“soldado que ha vivido su vida con mi vida y en quien he depositado mi fe y toda mi confianza, porque lo conozco y lo conozco profundamente”.
(Juan Perón sobre Franklin Lucero. En Perón, 2001-17/6/1955: 85)
Franklin Lucero1 es un personaje central en relación a la política de defensa del peronismo, sobre todo a partir del año 1949 cuando ocupa el Ministerio del Ejército, cargo que va a ejercer hasta el derrocamiento del peronismo con el golpe del 55. Nuestro propósito en este apartado es abordar la figura de Lucero fundamentalmente en vinculación a sus ideas en torno a la política de defensa, el rol del ejército, del soldado, etc. tomando al mismo tiempo las medidas llevadas adelante durante su desempeño como Ministro. Antes de ingresar en su ideario vamos a realizar una breve reseña del recorrido y la formación del mismo para un comprensión más profunda del personaje y su acción.
Franklin Lucero nace en 1897 en la Provincia de San Luis en una Argentina “para pocos”, subordinada semi-colonialmente a los designios de Gran Bretaña y fallece en el año de inicio de la larga noche de terror en 1976. En 1915 inicia su formación militar con el ingreso como Cadete al Colegio Militar, carrera que culmina con la obtención del Grado de Teniente General luego de dos años. Como primer destino tiene el Regimiento 13 de Infantería de Córdoba. En el año 1920 obtiene su primer ascenso. Al otro año cumple funciones en la Escuela de Tiro como Jefe de Sección de la Segunda Compañía del Batallón de Instrucción, tarea que cumple hasta 1923. Desde 1924 hasta 1928 ocupa continuamente la plana mayor del Regimiento de Infantería En el año 24 obtiene el grado de Teniente 1°, y en el 28 el de Capitán.
En ese año1928 ingresa a la Escuela Superior de Guerra, egresando de la misma pocos años más tarde. Por entonces comienza a prestar servicios en el Estado Mayor del Ejército, al mismo tiempo que en la Secretaría de la Presidencia de la Nación así, como señala Bosoer, comienza a tener un contacto con la política nacional. Durante el segundo gobierno de Yrigoyen fue Segundo Jefe del Cuerpo de Guardia de Seguridad de la Policía federal de la Capital Federal. No obstante, tiene participación el golpe del 6 de septiembre de 1930.
Durante los años treinta continua su carrera militar. En 1933 asciende a Mayor. En 1936 cumple tareas como Jefe del Batallón Infantería de la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, luego en el Estado Mayor del Ejército. Al otro año ocupa el cargo de Jefe de la División Movilización de la Dirección General de Ingenieros. También es subdelegado del Ministerio de Guerra ante la Dirección Nacional de Vialidad. Al mismo tiempo tiene un rol como docente en la Escuela Superior Técnica en la materia Táctica. En Diciembre de 1939 asciende a Teniente Coronel, y al otro año se lo destina al Centro de Instrucción de Montaña (Mendoza) donde permanece por un año.
En 1941 ocupa el cargo de Director de la Escuela de infantería. Ese mismo año, consigna Bosoer, integra un grupo de militares nacionalistas, donde se encontraba entre otros Manuel Savio. Desde ese grupo se le realiza un planteo al Presidente Castillo en torno a cuestiones como la neutralidad, las instalación de bases extranjeras, el Consejo Deliberante (cuestionado por la corrupción), etc.
En enero de 1943 se desempeña en el Comando de la Segunda División del Ejército. Ese mismo año pasa a cumplir funciones como Agregado Militar de la Embajada argentina en Chile. Cuando se produce la “revolución juniana” se encuentra en el país trasandino. En 1944 asciende a Coronel, y es designado como Jefe de Secretaría del Ministerio de Guerra (recordamos que por entonces Perón era el Ministro, no obstante se conocían de los años de la “carrera militar”). Asimismo preside el Directorio de la Sastrería Militar.
Estos años son trascendentales en la vida de Lucero, ya que establece una estrecha relación con Juan Perón. Fabián Bosoer afirma que se transforma en un hombre de suma confianza del entonces Coronel. No resulta casual entonces que Lucero tenga una destacada y central participación en los días que desencadenan el 17 de octubre. Él mismo hace un muy detallado relato de los acontecimientos. Lucero considera que Ávalos y compañía querían quedarse con el gobierno. Sostiene la necesidad de valorar al pueblo trabajador en su idea de jugarse la vida por quien había tenido en cuenta sus reivindicaciones. Incluso aparece en el Hospital Militar en las horas decisivas en apoyo al líder. Sin embargo, no participa de la campaña electoral para las elecciones que se celebran el 24 de febrero de 1946 ya que está en funciones militares. De todas formas, participa del armado y custodia de la elección ya que el mismo estaba a cargo de las Fuerzas Armadas.
