Juan Nahuel Forján Quinteros

“…Nuevas herramientas en una misma batalla con los enemigos de siempre”…

(Carlos Aznares)

Introducción general

“Un Belgrano al revés fuiste, aparcero:

Primero general, después jurídico

Y ahora con la ley de lo verídico”

                                                          (Fermín Chávez)

El siguiente trabajo toma como figura a un actor central de la vida política, social y cultural nacional de la segunda mitad del siglo XX. Envar El Kadri es una referencia obligada para quien investigue la llamada “Resistencia peronista” donde tiene origen su acción militante. Ejemplo de decisión y coraje, junto a otros tantos compañeros durante esa época de represión a los intereses populares.

Los diferentes avatares de la historia nacional forjarán en El Kadri un modelo a seguir en la construcción de una militancia sustentada en el estudio, el debate e intercambio de ideas; la difusión por todo medio posible de las mismas y la puesta en práctica de una militancia en cuerpo y alma, ideas y acción, corazón y razonamiento al servicio del pueblo.  

Desde sus primeras batallas cotidianas en el centro porteño contra transeúntes alérgicos a cualquier cosa que huela a peronismo y tan amantes respetuosos del Decreto 4161 a los sucesos de Taco Ralo en 1968, hay un Envar El Kadri que se forja como hombre de acción y lucha inclaudicablemente por la vuelta de Juan Domingo Perón a la Argentina.

Lo destacable es que en El Kadri, pensamiento y acción van siempre de la mano. La formación en la doctrina y las ideas peronistas junto al contacto directo con el pueblo, llevan a elegir en cada momento la estrategia a seguir. Envar es un intelectual: lee, estudia; se forma así como escribe, publica y difunde. También es un hombre de armas tomar, que pone el cuerpo y entra en acción cuando la situación lo requiere.

No hay dos Envar El Kadri. Lo que hay es una militancia completa, un hombre dedicado en cuerpo y alma, en acción y pensamiento a lo que le dictaban sus ideales.

 De esta forma, Envar el Kadri es un eterno resistente que nunca dejará de pelear por lo que cree justo. Las instancias en la cárcel – durante el gobierno de Frondizi primero, y luego, durante la denominada “Revolución Argentina” de Onganía, Levingston y Lanusse- irán forjando en El Kadri la necesidad de la escritura como forma de registro e invitación para que las generaciones más jóvenes también se sumen a la lucha.

Durante la última Dictadura Cívico Militar, el periodo de exilio fortalecerá en Envar la convicción de que la formación, el pensamiento y la acción forman parte de una misma estrategia de lucha. La vuelta a la Argentina y el desarrollo de una incesante vida cultural tendrán presentes las mismas líneas de acción que marcaron su vida. Es en medio de este incesante transcurrir militante, que la muerte lo encontrará a los 58 años de edad durante una estadía en Tilcara, Jujuy el 19 de julio de 1998.

Hoy más que nunca, es necesario recordar y traer al presente la acción de Envar El Kadri y volver a reflexionar sobre los hechos que lo tuvieron como protagonista. Es sin dudas Taco Ralo una bisagra histórica. Representa un cambio de táctica, el pasaje de la defensiva a la ofensiva y marca así el fin de toda una etapa de la “Resistencia”. De esta forma, mientras anticipa grandes movilizaciones populares (pensemos que faltaría menos de un año para el Cordobazo), lo que parece ser una derrota militar se convierte una gesta política; un motor para despertar voluntades colectivas que se volverán intolerables pero también incontrolables para cualquier gobierno de turno que no respete las voluntades de las grandes mayorías.

También los periodos dolorosos como la cárcel y el exilio marcarán etapas de aprendizaje y creación de nuevas estrategias de acción. Este punto es central para el trabajo y para entender la vida de Envar El Kadri: la acción siempre está precedida por la reflexión. Esta última, necesita de soportes donde apoyarse y desarrollarse, demostrando que la militancia es un camino que debe sostener un equilibrio teórico/práctico. La necesidad de expresarse, la escritura como forma de dar vida a ideas revolucionarias siempre fue una práctica de Envar El Kadri. Desde la incipiente Ariel durante su etapa de la escuela militar, los periódicos Trinchera y Palabra Argentina, sus textos y cartas desde la prisión serán un anticipo de lo que luego se desarrollará en el exilio y durante el resto de su vida como militante de la cultura.     

Hay en la vida de Envar El Kadri un pasaje constante: de la resistencia a la ofensiva y de la ofensiva a la resistencia, según permitían las estrategias de cada momento. Sin embargo, lo que permanece constante en estos pasajes son las expresiones de ideas, sentimientos y anhelos, como parte esencial de su práctica militante en un camino de construcción colectiva.

Reflejar a ese Envar reflexivo, al “hombre de acción que piensa” – como lo definió su biógrafo Alejandro Tarruella-, y pensar qué lugar ocuparon la lectura y la producción escrita en su vida militante es el objetivo de este trabajo. Pensarlo como un hombre que siempre estuvo vinculado a la cultura como forma de resistencia y que entendió desde sus primeras batallas que para actuar primero hay que pensar, y que para pensar es necesario formarse cultural e intelectualmente; lo que nos dará pistas sobre la integridad de Envar el Kadri: un resistente, que diversificó sus herramientas de lucha pero nunca dejó de enfrentarse a los enemigos de siempre.  De esta manera, este trabajo buscar rescatar a un imprescindible como fue El Kadri en aquella dimensión artístico/cultural, “como un pensador del peronismo, como un hombre de ideas. Aquel lector apasionado de los años juveniles, que jamás dejo de recurrir a los libros”.[1]

