El aporte de Eva Perón a la planificación social y económica justicialista: Una pedagogía de lo cotidiano.

Sebastián Iglesias

«Yo la acompañaba, a veces, a barrios suburbanos, en noches frías de invierno, a llevar medicamentos a un enfermo y entraba con ella en una casita humilde.

En una cama, un señor jadeaba con dificultad y en su rostro se veían llagas profundas, purulentas

Ella entraba, saludaba a todos, dejaba los medicamentos en una mesa y luego se acercaba al hombre para darle una palabra de aliento y le besaba la cara.

Y yo, pastor de cristo, que había estudiado el Evangelio en el colegio Máximo de Devoto, yo, que había dado no sé cuántas misas y había predicado en la Catedral, daba un paso atrás, yo, sacerdote, imagínese…

Ella salía y me retaba. Era terrible.

– Pero Padre, ¿Usted se cree que vinimos nada más que a traer medicamentos como hacían los oligarcas de la Sociedad de Beneficencia?; Vinimos a traer solidaridad, a que este hombre se sienta uno como nosotros, un argentino por el cual otros argentinos se preocupan y sufren por su estado y quieren fervientemente que se sane.

No va a decir que no lo entiende, Padre…

¡Terrible!

Ella era más cristiana que yo, para ella el cristianismo no era un sermón, ni una hostia, era mucho más, era sentir el dolor de los desamparados ¿comprende? –

Padre Hernán Benítez

“Mientras yo construía la casa grande que nos iba a cobijar a todos, ella abrigaba a los que estaban afuera para que no se murieran de frío”.

Juan Perón

El formidable proceso de transformación social pensado desde la Secretaria de trabajo y previsión, diseñado en el Consejo nacional de posguerra, plasmado en el primer plan quinquenal (1947-1952) y ejecutado a lo largo y ancho del país conto con dos instancias fundamentales: En primer lugar, la conducción estratégica del General Perón que reformula los postulados colaboracionistas y los afina en pos de la realización de soberanía política, la independencia económica y la justicia social de la nación, en el marco de la comunidad organizada. En segundo lugar, la ejecución operativa de Evita. Reemplazándolo en la relación de intermediación entre el movimiento obrero y el nuevo ministerio de trabajo, y también desde la asistencia social. Reconstruyendo material y espiritualmente al pueblo pobre hasta que las reformas estructurales en franca construcción le permitieran su ingreso en la historia nacional.

En el dispositivo justicialista se abordó integralmente, redefiniendo y complejizando lo que en Europa se denominó el problema social que “bien entrado el siglo XX se denominó cuestión social y que, en nuestros días, entra de lleno en la expresión complejo económico social” (Figuerola, 1961, p.22). De esta manera, se lo aborda en forma íntegra, se redefinen los márgenes de la acción estatal y se provee conceptualmente a la planificación de dos elementos centrales: el pueblo como sujeto último de la acción material y espiritual; y el bienestar social y la grandeza nacional como punto culminante de todo el proceso planificador.

La realización de la justicia social es la máxima aspiración del pueblo. Por ende, es distinta a la idea de justicia individual que pregona el liberalismo, dice Evita “esa justicia es incompleta, porque no interviene todo el pueblo en la solución de los graves problemas que afectan a los trabajadores” (Eva Perón, 2012, p.40).

¿Qué entiende Evita por pueblo? Para ella el pueblo es el sujeto de la historia y como tal debe intervenir de manera directa en la resolución de los problemas que lo aquejan.  Para eso debe dejar de ser una masa desorganizada, sin conciencia ni personalidad social. Porque el pueblo necesita para su constitución como tal de organización, personalidad y conciencia social, única forma que se sienta responsable y participe del destino común que se propone como nación. En su interior no hay lugar para el hombre esclavo del capital o del estado, sino para hombres libres conscientes de su dignidad. “Es cierto, que casi nunca las masas han encontrado, en sus grandes movimientos, un buen conductor; pero también es cierto que casi nunca un gran conductor ha querido conducir un pueblo de hombres libres. Más bien todos han querido mandar sobre las masas, y por eso han tratado de mantenerlas en la ignorancia. Porque ellos no han querido conducir, sino mandar” (Eva Perón, 2012, p.49). Perón, afirma Evita, quiere un pueblo que sienta y que piense, que actué bien orientado; por eso señaló tres grandes objetivos: justicia social, independencia económica y soberanía política.

