Discépolo. El poeta popular.

Ezequiel González

1/ Introducción

En este trabajo, vamos a comentar y explicar brevemente la vida de un Poeta. Tomando como centro el libro escrito por Norberto Galasso, que es una biografía hecha a través de las palabras y reflexiones de Discépolo. Uno lee el libro y tranquilamente piensa en una película, o como se dice ahora una Biopic (película biográfica). Galasso,  escribió un libro excelente: “Discepoli y Su época” donde va escribiendo los pormenores y por mayores de la vida en Enrique Santo Discépolo, mechando y explicando su época. Sumando además lo que hacía la intelectualidad argentina en esos años. Lo que nos deja una buena fotografía de la época desde el arte, como entrada principal.

Ni poeta Mayor, ni menor: popular.

El joven Borges, el poeta, se hacía llamar “el poeta menor del hemisferio”. Donde caminaba tanto las calles de una Buenos Aires casi de estreno, de arrabal y la provincia de Buenos Aires. Escribía versos largos, descriptivos y animaba metáforas. Solo en su vejez, se disparó su fama[1]. El oficio de poeta es un oficio menor, entendiéndolo en las coordenadas actuales, donde existen profesiones que tienen mayor y menor prestigio, que siempre se lo da la época. Ya en la polis griega, los poetas fueron expulsados por Platón[2], porque decía que sensibiliza a la población, y eso lo hacía menos apto para la guerra; y si se quiere hasta en la actualidad, donde ya nadie lee poesía, se los puede pensar como personas en la orilla que escriben versos, desentramando su universo y buscando sus voces.

Es por eso, que el poeta tiene que mutar. Cambiar su forma de expresión, si no quiere perecer. Ahí es donde se hace ensayista, cuentista, guionista, novelista o en nuestro caso escritor de letras de tango. 

Homero Manzi, fue llamado “el poeta mayor” por la prensa, por su tono nostálgico y profundo de sus letras. Como el gran escritor de Occidente (Homero), que escribió la Odisea y Eliada, dos epopeyas, donde en la primera se narra un viaje de retorno, y la segunda una guerra, la vida de Discépolo tuvo ambas cosas. Un viaje por el arte, de búsqueda, entre el teatro, las letras de tango y la radio como trinchera ideológica en épocas de política salvaje. Una vida que tuvo viajes por el mundo, desde méjico hasta varios países de Europa, donde conoció poetas, artistas y tuvo lo que él llamó la “Epifanía”, como una revelación repentina que se le vino a upa, al escuchar en Túnez, cuando salió a caminar por los mercados, por sus calles, sintió una melodía tarareada por un vendedor, y era su canción. Ahí entendió y se sintió él que era. En otro punto del planeta, en esa canción tarareada en la boca de un hombre, al que lo separaban tradiciones, lenguas y tristezas sintió que los sentimientos son universales.

Lo que llamaremos “La guerra”, fueron los años donde en la radio, en las audiciones radiales (iniciadas en 1951) le respondía a “mordisquito”, un personaje que inventó, que representaba al opositor pertinaz, cipayo y oligarca, con quien mantenía feroces diálogos defendiendo al peronismo. Discépolo se la jugó y hacía pensar a la audiencia, ese trabajo en la radio fue trinchera para el movimiento, y donde tuvo que aguantar el vuelto, que fue el odio de los antiperonistas en carne propia. Por eso decimos, cómo “hipo” de tesis inicial, que no fue ni poeta menor, ni mayor, sino popular. Porque su vida fue una búsqueda por la traducción de los sentires de la gente, y además, como si esto fuera poco, también se subió al ring, a la batalla política. Mostrando que existen muchas formas de dar pelea desde el arte. Discépolo fue un poeta ultra sensible. Una vida marcada por la búsqueda del pan, por un peregrinar de búsqueda de su lugar, desde su orfandad y yendo a vivir con su hermano mayor, que lo cobijó y le enseñó el oficio del teatro, hasta su decisión de querer ser maestro, pero luego querer dedicarse al “espectáculo”, la noche y la vida tanguera. Un ser que fue cambiando, que todo lo conmovió. Parecería que vivió en éxtasis. Y por eso también se consumió.