Introducción particular – Primera parte: Del liceo militar a Taco Ralo

Este trabajo se encuentra dividido en dos partes. La primera, recorre en forma cronológica los pasos de Envar El Kadri desde su experiencia juvenil en el Liceo militar General San Martin hasta su participación en los sucesos de Taco Ralo. De esta manera, las instancias tratadas en esta primera entrega serán:

1: La prehistoria política: Los años de liceo militar, un peronista frente a la hoguera 

2: Los primeros años de formación política: entre los puños y las letras: el grupo de Corrientes y Esmeralda, El Instituto Rosas  y el Periódico Palabra Argentina

3 Periódico Trinchera (primera y segunda etapa)

4: Primera instancia en la cárcel (1960-1963): Cuaderno de Miguelito y cartas para la maestra Mirta

5: Periódico Trinchera (tercera época) y la experiencia de Taco Ralo, derrota militar y victoria política

En un segundo trabajo, la vida de Envar El Kadri se abordará desde los siguientes ejes:

6: Segunda instancia en la cárcel (1968-1973): Crítica a la lucha armada

7: La vuelta del Gobierno Popular: Bajar las armas, escuchar al pueblo.

8: El exilio  

9: Renacer en la cultura

Enfoque del trabajo: Envar El Kadri y la cultura popular, su reflejo en el peronismo y la necesidad de unidad latinoamericana

Envar el Kadri realizará a lo largo de su vida diversas reflexiones sobre la cultura como motor de una revolución posible. A modo de ejemplo, se puede tomar lo expuesto en el libro Conversaciones en el exilio editado en 1981 junto a Jorge Rulli, donde realiza un análisis sobre este tema partiendo de tres ejes vinculantes: El arte como reflejo de lo popular, El peronismo como respeto de esa identidad y La cultura como motor de unidad del ser latinoamericano.

 De esta manera, definirá a la “cultura como modo de vida, conjunto de creencias de una comunidad o pueblo”[2] entendiéndola como reflejo de la singularidad y respuesta a las necesidades de las amplias mayorías. Es así que la acción popular puede ser la demanda pero también la solución, donde la práctica política es también una acción cultural que responde a la búsqueda del bienestar de las mayorías trascendiendo cargos y partidos políticos, dado que la misma “no es una cosa de “profesionales”, sino una tarea permanente de todos”.[3]

Es en este camino, donde Envar El Kadri encontrará en el peronismo un sentido de la identidad cultural como reflejo de lo nuestro, de lo autóctono. Una fuerza que rastreará en nuestras propias condiciones, y no las impuestas, como solución posible de los problemas: “la originalidad de nuestro movimiento es justamente el de ser capaz de articular todas las formas organizativas que expresen lo popular”[4] , entendiendo que “lo político y lo social son productos de la cultura de los pueblos; por eso todo acto de liberación requiere antes que nada recobrar la identidad cultural”[5]; acción que solo puede ser llevada a cabo “al sopesar correctamente el valor de nuestra propia historia”[6].

Por último, referirá la importancia de la identidad cultural compartida como aliento de la unidad latinoamericana. Su pensamiento dejará en claro que, si bien debe “plantearse la realización de nuestra revolución como un problema nacido de nuestras propias raíces”[7], la unidad entre países hermanos prevalece como única fuente posible de liberación ante el imperialismo reinante, donde “para nosotros la Patria Grande, es posible por la afirmación de su diversidad”[8].

La diversidad es lo que enriquece a una comunidad de países que comparten raíces   históricas proyectadas “en los modos de vida que heredamos, en los mitos que mantenemos, en los sueños, en la música, en todo lo que hace a nuestra vocación de creer en esa comunidad de la lengua, en esa comunidad de los sueños, en esa comunidad del futuro, en todo eso está presente la Patria Grande”.[9] 

Por último y retomando la idea que la construcción de una cultura política depende de todos los actores constituyentes de una sociedad, apelará a la creación de lazos solidarios latinoamericanos independientes de las jerarquías institucionales y donde “(esta unidad) hay que forjarla desde abajo, a través del acercamiento de sindicatos, partidos, artistas, intelectuales, que sientan esta necesidad de unión como algo vital”[10].

Recorrido cultural propuesto: Entre la reflexión y la acción se forja el camino de un revolucionario

1. La prehistoria política: Los años de liceo militar o un peronista frente a la hoguera 

Mientras Envar El Kadri realiza sus estudios en el Liceo Militar General San Martín, las bombas de la Marina despliegan su ola de terror en la Plaza de Mayo y alrededores aquel funesto 16 de junio de 1955. La heridas del pueblo resultan ser mortales y pronto vendrán años de oscuridad y silenciamiento. Las “grandes esferas” de la cultura permanecen ante ese hecho de inédita crueldad en un cómodo silencio. A modo de ejemplo, se puede citar la omisión sobre los acontecimientos de la revista Sur encabezada por Victoria Ocampo – publicación emblema de la elite cultural- que, a pesar de estar ubicada en las cercanías de la Plaza de Mayo, simula no haber oído el estruendo de las bombas ni los disparos de metralla que fueron descargados sobre población civil y a plena luz del día durante varias horas. Aquellos crímenes atroces ni los silencios cómplices serán olvidados por Envar y los suyos, cuando años después y desde la cárcel (luego de los hechos de Taco Ralo), califiquen a intelectuales como Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges y Beatriz Guido, entre otros; como la representación de “lo liberal, lo caduco; tienen un divorcio con el pueblo, con su historia, con su futuro, todo motivado por sus divagaciones que cumplirán con las más exquisitas reglas de la gramática, pero que no conmueven ni importan demasiado a las mayorías”.[11]

