La Campaña para la Reactivación Educativa del Adulto para la Reconstrucción (CREAR) nace en el momento en que la proscripción del peronismo llega a su fin y accede al gobierno con Héctor Cámpora. con ella se perseguía la descolonización cultural y la socialización del hombre, y estaba destinada a los trabajadores.[1]
La educación para este proyecto representa el punto de partida, y no será un componente más en la lucha por la liberación. No se verá solamente al obrero abusado por las injusticias sociales, sino también al sujeto sometido por la dominación cultural. La sujeción semicolonial no solo constituye una acción violenta desde los represivo dentro de lo laboral, también lo será como maquinaria de una superestructura cultural que impone sentidos, criterios, paradigmas y representaciones que la población padece, como estrategia hegemónica para maniatar su voluntad. La liberación será desde la aplicación de la justicia social y desde el reforzamiento de una epistemología nacional.
La CREAR redefine la Educación del Adulto en la DINEA, ya no hay una concepción punitiva sobre el estudiante adulto, ni la idea de su educación como la conformación de un reservorio de mano de obra calificada, sino que se entiende a la Educación del Adulto como un espacio de restitución de derechos.[2]Una acción educativa que amalgamaba la alfabetización y la concientización política.[3]
La CREAR intenta desarrollar una tarea que definitivamente trabaje por una reconstrucción emancipadora nacional, donde los sectores populares aprendan desde sí y para sí. Comprendiendo que la reflexión sobre nuestra identidad y el abordaje revisionista de nuestra historia constituyen las más sólidas herramientas para romper esa telaraña de dominación.
La Identidad Nacional en la base teórica de la CREAR.
En el planteo teórico organizativo inicial, plasmado en el documento “Bases para una política educativa del adulto”[4], descubrimos los elementos que, dentro de la Campaña, anuncian la presencia de la Identidad Nacional. Este formato educativo, se proponía ser situado, donde el valor de lo popular estuviera presente, no como mero testimonio, sino como rector.
En su introducción se establece una idea-alma: la liberación de la nación. Allí se expone la responsabilidad de cada integrante de la comunidad, que tiene una tarea a realizar, y que es ineludible, porque “…cumplir con los postulados del gobierno popular en el sentido de que nadie, en este momento en que el pueblo protagoniza la lucha por lo liberación, se mantenga como elemento pasivo, asumiendo cada uno su responsabilidad en la transformación de la Patria.”[5]
Este documento representa una identificación explícita de la vinculación existente entre el proyecto político y el proyecto educativo. La conformación de un sujeto pedagógico nacional, que en el recorrido educativo se configure como un sujeto político nacional. La centralidad se manifiesta en la vinculación social dentro del escenario de una revolución que, para ser nacional, debe atravesar con transversalidad total. “Una revolución es un hecho total y colectivo, que atraviesa la sociedad en forma horizontal…”[6] Además señala el escenario de conflicto por el que atraviesa Iberoamérica (nótese la recuperación del concepto, que imprime una nueva luz sobre la interpretación histórica, ya que el peronismo diseña su Doctrina desde una perspectiva revisionista iberoamericana), haciendo una precisa lectura de la correlación de fuerzas, el permanente estado de revolución y contrarrevolución, las corrientes internas de una nación semicolonial, y donde la dicotomía requiere ser identificada con precisión: nacional / antinacional. Es de destacar que ya en estas primeras premisas surgen precisos conceptos: colonialidad, colonización pedagógica, Iberoamérica y la dialéctica de conflicto en un país semicolonial. La configuración de este punto de partida anuncia la intención de construcción, desde el sistema educativo, de una matriz de pensamiento, autónomo y nacional.[7] Reservando el lugar central a la dignidad humana,[8] cuya salud se constata en la posibilidad de elegir su propio destino.[9]
La estrategia de contar con un modelo educativo cimienta el sostén de un modelo político para la toma democrática del gobierno desde una idea nacional. Proponiendo el tránsito por una Tercera Posición, que no es otra cosa que una posición en clave nacional frente a premisas foráneas. Porque se puede compartir algún ropaje, pero ajustándolo a nuestro cuerpo nacional, a nuestra identidad de nación mestiza, como parte esencial de la unidad de Iberoamérica,[10] en una acción de insubordinación fundante[11], para la construcción de una nación continente. Porque la liberación nacional no puede prescindir de la liberación regional.[12]
La CREAR propone una práctica que reivindica el saber popular, que históricamente entraba en tensión con el dominante academicismo intelectual que le disputa los sentidos al pueblo. Desacreditándolo, no solo como sujeto político, sino, sobre todo, como sujeto eje del saber, por lo que la Campaña establece que “La participación del pueblo en la gestación del programa educativo es fundamental, en tanto el gobierno reconoce en el pueblo el sujeto del poder.” [13]
La CREAR identifica a la epistemología como centro neurálgico de la contienda de poder. En una nación semicolonial la dependencia cultural es determinante para sujetar las ansias de emancipación, porque la “…recepción acrítica de las pautas elaboradas en otras culturas”,[14] permite la consolidación de una matriz económica dependiente. Esto es lo que la Campaña diagnostica como inminente: situar estratégicamente a la Educación del Adulto como una de las columnas para la construcción de la soberanía intelectual.