Buscando la etimología de la palabra “tango”[3] – cosa que recomiendan los filósofos, cuando no se entiende algo, hay que ir derechos a la esencia de las palabras- notamos que significa, lugar de encuentro, que era el lugar de encuentro de los esclavos. Entonces, esa fue la labor del poeta, traducir las penas y las tristezas del hombre común y renombrar la palabra como cuando le preguntaron ¿qué es el tango?: “Un pensamiento triste que se baila”. Cuando se pone en palabras, en expresión, el sentimiento, ahí sucede algo sagrado. Un peso que se aliviana, el pueblo necesita canalizar sus broncas y pasiones. Por eso la labor de los poetas es clave. Estos hombres de tango, de letras, eran apóstoles, y cómo llegó a decir el poeta mayor: “Prefiero hacer letras para los hombres a ser un hombre de letras.”

2/ Los años de formación

Enrique Santos Discépolo (1901-1951), nuestro héroe, tiene sus épocas, la que fue la de su formación y la que fue su lucha. La década infame entre los años 1930-1943 y el primer peronismo entre los años 1946-1952. Nace el 23 de marzo de 1901, es el cuarto hijo. A sus 4 años, ha fallecido su padre, cosa que no comprende en tan poca edad y luego muere su madre. Queda huérfano a los 9 años. Recuerda de esos años, cuando sus amigos lo llamaban a jugar a la pelota, y él decía que no podía: “no puedo, tengo que ver como salen las estrellas”. Sus años de infancia son recordados así:

“Tuve una infancia triste. Yo nunca pude decir aquello de “Cachurra mona la burra” ni hallé atracción alguna en jugar bolitas o a cualquiera de los demás juegos infantiles. Vivía aislado y taciturno. Por desgracia no era sin motivo. A los cinco años quedé huérfano de padre y antes de cumplir los nueve, perdí también a mi madre. Entonces, mi timidez se volvió miedo y mi tristeza. Recuerdo que entre los útiles del colegio tenía un pequeño globo terráqueo. Lo cubrí con un paño negreo y no volví a destaparlo. Me parecía que el mundo debía quedar así, para siempre, vestido de luto”.[4]

Con un hogar roto, los hermanos Discípulos empezaron las peregrinaciones en distintas direcciones. Unos tíos severos y “platudos” recogen a Enrique que con solo 10 años él dirá que se sentía un intruso, que sentía eso de “vivir de prestado”. Al tiempo su hermano Armando contrae matrimonio y lo lleva a vivir con su familia. Discépolo termina el primario en la escuela del estado y luego hace el secundario, en el Normal Mariano Acosta. Mientras, va pensando que ser, a que se quiere dedicar, y en él comienza a jugar con la idea de ser docente. Al terminar la escuela, comienza en la misma escuela turno noche el magisterio, pero al segundo año del magisterio se da cuenta de que no es lo suyo, y abandona:

“Empecé a hacerme la rabona. En vez de ir al normal, me iba a una librería que había enfrente y él me prestaba libros. Eran libros de teatro, de cuentos, de aventuras. Y así seguí unos meses hasta que le dije a mi hermano, que no quería ser maestro de escuela sino actor”.[5]

El mundo del hermano mayor seducía a Enrique[6]. Enrique dijo que nada no aprendió en la escuela sino en la calle, en la vida: “tal vez allí, en ese momento tan lejano, y tan hermoso, tal vez allí haya empezado a masticar las letras de mis canciones”.

Ahi comenzo la Paideia[7] de cafés, donde un joven muchachito de 15 años observa desde la puerta o las mesas la vida de la gente. Donde iba tejiendo en palabras lo que intuía: mesas con naipes, dados, filósofos de bar que comenzaban su dieta con algún trago, y desde ahí se abrió al teatro, las visitas de actores y dramaturgos en reuniones en la casa de su hermano. Era 1916, donde llega al poder Hipólito Yrigoyen y comienza la revolución rusa, comienza en el siglo XX: “la hora de los pueblos”