Para Evita la historia de las revoluciones francesa y rusa habían sido parte de la lucha de las masas por convertirse en pueblo. Pero también, sus triunfos habían sido momentáneos, fugaces. En Francia el ostracismo se había apoderado del cruento sacrificio de las masas populares, en Rusia la violencia había trastocados todos los valores espirituales del hombre. Los pueblos rechazan de cuajo el sacrificio del absolutismo imperial capitalista y proletario. Bregan por una auténtica democracia social “en el que el gobierno del pueblo y para el pueblo ha de ser una realidad” (Evita, 2012, p.48).

Para Evita el pueblo es portador de una metodología de acción propia, que ella recupera y la traduce en una novedosa forma de ejecución “comprender, aplicar, realizar, predicar y amar” (Evita, 2012, p.50). Fue esa misma técnica que utilizó para buscar “incansablemente el desarrollo integral de las personas, no solo satisfacer necesidades materiales, sino de amor y solidaridad. De aquí que su imagen aún hoy siga reflejando una dimensión mística, porque ella supo conmoverse y conmover en la fibra más íntima de las carencias espirituales de hombres, mujeres y niños, dimensión que pocas veces es tenida en cuenta en la frialdad de los escritorios, en la palabra de los expertos o en el pragmatismo de políticos oportunistas” (Guidi, 2004). Para ella existía una relación directa entre la restauración de la dignidad del hombre, tanto material como espiritual, y la soberanía, “no puede haber un pueblo soberano si el pueblo no es digno” (Eva Duarte, 2012, p.75). Afirmó que “la dignificación del hombre por el hombre no tiene precio” (Eva Duarte, 2012. P.75), en clara referencia a los postulados hobbesianos del materialismo capitalista y comunista.

La redención del pueblo implica la consagración de una “revolución total, tanto en lo político, como en lo social, como en lo económico” (Eva Duarte, 2012, p.79). Nuevamente, una concepción integral de la acción abarca su pensamiento. Aporta un elemento sustancial para la comprensión del proceso económico de la revolución justicialista, “el Coronel Perón tenía que luchar por la independencia económica y por la economía social. Por la independencia económica: y para eso producía una verdadera mutilación de los imperialismos dominantes, reconquistando los servicios públicos de la Nación, que eran los instrumentos con los que nos dominaban. Por la economía social, poniendo el capital al servicio del pueblo, haciendo sentar por primera vez ante una mesa paritaria a patronos y obreros, para repartir equitativamente las ganancias de un capital que había explotado al pueblo y que jamás lo había recompensado con una justa retribución” (Eva Perón, 2012, p.78). Lo cotidiano, la diaria de las fábricas que se traslada a las oficinas de las grandes reparticiones públicas con la garantía de que esta vez el pueblo va a estar en igualdad de condiciones a la hora de negociar.