La necesidad de detonar los puntos de confluencia de los poderes transnacionales con las oligarquías locales, impone la urgencia de formar al adulto con una perspectiva que lo involucre en las distintas áreas del gobierno del Estado, y de esta manera influir en el proceso de determinar un pensamiento que genere acciones políticas de corte nacional.[15] Para esto comienza la CREAR con la identificación del imperialismo cultural como una de las armas más potentes para ejercer la dominación de los pueblos. El proyecto imperial es imponer sentidos que erosionen la idea de un destino nacional, que desanime su autoestima identificándolos con la barbarie, que en pos de avanzar hacia la civilización imponga el lazo de la dependencia,[16] ya que “un pueblo sin cultura y conciencia social no es un pueblo, es una masa.’[17]
Ya por esto es necesario identificar a la CREAR como un acto pedagógico de resistencia, que protege en su seno, y difunde en sus aulas, la Identidad Nacional de la cual este pueblo fue despojado, constituyendo la acción ineludible para recuperar un plafón epistemológico. A esto se refiere cuando define, “La resistencia cultural, creación colectiva y anónima, al oponer a las costumbres del enemigo las costumbres propias, (…) presentó una valla espiritual infranqueable de total solidez, que sirvió incluso como trinchera de contención a la consumación total de la colonización material del país.” (…) “ el problema de la construcción de una cultura nacional es inseparable de la comprensión y práctica de una doctrina política.”[18]
La Campaña se propone la práctica política para llevar adelante, con la consabida nacionalización educativa, un gobierno orientado a la Reconstrucción y Liberación Nacional, pero no es voluntarismo, es franca vocación de poder. “Nada ni nadie, variará la decisión del gobierno de encarar el problema educativo argentino con vocación revolucionaria. No pensamos como gestión gubernamental, dedicarnos únicamente a administrar el sector educación. Se nos impone aquí, tanto o más justificadamente que en otras áreas de la realidad nacional, la necesidad de producir transformaciones de fondo y cambios estructurales que signifiquen imponer las líneas de una seria, orgánica y sustantiva revolución educativa y cultural”.[19]
También el documento Base propone repensar, como una tarea ineludible, al docente. El docente y su formación, tanto de base como permanente, debe ser revisada, pues constituye este profesional el terminal que se debe insertar en el aula llevando en su voz, y en la autoridad que le confiere la propia comunidad, un mensaje nacional, tanto en las formas como en el contenido. Es medular la forma en que se cincela la matriz de este trabajador, de este obrero de la educación, que tiene en la cotidianeidad de su tarea la posibilidad de construir los espacios de reflexión epistemológica. Es claro el documento cuando propone “… una profunda revisión de lo conciencia docente y de su capacidad de actualización para colocarse a tono con las circunstancias. (…) ningún docente responsable podrá aceptar que una función de esta envergadura sea cubierta por quienes ostentan el solo galardón de lo permanencia. Ni la antigüedad es garantía de experiencia viva, ni lo juventud es certificado de capacidad actualizada.”[20]
La claridad de los objetivos de la Campaña se pone de manifiesto cuando se enuncian los objetivos que ella concibe, porque es donde encontramos el central lugar que le asigna a la Identidad Nacional: “La educación de adultos tendrá como marca referencial las expectativas y aspiraciones de los trabajadores argentinos (…) nuevo sistema educativo para adultos, plenamente integrado a la realidad ya la cultura del pueblo, ligado estrechamente al trabajo, y cuyos niveles conformen un todo cuya finalidad es un hombre solidario y comprometido en la lucha de su pueblo y sus objetivos de grandeza.”