En un hermoso libro, titulado: “Virtudes contra deberes”, el filósofo y Pensador Nacional Alberto Buela (Buenos Aires, 1946), escribe:
“Vemos como la ética, en tanto que disciplina filosófica que se ocupa del fenómeno de la moralidad tiene un primer y fundamental problema o aporía a resolver, cual es la relación entre el bien y el deber. Así por ejemplo, para Max Scheler el deber depende del bien y para Kant, al contrario, depende del deber. Para este último, el hombre es bueno cuando realiza actos buenos, mientras que para Scheler el hombre realiza actos buenos cuando el bueno.” (Buela, 2020, p. 30)
En estos tiempos de crisis, para Argentina, pero también para la humanidad en su conjunto, Buela se pregunta: ¿Cómo resolver desde nosotros mismos, desde nuestro lugar en el mundo que es Iberoamérica la opresión generada por la homogeneización global y por el renacimiento tribal de los nacionalismos periféricos? Rápidamente responde: “Poniendo en acto, actualizando, los valores que conforman nuestra tradición Nacional”. (Buela, 1998, pp. 11). Incluso, en estos días que corren, donde impera la llamada ética autónoma nacida con Kant, pero reacondicionada y remodelada por Jhon Rawls (Maryland, EEUU, 1921-2002) y los pensadores liberals ingleses y norteamericanos, se posiciona la idea que el objeto propio de la ética es el deber. Lo que se debe hacer sobrepasa en importancia a todo lo demás. Ahora bien, no necesariamente quien cumple con su deber es un hombre bueno, o peor aún, quien cumple con su deber hace acciones buenas. El resultado de haber cumplido con su deber puede ser malo, o al menos, no bueno. La bondad, al contrario que el deber, dice Buela, lleva al hombre a realizar acciones que van más allá de la justicia, “¿Quién no vuelve la espalda a un hombre injustamente perseguido y le da cobijo?” (Buela, 2020, p. 31). Por ello, la teoría de obrar por deber tiene agudas limitaciones respecto de la teoría de hacer el bien, dice Buela, “puesto que no podemos saber qué hacer si no sabemos qué es el bien.”
Buela, considerando a nuestro poema Nacional escrito por José Hernández, da cuenta que el gaucho Martín Fierro es un buen hombre arrinconado por un contexto adverso, que lo llevo a convertirse en un verdadero paria en su tierra. En su libro: Aportes a la tradición Nacional, Buela destaca el sentido de la libertad, pero no de la libertad de vago y mal entretenido como históricamente se ha escrito desde la historiografía liberal, sino una libertad ligada al trabajo. El gaucho, antes que nada, es un trabajador rural, conchabado o no conchabado, vive de sus tareas campestres. Ahora bien, no tiene los tiempos ni los modos europeos, el tiempo no es dinero para el trabajador de estas tierras, más bien, debe madurar con las cosas. En ese sentido, la carencia de trabajo o la injusticia en el trabajo (autoritarismos del patrón o mala paga) es considerada por el trabajador criollo como una opresión. “El trabajar es ley” (Lo reitera en varias oportunidades José Hernández), pero al mismo tiempo, dice Martín Fierro: “La ley se hace para todos, pero solo al pobre rige”. Otro elemento más que destaca Buela, es el respeto por la palabra empeñada, romper con lo prometido también es considerado un hecho de injustica, de deslealtad. Por último, y ligado a lo antes dicho, dice el Martín Fierro: “Hay hombres que de su cencia tienen la cabeza llena. Hay sabios de muchas menas, más digo, sin ser muy ducho, es mejor que aprender mucho, aprender cosas buenas”, bien podríamos ligar estos párrafos con el conocido: “Mejor que decir es hacer”.
Todos estos elementos que configuran los valores de aquellos que estuvieron antes que nosotros en estas tierras tienen una vía de contacto con nosotros a través de la tradición. Aquello que también aparece en Carlos Astrada (Córdoba, 1928-1970), cuando el filósofo cordobés destaca la voluntad de soberanía del pueblo argentino, legada desde las gestas del padre de la Patria, José de San Martin, pero luego sostenidas por patriotas como Juan Manuel de Rosas. Escribe Astrada:
“La nueva y grande Argentina que se está gestando, la que se impone a retomar el hilo de una tradición ininterrumpida, tendrá que ser, si quiere afirmarse en la plenitud de su soberanía, en su impulso ascendente hacia la universalidad, fiel testamentaria del pensamiento político de San Martín. La única expresión de este pensamiento se concretó en una decisión que en su pleno significado debe sernos sagrada; legó su espada, sin mancha, símbolo de la libertad de los pueblos, al estadista argentino [Juan Manuel de Rosas] que defendió sin una sola vacilación la integridad de la patria contra la agresión extranjera. Y es sabido que cualquier acto o expresión de voluntad de una personalidad señera, de esas que crean historia, no es un mero azar en la sucesión de actos, en la íntima legalidad de su conducta, sino que trasunta el sentido total que troquela y otorga relieve inconfundible a la personalidad en tanto unidad anímico-espiritual operante.” (Astrada, 2021 [1943], p. 652).