Al comienzo de la experiencia peronista, en el año 1946 parte en misión a Brasil, Portugal, España, Francia e Inglaterra. En 1947 es designado como Agregado Militar en los Estados Unidos. También es Delegado de la Junta Interamericana de Defensa unos meses durante ese mismo año. Además es Delegado Plenipotenciario en la Organización de Naciones Unidas (ONU). Por entonces asciende a General de Brigada.
Con el peronismo en pleno avance y fortalecimiento, en 1949 se desempeña como Subsecretario de Ejército. Ese año resulta emblemático, ya que se crea el Ministerio de Defensa (el primero en crearse América Latina). El mismo es ocupado por el General Humberto Sosa Molina. Mientras, Lucero ocupa el del Ejército (15 de octubre de 1949). Por entonces logra el grado de Teniente General. El flamante Ministro reconoce como sus dos grandes maestros a Sosa Molina y a Juan Perón. Fabián Bosoer destaca los esfuerzos que realiza para las obras establecidas en primer plan quinquenal (1947-1951), como asimismo la importancia otorgada a Fabricaciones Militares (creada en 1941).
Vale recordar que 1949 es un año emblemático en el gobierno peronista, durante el mismo se reforma la constitución plasmando e institucionalizando en la Carta Magna las transformaciones que se venían desarrollando en forma acelerada desde el advenimiento del peronismo. Además del Ministerio de Defensa y del Ejército que mencionamos, también nacen los de Aeronáutica y Marina. Recordamos también que el año anterior se había dictado la Ley de Defensa Nacional (N° 13.234), denominada “Organización de la Nación para tiempo de guerra” (la primera ley en torno a la organización de la defensa en nuestro país).
Asimismo, el autor pone de relevancia que Lucero procura el apoyo de los cuadros del ejército, incrementa el escalafón, otorga beneficios a los jefes y oficiales, agiliza el mecanismo a través del cual se otorgan los ascensos, pugna por el establecimiento del derecho a voto suboficiales lo que se logra (da la posibilidad también que éstos utilicen el mismo uniforme que los oficiales), etc. Lucero afirma la convicción en que el “no debe apartarse de su misión específica y que jamás debe interferir el poder civil o abrogarse poderes extraordinarios por el sólo hecho de mandar soldados, hijos del pueblo y armados por el pueblo”. (Lucero, 1969: 74)
Con el golpe de estado de septiembre del 55 cuando Perón es derrocado, Lucero renuncia. Como sabemos se desata entonces el odio oligárquico sobre el peronismo, y Lucero leal a Perón y al justicialismo no escapa del mismo. Así, su casa en Mar del Plata es saqueada e incendiada. En principio se asila en Embajada Nicaragua, pero poco después el 29 de septiembre decide dejar el asilo y es detenido primero en el Buque Bahía Aguirre, luego al Vapor Washington.
Se lo somete a una Corte Marcial y pasa por varias cárceles como la reabierta cárcel de Ushuaia, la penitenciaría nacional de Las Heras, el penal de Magdalena. En Ushuaia se encuentra también con otros militares como Sosa Molina, el Mayor Aloé, el Teniente Coronel Osinde, el Brigadier Lacabanne, por mencionar algunos. En febrero de 1957 el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas lo condena a tres años prisión e inhabilitación perpetua. Es durante su apresamiento en el penal de Magdalena donde escribe sus trascendentales memorias bajo el título: “El precio de la lealtad”, a las que vamos a hacer referencia aquí. Recién es liberado en 1959. Una vez en libertad Lucero se corre de la política en cierto punto. No obstante, en 1973 (ya con Perón como Presidente), recupera el grado militar. La Corte finalmente anuló la sentencia militar. Fallece poco tiempo después en 1976.