[21] E incluso recupera y otorga protagonismo al interés del estudiante, porque es clave esta escucha para determinar las elecciones de las modalidades, que atiendan a las necesidades, ansias, expectativas, deseos y sueños del estudiantado – pueblo “ …son necesarias nuevas modalidades que alienten la iniciativa, libertad y búsqueda del adulto, convirtiéndolo en sujeto activo de su propia educación.”[22] y, en aquellas que tengan una vinculación con el mundo laboral, partir de la premisa de su relación con el beneficio directo de su comunidad, “El proceso educativo que iniciamos, subordinado a las metas educativas del Gobierno Popular, tiene por objetivo general alcanzar un orden nuevo que trascienda el mero cambio de fines, programas, planes, modalidades o estructuras, se trata de apuntar a uno nueva fundación de DINEA, para constituírla acorde a la realidad del país y conscientemente del rol que le compete en el sistema educativo nacional.”[23]
La CREAR y su vinculación con el Territorio y la Comunidad Nacional
La CREAR propone visibilizar los distintos lugares, descentralizando su acción. Regiones, provincias y barriadas comienzan a aparecen en el formato de la organización. Esto permite que cada espacio cuente con su especificidad sobre la mesa, como parte de la creación de un modelo que acerque las respuestas más acordes, y situadas, a las necesidades.[24] Aquí es donde surge el rol del Coordinador de Base que, si bien no es docente, detenta una labor pedagogía. Su rol es determinante porque es aglutinante y contenedor, y tiene fuerte presencia en una territorialidad que es central para la CREAR, identificando al terruño como útero de la comunidad.
Tengamos presente que la CREAR no funcionaba en la escuela, sino que se insertaba en la barriada, donde sucedía la vida comunal, y esto favorecía a relacionar la actividad con un pensamiento nacional y popular. En la formación política no se bajaba línea de pensamiento dogmática, sino que se trabajaba en la dinámica de la reflexión y construcción. Esto constituía una práctica ciudadana. Desde esta militancia que educa se hacen carne los conceptos de que el pueblo educa al pueblo, “…articular la militancia y la educación en el marco de un proyecto político nacional orientado a la “liberación nacional”, de la cual la (CREAR) fue su ejemplo más cabal. [25] Dice un militante, “…nosotros nos reconocíamos de parte del pueblo, procedíamos de parte del pueblo, no éramos la vanguardia ni la élite lúcida ni los que la teníamos más clara”.[26] Muchas veces la estructura de las propias organizaciones sostenía y completaban los espacios que el estado no podía abarcar. Hay una perspectiva híbrida, donde poder institucional – estatal y poder popular confluían en un mismo sentido y dirección. Aunque esto no estaba, ni remotamente, ausente de tensiones. Incluso las ajenas a lo educativo, que provenían de las mismas tiranteces entre las distintas facciones del peronismo.
La CREAR transita por la comunidad y anida en ella, casas, iglesias, sindicatos y espacios partidarios se convierten en centros de reunión y trabajo. Si la comunidad no iba a la escuela, la escuela iba a la comunidad. El concepto situado es determinante. “…con todas las limitaciones que pudo tener, la Campaña instaló, en el sistema escolar oficial y estatal una propuesta que socavaba el discurso pedagógico fundador. Recogía así el saber acumulado por variedad de experiencias de educación popular, organización barrial, promoción humana, evangelización, trabajo social, formación de cuadros, que se venían desarrollando y los integró a un proyecto global.”[27] También existe un cambio de paradigma sobre el estudiante adulto, ya no es un sujeto pedagógico desfasado, es un sujeto pedagógico que fue desplazado, expulsado o abandonado. La responsabilidad se corre, en el análisis, del estudiante, y se juzga al sistema que no lo contuvo.