Dentro una trinchera cultural opuesta, El Kadri y sus compañeros de cursada venían trabajando en la edición de una publicación dedicada a la cultura sobre la que recordará que “sacábamos una revista que se llamaba Ariel, con otros dos compañeros y un profesor de literatura […] una revista muy linda, de 64 páginas y en papel ilustrado, bien impresa, financiada con venta de avisos y con la suscripción de los cadetes”.[12] La tarea no era sencilla en un ambiente castrense que se volvía cada vez más espeso y donde “el director tenía que leer todos los artículos antes de que fueran a la imprenta”. [13]

Pronto, la institución posará sus ojos sobre aquel cadete inquieto que parecía romper la norma de la subordinación militar y sus acciones serán seguidas de cerca, “ahora me doy cuenta de que eso era la censura, pero en aquella época lo vivíamos como una cosa normal”.[14] 

Estando en aquel Liceo, Envar será testigo en carne propia de la caza de brujas desatada entre el 16 de junio y el golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955, donde se difumaría “el imaginario que justificaba su presencia en la institución”.[15]

Los diversos hechos de quiebre del orden constitucional, replegaría a la institución militar a su carácter más autoritario mientras la violencia se volvía un método cotidiano de control. Es así que “en una ocasión, al fallecer un cadete, compañero de El Kadri, los superiores prohibieron a los soldados concurrir al velatorio, pero un grupo desoyó la orden”[16]. Uno de  aquellos cadetes fue Envar quien continuaba así en la mira de los directivos de la escuela.

Posteriormente, “formó parte de un grupo que puso un balde sobre la cabeza de un busto de Sarmiento”[17], pero el hecho que provoca la definitiva explosión de la “burbuja castrense de Envar” fue la orden de las autoridades de quemar los libros peronistas. Su negativa marcara el cierre de la etapa en el Liceo militar donde los tiempos de La libertadora y su revanchismo ante todo lo que oliera a popular hacían estragos con su Decreto 4161.

Con dolor relatará estos hechos donde “en una reunión dentro de un predio del Liceo Militar, los oficiales ordenaron encender una fogata. Los cadetes estallaron de pronto cantando el Himno Nacional, luego sonó la Marcha de la Libertad, que se difundió como ícono del golpe de Estado. Mudo, Cacho escuchó cómo cantaban la Marsellesa mientras arrojaban al fuego ejemplares de La razón de mi vida, el libro de Evita”.[18]  

Ante la crueldad de los hechos recordará la reflexión que hizo su mente juvenil “¿Por qué tenemos que aprender la Marcha de la Libertad? ¿No es que ahora hay un régimen democrático que vino para terminar con la arbitrariedad de que el libro La razón de mi vida fuera de lectura obligatoria?”[19]. Al cuestionamiento, le siguió la toma de una decisión que tal vez marcará su vida como ninguna otra. Ante la orden de hacer una quema de los libros peronistas dirá que “me negué. No tanto por partidismo, sino por algo más visceral. ¿Por qué debía obedecer en una cosa que era tan personal como mis libros?”.[20]

El hecho de cuidar los libros como algo invaluable, un tesoro personal parece ser un homenaje al propio linaje, una forma de rendir homenaje a sus propias raíces. A Envar tal vez se le cruzó por la mente las enseñanzas de su padre Khaled durante su niñez. La misma que será evocada por su madre Ester refiriendo que Cacho “fue un chico muy alegre. Leía mucho porque los regalos que le hacia el padre eran libros”[21].Serán esos recuerdos como “cuando Cacho cumplió nueve años, Khaled, su padre, compró un libro sobre la vida de San Martín, fue a buscarlo a la escuela y se lo entregó”[22]  los que posiblemente ayudaran a soportar las ofensas de sus compañeros mientras era sancionado y sus libros ardían públicamente.

Lo personal, las enseñanzas de vida traídas de casa, se unirán entonces a un sentido de justicia y permeabilidad a sentir en carne propia el dolor del otro. Envar recordará que “se dieron además algunos hechos que me confirmaron en mi peronismo. Vi como algunos oficiales eran expulsados del ejército por el hecho de ser peronistas. Y como los negros no podían llegar más allá de sargentos o cabos”.[23]

De esta forma y siempre siendo fiel a sus ideales y a los valores aprendidos en el seno familiar, continuará Envar su historia de lucha, entre la acción y las ideas, pero ahora por fuera del Liceo Militar. Esa etapa llegaba a su fin dado que “al comenzar quinto año, las autoridades militares le prohibieron continuar sus estudios”[24] conforme “el peronismo sería barrido de las filas castrenses y sus ideas de formación política, eliminadas”[25]. Para Envar el aprendizaje seguiría otro camino; serían los tiempos de la militancia activa, las escaramuzas en las calles y la práctica de volcar ideas en diarios impresos en sindicatos.

Luego, con la sabiduría de los años y el camino recorrido, Envar podrá analizar estos mismos hechos bajo los conceptos de “civilización y barbarie” que sirvieron a Sarmiento y tantos otros para explicar la “potestad cultural” de la Argentina del siglo XIX.  Envar los aplicará de manera magistral para seguir pensando en aquellos actos de revanchismo donde ironiza sobre la supuesta “barbarie” del peronismo frente a la “civilización” de la Revolución Libertadora. Porque al fin de cuentas,  ¿no era acaso una nueva elite, “culta, civilizada” y con la mirada puesta en Europa la que cantaba La Marsellesa mientras intentaba borrar todo rastro de las prácticas políticas paganas del pueblo, fiel seguidor del “régimen caído”, barbaros amantes del “tirano prófugo”?