Lucero consigna que en los años del peronismo el ejército no fue ajeno al proceso de transformación, al menos, en dos sentidos: por un lado por acompañar y ser artífice del mismo; y por otro, por los beneficios que también impactaron en la fuerza. De esta forma, en relación a la acción social del peronismo el ejército no fue indiferente a las diversas creaciones que beneficiaron tanto a su personal civil como militar (se destacan, entre otras, la Obra Social, la Ley de Autoabastecimiento y la Ley de Vivienda), promoviendo en su jurisdicción también una fuerte acción social, en síntesis “nadie puede negar la permanente acción que se realizó en lograr un mejor nivel de vida a los cuadros y soldados de la institución”. (Lucero, 1969: 61)
Asimismo, destaca que la Ley para el Personal Militar fue perfeccionada incorporando a los generales al retiro activo (y avanzando en el mismo sentido sobre otros grados). Se reajustaron los ascensos y eliminaciones en el cuerpo de Comando (1954), se autorizó la incorporación de los suboficiales a la categoría de oficial (1953), la Dirección General de Ingenieros realizó un gigantesco plan de obras edificando cuarteles, barrios, etc.
En el marco de la Ley de Autoabastecimiento mencionada se erigió una red de abastecimiento a través de proveedurías, tambos, mataderos, panaderías, etc., para el abastecimiento de alimentos y elementos del hogar, se llevó a cabo una política de construcción de la casa propia con los materiales al precio de costo (al igual que el transporte), la adquisición de medicamentos, y otros rubros. Se desarrolló una política de preparación militar profunda, se promovieron la formación y actividades industriales en los diferentes sectores del ejército como la fabricación de ladrillos, bloques, cerámica, muebles, etc. Lucero pone de relevancia el rol del soldado desde su conducción argumentando que “para el soldado de ese ejército, el único árbitro legal del gobierno era el pueblo (…) Nuestro ejército sí era verdadero “brazo armado” de la patria, solamente destinado a salvaguardar los más grandes intereses de la nación”. (Lucero, 1969: 208)
También de produjeron vacunas, suero, etc. (bajo la Dirección General de Sanidad y la Dirección General de Remonta), la reparación de vehículos, fabricación de baterías, etc. Para estas tareas participaban unos 5 mil soldados, mientras había 75 mil soldados convocados a las unidades del ejército, de esta forma no se descuidaba su función específica. Así, la Ley de Autoabastecimiento (Ley 14.147), “no sólo repercutió en beneficio del presupuesto del Ministerio de Ejército, sino que aumentó notablemente su haber patrimonial, acumulando recursos que en el transcurso de pocos años iban a constituir sumas de extraordinaria importancia”. (Lucero, 1969: 69) Resalta especialmente también el Plan Siderúrgico, el plan de modernización del armamento y material de guerra del ejército, y su reestructuración orgánica.
Lucero argumenta que con estas medidas, en línea con el ideario peronista en general, “se marchaba con decisión a la obtención de los grandes objetivos señalados en la “Doctrina Nacional”: se buscaba que el ejército dejara de ser una carga improductiva dentro del Estado que sólo consume para transformarlo en una institución que sabía autoabastecerse y explotar riquezas, que de otra manera hubieran permanecido en función negativa para el país”. (Lucero, 1969: 73).
Lucero define como Ministro determinados lineamientos generales en torno a su consideración sobre la función de la institución militar en tanto la necesidad de comprensión por parte de los integrantes de la fuerza que la “unidad espiritual proporciona la fuerza propulsora que permite actuar a la institución tanto en la paz como en la guerra, con la eficiencia necesaria para el logro de sus elevados objetivos (…) que los cuadros del Ejército constituyeran una verdadera entidad moral (…) contra cualquier acción que pudieran realizar elementos extraños e interesados en perturbar el cumplimiento de la misión constitucional de la institución (…) La formación del ejército siempre dispuesto al sacrificio, educador de su propio pueblo y que constituyera el guardián moral de la Soberanía Nacional (…) superioridad en la abnegación y en el sacrificio, superioridad en todas las virtudes que determinan específicamente al militar”. (Lucero, 1969: 74-75)
Como Ministro del Ejército Franklin Lucero elaboró diferentes documentos en relación a sus anhelos para la fuerza, y en función de la formación de los militares. Así aparece la Orden General bajo el título “Prestigio de la Unidad” en la que expresa: “la política disocia, separa y quiebra esa unidad indestructible que debe existir en los cuadros”. (Cit. en Lucero, 1969: 75) En este mismo sentido, presenta el 3 de diciembre de 1954 el “Decálogo del Soldado Argentino”.