La adolescencia: amigos, calle y soledad

Un poeta, un soldado, un eterno aprendiz, eso fue Discépolo. Quién recogió la emoción del hombre anónimo que habita nuestro suelo, nos dice Galasso. Su vida intenta explicar esta acción. Tenía todo para quedarse en el confort, una vez llegado. Aunque costó, pero siempre siguió apostando. Podría haber ostentado algún premio municipal o nacional, ir a reuniones y salones, pero prefirió quedarse con su pueblo. Siempre volvía, como decía Anibal Troilo.  Galasso, nos cuenta que la cultura argentina, en esa época, estaba en las sombras, las editoriales y las columnas de los diarios les estaban vedadas. Eran épocas de discusión literaria, donde se formaban bandos de escritores, de estéticas, pensando en y por la literatura. Los bandos de entonces eran los de Florida y Boedo; la popular, de barrio, era la de Boedo, una literatura de fábrica y de tangos como la denominó Ramón Doll. Y la de Florida, la de vanguardias y la “Inteligencia europeizada” como bandera, predicadores del arte por el arte, e insensibles a la injusticia social. Discépolo se liga a estos artistas comprometidos, escritores como Agustin Riganelli, escultor; Abraham Vigo, José Araro, Guillermo Facio Hevebequer, Benito Quinquela Martin, pintor, con quienes tenían interminables diálogos: 

“Discutimos porque no teníamos otra cosa que hacer… y porque era una hermosa manera de gastar el tiempo, que era lo único que podríamos gastar. Hablamos de todo… Empezamos con Baudelaire y terminamos a lo mejor discutiendo la mejor manera de preparar uno de esos heroicos bifes a la portuguesa que nunca podíamos comer…. Pero era la discusión, aunque trivial era la manera de prolongar nuestra permanencia en ese clima donde todos queríamos hacer algo…encontrado allí el acorde o el verso para una canción que llegó después mucho más tarde”.[8]

En esa bohemia de bifes anhelados, de poetas desempleados y de diálogos infinito, es donde aprende Enrique. Aprende a depreciar las glorias oficiales y entiende que hay que dar prioridad a sus sueños: “¿Bohemia? ¿Qué bohemia? La bohemia de comer salteado. …muchas dietas, poca plata, muchos gritos, muchas discusiones y poca comida”. Años más tarde, Discépolo cargaría con el mote de qué hacía “tangos tristes”, él decía que llevaba en andas, al arrabal, a los pobres, a los eternamente explotados, con todos sus dolores y con todas sus miserias. En 1912, Enrique estrena su primera obra de teatro “Los duendes”, escrita con un amigo, Mario Folco. Oficio que aprendió de su hermano, y quiere comenzar a hacer sus primeras experiencias. Pero con poco éxito. Pero son sus amigos, entre ellos Facio Hebecquer, quien conocen su talento de su amigo le dice: “tenés que ponerte a trabajar en serio, pibe. Estás echando todo tu talento a perder”. Tal vez por esa crítica puesta a punto, recibir la palabra justa como un big bang personal su pluma va tomando otro vuelo

Enrique vive, piensa, siente y ejecuta. Como decía Marechal, tiene la economía perfecta de un zorzal, que con un gramo de alpiste, hace 4 horas de música, y una montañita de estiércol.[9] Así va rumiando ideas, mirando el mundo, caminando, inspirándose. Su educación va de recomendaciones, que toma de la pintura, el teatro, la música. Galasso cuenta que aprende y se vuelve admirador de Goya. El poderoso pintor español, en cuyos cuadros palpita la carne y la sangre del pueblo español. Aprende de la literatura rusa, Dostoievski, Tolstoi y  Chejov.

Su educación y adolescencia, está marcada por los ritmos del teatro, que lo absorben. Donde comienza la dispersión de sus amigos, que se reunían en la calle Rioja. Va abandonando sus visitas a librerías y se vuelve el hombre solo de su obra. Y sus amigos siguen sus rumbos, algunos viajan a Europa, otros se quedan.