Volviendo al origen y significado del término “tradición”, el historiador y estudioso del folklore rioplatense, Pedro Inchauspe (Laboulaye, 1896-1957), afirma: “La tradición es la primera forma de la Historia. Desde las épocas más remotas las agrupaciones humanas sintieron la necesidad de prolongarse en sus usos y costumbres –que con el idioma son los elementos fundamentales de un pueblo-, y como carecían de la expresión escrita, utilizaron el único medio a su alcance: el relato, transmitido de padres a hijos, de viejos a jóvenes, de los que saben a los que no saben, no sólo para capacitar a sus continuadores, sino también para dejar noticia de su paso por la vida y honrar y perpetuar sus hechos, sus devociones, sus glorias.” (Inchauspe, 1968, p. 71). Para Inchauspe la tradición, las tradiciones, manifiestan una parte de lo humano, rápidamente se resuelven entonces dos enigmas-problemas-traumas de la modernidad y de la posmodernidad que emerge desde el Atlántico Norte. El primero, que nuestra existencia, con sus objetivos, misiones e interrogantes no se resuelven en nuestro paso por la Tierra, sino que se encuentran estrechamente unidos a la historia de nuestros padres y a la historia que luego escribirán nuestros hijos y nietos. Segundo, que la Patria es una e indisoluble, inmodificable e irremplazable, es el lugar en donde están “los nuestros”, padres, hijos, nietos, tíos y amigos. Otra vez, la tradición es la casa de la Patria.
Ahora bien, esta idea de Patria ligada a la tradición es exponencialmente opuesta a la idea de Patria que se propone desde las potencias del Atlántico Norte, en donde más de un iluminado afirma que “nuestra Patria es el mundo”. Con un pasado y un presente a cuestas donde reina la inequidad, explotación, colonización, la violencia y la apropiación de territorios iberoamericanos por la OTAN (como Panamá, Puerto Rico y las Islas Malvinas entre otros casos) es verdaderamente paradójico y contradictorio que los mismos que generan estos males se afirmen como hermanos y como parte de “un mismo mundo”. Buela en uno de sus últimos trabajos, Pensamiento de ruptura (2021) escribe: “Aquello que amenaza nuestra identidad no es la identidad de “los otros” sino la identidad pensada por todos por igual […] Este, y no otro, es el problema fundamental a resolver por todo lo que se denomina el pensamiento identitario o no conformista. Si lo pretendemos resolver como lo hace el pensamiento único, también llamado políticamente correcto, caemos en el “igualitarismo”, fundamento ideológico de la democracia liberal que piensa a todos los hombres por igual. Y es por ello que cree, a pie de puntillas, que la forma de gobierno democrática es de obligatoria aplicación universal. Este razonamiento es el que justifica las intervenciones a bombardeo limpio y cañoneo de los Estados Unidos por todo el mundo.” (Buela, 2021, p. 73)
Siguiendo al filósofo y Pensador Nacional, la democracia liberal ejerce una forma de libertad muy particular, pues, no se consulta, se aplica violentamente. Desde esta perspectiva entonces, la idea de libertad impuesta por las potencias del Atlántico Norte (OTAN) es adversa a las tradiciones de los pueblos. De modo que la tradición por esta absurda operación pasa a ser un impedimento para la libertad, en un extraño enroque se critica a quienes hacen un asado, por matar animales o a quienes participan en una riña de gallos, por el maltrato animal, juzgando actividades nuestras con criterios ajenos (debería decir, más bien, imperiales).
En otras palabras, la libertad de la OTAN esconde una oscura operación asociada con el desarraigo, la expatriación y la ausencia de pasado. No es casual que la palabra “pueblo” sea reemplaza en el discurso político de los progresistas por la palabra “gente”. Con mi amigo el filósofo Mauro Scivoli hace unos años escribíamos que: “pueblo: es una categoría histórica y que en base a la experiencia adquiere una identidad propia, otorgándole una “memoria”, y es también protagonista de las luchas de independencia frente a proyectos imperialistas de dependencia. Aquí agregamos un elemento más: estas luchas de emancipación nunca son llevadas adelante por una minoría. Un pueblo siempre estará representado por una mayoría que, en determinados momentos, toma conciencia de la condición de opresión superando la pasividad, saliendo a las calles y enfrentando al grupo opresor. Subrayamos entonces, un nuevo elemento: un pueblo es siempre una identidad colectiva mayoritaria.” (Di Vincenzo-Scivoli, 2019). Por otro lado, la palabra “gente” si bien refiere a una cantidad de humanos, es más imprecisa y se encuentra desarraigada, según la Real Academia Española (2015) el término hace referencia a “una abundancia, pluralidad, diversidad, variedad o multitud de personas. En forma coloquial, persona o grupo de ellos que viven emparejados juntos. En uso americano, se refiere a la persona o individuo, puede ser en lo moral o decente.” En resumen, es una palabra que se vuelve ahistorica, que ya no se asocia como en el caso de la palabra “pueblo” a un pasado en común, costumbres o tradiciones de un determinado grupo de humanos, de hecho, se vuelve indeterminada, diversa, difusa.
- Imagen extraída del encuentro realizado en la UNLa, organizado por la Especialización en Pensamiento Nacional Latinoamericano, Departamento de Humanidades y Artes de la UNLa en Noviembre de 2024.
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