a Plaza de Mayo.
Hacía 1955, un golpe militar con apoyo civil derrocaría a Perón, y rápidamente intentaría un reposicionamiento de nuestro país en el concierto internacional, más cercano y subordinado a Estados Unidos desde el plano geopolítico.
Algunas conclusiones
Entendemos que la Tercera Posición es tal vez el gran aporte del justicialismo a nivel de política internacional, y ésta guarda cierta relación de continuidad con el neutralismo que previamente nuestro país había reivindicado ante las dos Guerras Mundiales.
El neutralismo es entendido aquí, como un precedente en cierto sentido, toda vez que en ambos posicionamientos se deja observar un carácter autónomo, cierta autodeterminación y sobre todo un plantar bandera ante los poderes de turno, atributos particulares que nuestro país sostuvo durante décadas para posicionarse ante el mundo.
Las Fuerzas Armadas nacionales, nacen en los albores del siglo XIX y reciben su bautismo de fuego en un evento anticolonial y anti-imperial haciendo frente al enemigo en las Invasiones Inglesas. Poco tiempo después en las Guerras de Independencia, no solo sostendrán y profundizaran estos valores fundantes, sino que reivindicaran su pertenecía a una Patria Grande luchando en la liberación de gran parte del ex territorio colonial hispanoamericano. En ese devenir histórico forjaron un carácter de autodeterminación, una mirada independiente de poderes centrales y sobre todo cierta posición anti-imperialista. Desde esta identidad que primó mínimamente durante siglo y medio, estas fueron custodios de posicionamientos nacionales, soberanos e independientes. Por lo cual, ante los las guerras mundiales el neutralismo sostenido por nuestros gobiernos a nivel diplomático, fue ampliamente apoyado, defendido e incluso sostenido por las Fuerzas Armadas.
Es interesante observar también como Hipólito Yrigoyen en su gobierno profundizó el neutralismo, activando sobre los aspectos políticos y morales de éste, destacándose una posición pacifista y no beligerante de nuestra Nación, y primando en todo momento el respeto y la no intervención sobre otros países y territorios. La relevancia que le otorgó al neutralismo, lo alentó incluso a programar una convocatoria para un congreso multilateral entre países neutrales a realizarse en nuestro país, el cual no llegó a realizarse por presiones diplomáticas de EEUU. Finalmente solo México y nuestro país se reunieron a deliberar en el marco de la idea de neutralismo soberano. Éste puede tomarse como un buen ejemplo de como la reafirmación de posiciones independientes y auto-determinadas también fueron respaldadas con ahínco durante los gobiernos populares a lo largo de nuestra historia, dándole a estos un rol sustancial en la determinación de nuestra identidad nacional.
Más adelante, el Tercerismo irrumpirá como novedad durante el gobierno peronista y como mencionamos se propondrá como un espacio o locación de poder, como un posicionamiento alternativo ante aquel esquema bipolar de postguerra. La Tercera Posición es ideada e imaginada en base a la existencia de una otredad que no está contemplada ni contenida en esos Polos. Una que no puede, ni quiere ser ubicada o encasillada junto ninguno de los dos. Una que no se alinea.
Esta Tercera Posición se expresó respecto a la gran encrucijada internacional del momento, mostrándose como alternativa viable y legitima para los pueblos libres, la cual más tarde sería acompañada por lo que podríamos llamar un “ideario continentalista propio”[17]. Esta visión característica preveía que mediante la concreción sucesiva de proyectos de integración regional, podría ir consolidándose una potencia económico-política plural y de orden subcontinental, la cual buscase un destino compartido. Las guerras de la Independencia, la mirada de un mundo Iberoamericano y el sentimiento de hermandad podrían facilitar la idea de destino compartido entre los pueblos, dependiendo de la buena obra de sus gobiernos para prosperar (un muy buen ejemplo es el ABC que Perón planteo de forma estratégica como un alter ego de EEUU, un gigante bioceánico austral que equilibrase el continente).
Los EE.UU. y la Unión Soviética parecían repartirse el mundo como fichas en un juego de damas, y es en ese contexto que Juan Perón profundiza el carácter autónomo e independiente que nuestra nación había forjado en su independencia y sostenido hasta allí con el neutralismo y el no belicismo. El neutralismo, solventa en gran parte éste posicionamiento internacional de carácter independiente, periférico y cuestionador sobre los poderes centrales sostenido largamente en nuestra historia, el que se vería profundizado en la Tercera Posición, dejando ver una continuidad en el sentido de la autodeterminación. Este convencimiento de posicionarse de forma autónoma, funcionará como ejemplo y antecedente, y también como faro para otros países periféricos al enfrentarse a los centros de poder real.
