En el año 1945, ante la destitución del General Perón de sus cargos en el poder ejecutivo, encarcelamiento y posterior liberación el día 17 de octubre, el líder del Partido Comunista argentino presentaba un informe con sus discursos titulado “Batir al Nazi-Peronismo para abrir una nueva era de libertad y progreso”. Con ese título rimbombante, con una enorme carga simbólica ligada a los “valores” defendidos por la coalición triunfante en la Segunda Guerra Mundial, Victorio Codovilla se presentaba como el bastión de la lucha antifascista en Argentina.
En uno de los discursos pronunciados por Codovilla, citados en su obra, no dudaba en caracterizar el gobierno del GOU como un aparato montado por la dictadura nazi y el franquismo, como escapatoria para los crímenes cometidos en Europa. Sin tapujos, en la carta a los antifascistas argentinos Codovilla afirmaba que dicho gobierno:
“cumple la misión que le ha sido encomendad por el hitlerismo y el falangismo, o sea la de establecer, consolidar y ampliar una cabecera de puente en América, a fin de que, al ser derrotados definitivamente y corridos de Europa, los criminales fascistas puedan continuar en este continente, y bajo otras formas, la guerra contra los regímenes democráticos y contra la libertad de los pueblos” (Codovilla, 1946: 5-6).
Por supuesto, que esta lógica estaba enmarcada en la política exterior de la Unión Soviética y en el deber de obediencia que tuvieron los PC a nivel internacional frente al PCUS de Moscú. En otro pasaje del mismo discurso Codovilla afirmaba que:
“la causa de la libertad, de la democracia y la civilización estaba y está indisolublemente ligada a la existencia, a la consolidación y al desarrollo de la Unión Soviética, a la cooperación entre ella, los Estados Unidos e Inglaterra, y todas las naciones amantes de la democracia y la paz” (1946: 8).
Sin embargo la postura del Partido Comunista Brasileño liderado por Luis Carlos Prestes, frente al movimiento nacional encabezado por Getúlio Vargas, difería de esa mirada de la izquierda tradicional.
Como es sabido, las corrientes de izquierda en el siglo XX se han caracterizado por priorizar la cuestión social, especialmente en la contradicción capital-trabajo, con diversos matices, frente a los movimientos nacionales que proponen la armonía de clases como estrategia de lucha en la dicotomía pueblo-oligarquía/imperialismo. Esos posicionamientos se complejizan si tenemos en cuenta los enfrentamientos de la geopolítica internacional y la permeabilidad que tienen los pensadores de la periferia frente al mundo de las ideas elaborado en Europa y en Estados Unidos.
Teniendo en cuenta estas cuestiones generales, nos encontramos ante un hecho destacable de la izquierda en el Brasil en la década de 1940, que fue el comportamiento de la dirigencia del Partido Comunista Brasileño (PCB). Este partido comunista, a diferencia de otros como el de nuestro país, ha mostrado signos de autonomía frente a los designios del Partido Comunista soviético (PCUS) y una mayor comprensión sobre los sucesos políticos locales. Cabe destacar que por entonces los partidos comunistas a nivel mundial se encontraban enrolados en la Comintern (Internacional Comunista) bajo el auspicio del PCUS y desde allí se diagramaban las estrategias de su militancia a nivel internacional, como lo fue la creación de Frentes Populares antifascistas con otros partidos de izquierda hacia mediados de la década de 1930, o el posicionamiento respecto a los gobiernos de turno durante la Segunda Guerra Mundial, en base a lo dictaminado desde la Comintern. Teniendo en cuenta esta situación, se puede marcar una diferencia de actitud entre los partidos comunistas argentino y brasileño respecto a la estrategia laboral y política de Perón y de Vargas, respectivamente.