Los Coordinadores de Base
En la Campaña existió una figura ineludible: el Coordinador de Base (CB). Este operaba como nexo facilitador de las instalaciones, era el censista que relevaba el territorio en busca de los posibles estudiantes, la cara visible del Estado y de la Campaña, que validaba, con el respeto y reconocimiento que la comunidad tenía para con él, la legitimidad de la actividad. El CB abría las puertas de la comunidad, su venia era un salvoconducto y el mismo resumía, en su conducta e historia, los objetivos que se proponía la CREAR. Las tensiones, en estos casos, se generaban en tanto muchos CB no eran docentes, “En el caso del coordinador de base (CB), hay dos cuestiones claves sobre su lugar: su arraigo y aceptación por parte de la comunidad y el sistema de voluntariado. En los documentos y también en los testimonios, el CB no podía ser alguien impuesto desde afuera, sino alguien que fuera miembro de esa comunidad o que fuera aceptado por la misma. De manera tal, que esta inserción comunitaria le permitiría conocer las problemáticas y necesidades de la zona para la organización del CECUPO (Centros de Cultura Popular) y guiar el proceso comunitario como miembro de ese colectivo. Ligada a esta definición acerca del CB, está la del sistema de voluntariado. Es decir, los CB no cobraban por realizar esta tarea, de manera de generar un vínculo de compromiso con el proceso de esa comunidad más cercano a un proceso de militancia.” [28]
Se discutía un nivel básico de formación, pero sobre todo la capacidad in situ de identificar las problemáticas, de leer las demandas de la comunidad y de articular la relación política entre el barrio y el afuera. Era un neto administrador de las tensiones, disputas y contradicciones, que solo con una única herramienta, la persuasión, debía construir el consenso para el funcionamiento de la Campaña. En cuanto a lo conceptual debía estar en sintonía con la perspectiva político – histórica que sostenía el Documento Base, porque eso significaba manejar un idioma común con el resto, y la posibilidad de tener un marco doctrinario que impusiera coherencia.
Lo fundamental para el CB era no sentirse vanguardia, porque la identidad popular era el centro, desde la peronista idea que establece a la voz del pueblo como la única válida. La concepción de que el pueblo es el cáliz donde se resguarda la Identidad Nacional, lo que lo embebe de una importancia superlativa. No se lo guía al pueblo, se lo comprende y traduce, la hoja de ruta siempre está establecida por la comunidad.
El CB comprende la identidad del cuerpo social, y el cuerpo social no se siente violentado por la imposición de premisas, entonces las voces ancestrales hablan por medio de la comunidad y hasta la estructura del Estado asume el desafío de amoldarse. No nos olvidemos cual era la relación de las barriadas con el Estado depués de tantos años de Resistencia por la proscripción del peronismo. Si se recuperaba la confianza para darle lugar a esta política de Estado tenía que ver en gran parte por la acción política que llevaba adelante el CB, “parte del reconocimiento no sólo de la singularidad social y cultural de los sectores con los que se trabaja, sino de la necesidad de recuperar y de revalorizar sus saberes, el territorio entendido así tiene un peso y un valor fundamental. Cualquier otra cosa es negar esa singularidad y esa realidad.” [29]
Palabras para la Nación
La palabra, el lenguaje, son fundamentales en las áreas de trabajo que se propone la CREAR. El aporte del CB es fundamentalmente para interpretar, desde lo comunicacional, lo que explicita la comunidad. La palabra es un espacio de disputa en una nación semicolonial, porque direcciona el análisis y el pensamiento. No va ser casual la focalización sobre ella, para pensar y actuar en la tarea pedagógica. Si la educación busca ser emancipadora no podrá desconocer la tarea dialógica donde el pueblo recupere su decir, porque es sus palabras propias, está su identidad, y la posibilidad de reflexionar para construir sus propios saberes y soluciones.
Señalamos que el Coordinador de Base es quien aporta el universo vocabular, es quien establece, de acuerdo a las características de la comunidad cuales son las palabras que podrían resultar útiles y representativas para iniciar el trabajo alfabetizador. Por ende, el rol del CB es determinante, porque él pone en valor las palabras de la comunidad. El CB es quien hace puente entre la campaña y su pueblo, él le indica al resto de los alfabetizadores cuales son las palabras en relación a la historicidad de la comunidad. De esto depende el posterior momento de reflexión donde la comunidad aúlica construye el saber. Estas mismas van a estar agrupadas por unidades temáticas: socio política habitacional y asistencial, socio política sindical y socio política laboral.
Las palabras se constituyen en imágenes, láminas con contundente representación social, propia de la comunidad. Las ilustraciones, como escenario de las palabras, constituyen la descripción situada del vocablo. No hay una casa, hay una casa popular, atrapada por sus necesidades, ansias y angustias.