Si bien la Tercera Posición en principio es manifestada y explicada por Perón de forma solitaria en cada espacio y oportunidad que al líder se le presenta, no es una aventura declarativa de un país en soledad, sino que se entiende como parte fundante de un espacio necesario, autentico y que debería ser plural, justamente como una posición que puede ser compartida, que puede ser el lugar donde aquellos que no están ni con unos ni con otros, estén consigo mismos, en un espacio colectivo de pueblos libres y auto-determinados. Podemos decir que la Tercera Posición es condición de alcanzar la hora de los pueblos toda vez “auspicia la liberación, en la instauración en el mundo de la verdadera justicia y la auténtica libertad”[18].
La Tercera Posición si bien se instala desde un plano ideológico, no es simple ideologismo. Es un conjunto de ideas ordenadas que reflejan la realidad de aquellos países que basan su experiencia vital en el humanismo pacifista, la democracia social, la autodeterminación y que se encuentran ajenos a tomar parte por alguno de los bandos que constituyen la oferta que se afianza en posguerra y parecería que para ese momento “ambos imperialismos en pugna hubieran aprendido de los hechos pasados que no es conveniente esperar la guerra para decidir a sus presuntos aliados”[19], avanzando en un división del mundo encubierto tras metáforas como cortina de hierro o guerra fría o inefable muro de Berlín.
En el planteo tercerista aparece también una nueva centralidad de valores enarbolados tempranamente como bandera para interpelar a los pueblos del mundo ante la coyuntura descripta. La acción fundamental que aquellos tiempos históricos demandaban para lograr la paz internacional debía realizarse abandonando los antagonismos para alcanzar una conciencia global de que el ser humano está sobre los sistemas, y que ocupa la centralidad manifiesta de esa cosmovisión.
La Tercera Posición está definida como opción de orden internacional y como alternativa al mundo Bipolar. Ante el reparto del mundo planteado por las potencias centrales, busca generar otra oportunidad para ser. Además manifiesta una superación en el debate político filosófico, al introducir la vida en común como eje de la realización colectiva e individual. Es un posicionamiento generado en el contexto de posguerra, que sin dudas tiene una dimensión Ideológica y una dimensión política, que expresan una nueva filosofía.
Como hemos descripto, la Nueva Argentina se reveló ante el orden neocolonial planteándose como un desafío ante las potencias que se pretendían como únicos horizontes posibles para el resto de los países. Elegir un bando, alinearse, parecía ser hasta allí un imperativo de subordinación. El carácter independiente y soberano, se trasparenta en aquella máxima que funciona como un llamado o exhortación adjudicada a Perón de que: Seamos artífices de nuestro propio destino, ninguno elemento de la ambición de nadie. Al mismo tiempo se planteaba a la Comunidad como modelo de organización social para alcanzar la realización colectiva e individual, alejándose en el plano ideológico tanto del colectivismo que deriva en la insectificación como del individualismo de la náusea de la existencia.
Desafiar el orden mundial constituyó una más de las tantas insubordinaciones que caracterizarán la historia del peronismo y de cómo este actuó frente a los centros de poder real. Afirmarse en esa posición auto-determinada y soberana constituyó un abierto desafío a las pretensiones de los Estados Unidos de Norteamérica respecto al territorio continental americano, basada en la premisa de que ha llegado La hora de los pueblos para quienes han entendido que “los únicos que ganan la guerra son los que logran sustraerse de ella”[20]. Ante la consolidación de esa Tercera Posición planteada, se desenmascararía la falacia de las metáforas confeccionadas por el poder bifronte para encubrir sus verdaderas motivaciones. Guerra fría y Cortina de Hierro, fueron simples ficciones tras las cuales se ocultaba el deseo de las dos potencias imperiales de tragarse a los demás.
La impronta disruptiva de la Tercera Posición que fuera planteada por Juan Perón a mediados de siglo XX, permearía como sustrato necesario y como condición de posibilidad para que más tarde puedan pensarse e imaginarse locaciones conceptuales de trascendencia histórica como lo fueron el Tercer Mundo y los Países no Alineados, donde es incontrastable la influencia aguda del pensamiento fundado por Perón en los albores de ese mundo bipolar que se sostendría hasta fin de siglo.