En el caso argentino, como se expresó anteriormente, la dirigencia del PC mantuvo una férrea oposición al peronismo desde sus orígenes con los cargos ejecutivos de Juan Domingo Perón donde se lo asociaba al nazi-fascismo, posición que se mantuvo de manera más matizada hasta el derrocamiento en la etapa presidencial en 1955. Aquella actitud llevó a su conducción a compartir sus críticas en la prensa y en las calles con las más diversas tendencias del ala antiperonista, como el Partido Socialista, el radicalismo y el conservadurismo, conformando la Unión Democrática y recibiendo el apoyo del embajador de los Estados Unidos.
Vale indicar también que la oposición del PC argentino no se daba solamente contra las figuras públicas de la revolución del ’43 como Ramírez, Farrell o Perón (en cuya etapa se había continuado con la proscripción para luego legalizar al comunismo, de forma similar a lo sucedido bajo el Estado Novo varguista), sino también contra los simpatizantes hacia el peronismo, que eran habitualmente tildados de “lumpen”, “malón”, “bárbaros” o directamente delincuentes, por parte de sus portavoces y de declaraciones oficiales del partido entre los que no se duda en realizar un llamamiento a “crear brigadas de higienización democrática”, “organizarse para la lucha contra el peronismo, hasta su aniquilamiento” y declarar que “Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino” (Manifiesto “Higienización democrática y clarificación política” del 21/10/1945. Citado en Puiggrós, 1974: 171-172).
La actitud del comunismo brasileño respecto al fenómeno varguista en un principio fue similar, pero luego se distanció de actitudes como la de Victorio Codovilla y otros dirigentes. Bajo el liderazgo de Luis Carlos Prestes, que no era intelectual sino militar de carrera y había sido uno de los jefes de los levantamientos de la década del ’20 que terminaron con el régimen de la república vieja en 1930, el PCB fue inicialmente opositor al liderazgo de Vargas intentando una revolución fallida en 1935, lo cual le costó la prisión a Prestes. Sin embargo en 1945 el PC brasileño fue legalizado y junto con el Partido Trabalhista Brasileño (creado por Vargas) se convirtió en uno de los principales apoyos populares en la causa del “Queremismo”[1] en 1945, analizado a continuación.
En parte es esperable pensar que la condescendencia entre el varguismo y el PCB esté relacionada con la postura en la Segunda Guerra Mundial, ya que Vargas aceptó colaborar con los aliados, mientras que el gobierno soviético tomó una dirección similar desde 1942. Aunque eso sea así, internamente en Brasil para 1945 el Estado Novo corría con los minutos contados frente a la UDN (Unión Democrática Nacional) que, en conjunto con representantes del gobierno subjetivamente pro-norteamericanos y con el involucramiento de la embajada de los EE.UU. (Costa, 1965 y Moniz Bandeira, 2004), dieron el golpe de suerte contra Vargas. El contexto fue similar al de la destitución y detención de Juan Domingo Perón, promovida el mismo año.
En este caso la destitución de Getúlio Vargas dio origen al Queremismo, movimiento popular ya mencionado, que contó con grandes manifestaciones bajo la consigna “Nós queremos Getúlio”, reclamando por su candidatura para las elecciones directas de aquel año. Ante esa disyuntiva, el PCB decidió apoyar al movimiento varguista, con el mismo lema mencionado. Esta última es una actitud diametralmente opuesta al PC argentino.