El pueblo se restaura volviendo sobre sí mismo. Ésta acción no es contra nadie, es a favor de él. “Ser anti es estar en posición de pelea o de lucha, y el peronismo quiere crear, trabajar, engrandecer a la patria sobre la felicidad del pueblo” (Eva Perón, 2012, p.81). De manera concreta, establece el camino trazado por el pueblo en la búsqueda de su redención. Es un pueblo que no quiere la lucha ni guerra, quiera construir sobre la base que la paz peronista le propone y que se ajusta al cauce de sus anhelos. ¿Qué es la paz peronista? Justamente ir a la realización de sus anhelos. “¿Qué pueblo en el mundo, en este momento, puede soñar con un futuro mejor? El mañana se les presenta incierto… y aquí, los argentinos están pensando en su casita, en sus hijos, en que se van a comprar esto o aquello, en que van a ir a veranear” (Eva Perón, 2012, p.82). Las pequeñas alegrías cotidianas, las que construyen el día a día de los obreros, alimentan la inmensa maquinaria revolucionaria justicialista. No le exigen un sacrificio adicional a la generación que trabaja en sus obras. En forma paralela al mismo tiempo que las levantan, las disfrutan. No prevé la acción de gobierno el goce solitario de las generaciones venideras. Porque la vida es una sola y todos tienen el derecho y el deber de vivirla plenamente en el tiempo que les toca vivir.

Evita verifica dos grandes necesidades en la realización de la obra de gobierno. Por un lado, el amor al pueblo y, por otro lado, la correcta identificación de los enemigos. El primero fundamenta las acciones que ponen al hombre y a su dignidad en el centro de la escena. El segundo, advierte al pueblo de aquellas amenazas que intentan confundirlo y neutralizarlo para someterlo. La acción enemiga no queda en la simple connotación abstracta de una idea, tiene nombre y apellido: “El imperialismo capitalista estaba representado aquí por nuestra oligarquía, las organizaciones económicas, los monopolios internacionales, la prensa, los representantes del imperialismo capitalista y los partidos oligárquicos. El comunismo estaba representado por el partido Comunista, agentes infiltrados en la dirección de todos los demás partidos y algunos dirigentes sindicales, mercenarios unos y engañados otros. También se plegaban al imperialismo comunista muchos obreros a quienes la desesperación echaba en sus brazos”. (Eva Perón, 2012, p.96). Una pedagogía de lo cotidiano se alimenta de un lenguaje llano, común y directo alejada de lo políticamente correcto, tan en boga en el encubrimiento de los saqueadores.

Para transformar la realidad decía el Obispo Enrique Angelelli debía tenerse un oído en el pueblo y otro en el evangelio. Evita se adelanta a esta concepción lanzada muchos años después y afirma “nunca debemos olvidarnos del pueblo; siempre debemos tener nuestro corazón más cerca de los humildes, de los desposeídos “(Eva Perón, 2012, p.104). En su accionar, la cercanía implica un profundo trabajo de escucha de las necesidades materiales y espirituales de los más humildes, a quienes recibe, diariamente y hasta altas horas de la noche, en las oficinas de la Secretaria de trabajo y previsión, en el mismo despacho donde atendía el entonces Coronel Perón. En esas extensas jornadas laborales, donde se mezcla cara a cara con sus descamisados, las páginas del evangelio se convierten en auténticas prácticas de misericordia, amor y compasión para intentar mitigar el dolor del otro. Pero también interpreta e interpela la profunda religiosidad popular que habita en el corazón del pueblo argentino, y afirma “no puede hablarse en nuestra tierra de un hogar argentino que no sea un hogar cristiano. Bajo la cruz hemos concebido. Bajo la cruz hemos recitado el abecé y hemos contado el ábaco. Bajo la cruz hemos cruzado las manos en la postrera invocación. Todo aquello que en nuestras costumbres pueda destacarse, es cristiano y es católico” (Eva Perón, 2012, p.134)

Una y otra vez pregona sobre la unidad, trabaja para la misma. Le asigna un rol central en la defensa y en la búsqueda inquebrantable de la victoria final del movimiento obrero. Invierte el sentido histórico del 1 de mayo al afirmar “El día de hoy es un primero de mayo verdaderamente criollo: es un primero de mayo lleno de júbilo y alegría; (…) No es el primero de mayo de antes; no es un día de rebelión; no es una fecha en donde se ponga de manifiesto ni la impotencia, ni el descontento, ni el desgano (…)” (Eva Perón, 2012, p.70). Su acción paulatinamente convierte al obrero en “factor de progreso, de unidad nacional, de bienestar colectivo” (Eva Perón, 2012, p.71).