Si los diarios de la época adeptos al nuevo régimen mostraban su ingenio en las diversas formas de referirse a un Perón proscrito y negado, el pueblo peronista no olvidaba y empezaba a tomar las riendas de la resistencia. De estos acontecimientos, Envar podrá diferenciar la actitud de uno y de otros refiriendo que “el peronismo no practicó nunca como política el salir a quemas libros. Los que fueron capaces de hacerlo asumiendo oficialmente esa práctica fueron los “libertadores” que quemaron millones de ejemplares de La razón de mi vida o de los libros de Cultura ciudadana”.[26]

2. Los primeros años de formación política: Entre los puños y las letras: el grupo de Corrientes y Esmeralda, El Instituto Rosas y el periódico Palabra Argentina

Envar El Kadri continúa su experiencia de aprendizaje político mientras realiza su último año de estudio secundario en el Liceo Urquiza de Flores. Allí, alejado de las estrictas normas castrenses, comenzará un vínculo entrañable con otros jóvenes compañeros de militancia, entre ellos, los hermanos Rearte, Jorge Rulli, Felipe Vallese y Tito Bevilacqua. Todos crecerán juntos mientras recorren sindicatos combativos, reparten periódicos peronistas y aprenden “otra historia” asistiendo a clases en el Instituto Rosas.

Como indica Alejandro Tarruella: “La Resistencia fue para Envar un modo de educarse en política, por eso era común verlo escribir sobre los acontecimientos”.[27] De esta manera, “El Kadri reconstruía los hechos y utilizaba la potencia del relato para formar cuadros jóvenes que iniciaban su compromiso con la causa”.[28]  

La primera experiencia editorial por fuera del liceo militar será el periódico Palabra Argentina. La publicación dirigida por Alejandro Olmos, “había comenzado a editarse bajo la tiranía de Aramburu, durante la cual apoyó la Resistencia Peronista”[29], en particular, “el movimiento encabezado por el comandante Uturunco”[30]  cuyos actos marcaron el origen de la guerrilla peronista.[31]

Desde el interior de la publicación se dejará en claro, según las palabras de Quito Burgos, “la necesidad de la construcción de una fuerza militar propia, de un ejército propio de la clase obrera y el pueblo, que, con una estrategia adecuada, pudiera encabezar a las masas obreras y populares para enfrentar y destruir al ejército de la oligarquía y el imperialismo”[32].  

Allí mientras vendía el periódico en las calles,  Envar trabará amistad con otro joven militante que será un símbolo de aquella lucha y cuyo destino atroz reflejará lo más siniestro de los nuevos tiempos de proscripción peronista: Felipe Vallese. Estos tiempos de prematura organización por la vuelta de Perón tuvieron respuestas muy violentas por parte de los gobiernos de turno, tanto los democráticos como los de facto, donde las consecuencias podían ser fatales. Envar recordará esa época nombrando a otro amigo de la militancia diciendo que “vendíamos también el periódico Palabra Argentina, con otro gran compañero que se llamaba Tito Bevilacqua, que después falleció o lo mataron…Nunca supimos la verdad”.[33]

La formación teórica llegó de manos de la acción del Instituto Rosas. Allí se iban cruzando con las vidas de caudillos populares del siglo XIX desarticulando años de historia liberal mitrista haciendo cursos “con el viejo Pepe Rosa en el Instituto o con Scalabrini Ortiz y Jauretche”.[34] Inicia este recorrido a “principios de 1957, cuando ya había abandonado el liceo militar, Cacho fue con Jorge Rulli y otros compañeros al Instituto Juan Manuel de Rosas, donde trabajaba Pepe Rosa, y asistió a clases sobre los caudillos federales. A través de Arturo Jauretche, de Raúl Scalabrini Ortiz, del propio Pepe, conoció a Facundo, al Chacho Peñaloza, A Felipe Varela, A José Gervasio Artigas, A Estanislao López y Ricardo López Jordán”.[35]

A la salida del Instituto, el grupo de entusiastas militantes solía trasladarse a las inmediaciones de las calles Corrientes y Esmeralda. Allí, en pleno centro porteño, se ubicaban frente a las pizarras de lectura del diario La Nación y  tomaban de sorpresa a los transeúntes mientras se ponían a discutir de política. Aquellas interlocuciones espontáneas solían devenir “en una gigantesca pelea”[36] donde peronistas y antiperonistas expresaban en combate un sentir de amor/odio que estaba lejos de apaciguarse. La mecánica respondía al siguiente funcionamiento: dos de los integrantes del grupo “abrían una discusión ficticia entre dos supuestos desconocidos. Uno actuaba de peronista y otro de antiperonista. Lógicamente, la pasión desplegada en los argumentos que se esgrimían hacia que la discusión se generalizara entre los presentes, quienes tomaban partido por uno u otro polemista”[37]. El resultado originaba el anteriormente citado tumulto que era rápidamente dispersado por agentes policiales.

Los periodos que se suceden a continuación del golpe de 1955 presentan democracias débiles y golpes de Estado, teniendo como punto en común la ausencia del peronismo en las elecciones. La asunción de Frondizi en 1958, fruto de los votos peronistas acordados entre el propio Perón y Rogelio Frigerio, no serán la excepción, y  lejos de permitir la vuelta del líder, traerán el establecimiento del Plan CONINTES como respuesta a las prácticas de una militancia férrea que continuaba luchando contra la proscripción. El clima de época tornaba a las acciones cada vez más peligrosas y cerraba el círculo sobre la posibilidad de creación cultural y difusión de ideas opositoras. Como se verá más adelante, el propio Envar sufre durante esta época su primera encarcelación entre los años 1960 y 1963.