De esa manera el PCB y Prestes, frente a los movimientos nacionales, se alejaban de la tradicional postura defendida por la izquierda. Al respecto, el famoso escritor chileno Pablo Neruda, militante también del comunismo de aquel país, reproduce en sus memorias este debate entre Codovilla y Prestes sobre la naturaleza de los movimientos nacionales. Es muy elocuente Neruda al afirmar que:
“(Codovilla) Estaba preocupado, me dijo, por la incomprensión de Prestes ante la dictadura peronista. Codovila pensaba que Perón y su movimiento eran una prolongación del fascismo europeo. Ningún antifascista podía aceptar pasivamente el crecimiento de Perón ni sus repetidas acciones represivas. Codovila y el partido comunista argentino pensaban en ese momento que la única respuesta a Perón era la insurrección. Codovila quería que yo hablara del tema con Prestes. (…) No se podía encontrar dos hombres más diferentes, más antípodas. (…) ‘No hay fascismo en Argentina; Perón es un caudillo, pero no es un jefe fascista’, me dijo Prestes respondiendo a mis preguntas. ‘¿Dónde están las camisas pardas? ¿Las camisas negras? ¿Las milicias fascistas? Además, Codovila se equivoca. Lenin dice que no se juega con la insurrección. Y no se puede estar anunciando una guerra sin soldados, si se cuenta sólo con los espontáneos.’ Estos dos hombres tan diferentes eran, en el fondo, irreductibles. (…) Alguno de ellos, probablemente Prestes, tuvo la razón en estas cosas” (Neruda, 1988: 142).
Nótese la insistencia del líder del PC argentino en asociar la naturaleza del peronismo con el fascismo, la cual es refutada por Prestes, mucho más serio a la hora de caracterizar al movimiento político argentino, lo cual lleva a Neruda a compartir el posicionamiento del brasileño.
Esta actitud de apoyo, con ciertas reticencias lógicamente, tomada por el PCB frente a la legislación trabalhista de Vargas, le valió al comunismo brasileño sostener una fuerte base de apoyo en el movimiento obrero brasileño, especialmente en la región ABC del gran San Pablo: “trabajando en forma paralela a Vargas, el PCB eludió el choque abierto con el getulismo popular” (French, 1998: 66).
Por último, como ya se dijo, la actitud de Prestes y el PCB hacia el movimiento nacional brasileño fue distinta a la tomada por la dirigencia del comunismo argentino y los resultados fueron distintos también: una identificación cada vez menor del grueso del movimiento obrero con los partidos de izquierda en Argentina, en favor del Partido Peronista, y una identificación fuerte del movimiento obrero urbano brasileño con el PCB, frente a la poca fortaleza del Partido Trabalhista de Vargas. Así también se refleja la actitud que han tomado los representantes de una “izquierda extranjerizante” en palabras de Hernández Arregui, frente a aquellos que han entendido la prioridad que tiene el sentido nacional en la lucha antiimperialista. En este último grupo incluimos a personalidades como Prestes, así como también al propio Puiggros para el caso argentino, quien alejado del PC se incorporó a las filas del movimiento peronista.
*Imagen de portada: Archivo fotográfico del CPDOC-FGV
Referencias Bibliográficas:
CODOVILLA, Victorio (1946). Batir al Nazi-Peronismo para abrir una nueva era de libertad y progreso. Buenos Aires, Editorial Anteo.
COSTA, João Cruz (1968). Pequena história da república. Rio de Janeiro, Civilização Brasileira.
FRENCH, John (1998). “Los trabajadores industriales y el nacimiento de la República Populista en Brasil, 1945-1946”. En Mackinnon, María Moira y Petrone, Mario Alberto (coords.) Populismo y neopopulismo en América Latina: el problema de la Cenicienta. Buenos Aires: Eudeba,
HERNÁNDEZ ARREGUI, Juan José (1969). Nacionalismo y liberación. Buenos Aires, Contrapunto.
MONIZ BANDEIRA, Luiz Alberto (2004). Argentina, Brasil y Estados Unidos. De la Triple Alianza al MERCOSUR. Conflicto e integración en América del Sur. Buenos Aires, Grupo Editorial Norma.
NERUDA, Pablo (1988). Confieso que he vivido. Memorias. Barcelona, Seix Barral.
PUIGGROS, Rodolfo (1974). El peronismo: sus causas. Buenos Aires, Ediciones Cepe.
[1] El queremismo fue un movimiento popular de apoyo a la figura de Getúlio Vargas ante su destitución e inhabilitación para presentarse en las elecciones de 1945. Sus votos irán a Eurico Gaspar Dutra, quien traicionará varios de los postulados del varguismo.