Lucero considera que la Doctrina Nacional emanaba y captaba el sentir del pueblo. Es una construcción que parte de la realidad, que avanza de abajo hacia arriba, no es una creación abstracta sino es fiel reflejo de nuestro pueblo. Esa doctrina era razón y origen de las fuerzas morales en virtud de la unidad nacional, de esta forma “el adoctrinamiento castrense procuraba crear conciencia de que ella sólo puede existir cuando el pueblo está estrechamente unido por vínculos morales, bajo una misma y única bandera, y en avance constante hacia objetivos que configuran la grandeza de la patria y el bienestar general. Esa doctrina, como vínculo espiritual nacional, debía ser conocida en todo el ámbito de la patria y comprendida por los que labran de una y otra manera su grandeza nacional”. (Lucero, 1969: 207)
En la Orden General N°3 titulada La virtud del mando se pone de relevancia que para fortalecer la base del Ejército es necesaria “la unidad espiritual de sus cuadros (que) proporcionará la fuerza potencial propulsora que le permite actuar, tanto en la paz como en la guerra (…) para obtener en forma integral esa unidad espiritual, resulta indispensable una acción permanente, procurando fortalecer los estrechos vínculos morales y materiales que deban unir a todos los componentes de la institución”. (Lucero. La Virtud del mando)
En relación al ejercicio de mando se considera que no puede solo basarse en el grado, función o jerarquía militar, sino que tiene que contar con una “superioridad de conocimientos profesionales, de dedicación y amor al servicio; superioridad en la abnegación y en el espíritu de sacrificio; superioridad en todas las virtudes que determinan específicamente al militar”. (Lucero. La Virtud del mando) Asimismo se pone de relevancia el trato justo, considerado y respetuoso. La obediencia y la disciplina encuentra su fortaleza en el prestigio personal de quien está al mando. El mando no debe ejercerse en forma absorbente, definiendo enfáticamente que “mandar no es gritar ni tratar en forma desconsiderada, tampoco lo es imponerse por la fuerza o por temor al castigo; mandar no es anular, vejar y humillar al subalterno”, por el contrario “mandar es orientar, dirigir y armonizar imponiendo por convencimiento una superioridad real y reconocida, es aunar esfuerzos para el logro de objetivos comunes; es afianzar y mantener la disciplina; es ejercer la autoridad con firmeza y energía, pero paternalmente; mandar es ser justo, convencer y respetar”. (Lucero. La Virtud del mando) Resuenan ciertas ideas de los “Apuntes de historia militar” de Perón o bien de las clases que en 1951 da en la Escuela Superior Peronista compiladas en “Conducción política”.
En el ejercicio del mando se tiene que tener en cuenta la dimensión individual del hombre. El “mundo militar” si se quiere no puede absorber la personalidad individual en forma absoluta y no dejar lugar a la expresión de la misma. El hombre piensa, siente, quiere, analiza y actúa, así no puede ser reducido a una pieza de un mecanismo. Se destaca que además de soldado tiene otros vínculos más allá de ese mundo. No obstante se trata de armonizar lo individual y lo colectivo, apuntalar la “unidad espiritual” en tanto lograr el “espíritu de cuerpo” en tanto la “solidaridad en los pensamientos y en la acción individual o colectiva”. (Lucero. El prestigio de la unidad)
El deber militar está marcado no solo por la vocación, por el sostenimiento de la disciplina, etc. sino también por el acatamiento del mandato del pueblo soberano, y por la subordinación leal a las autoridades de la Constitución y las Leyes. (Lucero. Cumplimiento estricto del deber militar)
La conducción militar debe actuar e inculcar un conjunto de valores a partir del ejemplo. En tanto los subordinados tienden a ejercer una imitación de las acciones de la conducción, es que es el jefe quien imprime su sello sobre quienes tiene mando. De esta forma, debe obrar con abnegación, y con espíritu de sacrificio, mediante el ejemplo se llega en forma más sencilla al corazón de los subordinados. (Lucero. La personalidad del jefe)
En la Orden General N°14 Franklin Lucero establece el “Decálogo del Soldado Argentino” que mencionamos anteriormente, en la cual se establecen los principios rectores de la actividad militar en base a lo expresado en las diferente órdenes generales. Así se establecen diez principios con una breve explicación de cada uno. Los mismos son: 1- Unidad y solidaridad espiritual de los cuadros. 2- Cumplimiento estricto del deber militar. 3- Fe absoluta en la justicia. 4- Virtud y ejercicio del mando. 5- Personalidad del jefe. 6- Prestigio de la unidad. 7- Ambición de perfectibilidad.- 8- Ambición de perfectibilidad / Mística profesional. 9- Las Fuerzas Armadas síntesis del pueblo. 10- Nobilísima imitación del Gran Libertador. Nos detenemos brevemente en la N° 9 en tanto Lucero expresa que esa síntesis determina que las Fuerzas Armadas “no pertenecen a determinados partidos o sectores ni pueden servir de instrumento a la ambición de nadie y que pertenecen a la a la Patria, que es hogar común y que a ella se deben por entero”. (Lucero. Decálogo del soldado argentino)
Como podemos observar Franklin Lucero es parte de lo que autores como Jauretche o Ramos consideran la línea nacional de nuestras Fuerzas Armadas, que velan por el resguardo de la soberanía nacional, con una mirada integral de la defensa, enmarcando a la misma en la necesidad del desarrollo industrial como fortalecimiento de la independencia económica en virtud de ampliar la soberanía política, establecen lazos estrechos con el pueblo, ponen en cuestión el orden dependiente pugnando por romperlo.