3. Periódico Trinchera (primera y segunda etapa)

Mientras realizan acciones espontáneas de resistencia, como las citadas batallas callejeras en las inmediaciones del centro porteño, Envar “El Kadri”, junto a sus compañeros, continuarán su actividad de difusión de ideas de La Resistencia en una nueva publicación denominada Trinchera de la juventud Peronista. De este momento, Envar recordará que “los más activos entonces eran Luis Sansoulet, Carlos y Susana Caride, Felipe Vallese, Pocho Rearte y Alberto Brito Lima”[38].

En comunicación con el periodista Quito Burgos, el propio Envar recordará que Trinchera “en una primera época salió hecho a mimeógrafo, impreso en la Asociación de empleados de Farmacia. El primer número tuvo una tirada de 500 ejemplares […] lo voceábamos así: “¡Salió Trinchera de la Juventud Peronista; contra el gorilismo apátrida, Perón debe volver!”.[39]  

Facundo Cersósimo también hace hincapié en la dificultad de la circulación de ideas peronistas en la época al reflejar, en palabras de El Kadri, que del citado Trinchera y durante una primera época, se editaban solo“500 ejemplares nada más, lo distribuíamos en los sindicatos”,[40] mientras que el formato “era de una hoja de oficio, alargada, doblada en dos como un librillo. Serían unas seis hojas, o sea 24 carillas”.[41]  

La necesidad de expresión y la espontaneidad de la lucha provocan que los artículosfueran “cortos, dos carillas como máximo. Eran todos panfletarios, incendiarios: Perón o muerte era la consigna. Había alguno sobre la verdadera historia argentina; algún discurso de Evita; alguno de Perón; algún poema dedicado al 17 de Octubre o a las luchas populares”[42]. A su vez y en sintonía con Palabra Argentina, “en aquella publicación El Kadri reivindica a “la guerrilla rural de los Uturuncos, en Tucumán”.[43]

El Kadri, en conversación con Quito Burgos, recordará que “las fuentes noticiosas eran las propias, o sea lo que sabíamos por nosotros mismos. Comentábamos las noticas de los diarios, también criticábamos lo que hacía el gobierno y lo que había hecho la dictadura de Aramburu. Rendíamos homenajes a los fusilados de 1956: Valle, Cogorno, y otros. Todos los artículos terminaban con un llamado a la lucha y el retorno de Perón. Ningún artículo aparecía firmado, porque se quería mostrar un espíritu de cuerpo de creación colectiva”.[44]  

El mismo Perón tendrá elogiosas palabras por aquel valiente emprendimiento juvenil: “es excelente la idea de publicar el boletín “Trinchera”, de un gran contenido, muy bueno y útil para el peronismo”.[45]  

El líder no dejará pasar por alto el hecho de la abnegada lucha sin la búsqueda de trascendencias ni intereses particulares: “me ha llamado la atención que en toda esa obra de la juventud no aparece un solo nombre de sus componentes, lo que indica que se trata de un cuerpo único, animado de la solidaridad y compañerismo que hace “uno para todos y todos para uno”, como regia en las consignas de los antiguos Caballeros de la Tabla Redonda”[46]; concluyendo con un agradecimiento: “porque con ello están dando un gran ejemplo a todos los peronistas, cuyos dirigentes tienen la falla de “aparecer más que ser”, o la de agruparse en círculos antagónicos que tanto mal le han hecho al Movimiento”.[47]  

La Juventud estaba en plena ebullición y el líder no dejará de reconocerlo al dictaminar que “en la actualidad existen movimientos de la Juventud Peronista en casi toda la República. Únanse indestructiblemente y luego tomen todo en sus manos, que el futuro será de ustedes para bien del Peronismo”.[48] 

La publicación va creciendo y pronto pasa “a un formato carta, abrochada al costado, con una tapa de color azul. Los artículos llevan alguna foto o dibujo; los márgenes de la composición son respetados y los artículos están mejor escritos”[49]. Respecto a la circulación, Envar afirma: “salíamos mensualmente. Tirábamos setecientos, o quizás alguna vez mil ejemplares. La venta seguía haciéndose en actos sindicales, o cada uno se llevaba diez o veinte para su barrio o comando”.[50]

Respecto a los temas tratados en la publicación, dirá El Kadri: “en esa época escribíamos mucho sobre la Revolución Argelina, que apoyábamos ardientemente; sobre las huelgas y movimientos de resistencia, no faltaba algún llamado a los “milicos” para que se sublevaran junto al pueblo”[51]. A su vez,  “denunciábamos las torturas de los compañeros presos por el “Conintes”; dábamos nombres de torturadores, nos solidarizábamos con las compañeras presas y llamábamos a la solidaridad con los presos y sus familias. También metíamos la dimensión de la “lucha antiburocratica” en nuestra práctica cotidiana”.[52]

Envar El Kadri concluirá afirmando que aquella etapa de difusión de ideas “fue nuestra  escuela de militancia […] Ahí aprendimos “política”, porque teníamos las líneas generales de la doctrina”.[53] 

4. Primera instancia en la cárcel (1960-1963): Cuaderno de Miguelito y cartas para la maestra Mirta

En Noviembre de 1960, “la policía llegó a la casa de la familia El Kadri en la calle Pedernera, en Flores, y apresó a Cacho por el Plan CONINTES. Sería condenado a cinco años de prisión por tenencias de armas y explosivos”.[54]

