I
La pieza fundamental en este proceso de la formación del pensamiento nacional es la transmisión cultural en la universidad, ella es la principal pieza de este engranaje ya que sirve como transmisora de conocimiento y como diría Gramsci construcción de hegemonía. Las universidades fundadas en América como las de Santo Domingo (1538), México (1551) o Córdoba (1613) transmitían un modelo educativo heredado de Salamanca y Alcalá de Henares. Su organización académica giraba en torno a la escolástica y al derecho, con especial atención a las nociones de justicia, bien común y orden social. Estas categorías, de raíz aristotélico-tomista, fueron asimiladas por generaciones de criollos que, más tarde, reinterpretaron dichos principios en clave emancipadora. La universidad hispánica cumplía la función de formar a la elite dirigente Furlong nos plantea que “las aulas coloniales, al impartir la filosofía escolástica, no solo transmitían saberes religiosos, sino que ofrecían una visión integral del hombre y la sociedad” (Furlong, 1947, p. 89). Esto quiere decir que la educación colonial, no se limitó a reproducir la obediencia a la monarquía, sino que más bien a generar un campo de reflexión que permitió pensar la política, la justicia social y el derecho natural.
Este proceso educativo fue clave y significativo ya que sirvió para la transmisión de la cultura hispánica en la población de América. Las universidades de este modo, aparecía como un espacio de continuidad histórica de la cultura hispánica, pero también como motor de proyección futura. Es así que la educación es clave para la formación de la conciencia de un pueblo o como diría Vanconselos “la misión de la educación en nuestros pueblos es reanudar la tradición espiritual que España nos legó, pero proyectándola hacia la unión de toda Iberoamérica” (1925, p. 112). Vasconcelos nos muestra que la herencia cultura española no es un pasado muerto sino que es una llama que no debemos dejar apagar, ya que sirve como lucha contra la cultura iluminista francesa y nos ayuda a tener un proyecto de integración de unidad iberoamericana. Nuevamente podemos ver como la universidad es clave en la formación de la nación y la conciencia de los pueblos.
Aquí aparece el rol de las universidades que es el de formar a la élite dirigente de una nación que le da sentido a la patria, estas élites criollas formadas en los colegios y universidades coloniales adquirieron un repertorio de saberes jurídicos y filosóficos que les permitió liderar los procesos de independencia. Este gran capital cultural hispánico no surgió de un vacío, sino que fue producto de la herencia hispánica resignificada en el contexto americano.
Ahora bien este legado cultural trasmitido a nuestras élites fue clave para la emancipación de nuestro territorio y la formación de una patria, pero durante la primera centuria revolucionaria este legado hispánico tubo que confrontar con la cultura inglesa y francesa en métodos políticos y culturales. Este capital cultural hispánico que alimentó a estos grupos no surgió de la nada sino que fue el resultado de una tradición universitaria que, desde Salamanca hasta Chuquisaca, se había resignificado en el contexto americano. Como recuerda Enrique Dussel, “el barroco iberoamericano fue, en gran medida, la primera filosofía de la liberación, pues asumió creativamente los elementos europeos para pensar la nueva realidad del continente” (1492: El encubrimiento del Otro, 1992, p. 156). Durante los primeros años posteriores a las revoluciones de independencia, la cultura heredada de la tradición hispánica debió enfrentarse a las nuevas influencias inglesas y francesas. La oligarquía porteña triunfadora en Caseros forjadora da la nación argentina con un carácter extranjerizante en su visión del mundo, y esto se transmite en el ámbito universitario. En este sentido, Jauretche advierte que el problema posterior no radicó en la tradición colonial, sino en el abandono de esa herencia: “la desviación comenzó cuando la universidad, en vez de formar hombres comprometidos con su pueblo, se entregó al mimetismo con modelos foráneos” (Manual de zonceras argentinas. Buenos Aires: Peña Lillo 1956, p. 75). De allí se desprende que la conciencia nacional, si bien se alimentó de las raíces hispánicas, se vio afectada por la colonización cultural del liberalismo decimonónico. Así, la universidad pasó de ser un espacio de reproducción de la tradición criolla a convertirse en un instrumento de penetración ideológica extranjera. Como lo resume José Luis Romero, “las élites dirigentes argentinas se europeizaron culturalmente al mismo tiempo que dirigían una nación socialmente mestiza, generando un hiato entre el pueblo y sus dirigentes” (Las ideas políticas en Argentina, 1946, p. 122). Este hiato marcó buena parte de la vida política y cultural del país en el siglo XIX y explica, en parte, la tensión permanente entre proyectos nacionales y modelos dependientes.