La palabra apropiada le propone al alumno saber descubriendo su entorno, la imagen lo envuelve de cotidianeidad y él puede asirse de la experiencia diaria donde también habita el saber. Las imágenes “conducen al análisis y reflexión en relación con la producción y reproducción social y cultural”[30] Necesariamente es un estudio histórico, porque fuera de la historicidad la nada, la vacua intelectualidad abstracta.[31]
Botarini rescata desde su trabajo la necesidad de construir una perspectiva desde la semiótica social “(…) llamar la atención sobre todas las formas de significación como actividad social enmarcada en el campo de la política, de las estructuras de poder y, por lo tanto, sometida a las disputas que surgen debido a los distintos intereses de los que producen textos. (…). Partimos del supuesto de que los intereses de quien produce un signo llevan a una relación motivada entre significante y significado y, por lo tanto, a signos motivados. Quien produce un signo trata de generar la representación más apropiada de lo que quiere significar.”[32]
El método de la CREAR realiza un abordaje del léxico nacional inicial, las imágenes son íconos que proponen una relación entre el objeto y el estudiante, con la cual se vincula desde el eje de una palabra que forman parte del universo vocabular propuesto por el CB. Las imágenes son simbólicas, estéticas y epistémicas, y serán revisadas por el nivel regional para luego ser observadas por el CB.
Además, este universo vocabular esta agrupado en seis unidades temáticas:
Socio-política Familiar, integrada por las palabras hijo, ropa, casa, familia, leche.
Socio-política Laboral, integrada por las palabras campesino, máquina, trabajo
Socio-política habitacional y asistencial. integrada por las palabras vecino, villa; escuela, hospital, campesino. (Estos conceptos no estaban establecidos en la fuente citada, lo agregamos a fin de clarificar su contenido.)
Socio-política Sindical, integrada por las palabras voto, delegado, compañero, sindicato.
Recreación y Comunicación. Guitarra, futbol, vino, yerba (Estos conceptos no estaban establecidos en la fuente citada, lo agregamos a fin de clarificar su contenido.)
Integración Nacional y Latinoamericana, integrada por las palabras pueblo, gobierno, América Latina unida o dominada[33]
Es necesario destacar que el eje, la centralidad de la práctica, aún en la informalidad aparente, es un aula, y el alumno es la medida del saber, sabemos desde él. La identificación de la comunidad ingresa por el estudiante y se irradia en la reunión. El alfabetizador, y el CB, conducen lo que ingresó estableciendo espacios para la reflexión desde al aquí y el ahora, y entonces aparece la simbología de la memoria, la identidad de lo ancestral, recordando y evocando, proponiendo desde la reflexión situada.
Este proceso, no solo remite a la acción pedagógica de la lecto escritura en el marco de la alfabetización áulica, también se vinculaba con la pedagogía en lo social, en una voluntad que rompe con lo aséptico o acrítico para problematizar desde la historia y el presente[34]
Es decir, a partir de las palabras claves el estudiante comenzaba a reflexionar, con otros, sobre la problemática del vocablo. La experiencia personal se volvía reflexiva y mayéutica. El conocimiento como reflexión se constituía en la acción mediante la cual el adulto despertaba al sentido de las palabras que excedían su mero significado. Se aprendía a leer, a escribir, a reflexionar, en un ejercicio dialógico donde su propia cultura, e Identidad Nacional, iban permitiendo el arribo de una epistemología ausente hasta entonces.
Palabras generadoras, que derivaban en temas generadores, como disparadores de la reflexión de la comunidad. Esta se evidencia en las técnicas lecto-escritoras, la reflexión y la autogestión educativa de la educación popular, que contribuyen “a la constitución del pueblo – caracterizado por ser oprimido, excluido económica, política e ideológicamente- en sujeto político”.[35] Se transita de la lecto-escritura individual a la lecto-escritura autónoma de entorno comunal. Tomemos un concepto para problematizar de manera historizante: Escuela.
Hay quienes no pudieron ir a la escuela. ¿Por qué?
¿Hasta qué grado van nuestros niños a la escuela y por qué no siguen estudiando?
¿De qué forma se cumple la gratuidad de la educación en nuestro país?
¿Qué esfuerzos en pesos suponen los gastos escolares mensuales para una familia con varios niños?
¿Quiénes son los responsables de la educación que se da en las escuelas (el maestro o el Estado)?
¿Qué cosas nos enseñan (qué valores)?
¿Cómo nos enseñan (qué sistema de enseñanza)? [36]
La CREAR, de y para la comunidad
El rol de la Comunidad configura un distintivo clave en la Campaña porque, al igual que en el peronismo, le otorga al hombre argentino, al pueblo, al ser nacional, una centralidad única. La CREAR no se configura como un modelo de vanguardia, por el contrario, propone otorgarle la creatividad al pueblo.