Aquel confinamiento en distintos puntos del país donde “El Kadri estuvo preso en Caseros, Neuquén y Santa Rosa, La Pampa”[55], lo encontró recurriendo una vez más a la escritura como método de sobrellevar ese duro momento, mientras continuaba construyendo vínculos militantes con sus compañeros de prisión. De esta primera experiencia tras las rejas, El Kadri rescatará a “la cárcel como una gran escuela, compartiendo con otros compañeros, charlas reveladoras de viejos militantes”[56]. Allí Envar adquirió el hábito de registrar sus experiencias personales en un diario “que denominó “Cuaderno de Miguelito” y sugería a los detenidos compartir todo”[57], como forma de mitigar el dolor y que con esta acción colectiva “no sufrieran la mitología carcelaria. Era una respuesta artística política desde lo cotidiano para unir a compañeros”.[58]  

De estas vivencias de dolor compartido, se puede rescatar lo publicado en el periódico Trinchera Nº 10, de la JP, de Julio de 1961. Allí se dio a conocer “un poema que revelaba las angustias de los presos”.[59]

El mismo decía: “Pabellón seis, mancha de oprobio/ anudado de angustias/en espiral de sadismo y de locura/no serás olvidado en tus cerrojos, /en tu fría soledad de espanto, /en las horripilantes noches de tortura, /en las interminables horas de picana/ celda barrote y tranca/encasillando por siempre una esperanza”.[60]

La lectura y la escritura no solo eran una forma de canalizar el tiempo en confinamiento y desarrollar la militancia. El contacto con la prensa escrita le dio la oportunidad a Envar de desarrollar un amor a distancia, cuando comenzó desde la prisión, una relación epistolar pero no por eso menos apasionada, con una maestra de escuela llamada Mirta.

El origen fue una noticia periodística dado que El Kadri “cada semana recibía una selección de los artículos del diario La Prensa”[61] y allí un día “lo conmovió leer una nota sobre una maestra que llevo a sus alumnos a las sede de ese diario, en Avenida de Mayo al 500, y le escribió una carta”.[62]

Tiempo después la semilla de la relación epistolar dio sus frutos y llego una réplica de aquella maestra inspiradora, “su respuesta lo sorprendió. Ella se llamaba Mirta y Cacho decidió enviarle un poema en lunfardo”[63]. Del mismo se trascriben aquí algunos de sus versos: “batacazo tu rayito de sol/hermoso como una flor/ que en sus letras mostraba/ la dulzura del amor…/ Ahí nomas el bobo se descarriló”.[64]

Recuperada la libertad, la relación no prosperó, pero sin duda y otra vez, la acción creativa y artística posibilitó a Envar El Kadri mantenerse en forma mental, sentimental y física para las futuras peleas militantes.

4. Periódico Trinchera (tercera época) y la experiencia de Taco Ralo, derrota militar y victoria política

Posteriormente, con la llegada de Arturo Illia al gobierno en 1963, Envar El Kadri recuperará su libertad. Sobre este gobierno, reconocerá que permitió la acción política de las bases con mayor libertad de su antecesor aunque, de igual forma, continuará con la deuda de mantener a Perón lejos de la Argentina. De esta forma, si bien la presión sobre la actividad militante se ve atenuada, la frustrada llegada del líder justicialista en 1964 (queda retenido el vuelo que provenía de Madrid en Río de Janeiro), pondrá de vuelta en tensión la actividad militante, entre la difusión de ideas y la necesidad de una lucha que utilice otros medios para lograr los objetivos frustrados.  

La acción del Kadri adquiere otros relieves y entre 1963 y 1968: visita a Perón en Madrid, conforma el movimiento de la Juventud peronista (MJP) – que tiene alcance nacional-, edita el citado diario Trinchera en el mimeógrafo del Sindicato de Farmacia y en 1968 crea, junto a otros compañeros, Las Fuerzas Armadas peronistas (FAP).  

Durante esta época,  Trinchera, desarrollará una tercera etapa. A partir de septiembre de 1963 se publicaba “en tamaño tabloide, constaba de ocho páginas, con una tirada de entre cinco mil y diez mil ejemplares, y periocidad irregular”.[65] Sobre esta experiencia,El Kadri dirá que “los diez mil ejemplares se vendían en todo el país […] a través de la JP, pero también estaba en los Kioscos, como en Retiro, Plaza de Mayo, etc.…donde nosotros los llevábamos personalmente. Hasta habíamos hecho unos carteles con la figura sonriente de Perón, descamisado, que en letras grandes decía “compre Trinchera”.[66]

El contexto del fallido retorno de Perón en 1964, pondrá en marcha nuevas iniciativas que pronto desembocarán en la acción armada: “después del fracaso del Operativo Retorno […] atacamos a los dirigentes con un artículo encabezado con la frase “Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.[67]

La llegada a nivel nacional de Trinchera la coloca en un rol homogeneizador de voluntades que “permitía […] tener una visión similar frente a los problemas que se nos presentaban en la práctica militante[68]; mientrassu construcción, en palabras de El Kadri, se veía favorecida por la experiencia sumada a lo largo de los años, lo que desembocaba en una publicación que “estaba mejor hecha y diagramada que los “Trinchera” anteriores. Era combativo, duro y trataba de ser organizador”.[69]

En 1966, la llegada de otro orden castrense con la asunción de Carlos Onganía, acelera y define las estrategias militantes opositoras al nuevo régimen: “en el año 66 quedó abierta la vía de la lucha armada por todos los medios, los militares prometen gobernar por veinte años”.[70]  

En este marco de situación hay que ubicar los hechos de Taco Ralo. El Kadri reflexiona sobre aquello: “fue ahí cuando nuestra generación, con un cierto fatalismo, aceptó que no había otro camino para hacer valer nuestros derechos que el de la fuerza. Y de ahí a la formación de las organizaciones armadas no hubo más que un paso”.[71] 

De esta manera, se puede considerar a Taco Ralo como una bisagra histórica, un pasar de la defensiva a la ofensiva y de esta manera, al menos en Envar El Kadri y muchos de sus compañeros,  marca un cierre de aquella forma de Resistencia.