Su segundo oficio, su primera naturaleza

Durante el gobierno de Marcelo T. Alvear, su hermano estrena “Mateo” que alcanza su mayor éxito. Enrique sigue con sus giras por el interior del país, en esos años entabla una gran amistad con Jose Vazquez , quien le enseña algunas nociones de guitarra, tango y demás música popular. Él le propone “hagamos un tango” . Así nace su primer tango “Bizcochito”. Ahí se abre un mundo. Esa canción es su punto de partida. Sigue con el teatro, pero se va desprendiendo de ese acto. Ya sabe que el tango se ha cruzado en su camino y le permite “hacer poesía para el pueblo”,[10] sin pretensiones literarias ni académicas:

“Un tango puede escribirse con un dedo, pero necesariamente se escribirá con el alma. Un tango es intimidad que se esconde y es el grito, que se levanta aireado, desnudo, está en el aire como el vuelo de los pájaros…”

Lo que abre el tango, es lo que él dice, es que le permite: [11] “entrar en el alma de la ciudad…expresando lo que ese hombre y esa mujer quisiera escuchar…yo solamente he tenido el coraje de expresar en voz alta todo lo que los otros piensan en silencio”.[12] Cada tango tiene su historia que la contiene. Un backstage, de actores y de extras que cuentan como inicio la poética para escribirlo. El ejemplo de esto, es el tango, “esta noche me emborracho”:

“Había acompañado a un amigo a internarse en Córdoba por tuberculosos, pero nada podía hacer. No podía hacer nada para curarse, al poco tiempo murió. Y ahí me vino la idea del alcohol, del aturdimiento, de no pensar en los males que no tienen remedio. En Córdoba recogí esa semilla… El tiempo que envejece es tan indeseable como la muerte que llega. La ruina de la mujer que envejece es tan indeseable como la muerte que llega. La ruina de la mujer que ha sido linda es tan triste, como el espectáculo de la salud que se va. Y de todos modos, para todo o que no hay remedio, yo sentí el grito de mi tango aturdirme”

Así nace la idea central de la letra. Enrique comienzan las peregrinaciones, para ver quien entrena sus composiciones. Eran los años 1926, Arlt, publica “el juguete rabioso”, Quiroga, “los desterrados”, Guiraldes, publica “Don Segundo Sombra” donde disimula la tragedia del peón rural. Mientras Discépolo sigue componiendo y aparece, “Qué Vachaché”, quien comienza provocar indignación en sectores pequeños burgueses, donde se lo juzga un insulto a los valores vigentes. Pero Discépolo, dice lo que hace en su tango, es denunciar, lo quebrado que andan de los valores. Años después, cuando la década del infame, se encuentra con su bautismo, las letras de Discépolo encuentran su rol de profeta y de cronista. A finales de la década, comienzan a erosionarse sus suelos. Él venía mal con trabajos y fatigas; buscando cantores y orquesta para sus tangos.  Ese muchachito, con sueños de actor, se va convirtiendo lentamente en alguien importante de la música rioplatense. Conoce su nuevo oficio. Deja de ser “hermano de”, hermano de Armando, para ser amistosamente: “Discepolin”, a punto de convertirse en Discépolo, con mayúscula. Y van a ser los músicos y las orquestas los que van a ir a su encuentro.

3/ Los años de peregrinación

En esas noches de tango, el amor toca su puerta.  Enrique queda vislumbrado por una cantante, Tania. Anita Luciano, con quien comienzan a salir, se enamora y se van a vivir juntos. Lentamente, la soledad se hace un lado, y pasa su vida acompañado, y comienzan a aparecer el dinero, al que tanto le cantaba, porque como dijo Leonardo Favio: “uno le canta a aquello lo cual carece”. Sigue componiendo tangos, algunos corren con mejor suerte que otros. Su vida sube y baja, con el tema del dinero. Pero él no se la agarra con el universo:  “el instinto. popular nunca se equivoca. Los tangos que no tienen éxito es porque no se lo merecen. Nunca se me ha ocurrido rebelarme contra el fallo popular.” Tania cobra poco como cancionista y él no puede rendir más a sus tangos. Un poeta de su talla no tiene el pan asegurado. Pero sigue produciendo. Anota en una servilleta, lo que va a ser, una de sus obras maestra: “Yira, yira”. Canción, que  fue la encarnación de la miseria y la desolación de todo el pueblo: “este tango nació en la calle, precisamente, me lo inspiraron las calles de buenos Aires, el hombre de Buenos Aires, la Rabia de Buenos Aires… Yo no escribí esa canción  con la mano… grité el dolor de muchos, no porque el dolor de los demás me haga feliz, sino porque de esta manera estoy más cerca de ellos y traduzco ese silencio de angustia que adivino. Use lenguaje poco académico, porque los pueblos son siempre anteriores a las academias. Los pueblos claman, gritan y ríen sin moldes”.

