¿El próximo presidente francés será peronista?
En abril de 2027, Francia va a elegir a su nuevo presidente para los próximos cinco años. Esta elección ya está llamada a ser una de las más importantes que vivirá la séptima potencia del mundo, desde hace varias décadas, y resulta que en este contexto de crisis política y de incertidumbre mundial, uno de los candidatos favoritos es un peronista.
Cuando Emmanuel Macron llego al poder en 2017, presentándose a las elecciones con un nuevo partido llamado “En marche”, se rompió el clásico bipartidismo francés entre la izquierda y la derecha que había ordenado el sistema político y electoral, desde por lo menos el fin de la Segunda Guerra Mundial. El de ahora es un escenario con tres grandes bloques relativamente equivalentes que ordenan la vida política francesa (con todos los problemas que esto implica en la búsqueda de mayoría y de gobernabilidad). El primer bloque es, obviamente, el presidencial que representa el “centro derecha liberal”, en el cual compiten dos exprimeros ministros de Macron (Gabriel Attal y Édouard Philippe) para ser su representante en las elecciones de abril. Luego, el bloque de extrema derecha, encarnado por Marine Le Pen y, por último, el bloque de izquierda, liderado por Jean-Luc Mélenchon.
Este último, líder del movimiento “La France Insoumise” (Francia Insumisa en castellano), reivindica ser un hombre de izquierda radical (le agrega la palabra “radical” para diferenciarse de la izquierda socialdemócrata que tuvo el poder y decepcionó a sus electores entre 2012-2017), pero no hay que interpretarlo con los esquemas de análisis argentinos, o por lo menos no copiando y pegando sin filtros estos últimos para entender la política francesa. Este error llevaría por ejemplo a pensar que los aliados políticos de Mélenchon son, en Argentina, figuras como Myriam Bregman o su partido PTS (Partido de los Trabajadores Socialistas), cuando en realidad identificar a los compañeros ideológicos sudamericanos del hombre francés de 75 años es bastante fácil gracias a sus múltiples encuentros, declaraciones y al análisis de sus conceptos políticos durante los últimos 25 años de su vida política. Para nombrar solo los más relevantes, tenemos a Evo Morales, Lula, Gustavo Petro, Hugo Chávez y, como lo pueden anticipar, en Argentina, Cristina Kirchner. (Podríamos agregar como argumento suplementario que, en junio de 2026, cuando Myriam Bregman visitó a organizaciones políticas en Francia, vino a apoyar el partido de extrema izquierda “Révolution permanente”, aliados reivindicados del FIT-U, y no “La France Insoumise” de Mélenchon.)
Existe un detalle que no es menor en este análisis : Francia carece de un movimiento histórico que ordene, a favor o en contra, su vida política desde hace casi 80 años, como lo es el peronismo en Argentina, entonces la posición de las izquierdas no pueden leerse de la misma manera que en el país galo (recordemos que la división histórica “izquierda-derecha” tiene un peso particularmente importante en Francia, ya que viene de la Revolución francesa, cuando en 1789 durante la Asamblea Constituyente, los realistas y conservadores se sentaban a la derecha de la asamblea y los republicanos y progresistas a la izquierda de esta.)
El último término que puede generar incomprensión y seguramente ser el más polémico o debatible de este artículo es “peronismo”. No pretendo dar aquí una definición profunda, precisa y completa de este movimiento histórico argentino (si es que alguna vez se pudiera). Lo que entenderemos en estas líneas como “peronismo” es más bien una visión jauretcheana, es decir que no limita o toma como fecha de nacimiento el 17 de octubre de 1945, sino que interpreta al peronismo como la continuidad del movimiento nacional y popular, que parte desde principios del siglo XIX con los federales, pasando por Juan Manuel de Rosas, reviviendo en el radicalismo yrigoyenista, resistiendo durante la Década Infame con los forjistas y llegando hasta su forma contemporánea, el movimiento peronista.
Mélenchon y el peronismo
La France Insoumise es ante todo un movimiento. El concepto de “movimiento” implica toda una manera de pensar, organizar y hacer la política, lo cual es el principal y primer argumento que acerca a Jean-Luc Mélenchon al peronismo. Este lo teoriza, lo argumenta y lo reivindica como una fuerza y una estrategia. Su partido político (que lleva el mismo nombre que el movimiento) solo es un medio indispensable para las elecciones. No hay por ejemplo campañas de comunicación para afiliarse y pagar una cuota al partido, como lo pueden hacer los partidos tradicionales. Toda la energía y la fuerza militante está puesta en la idea del movimiento. Este abarca a los sindicatos, asociaciones, movimientos sociales y organizaciones políticas de izquierda, extrema izquierda, ecologistas, antirracistas, etc…
Desde 2017, y lo volvió a reafirmar hace unos meses, el líder de la izquierda francesa explica que su movimiento “no tiene cuadro analítico común, ni doctrina, ni dogma”[1], lo único que une a sus miembros es el programa, que fija la línea política, y no es un problema que haya diferentes maneras de pensar en su seno. Esto es un punto que se hace eco del análisis de Arturo Jauretche sobre la línea política yrigoyenista. El pensador argentino y miembro de FORJA afirmaba que Yrigoyen carecía de doctrina, pero sin dar a entender que era una debilidad, sino lo contrario: es una posición en la cual la acción política no se limita en términos ideológicos, el país se piensa y se gobierna en función de los intereses del pueblo y de la nación.
Esta filosofía es totalmente aplicable al análisis del peronismo y hablar de “doctrina peronista” no es en sí mismo contradictorio, ya que esta es suficientemente amplia en sus principios para abarcar diferentes ideas o pensamientos políticos (y la mejor prueba es constatar que políticos de referencias tan diferentes como Carlos Menem y Cristina Kirchner son ambos considerados como peronistas).