El fundamento de la Tercera Posición propuesta por Perón, radica en una cosmovisión del mundo particular y distintiva, equidistante de aquellas que se planteaban como las únicas opciones viables, toda vez que ésta se basa en una centralidad distinta, sosteniendo “la idea de que el hombre está sobre los sistemas constituye el núcleo antropológico y filosófico de la Tercera Posición. El justicialismo reconoce su centro de irradiación en un hombre recuperado en la totalidad de su ser. Y se proyecta de la interno a lo externo como Tercera Posición humanista y cristiana”[21], lo cual conforma una autentica insubordinación multidimensional (filosófico-política). La profundidad ontológica en la que se sostiene todo el andamiaje de esa trascendente idea, posibilitará una potente influencia sobre los debates posteriores alrededor de los reordenamientos internacionales de los países periféricos.
*imagen extraída de: https://www.instagram.com/p/C3RgpJRAnmu/
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Anexo documental:
Proclama de las Fuerzas Armadas luego del Golpe de Estado del 4 de junio de 1943, Disponible en Línea:
https://backend.educ.ar/refactor_resource/get-attachment/24385
[1] Devoto, Fernando: “Para una reflexión en torno al Golpe del 4 de Junio de 1943”. Revista de Estudios Sociales N°46, pag. 2.
[2] Devoto Fernando: “Para una reflexión en torno al Golpe del 4 de Junio de 1943”. Revista de Estudios Sociales N°46, pag. 3.
[3] Potash, Robert: “El Ejército y la Política en la Argentina”. Ed. Hyspamérica, pag. 259.
[4] Rock, David: “La Argentina Autoritaria. Los Nacionalistas, su historia y su influencia en la vida pública”, Ariel, pag. 146.
[5] Proclama Revolución de Junio disponible en Línea: https://backend.educ.ar/refactor_resource/get-attachment/24385
[6] Proclama Revolución de Junio disponible en Línea: https://backend.educ.ar/refactor_resource/get-attachment/24385
[7] La Doctrina Monroe: política exterior de EE.UU enunciada en 1823, que advertía a las potencias europeas que no toleraría ninguna intervención o colonización en el continente americano. Su principio fundamental era “América para los americanos”, estableciendo que cualquier intromisión extranjera se consideraría una amenaza directa a la seguridad estadounidense. Enmascaraba una mirada de neocolonialismo continental.
[8] Potash, Robert: “Perón y el GOU. Los documentos de una Logia secreta”. Ed. Sudamericana, pag. 192.
[9] Rodríguez Lamas, Daniel: “Rawson/Ramírez/Farrell”. CEAL. Biblioteca Política Argentina pag. 80.
[10] Godoy, Juan: “Militares patriotas. Soberanía, Defensa y Emancipación en la Línea Nacional de Nuestras Fuerzas Armadas”. Ed. Oktubre, pag. 188.
[11] Gullo, Marcelo: “La Insubordinación Fundante. Breve historia de la construcción del poder de las naciones”. Ed. Biblos, pag. 37.
[12] 20 verdades , verdad 18
[13] Gullo, Marcelo: “La Insubordinación Fundante. Breve historia de la construcción del poder de las naciones”, Biblos, pag.48.
[14] Potash, Robert: “El Ejército y la Política en la Argentina”, Hyspamérica, pag. 407.
[15] Perón, Juan Domingo: “La Fuerza es el derecho de las bestias”. Ed. Cicerón, 1958, pag. 42.
[16] Perón, Juan Domingo: “Mensaje a los Pueblos del Mundo”, Disponible en Línea: https://jdperon.gob.ar/mensaje-del-general-juan-d-peron-a-los-pueblos-del-mundo-6-de-julio-de-1947/
[17] Metol Ferre, Alberto: América del Sur: de los estados-ciudad al Estado Continental Industrial. Conferencia en el Foro San Martín, Bs. As., Disponible en línea: http://metholferre.com/wp-content/uploads/2021/03/2002-America-del-Sur.-De-los-estados-ciudad-al-Estado-Continental-Industrial.pdf , pag.2.
[18]Perón, Juan Domingo bajo seudónimo Descartes: “Política y Estrategia”, Democracia Ediciones, pag. 207.
[19] Perón, Juan Domingo bajo seudónimo Descartes: “Política y Estrategia”, Democracia Ediciones, pag. 214.
[20] Perón, Juan Domingo bajo seudónimo Descartes: “Política y Estrategia”, Democracia Ediciones, pag. 215.
[21] Chávez, Fermín: Estudio Preliminar a “Tercera Posición y Unidad Latinoamericana de Juan Perón”, pag.5.