Discépolo como traductor. Como oyente y testigo de la gente. En esos años, Borges da sus últimos paseos por el suburbio con su Evaristo Carriego, pasa de la filosofía del arrabal a lo universal, y empieza a borrar los vestigios de argentinidad. Scalabrini, buscaba una Psicología del hombre que está solo y espera. Él trabaja mucho las letras, lentamente, corrigiendo mucho. Los poetas tienen un tiempo aparte. Las necesidades tocan la puerta, pero no hay que abrirles. El poeta hace crecer flores en el alma. Él no puede fabricar como los poetas técnicos, odas de diccionario, de rima, de remate, prefabricadas. Enrique se siente un estafador perpetuo, que tiene una excesiva fe, su hermano Armando dirá: “que es un débil”.  Su compañeros de rubro, lo consideran “un sentimental”. Así como están los filósofos que piensan de modo diferente, los poetas sienten de manera diferente. Galasso, dice que su talento radica en que  “ve el dolor epoca”, y los dramas, como el “suicidio”, lo toma como una desgracia colectiva. Empieza a trabajar en un tango que intenta esta traducción: “no doy más/ alma otaria que hay en mí / me siento destrozado /muramos aquí”. Con su aguda capacidad para aprehender el fenómeno social, Enrique registra en el cancionero popular esa época de escepticismo.  Uno de los primeros suicidios fue el del uruguayo Horacio Quiroga, en 1937 quien escribía sobre desamparados en obras como “los desterrados”, “el mensú”,  y su famoso “Cuentos de amor, locura y muerte”. Alejado siempre de círculos literarios, sufriendo una enfermedad fatal, ingiere cianuro en el hospital de clínicas y se quita la vida. Un año después se suicida Leopoldo Lugones, autor de “El payador”, ”La guerra gaucha”, entre otros. Le siguen: Alfonsina Storni, Lisandro de la Torre, Enrique Mendez Calzada. Se registran estadísticas de casi dos suicidios diarios, figuras del intelectualismo argentino “aniquilados por su propia voluntad”

En esos años años va germinando otra de sus obras maestras: “Cambalache”,  donde sintetiza el panorama social y espiritual de la década del infame: “Todo es igual, nada es mejor…los inmorales nos han igualado”;  todo es decadencia y corrupción, se va convirtiendo en el portavoz del hombre anónimo. Es la canción que condensa y resume toda una época. Sólo los mejores poetas, puede hacer eso con su obra llegar al drama universal, con el dolor particular.  Galasso a propósito dice:

“En lo más negro de la noche asoman los primeros indicios del alba. Poco a poco van surgiendo los solitarios y verdaderos representantes de la inteligencia argentina: un político nacional, un economista insobornable, un novelista auténtico, un poeta social. Los campos se delimitan cada vez más claramente. Frente a frente la oligarquía y el pueblo, Federico Piñero y Arturo Jauretche, Raúl Prebich y Raúl Scalabrini Ortíz, Victoria Ocampo y Manuél Galvez, Jorge Luis Borges y Enrique Santos Discepolo”. [13]

Acá Galasso, hace dos grandes observaciones, presentando esta especie de combates. Donde los intelectuales eligen a quién representar, pero además hace mención a eso que decía Giorgio Colli, en su libro sobre “el nacimiento de la filosofía”, donde analiza que en épocas oscuras, también salen las mejores mentes. Hay algo que la oscuridad trae  el despertar de la claridad en las ideas.