La CREAR entiende a la Comunidad de manera Organizada, desde una peronista categorización que la define como un sistema social a edificar, y al mismo tiempo un propio sistema de poder, donde este no se toma sino que se construye[37]. Para esta construcción es necesaria la participación popular, pero también la representación popular, no solo en dirigentes sino en la propia organización y agrupación espontanea de estos sectores organizados libremente por el pueblo. De manera que la voz grupal, comunal, es la que que posee el mando. Se concibe al pueblo como “… algo orgánico y organizado, quien se expresa a través de sus distintos estamentos por él mismo creados de acuerdo a sus diversas necesidades e intereses.”[38] Cuando mencionamos el compromiso imperante dentro de la Comunidad, debemos recurrir al peronista concepto de lealtad, y esto es sumamente importante, porque articula, con principios humanistas, los vínculos de la convivencia. “… la lealtad, que podemos definirla como perseverar en los propósitos en común con otro hombre.” (…) “La lealtad de siempre una vinculación de uno con el otro hacia el futuro. La lealtad es incondicional y tiene un solo límite, la objeción de conciencia o el reparo moral.”[39] la lealtad se presenta entonces como lo amalgamador de la relación comunitaria, inmanente, ineludible, intangible y perenne; porque hay algo que subyace por debajo del yo cambiante, la mismidad, que es algo adquirido gracias a una conducta leal.[40] “Solo en la lealtad llega el hombre a ser él mismo, gana la substancia que llamamos mismidad.”[41]
De manera que en el realce de la Comunidad está la natural valoración del otro, solidificando los vasos comunicantes que tejen el entramado solidario comunitario. Señala Perón “Hay una libertad irrespetuosa ante el interés común, enemiga natural del bien social. No vigoriza al yo sino en la medida que niega al nosotros, y ni siquiera se es útil a sí misma para proyectar sobre su actividad una noble calificación. (…) El grado supremo sólo llega a lograrse —nos dice (Fitche)— cuando sobre ese ciego deseo de poder y sobre la arbitrariedad del individuo se sobrepone en uno la voluntad de libertad, de soberanía del hombre, la voluntad racional. El hombre no es una personalidad libre hasta que aprende a respetar al prójimo.”[42] (El subrayado es del autor)
El hombre, el alumno, no solo aprende a leer o escribir, es más profunda la tarea, es la búsqueda de la grandeza e integridad que regule las relaciones comunales. El compromiso con la Comunidad es trascendental, por eso se entiende la necesidad de identificar que los lazos van más allá de lo tangible. Por esto la integridad y virtud de los componentes de la Comunidad elevan su interacción a algo más que ingrávida inmediatez material.
La Campaña reconoce que la identidad nacional debe irradiar desde abajo, y no hay dudas de este camino, porque “Lo que caracteriza a las comunidades sanas y vigorosas es el grado de sus individualidades y el sentido con que se disponen a engendrar en lo colectivo. A este sentido de comunidad se llega desde abajo, no desde arriba; se alcanza por el equilibrio, no por la imposición. Su diferencia es que así como una comunidad saludable, formada por el ascenso de las individualidades conscientes, posee hondas razones de supervivencia, las otras llevan en sí el estigma de la provisionalidad, no son formas naturales de la evolución, sino paréntesis cuyo valor histórico es, justamente, su cancelación.”[43]
Es necesario establecer que la CREAR propone una formación que busca irradiar sobre la Comunidad. No se forma al estudiante en la apropiación de herramientas intelectuales prácticas para el beneficio exclusivo del receptor. La formación, la educación, debe contener un volumen de enriquecimiento ético y moral en un nivel de virtuosismo que impida el desconocimiento de la responsabilidad con ese todo humano que configura la Identidad Nacional. La primera persona del plural, el nosotros sagrado, que es la deidad que nos contiene. Hay una función individual articulada con lo grupal que confluye en el movimiento ascendente de todos sus integrantes, que a la vez son uno en la identidad que es raíz, tronco y copa, con las ansias de alcanzar los vitales rayos de sol para todos. Porque el hombre es producto de lo comunal que lo ampara en el cuidado, que nace de su pertenencia por el signo de su identidad, de manera que en el andar colectivo es determinante entender y vibrar en la sinfonía total. Retroalimentar a quien nos alimenta, nunca la demanda puede estar divorciada de la gratitud. Hay un entrelazamiento de todo el tejido que sostiene la Comunidad que debe asentarse en las sólidas columnas donde está tallado el concepto del otro como componente complementario y plenificador de la existencia individual. A partir de esto “Ni la justicia social ni la libertad, motores de nuestro tiempo, son comprensibles en una comunidad montada sobre seres insectificados, a menos que a modo de dolorosa solución el ideal se concentre en el mecanismo omnipotente del Estado. Nuestra comunidad, a la que debemos aspirar, es aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto, en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa.”[44]
A modo de cierre.