Al ejecutar su tarea lo hace ponderando el rol de las organizaciones intermedias en el entramado político, social y económico de la comunidad organizada. En la concepción justicialista, dice Dionela Guidi, el pueblo se organiza libremente y el Estado reconoce y da soporte a esas organizaciones. “Aceita los engranajes de la comunidad organizada” (Guidi: 2022) que hacen posible el funcionamiento eficiente, de ida y vuelta, que el gobierno peronista propone.

Consideraciones Finales

El aporte de Evita a la planificación social y económica justicialista debe ser entendido en tres aspectos fundamentales. El primero de ellos es su “liderazgo operativo” (Guidi: 2022). El segundo es la ubicación del ser humano y su sufrimiento en el centro de la escena. Por último, el tercero, es la concepción del hombre como materia y espíritu.

En la concepción civilizatoria del justicialismo el problema social evoluciona al complejo económico social. Es decir, aborda integralmente la cuestión no separando sus elementos componentes. De esta manera, busca comprender de manera integral los problemas que aquejan al pueblo y a raíz de esto interpela a todo el conjunto de la comunidad en su realización. Para eso apoya y promueve la organización libre del pueblo. Evita se convierte en rápidamente en su principal ejecutora. Lo hace desde la Secretaria de Trabajo y previsión recibiendo las delegaciones de obreros y escuchando sus reclamos, como una verdadera delegada general de los sindicatos ante el General Perón.  Al mismo tiempo que se encarga de reconstruir material y moralmente a los humildes que no estaban sindicalizados, ni enrolados en organización alguna. Lo hace creando hospitales, Hoteles, clubes de barrio, fomentando el deporte, entregando juguetes, acercando elementos de trabajo, etc.

En sus realizaciones el hombre ocupa siempre el centro de la escena. Actitud profundamente cristiana y profética. Es por eso que escucha al pueblo con profunda devoción y tiene ante sus pedidos el compromiso efectivo de la urgencia. El hambre y la sed no esperan, la explotación del hombre por el hombre hace estragos y en sus manos toma la responsabilidad de aliviar esos pesares.

La obra de restauración del pueblo argentino contempla una faz material y espiritual. A la par de las soluciones materiales que brinda, acompaña sus actos con una profunda misericordia cristiana. Su labor no se agota en la saciedad de los problemas materiales que pesan sobre las espaldas de los hombres, sino que va más allá. Se detiene en cada uno, los abraza, los escucha y los contiene. Reproduce las enseñanzas de los evangelios en acciones concretas de redención.

Un elemento más aporta no ya a la planificación sino a la revolución justicialista: La identificación del enemigo y de sus personeros. No asume una posición políticamente correcta, mientras los denuncia con nombre y apellido, le advierte al pueblo del peligro latente que se infiltren en sus organizaciones.

Bibliografía

  • http://vientosur.unla.edu.ar/index.php/evita-artesana-de-la-comunidad-organizada/
  • Eva Perón (1996), Porque soy peronista. 1 Ed. Buenos Aires. CS ediciones.
  • Eva Perón (2012), Historia del peronismo. 1 Ed. Buenos Aires. Ediciones Fabro.
  • Figuerola José (1961), El gran movimiento social argentino. 1 Ed. Buenos Aires. Editorial La huella.
  • Figuerola José (1943), La colaboración social en Hispanoamérica. 1 Ed. Buenos Aires. Editorial Sudamericana.
Sebastián Iglesias
Lic. en Ciencia Política y Gobierno (UNLA). Especializando en Pensamiento nacional y latinoamericano (UNLa). Técnico Superior en Periodismo, especializado en Deportes. Delegado General de la Comisión Gremial Interna del Banco Nación.
Ver más publiciones
Scroll al inicio