Enrique, viaje a Europa: Paris, España, Madrid, donde conoce la obra de Goya “los fusilamientos”, y además conoce a Garcia Lorca. De ahí, visita Marruecos que es donde tiene la epifanía, la manifestación: “Ahí, a varios kilómetros de distancia, …al oírlas en Tetúan, en boca de aquel anciano babuchero, sentí una emoción extraña que me hacía un nudo en la garganta. Y al Salir de Allí dí por bien los desvelos que me habían costado mis tangos”.[14] De esos viajes, dijo: “mi vida siempre fue un ir y volver. Soy un boomerang por temperamento. Como los criminales, como los novios y como los cobradores. yo regreso siempre”. Su arma la palabra, pero más bien el tango. El tango, esa música, que como dice Discepolo: “porque un tango, amigo mio, no se vomita en cinco minutos, sino que sale a la luz después de una dolorosa y larga gestación” .[15] La gente se le arrima y le cuenta sus penas. Y le duelen como propia la cicatriz

Luego de “Cambalache”, su talento parece adormecerse. Empieza a cobrar derechos de autor, pero su vida es Tania y su departamentito. Comienza la actividad de Carpintería, con overol serruchando, clavando, lustrando, construyendo muebles que nadie precisa. Se va a La Lucila, a un retiro personal, y filósofa su propia existencia,  y va elaborando otra de sus obra maestra: “UNO” que es la canciónsobreuna “caída”: “es la desesperación profunda como la que yo tuve. Una canción que respete en su salvajismo poético”.

Los años que siguen, es la segunda época de oro del tango. Se formaliza los pagos por derechos intelectuales[16]. Pero aparecen los sensores, los inquisidores de la palabra y comienzan una campaña contra el lunfardo. Donde recomendaban modificar las letras y los títulos para hacerlas más refinados. Discépolo defiende la lengua popular. “Nuestro lunfardo tiene aciertos de fonética  estupendos. Quieren matarlo. hacen reír. Si se descuidan se va a tragar a la academia… su defensa se prolonga: porque dejarnos sin el tango sería igual que hacernos hablar en inglés a todos”[17].

4/ Consumirse

En argentina, se va gestando el 17[18]de octubre, con ese algo que no se entiende que es el peronismo. Discépolo se siente impresionado, él no es político, va tomando nota de lo que se está viviendo. Una nueva argentina lentamente se está construyendo, va dejando su estado pesimista y desesperanzado; y pasa a la esperanza. Confiterías llenas, negocios, una vida nueva en capital federal, más democrática, más abierta, florida, sumándole a Mar del plata como centro turístico. Discépolo aprende del hombre a través de las masas populares, que van edificando esa argentina socialmente más justa. En esos años tiene incursiones gremiales en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música (S A D A I C), además de iniciativas para nuclear actores, y para difundir obras del gobierno. Mientras vuelve a actuar, en 1950 comienza el rodaje de “El hincha”, que es un canto a los valores de los sectores populares[19] y comienza su periodo de trinchera en la radio.

Galasso, dice que vive como un peronista convencido. Le proponen su audición, “pienso y digo lo que pienso” para 1951; los amigos le decían que no se defina políticamente, que la experiencia dice, que cuando se definen políticamente, se pierde público. Discépolo no hace caso. En sus audiciones propone la reflexión: “Antes no te importaba nada y ahora te importa todo…y protestas. ¿y qué? ¿por qué protestas? ¿leche hay? hay leche. Leche sobra. Te quejas, antes no decías nada, y te pasas la vida tomando mate cocida…a mi me la vas a contar”. [20]

“Mordisquito” fue el álter ego radial creado por Enrique Santos Discépolo en 1951. Mediante este personaje, el autor entablaba un diálogo cargado de sarcasmo contra la intelectualidad opositora y el elitismo, consolidándose como una de las voces más punzantes en la defensa del peronismo frente a los sectores privilegiados: “ustedes son nietos, ninguno de ustedes hizo nada más que ser nieto. Nieto de la plata y nieto de las ideas. Desde la muerte de ellos hasta la llegada de este gobierno, hubo un vacío de dignidad y esfuerzo que vos debiste llenar y que como un criminal no cumpliste ninguna de las veces que se te dio el gobierno. Porque vos no sos una esperanza ni una incógnita. Vos gobernantes, no una vez, varias veces y mal.”[21]