Es por ello que la cultura hispánica fue clave en nuestra revolución de mayo como lo demuestra Furlong en su libro sobre la Revolución de Mayo en donde nos da una visión en donde el despertar de la conciencia nacional, es guiado por la educación hispánica que formaron los valores de la élite criolla. Esto nos demuestra que la influencia de la cultura hispánica ejerció una influencia determinante en la configuración de los valores y en la conciencia colectiva de las élites criollas.
II
Esto no se agota en el siglo XIX: en el siglo XX, José Vasconcelos recupero este legado al proponer la idea de una “raza cósmica”, síntesis superadora que unía la tradición ibérica con la experiencia americana. Para él, la universidad debía retomar esa vocación originaria de formar ciudadanos conscientes de su misión histórica en la unidad cultural latinoamericano. Para Vasconcelos la herencia hispánica constituye el fundamento principal de que América Latina tiene una misión histórica que es dar origen a una nueva civilización que pueda superar las divisiones raciales y culturales y heredadas del pasado. El aporte de este autor es clave porque nos marca que la formación de nuestras élites no debe limitarse al ámbito local sino que tiene que tendría que contribuir a la conformación de un proyecto continental salir de la idea de patria chica y contribuir a la construcción de una patria grande hispanoamericana. En esta perspectiva se puede ver una línea de continuidad con Furlong aunque con una proyección a nivel continental. Si para Furlong la universidad colonial fue el semillero de la independencia, Vasconcelos la concibe como el instrumento de una integración futura.
Entonces, esta visión de Vasconcelos también dialoga con la visión de Frank Tamayo sobre la pedagogía, porque Tamayo en La creación de la pedagogía nacional plantea que la educación debe ser transmisora y forjadora de identidad para convertirse en un medio de liberación frente a la entrega cultural. La escuela y la universidad se transformaban en espacios para fortalecer la conciencia nacional, enraizada en la tradición hispánica pero abierta a la diversidad mestiza de la región. Esta mirada coincide con Vasconcelos, quien sostenía que la misión de la educación superior era recuperar la tradición espiritual heredada de España y proyectarla hacia la unidad de Iberoamérica.
Es por ello que la universidad tiene una misión fundamental que es la de formar los valores culturales históricos para formar una identidad propia que luche contra el colonialismo anglosajón. El modelo de pensamiento ingles fue implantado en América a través del colonialismo económico en toda la región cuyo pensamiento se transmitió por medio de la universidad colonizada. Arturo Jauretche criticó cómo la universidad moderna, al adoptar modelos liberales y elitistas importados de Europa y Estados Unidos, se apartó de esa función nacional, dejando de ser un instrumento de soberanía cultural para transformarse en una herramienta de colonización pedagógica.
“El profesor universitario, por más que crea ampararse en el derecho formal de la ‘libertad de cátedra’, no puede ir más allá de los límites asignados a la función institucionalizada por el Estado” (Jauretche, Los profetas del odio y la yapa. Buenos Aires: Peña Lillo 1947, p. 59). Con esto Jauretche nos está diciendo que la universidad es un instrumento del estado para formar conciencia, y para Jauretche la universidad argentina del Siglo XX se transformó en un instrumento de la oligarquía y de los intereses extranjeros, formando profesionales que transmitían los valores económicos y políticos anglosajones ajenos a las necesidades nacionales.
Las universidades son un aparato de formación de conciencia política y cultural es por ello que Jauretche denuncia sus alteraciones en su función nacional, dejando de ser un instrumento de soberanía cultural para transformarse en una herramienta de colonización pedagógica. Después de la Segunda Guerra Mundial, la universidad argentina vivió un proceso de polarización muy fuerte de la mano del gobierno peronista. El movimiento nacional justicialista impulso la democratización del acceso universitario como la gratuidad de 1949, gran parte de los claustros académicos resistieron a la famosa invasión plebeya de estudiantes de obreros. Jauretche describió este fenómeno con crudeza:
[…] la universidad fue el último reducto de las clases privilegiadas, donde se cultivaba un nacionalismo de importación: se hablaba de libertad, pero era la libertad de las oligarquías; se hablaba de ciencia, pero era la ciencia al servicio de la dependencia (p. 141).