Para cerrar citamos in extenso un fragmento de “El precio de la lealtad” en el cual se expresa claramente la visión del ejército tanto en nuestra historia como en relación a su función. Afirma allí que “la conciencia y el ejercicio del deber militar constituyó una mística, que consistía en devoción activa por la moral castrense, por el quehacer celosamente cumplido, por el anhelo permanente de crear, por una tensión espiritual siempre apta para afirmar la subordinación en función de la disciplina, para que el ejército fuera como fue: digno de su gloria pretérita y expresión viril de un pueblo consciente de su valer, de su estirpe y de su mejor futuro. No fue ni quiso ser casta. Emanaba del pueblo, vivía y trabajaba junto a él, sufriendo sus dolores, gozando sus alegrías y soñando un futuro de ventura. Llevados los regimientos a todo el ámbito de la patria, sus hombres sufrieron y ampararon al paria y al arriero; sus cuarteles levantados después de la conquista del desierto tenían comedores para los changos y hasta fueron albergue para sus padres. Muchos de nuestros niños provincianos vieron por primera vez la bandera en el cuartel y en la escuelita de adobe. El oficial, el suboficial y el soldado vienen del pueblo y se honran de ello. El ejército fue pueblo armado en la conquista de la independencia y en los entreveros por la organización nacional, y lo siguió siendo en su lucha permanente contra la oligarquía, el privilegio y lo antinacional”. (Lucero, 1969: 158)
Bibliografía
Bosoer, Fabián. (2017). Franklin Lucero: el precio de la lealtad. En Rein y Panella (comp.). Los indispensables. Dirigentes de la segunda línea peronista. Buenos Aires: UNSAM.
Lucero, Franklin. (1969). El precio de la lealtad. Injusticias sin precedentes en la tradición argentina. Buenos Aires: Propulsión.
Lucero, Franklin. La virtud del mando. Orden General N°3. Rep. En Lucero, Franklin. (1969). El precio de la lealtad. Injusticias sin precedentes en la tradición argentina. Buenos Aires: Propulsión.
Lucero, Franklin. El prestigio de la unidad. Orden General N°6. Rep. En Lucero, Franklin. (1969). El precio de la lealtad. Injusticias sin precedentes en la tradición argentina. Buenos Aires: Propulsión.
Lucero, Franklin. Cumplimiento estricto del deber militar. Orden General N°7. Rep. En Lucero, Franklin. (1969). El precio de la lealtad. Injusticias sin precedentes en la tradición argentina. Buenos Aires: Propulsión.
Lucero, Franklin. La personalidad del jefe. Orden General N°9. Rep. En Lucero, Franklin. (1969). El precio de la lealtad. Injusticias sin precedentes en la tradición argentina. Buenos Aires: Propulsión.Lucero, Franklin. Decálogo del soldado argentino. Orden General N°14. Rep. En Lucero, Franklin. (1969). El precio de la lealtad. Injusticias sin precedentes en la tradición argentina. Buenos Aires: Propulsión.
- Los datos biográficos de Franklin Lucero los tomamos de la investigación que realizó Fabián Bosoer en el marco del estudio de los personajes de la segunda línea del peronismo. Referimos a Bosoer, Fabián. (2017). Franklin Lucero: el precio de la lealtad. En Rein y Panella (comp.). Los indispensables. Dirigentes de la segunda línea peronista. Buenos Aires: UNSAM. ↩︎
* Imagen de portada: Franklin Lucero y Juan Perón. Fuente: www.infobae.com