Taco Ralo, una victoria política

Si bien la experiencia de Taco Ralo pondrá a Envar El Kadri en acción directa junto a un grupo de compañeros, este último nunca dejará de confiar en el poder de transmisión de la palabra escrita. Mientras realizaban actividades de aclimatamiento en el monte tucumano, será el encargado de redactar un diario que según “La Razón del 21 de septiembre de 1968: “Es un cuaderno de tapas negras, cuyas anotaciones comienzan precisamente el 6 de Septiembre y tiene escrita solo cuatro páginas. Más que un diario son reflexiones de su autor con sus impresiones sobre la vida de monte, el clima, las condiciones en que actuaban y la motivación ideológica que los llevo a la etapa insurreccional…”[72].

Es para los medios gráficos que cubren la noticia sobre la incipiente guerrilla peronista una sorpresa el hecho de encontrar registro escrito sobre aquella experiencia; de esta forma, años después cuando se narren los hechos desde la revista Todo es historia se volverá a hacer hincapié sobre el hecho que “entre los elementos hallados hay un “diario personal” que pertenecía a Envar El Kadri. imitando a Ernesto Guevara en Bolivia”[73]. El asombro no quedará solo en la actividad de la escritura escrita sino en la descripción del propio Envar El Kadri, presentado como un “estudiante de derecho de 27 años, con anteojos y el tipo intelectual de la década del sesenta”[74].

Las novedades no dejaban de llegar, tanto para el gobierno militar como para parte de la ciudadanía, cuando, por ejemplo, se narre que “otro” de los integrantes del fallido intento guerrillero es de hecho una mujer: Amanda Peralta. Sobre la única integrante femenina de Taco Ralo,  “En los diarios de la época causó conmoción el hecho de que existiera una mujer en el grupo. En ese momento tenía 28 años. La revista Gente decía de ella: “Dejo los libros por una par de borceguíes y un fusil”.[75]

Tal vez la sorpresa fuera menor si se hubieran detenido a leer aquel diario de El Kadri donde “escribe que los propósitos de instalarse en “La Cañada” son para crear en el campamento – al que llama “El Plumerillo” y aquí le copia la idea a San Martin – “un tipo de vida” como el que el General llevaba con sus granaderos en el lugar homónimo de Mendoza. Por lo tanto con lo que sugiere El Kadri, el campamento contaría con sacerdotes, mujeres y pueblo en general “para mantener el contacto con la gente humilde”.[76] 

Envar el Kadri reflexiona muchas veces sobre lo realizado en Taco Ralo. En la misma publicación de la revista Todo es historia dejará en el aire una serie de incógnitas que ayudan a entender la complejidad del clima de época que se vivía en ese momento. De este modo, se pregunta: “¿Cuál era el deber ser de los jóvenes frente a una dictadura que amenazaba estar veinte años en el gobierno? ¿Cuál era el deber ser de un joven argentino en los años 60 y 70, los de la muerte de Ernesto Guevara, los del exilio de Perón y la proscripción de las masas populares y del Mayo francés…?”.[77]

Su reflexión tendrá en cuenta el momento bisagra que se vivía a nivel social donde detalla que “éramos un puñado de militantes, es verdad, pero no debe olvidarse que en aquella coyuntura histórica la gente reclamaba “hay que hacer algo” y nosotros lo hicimos. No declaramos, no parloteamos, sencillamente lo hicimos porque el régimen impedía volver a Perón y nos proscribía, y porque el golpe de 1966 estuvo dirigido a evitar las elecciones de 1967 en las que ganaría el peronismo”.[78]

Ante las acusaciones de que la acción estuviera supeditada a ideas foráneas sin aplicación práctica en el territorio, responderá que “Taco Ralo demostró que no era preciso irse a Cuba o a Vietnam para hacer la revolución. Taco Ralo era nacional y quería hacer la revolución aquí para que Perón vuelva”.[79]  

El clima de época tenía también una lectura y respaldo del mismo Perón que, desde el exilio, no dejaba de convocar a la acción juvenil como bien demuestra la carta enviada a los integrantes del grupo de Taco Ralo el 12 de Febrero de 1970: “como ustedes bien saben, el momento es para la lucha, no para la dialéctica política, porque la dictadura que azota a la Patria no ha de ceder en su violencia sino ante otra violencia”.[80]

Conclusiones

El trabajo muestra a un Envar El Kadri como la síntesis de un luchador que reflexiona  y actúa en consecuencia. Ser coherente entre lo que se piensa y lo que se hace es sin dudas un acto de revolución posible. Su militancia siempre le permitió estar cerca del pueblo, compartir sus necesidades y anhelos, porque para poder pensar en el semejante y lo que ambiciona primero hay que poder escuchar, observar y sentir como ese otro. La acción militante en El Kadri es, en primer lugar, un acto de arrojo y sacrifico pero siempre desde el llano, peleando desde el barro de la historia, lo que convierte su vida en un acto de profunda humildad.  Es Envar un pensador del peronismo, un hombre de ideas y planes de un futuro mejor para sus semejantes, un lector apasionado, que jamás dejó de recurrir a los libros así como una fervorosa voz y expresión de los pueblos dolientes.