En 1955 la crisis llego a su punto máximo. Dirigentes universitarios y sectores estudiantiles participaron activamente en la oposición a Perón, legitimando discursos que justificaron el derrocamiento. Jauretche nos cuenta los sucesos de la siguiente manera, “los mismos que se llenaban la boca con la defensa de la democracia se aliaron con los cañones que bombardearon al pueblo el 16 de junio de 1955” ( p. 152). La universidad, en lugar de convertirse en un espacio de crítica social desde la tradición nacional, se transformó en un aparato de reproducción de intereses anglosajones y antinacionales, favoreciendo la consolidación del bloque de poder que promovió la proscripción del peronismo y la subordinación cultura. Aquí podemos observar los que Forja denuncia sobre el colonialismo cultural, ya que esta organización política realizó una reivindicación de la cultura nacional, lo nacional era clave para comprender nuestra historia y nuestra cultura en común. Forja postula lo siguiente
Debieran ser, a su vez, factores de nuestra defensa y órganos de formación de la cultura de este mundo nuevo, son en cambio, dominadas por las oligarquías, los medios para proliferar juristas, economistas, filósofos y políticos, y toda suerte de justificaciones y auxiliares ilustrados de nuestra impuesta sumisión actual. (“Las Universidades de la oligarquía, La Víspera. Semanario de Orientación Nacional, Buenos Aires, Año 1, Nº 4, 6 de enero de 1945).
Esto deja en claro que hay una colonización pedagógica y Forja va a denunciar este suceso como un problema grave para el futuro de la nación; tal como lo muestra el sociólogo Aritz Recalde en la siguiente cita “La Universidad será examinada por los forjitas como parte de la superestructura cultural de la Colonización pedagógica. Los autores consideran que las instituciones educativas, incluida la Universidad, conforman instrumentos de sometimiento al servicio de las clases dominantes”. (La Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA) y la universidad)
Esta idea de la colonización pedagógica será la punta de lanza de los forjistas para visualizar la necesidad de que sin un pensamiento propio no tenemos nación ni futuro próspero y todo lo que nos enseñaron es falso e ilusorio tal como lo marca Scalabrini Ortiz “Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran.” (Scalabrini Ortiz, 2001: 7)
Es así como el ámbito universitario se transforma en “trinchera intelectual” en donde la cultura jugo un papel clave en la Revolución fusiladora, donde se legitimaron doctrinas que exaltaban la economía liberal burguesa, la dependencia del crédito extranjero y la subordinación al bloque occidental en el marco de la Guerra Fría. Jauretche denunció con claridad que “los profetas del odio, disfrazados de intelectuales y académicos, fueron los encargados de sembrar la incomprensión entre el pueblo y su propio destino” ( p. 165). De este modo, la universidad se volvió un espacio clave en la batalla cultural que buscaba destruir la experiencia nacional-popular del peronismo. La colonización pedagógica también es tomada por Jorge Aberaldo Ramos en crisis y resurrección de la literatura argentina en donde nos dice que dicha intromisión del pensamiento anglosajón es un proceso mediante el cual las élites intelectuales, formadas en modelos ajenos a la realidad nacional, impusieron una cultura dependiente. Es decir que la colonización pedagógica fue la más sutil y persistente de todas las formas de dominación, pues no se limitó a la economía ni a la política, sino que penetró en la conciencia nacional a través de la escuela y la universidad. “En el viejo orden del patriciado probritánico, la importación de la literatura inglesa o francesa era tan común como la importación de las camisas confeccionadas” (Ramos Jorge Aberaldo, crisis y resurrección de la literatura argentina, 2014, ediciones continente).