“Me interesa que exista un movimiento que sea, diremos, multifacético, que tenga todas las facetas que un movimiento debe tener. Nosotros somos un movimiento de izquierda. Pero la izquierda que propugnamos es una izquierda justicialista por sobre todas las cosas; no es una izquierda comunista ni anárquica.” Juan Domingo Perón[2]
Otro punto importante que permite comparar objetivamente al peronismo y al movimiento de Mélenchon es el nacionalismo. Hasta hace unos años el nacionalismo era casi un insulto o una mala palabra para la izquierda francesa, y solo lo reivindicaba la derecha y la extrema derecha. En la práctica, la bandera y el himno nacional, en contextos políticos, eran ligados a los sectores conservadores y mayoritariamente ausentes de los espacios de izquierda. Un cambio estratégico que tomó Mélenchon progresivamente en estos últimos 10 años y que hoy se nota claramente al comienzo de su campaña presidencial. En todos sus meetings se ven banderas de Francia y se canta el himno. Lo cual estaba lejos de ser evidente hasta hace poco.
La retórica y los discursos del candidato que se presenta por cuarta vez a la presidencia francesa respaldan el uso de estos símbolos nacionales y expresan un proyecto nacionalista. En junio pasado, en el meeting de lanzamiento de campaña de La France Insoumise, las 26 000 personas presentes cantaron la frase “on est chez nous” (“Estamos en casa”), un eslogan histórico de los movimientos de extrema derecha, revertido en un canto que no excluye a los extranjeros y los “no blancos”, sino lo opuesto, reivindicando que “nosotros”, hijos de la inmigración y todo el pueblo en su diversidad, este país es nuestra casa.
Mientras que la extrema derecha utiliza el nacionalismo en su faceta más tradicional de los países coloniales o imperiales, es decir un nacionalismo cerrado sobre sí mismo, xenófobo y de exclusión con todo lo que viene del exterior, el nacionalismo de Mélenchon vuelve a los principios de la Revolución francesa y se acerca al nacionalismo decolonial y soberano de los países colonizados, que siguen directa o indirectamente sometidos a las grandes potencias imperiales. En Francia, es un concepto del nacionalismo que aparece como nuevo y disruptivo frente al nacionalismo clásico de la ultraderecha.
Este nacionalismo de inclusión se acompaña a la vez de reivindicaciones de soberanía; entre las más importantes, Mélenchon propone salir de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), un acuerdo militar de 32 países occidentales liderado por Estados Unidos. Una postura que recuerda mucho a la soberanía y la neutralidad frente a los imperios defendida por el Yrigoyenismo, los forjistas y luego Juan Domingo Perón.
El peronismo y el movimiento La France Insoumise comparten además la etiqueta de “populismo”. Lejos de pensarlo como un insulto, es interesante analizarlo con el trabajo de Ernesto Laclau (politólogo y filósofo argentino) y Chantal Mouffe (politóloga y filósofa belga). Juntos desarrollaron definiciones del populismo que podríamos resumir brevemente como “una manera de construir lo político”, es decir que no es una ideología, ni un régimen, ni un programa. El principio básico del populismo aquí es que este replantea la frontera política entre el “nosotros” (generalmente llamado “pueblo”) y el “ellos” (la “élite” o “casta”). Dentro de este cuadro analítico propuesto por Mouffe y Laclau, existen dos grandes variables. Primero, el populismo de izquierda, que es el que defiende y promueve esta pareja belga-argentina, en el cual Mélenchon y sus aliados latinoamericanos (ya citados precedentemente) entran perfectamente. Y segundo, el populismo de derecha encarnado por figuras como Trump, Le Pen y Milei. Estas dos variables, si bien ambas surgen en momentos de crisis del sistema político tradicional y se analizan bajo el término de populismo, son totalmente opuestas en sus desarrollos políticos y no se pueden comparar como ideologías similares o compatibles entre sí.
Para concluir, obviamente el peronismo es un fenómeno nacional y propio de Argentina; por lo tanto, no es un modelo que se pueda exportar y aplicar al pie de la letra en otro país (imaginando que alguien llegue a fijar un modelo único y estable de lo que definimos como peronismo). Pero sí, tomando en cuenta el contexto y las particularidades de cada país, podemos por ejemplo analizar la geopolítica o la política francesa con una mirada propia y con criterios argentinos. En el caso de Mélenchon, él nunca se va a reivindicar ni definir como peronista porque esto no tendría sentido en el contexto francés, pero los argentinos sí pueden analizarlo y comprenderlo como tal.
Y si hace falta una anécdota más para sumar a esta reflexión general, notemos que Mélenchon elije (seguramente sin saberlo, lo cual alimenta la mística) para su eslogan de campaña hasta octubre 2026, “La Nouvelle France” (La nueva Francia), una frase que suena muy parecida a lo que se lee en mayúsculas en la quinta y la duodécima de las 20 verdades peronistas, la “NUEVA ARGENTINA”[3].
[1] Hors-Série. (2026, 10 abril). La France insoumise face au capitalisme . YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=i7I2jGy7AZc
[2] Pigna, F. (s. d.). Juan Domingo Perón sobre la ideología del movimiento. El Historiador. https://elhistoriador.com.ar/juan-domingo-peron-sobre-la-ideologia-del-movimiento/
[3] Pigna, F. (2026, 5 de octubre). Movimiento Peronista (Consejo Superior) – Las 20 verdades peronistas. El Historiador. https://elhistoriador.com.ar/movimiento-peronista-consejo-superior-las-20-verdades-peronistas/