El trabajo de Discépolo, era el de poner en su lugar a la gente acomodada. A los que hablan con la vaca atada:

“Porque vos naciste, no a la orilla del arrabal ofendido por conventillo y atravesado la zanja; no allá lejos, en el dolor de una provincia olvidada o de un territorio maltrecho… sino en el barrio cómodo, dentro de una familia confortable, a una cuadra del colegio… ¡Todo servido para vos!… Vos no conociste el drama de los changos descalzos que llegaban en burro a la escuela… una escuelita de barro y arañas… y que no quedaba como la tuya a los pies de la cama, sino a una legua, a dos, a diez… tan lejos de la casa y tan cerca del hambre..Por eso tenés la negligencia del que vive bien y está muy lejos de los mueren mal…”.[22]

Su labor de defensor del gobierno, de esta idea de vocero artístico se empieza a ganar el odio, mucha gente compra la entrada del teatro y no asiste. Discépolo sale a la obra y sólo ve butacas vacías. Comienzan a enviarles cartas llenas de odio a la radio, y los opositores lo abuchean al entrar a los cafés. Discépolo le decía a su Mujer: “Tania, si esto sigue así, me voy a volver malo”. Pero él dejaba en claro su adhesión al peronismo:

“A Perón no lo inventé yo. Lo inventaron ustedes. Lo inventó el hambre, la enfermedad, la miseria…”…. ¿Vendido yo? ¡Inocente! Si sabés que comprarme a mí es un mal negocio. Desde que nací hasta ahora vivo de mí y de mis obras. Por fortuna -o por desgracia- no hay nadie que pueda ayudarme. Sólo mis obras y el pueblo… No hay gobierno que pueda darle más éxito o menos éxito a una canción mía, a una obra mía, a una película mía. Tengo el orgullo de mi independencia.. Lo que yo le debo a este gobierno es mucho más de lo que vos te creés. Le debo, desde mi soledad, la enorme dicha que goza el pueblo, el rumbo firme que lleva y el porvenir que vislumbro”.

Discépolo se decía para sí mismo, que él no es un luchador, que él no es un político. Pero hay muchas formas de pelear. El es un  poeta que  trabaja incansablemente, en la reelección[23], pero queda ultrajado. Deprimido, físicamente ya roto. Lo da todo.  Al ganar las elecciones, piensa que debe irse. A un Ostracismo voluntario. Porque no puede más. El general Perón le ofrece trabajos, puestos, pero él declina. Agradece.  Dice que tiene que irse del país, quiere un poco de tranquilidad. Necesita descansar. Galasso cuenta que Discépolo, con su salud hecha polvo dice: “las inyecciones ¿sabes? las últimas me las voy a dar en el sobretodo”. Flaquisimo, en nochebuena, se piensa a sentir mal, y muere de un infarto el 23 de diciembre de 1951 dos días antes de navidad, a los 50 años.

Galasso escribe una biografía estupenda con la voz de Enrique Discépolo. Este trabajo es una pequeña foto de la vida de un poeta. Donde sus reflexiones, programas de radio, obras de teatro, películas, y una treintena de tangos tratan de decodificar la potencia de sus letras, de su arte. Medio poeta y filósofo, que con pocas palabras, en poco espacio dejaba dudando al más sabio. Fue más que un tanguista, fue un pensador de la esencia y del destino del hombre de Buenos Aires.

Discépolo en los años peronistas, deja la desesperanza, y se pasa al bando de la esperanza. Esa es la tesis de Daniel Dei, qué después de tanto dolor, ese desenlace es la esperanza: “Todavía la esperanza”.

Bibliografía

  • Galasso Norberto, Discépolo y su época,  Editorial Jorge Alvarez 1967.
  • Enrique Santos Discepolo, Escritor Inéditos (introducción y comentarios de Norbereto Galasso) , Ediciones del pensamiento Nacional 1986.
  • Enrique Santos Discepolo, Mordisquito,  ¡a mí no me las vas a contar!, ediciones realidad politica. 1986.
  • Daniel Dei, Todavía la Esperanza, Esbozo de una Filosofía en zapatillas, Ediciones UNla. 2014.
  • Discepolo Cossa, El Grotesco Criollo, Ediciones COlihue 1989.
  • Mele Marcos, Semblanza, Enrique Santos Discepolo.