Los años venideros, retratados en una segunda entrega de estos apuntes para una biografía cultural de Cacho Envar El Kadri, verán a un militante que abandona la opción por las armas, pero nunca la lucha. La vuelta del peronismo al poder en 1973, junto a la radicalización de la lucha armada, llevará a Envar a una larga reflexión que luego continuará durante el exilio europeo. La difusión del arte comienza a ser su principal motor expresivo de militancia, mientras la vuelta a la democracia le permite seguir aportando a la cultura como un grito de guerra desde su amada Argentina.

Son así, nuevas herramientas en una misma batalla con los enemigos de siempre. Si bien el guerrillero bajó las armas, nunca dejó de luchar por un futuro más justo. Siempre supo construir tiempos de aprendizaje donde entendió a su pueblo, aquel que entre el tiempo y la sangre, elige el tiempo.


[1] Tarruella, Alejandro, Envar “Cacho” El Kadri, el guerrillero que dejo las armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pág. 9.

[2]   El Kadri, Envar, Rulli, Jorge, Diálogos en el exilio, Foro Sur, Buenos Aires. pág. 122

[3] Ibídem, pág. 72.

[4] Ibídem, pág. 70.

[5] Ibídem, pág. 104.

[6] Ibídem, pág. 132.

[7] Ibídem, pág. 130.

[8] Ibídem, pág. 182.

[9] Ibídem, pág. 184.

[10] Ibídem, pág. 190.

[11] NUEVO HOMBRE”, Nº 1 (año 1 numero 1 Julio 1971).

[12] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 27.

[13] Ídem.

[14] Ídem.

[15] Tarruella, Alejandro, Envar “Cacho” El Kadri, el guerrillero que dejo las armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pág. 19.

[16] Ibídem pág.20.

[17] Ídem

[18]Ídem

[19] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 28

[20] Ibídem pág. 74

[21] Ibídem pág. 119

[22] Tarruella, Alejandro, Envar “Cacho” El Kadri, el guerrillero que dejo las armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pág. 18

[23] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 74.

[24] Tarruella, Alejandro, Envar “Cacho” El Kadri, el guerrillero que dejo las armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pág. 22.

[25] Ibídem.

[26] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 140.

[27] Tarruella, Alejandro, Envar “Cacho” El Kadri, el guerrillero que dejo las armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pág. 26.

[28] Ibídem pág. 29.

[29] Burgos Quito, Prensa  Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1973, Nuestra América, Buenos Aires, 2015, pág. 110.

[30] Ibídem pág. 112.

[31] Sobre el tema se puede consultar el trabajo de Ernesto José Salas titulado “Uturuncos, el origen de la guerrilla peronista” editorial Punto de Encuentro de 2015.

[32] Burgos Quito, Prensa  Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1973, Nuestra América, Buenos Aires, 2015, pág. 112.

[33] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 28.

[34] Ibídem pág. 31.

[35] Tarruella, Alejandro, Envar “Cacho” El Kadri, el guerrillero que dejo las armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pág. 32.

[36] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 50.

[37]  Tarruella, Alejandro, Envar “Cacho” El Kadri, el guerrillero que dejo las armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pág. 34.

[38] Burgos Quito, Prensa  Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1973, Nuestra América, Buenos Aires, 2015, pág. 98.

[39] Burgos Quito, Prensa  Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1973, Nuestra América, Buenos Aires, 2015, pág. 94.

[40] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 29.

[41] Burgos Quito, Prensa  Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1973, Nuestra América, Buenos Aires, 2015, pág. 94.

[42] Ídem.

[43] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 50.

[44] Burgos Quito, Prensa  Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1973, Nuestra América, Buenos Aires, 2015, pág. 95.

[45] Ídem.

[46]Ídem.

[47] Ídem.

[48] Ídem.

[49] Burgos Quito, Prensa  Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1973, Nuestra América, Buenos Aires, 2015, pág. 96.

[50] Ídem

[51] Ídem

[52] Ídem

[53] Burgos Quito, Prensa  Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1973, Nuestra América, Buenos Aires, 2015, pág. 95

[54] Tarruella, Alejandro, Envar “Cacho” El Kadri, el guerrillero que dejo las armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pág. 49

[55] Ibídem pág. 50

[56] Ídem

[57] Ibídem pág. 53

[58] Ídem

[59] Ibídem pág. 50

[60] Ídem

[61] Ibídem pág. 52

[62] Ídem

[63] Ídem

[64] Ibídem pág. 53

[65] Burgos Quito, Prensa  Popular y Revolucionaria Argentina 1955-1973, Nuestra América, Buenos Aires, 2015, pág. 127

[66] Ídem

[67] Ibídem pág. 128

[68]Ídem

[69] Ídem

[70] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 69

[71]  Tarruella, Alejandro, Envar “Cacho” El Kadri, el guerrillero que dejo las armas, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, pág. 125

[72]  Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 211

[73] Todo es historia, número 237, pág. 8

[74]Ídem

[75] Cersósimo, Facundo, Envar El Kadri, historias del peronismo revolucionario, Colihue,  Buenos Aires, 2008, pág. 210

[76] Todo es historia, número 237, pág. 8

[77] Todo es historia, número 237, pág. 21

[78] Ídem

[79] Ídem

[80] Ibídem pág. 28

Juan Nahuel Forján Quinteros
Nahuel Forjan es guionista cinematográfico recibido en la Enerc (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica), Profesor de Educación Superior en Historia egresado del IES 1º Dra. Alicia Moreau de Justo y Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano por la UNLA (Universidad Nacional de Lanús). Dicta clases de Historia y de Cine en el Nivel Medio, y en Nivel Superior es integrante del equipo docente de la UNSO (Universidad Nacional Scalabrini Ortiz), a cargo del dictado de las cátedras de Escritura Audiovisual I y II.
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