La CREAR constituye la primera experiencia educativa que propone la centralidad de la Identidad Nacional, antihegemónica, antinormalista, propuesta desde el Estado con espacios de control, diagnóstico y aplicación en manos de los referentes territoriales que se permiten una crítica relación con ese Estado. En este caso hay un Estado que le propone a lo comunal la construcción de sentidos, representaciones y paradigmas, es decir, este Estado acepta construir la legitimidad como coautor.
Ubicarse y pensarse correctamente, lo demás se va construyendo por añadidura, “…tengamos ante todo una voluntad nacional, luego hallaremos fácilmente las ideas que la expresan.”[45] No ubicarse, ni pensarse correctamente, constituyen el prólogo del fracaso más determinante.
Amelia Podetti aporta una idea central, la comunidad disociada, como opuesto a la peronista concepción de una Comunidad Organizada, donde señala que en el liberalismo individualista y en el colectivismo totalizador la idea que prevalece es la dicotomía hombre víctima – hombre lobo. La lucha de ambos,“el estado de la naturaleza”, parece ser la única dinámica posible entre las individualidades. En esto consideramos que es esencial observar a la CREAR, donde hay un colectivo, que como cuerpo social busca generar los anticuerpos intelectuales para la liberación desde las aulas en la sumatoria de individualidades que componen un todo superador, la Comunidad. El cuerpo tiene alma y es la nación, y el movimiento de superación no es solo la voluntad para mantener los movimientos vegetativos[46] de la supervivencia, “la civilizada cuestión de la tierra cultivada y la morada conveniente”, sino una fe trascendental, enraizada en su origen mestizo y con la proa dirigida a cumplir las ansias de la felicidad colectiva y comunal. En la realización hay respeto y amor, porque solo la incertidumbre por la subsistencia transforma a un ser, que es parte de Dios, en un lobo desquiciado. La comunidad solidaria arropa, y en su cuidado humaniza y sacraliza a cada ser.
Las tinieblas que menciona Podetti[47] se disipan en la espiritual y comunitaria acción que hermana a las individualidades, y en esto las aulas de la CREAR aportan la claridad que borra la bruma de la colonización de los sentidos y saberes.
De manera que el trabajo pedagógico en las aulas de la CREAR también encierra la concientización de sostener y fortalecer los lazos comunitarios, pero sobre todo en la concientización, ya que una sociedad fragmentada y conviviente desde un criterio individualista, encierra en si lo contrario a nuestra identidad nacional. La pasividad frente al subjetivo particularismo dominando al todo, a la primera persona del plural, que es la encarnadura de la Comunidad de Dios, propone “Del egoísmo, de la tendencia de acumular sin límite y de la igualdad de poderes para satisfacer sus fines, se sigue la más feroz competencia y desconfianza entre los individuos: cualquiera puede privar a los otros de lo que han acumulado y de la vida. De ahí que el estado de naturaleza sea un estado de guerra de todos contra todos, donde según la fórmula célebre, el hombre es el lobo del hombre.”[48]
La CREAR es genuinamente nacional, puso el intelecto detrás del sentir, entendió que el pueblo guía, que los saberes y sentires ancestrales emanan desde la Comunidad. Fue disruptiva en la práctica y en la concepción. Recogió en si las fuerzas soterradas de la Historia, germinó en sus aulas al hombre y la mujer de esta tierra. Entendió esta Campaña, como recupera Astesano de los pueblos originarios, que el hombre es tierra que camina[49], y que la Comunidad se construye con esa tierra que nos nutre y aglutina.
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[1]Medela, Paula. La educación popular en la Historia Reciente de la Argentina: el caso de la CREAR (1973-1974). XI Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires,2015.
[2]Ministerio de Educación de la Nación. Bases para una política educativa del adulto. Buenos Aires. 1973. Pág 14.
[3]Amar, Mariano. La Dirección Nacional de Educación del Adulto durante la conducción ministerial de Jorge Taiana (1973-1974). Revista argentina de investigación educativa. Volumen 3, número 6. 2023.
[4]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973.
[5]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 3.