Bibliografía suplementaria:

  • La fama de borges: https://www.clarin.com/cultura/dia-rodolfo-walsh-pidio-permiso-borges-traducir-cuentos_0_zmtzjHBAw.html

 Canal: archivodichiara. “Audio Radial Mordisquito Enrique Santos Discépolo”. You tube / 17 septiembre 2025, 0:37.


[1] La anécdota sobre su big bang, cuenta que Rodolfo Walsh, fue el que le hizo el contacto con editores norteamericanos. De ahí a Francia, lo lee Foucault y abre su libro “las palabras y las cosas” y luego arrancó el universo Borges.

[2] Platón propuso expulsar a los poetas de su polis ideal en La República (especialmente libros II, III y X) porque consideraba que el arte poético, era peligroso para la sociedad. Argumentaba que la poesía imitativa (mímesis) producía falsas apariencias alejadas de la verdad, fomentaba emociones irracionales y mostraba una imagen inmoral de los dioses, corrompiendo la educación de los ciudadanos.

[3] “Tango” es incierta, con dos teorías principales: una raíz africana (bantu) que significa “lugar de encuentro” o “círculo”, y una latina de tangere (tocar). Originalmente, el término se refería a los lugares donde los afrodescendientes se reunían para bailar, documentado desde el siglo XVII.

[4] Galasso Norberto, Discépolo y su época, Editorial Jorge Alvarez 1967. Pág.  25.

[5] idem.

[6] Los Hermanos Discépolo, firman juntos obras del grotesco criollo. Obras que hacen reír y llorar. Se discute si las dos mejores obras del género: Mateo y Stéfano, no tuvieron la mano de Enrique.

[7] Pedagogía en griego, o el sistema de educación que impartían los griego. Recomendamos para expandir este concepto, el libro “Paideia” Werner Jaeger. Donde se muestran los distintos tipos de educación durante la antigüedad griega.

[8] Idem. Gallaso. Pág. 32

[9]  La “economía del pájaro” en Leopoldo Marechal no es un concepto económico tradicional, sino una metáfora poética y ética que representa la libertad, la gratuidad, la levedad y la conexión espiritual con el universo, preguntarle cuál era la economía ideal, respondió Samuel Tesler que la del pájaro, único animal terrestre capaz de convertir diez granitos de alpiste que comía, en tres horas de música y en un miligramo de estiércol. pag 20. Leopoldo Marechal,  Adanbuenosaires. Seix Barral.

[10] Idem. Galasso pág. 44

[11] Idem. 

[12] Idem.

[13] Enrique Santos Discepolo, Escritor Inéditos (introducción y comentarios de Norbereto Galasso) , Ediciones del pensamiento Nacional 1986

[14] Idem. pág- 105.

[15] idem.

[16] Según Deí, Enrique Santo Discépolo tiene sólo treinta y nueve tangos registrados en S A D A I C.

[17] Idem. Galasso. Pág- 120.

[18] Abelardo Ramos: “Perón no hizo el 17 de octubre sino que el 17 de octubre hizo  a Perón”.

[19] Mele Marcos, Semblanza, Enrique Santos Discepolo. Pág. 3

[20] Enrique Santos Discepolo, Mordisquito,  ¡a mí no me las vas a contar!, Ediciones Realidad Política. 1986. Pág. 63.

[21] Canal: archivodichiara. “Audio Radial Mordisquito Enrique Santos Discépolo”. You tube / 17 sept 2025, minuto:  0:37.

[22] Enrique Santos Discepolo, Mordisquito,  ¡a mí no me las vas a contar!, ediciones realidad politica. 1986. Pág.100.

[23] En la Contrata del libro que recopila los discursos de Discépolo en la Radio dice: “Perón dijo: Gracias al voto de las mujeres y a Mordisquio ganamos las elecciones de 1951”

Ezequiel González
Profesor de filosofía por el ISFD N º41 de Adrogué, Especialista en Investigación Científica por la Universidad de Lanús y estudiante de la Especialización en Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa).
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