Entonces los intelectuales universitarios salían formados como cipayos que reproducían la cultura del imperialismo anglosajón, e intereses anti nacionales. Esto lo lleva a plantear lo siguiente… “a los intelectuales no los educa ni los mantiene la revolución que vendrá solo la vieja clase dominante: tenemos ejemplos próximos y remotos. Yrigoyen apoyo la reforma universitaria pero los intelectuales que se le acercaron se contaban con los dedos de la mano. Ugarte mantuvo distancia, y las conversaciones con Ingenieros no llegaron a nada. Ni hablemos de Perón en ese aspecto” (Ramos Jorge Aberaldo, crisis y resurrección de la literatura argentina, 2014, ediciones continente pág. 86). Con esta observación Ramos nos está mostrando la función social de los intelectuales y sostiene que, mientras las revoluciones políticas o sociales intentaban transformar las estructuras del país, la inteligencia académica permanecía, en su mayoría, subordinada a la vieja clase dominante, que seguía controlando los resortes culturales y educativos. Ramos señala que los movimientos populares el yrigoyenismo primero, el peronismo después no lograron conquistar a la intelectualidad universitaria, este análisis dialoga con Jauretche, quien también había denunciado que “la universidad fue el último reducto de las clases privilegiadas” (Los profetas del odio, 1947, p. 141), y con la idea de colonización pedagógica de Ramos nos decía que “los intelectuales formados bajo una educación extranjerizante no podían comprender ni acompañar los movimientos nacionales, porque habían sido educadas por la visión del enemigo histórico”. Esto nos lleva a la conclusión que la universidad tiene que formar intelectuales con pensamiento propio que ayuden a forjar una unidad de destino como decía Furlong, ya que esa unidad es la nación misma. Es así como cada nación tiene que tener una elite dirigente que represente una identidad nacional para que pueda llevar a delante una construcción cultural, política y económica propia y no extranjerizante. Pensar por nosotros mismos es inevitable si queremos construir una nación libre y soberana. Los pueblos no se construyen sobre ideas abstractas sino que por el contrario se forjan al calor de la cultura que da identidad y un fin común para toda la comunidad. Esta idea de comunidad da un destino en común y la universidad juega un papel clave, ya lo planteo que comprendió la necesidad de unir a los intelectuales con el pueblo, y su idea de una universidad continental apuntaba precisamente a superar el pensamiento anglosajón que destruye a los pueblos hispánicos y así poder construir una intelectualidad que no sea mantenida por las viejas clases dominantes, sino por una revolución cultural propia. Solo con una universidad que forme a nuestras elites en un pensamiento nacional se podrá realizar una revolución nacional llevaría a romper la fábrica de zonceras y poder trazar un horizonte común con esto Furlong cobra gran relevancia ya que proponía que el saber debía orientarse a la construcción de una conciencia nacional.
Conclusión
En estos últimos 50 años de democracia somos testigos de la decadencia cultural y económica de nuestra nación. El neoliberalismo implantado a partir de 1975 con el rodrigazó nos hizo pasar de un modelo industrial de trabajo y producción a un modelo especulativo rentístico en donde solo ganan los grandes banqueros internacionales. Al romper este esquema de ISI la nación vivió entre 1976 y 2001 una inflación no menor al 100% anual esto alcanzo para romper la cultura de nuestra nación llevo al aumento de la pobreza y la degradación de la educación pública, como consecuencia se bajó el debate político y con ello esta democracia queda herida de muerte dejando paso en los años 1990 a los “políticos profesionales”. Esta crisis nacional constante dejo a los sectores populares aguantando las políticas más crueles y triviales que tengamos memoria. Las largas crisis económicas llevaron a la destrucción del moviendo obrero y deja al partido de nacional justicialista sin tarea histórica. La suerte está echada porque lanza al movimiento obrero y al pensamiento nacional hacia una diáspora complicada de arreglar sin un compromiso político serio. Porque necesitamos una política de estado que restablezca los lazos comunitarios entre los argentinos como decía el General Perón “nadie se realiza en una comunidad que no se realiza” y por ello es clave pensar una salía nacional sin ello esto no tiene futuro, solo nos quedara aguantar más de lo mismo políticas de ajuste y más ajuste hasta la desaparición de nuestra amada patria. Somos testigos de un nuevo modelo de ajuste en donde la clase dominante argentina lo tolera y lo financia pagando con ello un alto precio pero ellos creen que se están jugando la batalla decisiva y que es el precio de la transformación requerida para estabilizar a la republica argentina de una manera reaccionaria y a veces muy estúpida. Mientras que el campo nacional y popular está mirando esto con absoluta pasividad cayendo en internismos sin sentidos, mientras todo esto pasa nuestra patria es vendida y desmembrada una vez más. Es por ello que formar elites nacionales es clave para el futuro de una nación que pretenda pelear por su soberanía y no ser un mero apéndice de los Estados Unidos ni de la República Popular China, volver a la famosa tercera posición del general Perón es indispensable si queremos volver a ser una nación y tener un objetivo común.
Imagen de portada. Fuente: Revista Sudestada.
Bibliografía
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- Vasconcelos, J. (1925). La raza cósmica: misión de la raza iberoamericana.
Madrid: Agencia Mundial de Librería.