[6]Tosolini. Mariana. Los centros de alfabetización de la CREAR en Córdoba. UNC. https://repositoriosdigitales.mincyt.gob.ar/vufind/Record/RDUUNC_a229237efad5993d0761fd3082fc2029 2015 Pág. 3
[7]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 4.
[8]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 5.
[9]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 7.
[10]Perón, Juan Domingo. América Latina ahora o nunca. Punto de encuentro. Buenos Aires. 2009
[11]Gullo, Marcelo. La insubordinación fundante. Breve historia de la construcción del poder de las naciones. Buenos Aires. Biblos. 2010.
[12]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 7.
[13]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 8.
[14]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 8.
[15]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 9.
[16]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 9.
[17]Perón, Juan Domingo, en Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 10.
[18]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 10.
[19]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 12.
[20]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 15.
[21]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 16.
[22]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 17.
[23]Ministerio de Educación de la Nación. Op. Cit. 1973. Pág 18.
[24]Palavecino, Hernán. La educación popular en la experiencia de la Campaña de Reactivación Educativa de Adultos para la Reconstrucción (CREAR). Sociales y Virtuales. Volumen 9, número 9. Quilmes. 2022
[25]Dorado, Analía. La relación entre la DINEA y las organizaciones sociales durante los años 1973/4. La experiencia del programa CREAR, sus potencialidades y límites. XVI Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de Historia. Facultad Humanidades. Universidad Nacional de Mar del Plata. Mar del Plata. 2017. Pág. 3.
[26]Chaves, Patricia. Militancias en educación en los setenta: Exploración de la articulación entre Estado y territorio en la Campaña de Reactivación para la Reconstrucción (CREAR) 1973-1974. Segundas Jornadas de Sociología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo. Mendoza. 2015. Pág 6
[27]Rodríguez Lidia en Dorado, Analía. Op. Cit. 2017. Pág. 10 y 11.
[28]Tosolini. Mariana. Op. Cit. 2015. Pág 8
[29]Chaves, Patricia. Op. Cit.. 2015. Pág 15
[30]Bottarini, Roberto. La lectura de imágenes en la alfabetización de adultos: una aproximación al caso de la CREAR. Polifonías Revista de Educación. Año VII. N.º 13 UNLu. 2018. Pág. 67
[31]Bottarini, Roberto. Op. Cit. 2018. Pág. 67
[32]Bottarini, Roberto. Op. Cit. 2018. Pág. 69
[33]Bottarini, Roberto. Op. Cit. 2018. Pág.72
[34]Gómez, Manuel. La CREAR, una experiencia de política integral. Revista Debate Público. Reflexión de Trabajo Social. Buenos Aires. 2011. Pág. 100 y 101.
[35]Tosolini, Mariana en Palavecino, Hernán. Op. Cit. 2022. Pág 4 y 5.
[36]Medela, Paula. Op. Cit. 2015. Pág. 10.
[37] Buela, Alberto. Teoría del peronismo. Editorial Docencia. Buenos Aires. 2011.
[38]Buela, Alberto. Op. Cit. 2011. Pág. 15.
[39]Buela, Alberto. Op. Cit. 2011. Pág. 122 y 123
[40]Buela, Alberto. Op. Cit. 2011. Pág. 123
[41]Bollnow, Otto en Buela, Alberto. Op. Cit. 2011. Pág. 15.
[42]Perón, Juan Domingo. La Comunidad Organizada. Consejo del Partido Justicialista de General San Martín. General San Martín. 2006. Pág. 36 y 37
[43]Perón, Juan Domingo. Op. Cit. 2006. Pág. 50 y 51
[44]Perón, Juan Domingo. Op. Cit. 2006. Pág. 70
[45]Korn, Alejandro en Ramos, Jorge Abelardo. Crisis y resurrección de la literatura argentina. Ed. Peña Lillo. Buenos Aires. 2014. Pág. 25.
[46]Hobbes, Thomas en Podetti, Amelia. La comunidad disociada y sus filósofos. Cátedra Libre Latinoamericana y Caribeña UNLZ. S/F. Pág. 12
[47]Podetti, Amelia. Op. Cit. S/F.
[48]Podetti, Amelia. Op. Cit. Cátedra Libre Latinoamericana y Caribeña. UNLZ. S/F. Pág. 11
[49]Astesano, Eduardo. La Nación Sudamericana, Indianidad – Negritud – Latinidad. Ediciones Temática. Buenos Aires. 1986
Imagen de portada. Fuente: educ.ar
