Fermín Chávez, un matrero consagrado a la Resistencia (1976-1983)

Julián Otal Landi

En lo que respecta a los setenta, Chávez relega el trabajo vinculado a la Historia para profundizar su veta ensayística que había inaugurado, como hemos mencionado, en 1955 con “Civilización y barbarie”. En 1977, publicaba para la editorial nacionalista Theoria “Historicismo e iluminismo en la cultura argentina”. Como continuación de su problemática iniciada en “Civilización y barbarie”, Chávez entiende que la clave de nuestra crisis originaria radicaba en lo diagnosticado por Domingo Faustino Sarmiento en 1845 en su panfleto político antirrosista “Facundo, civilización y barbarie”. Más allá del contexto de censura y represión, relevando la producción de Chávez se entiende que anida en nuestra cultura un nudo giordano que es necesario cortar de cualquier manera y por eso profundiza esta vertiente vinculado al ensayo histórico cultural.

En Historicismo e iluminismo… plantea la idea central que rodearía sus siguientes producciones: la búsqueda necesaria de una epistemología para la periferia.

“Desde 1956, año en que publicamos un libro polémico sobre el falso eje en que se mueve la cultura argentina al compás del iluminismo, venimos reflexionando sobre la necesidad de formular, orgánica y metódicamente, una redefinición de conceptos referentes a todo nuestro proceso cultural en función de autoconciencia y liberación” 

Más adelante, asevera

“Todo lo dicho apunta a fundamentar la necesidad de una aproximación conceptual en torno a un nuevo eje cultural que no sea la ideología de la dependencia, en sus distintos matices, puesto que hoy el sistema central de poder exporta hacia la periferia no un ingrediente único. Quien dice hoy imperialismo dice ideología liberal y dominio tecnocrático. El nuevo eje propuesto comienza a funcionar desde el momento en que nos escindimos ideológicamente de sistemas centrales actualmente en armónico conubium”.

Existe, entonces, una preocupación imperiosa que coincidía también con el diagnostico propugnado por Perón en su testamento político, en suma a la sensación de sattelzeit  que comienza a impregnar las producciones dentro de las ciencias sociales en Occidente[1]. “Historicismo e iluminismo en la Cultura Argentina” fue presentado en julio de 1977 en la Fundación Salvatori, con la participación de José María Rosa como orador inicial.

En 1978 publicaba para la revista Megafón dirigida por Graciela Maturo, “¿Qué es el historicismo?” a los efectos de continuar con el esclarecimiento propuesto en su libro, abordando a dicha corriente como reacción o contracara del iluminismo (racionalismo):

“¿Qué es el historicismo? Se puede decir que es la corriente filosófica y la metodología que exigen comprender y juzgar hechos, pueblos y épocas del pasado de acuerdo con sus condiciones históricas particulares, es decir, con exclusión de toda generalización racional de los mismos”

De este modo, el anclaje entre la noción de periferia y la recuperación del método historicista responde a la necesidad de relegar la universalización del conocimiento con el objeto de construir una autoconciencia.

 Aportes históricos culturales para Clarín y Crisis

Sus aportes históricos se concentran en las colaboraciones para el suplemento cultural de Clarín[2], sobre todo en lo que respecta al primer año del golpe cívico militar. Hasta la llegada del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, las colaboraciones de Chávez en el suplemento de Cultura de Clarín mantienen cierta regularidad compartiendo artículos de historia y cultura popular. De hecho, hasta 1977 se puede apreciar una continuidad en la línea editorial que venía sosteniendo Clarín desde la década de 1969 denotando un perfil integracionista que lo hacía recordar a la revista Todo es Historia aunque abordando diversos campos de la cultura. En ese sentido, era común encontrarse no sólo con artículos de revisionistas como Chávez, José María Rosa o Luis Soler Cañas (quien además protagonizaba las reseñas de libros) junto a trabajadores de la cultura popular identificados con el peronismo como Julia Prilutzky Farny, León Benarós, María Granata, Eduardo Romano y Cesar Tiempo; académicos e intelectuales de diversas expresiones ideológicas como María Sáenz Quesada, Luis Alberto Romero, Enrique De Gandía, y León Pomer. De forma paulatina, el perfil del suplemento adquiere un enfoque más atento a las nuevas tendencias culturales e incluso el staff comenzó a centrar un perfil más socialdemócrata con las colaboraciones recurrentes de Beatriz Sarlo y entrevistas a especialistas y figuras destacadas a cargo de Maria Sáenz Quesada, Any Ventura y Orlando Barone. En cuanto a los aportes estilísticos de Fermín Chávez se puede apreciar una persistencia de la temática y del enfoque que encuentra suma coincidencia con sus intervenciones iniciales en los tiempos del denominado “primer peronismo” en el suplemento cultural de La Prensa, en Histonium o Cultura, así como también en el semanario nacionalista Dinámica Social, y tal como solían ser sus aportes durante los setenta para la revista Crisis, dirigida por Eduardo Galeano.

En agosto de 1976 publicaba

 “San Martín: <<apurar la democracia para llevar a cabo las grandes empresas>>”: la edición homenaje al aniversario del fallecimiento del Libertador José de San Martín, su compañero Luis Soler Cañas escribía “San Martín y la independencia cultural de los Pueblos”, como su título lo indicaba, el revisionista destacaba la preocupación de San Martín por liberar al hombre de la ignorancia y “facilitarle medios para afianzar su cultura”. Fermín Chávez, en tanto, ponía el foco sobre la labor política de San Martín buscando destacar (en pleno auge de la dictadura) a un San Martin preocupado por la participación popular y por llevar a cabo una política proteccionista y soberana.

 En febrero de 1977 publicaba (después de muchos años) un cuento llamado “El Chumbiao de la costa del Moreira” (remitiéndose a una historieta que salió en Clarín entre 1967 y 1971 con guión del propio Chávez e ilustraciones a cargo de Juan Arancio[3]) Se refería a Gerónimo Romero, hombre del caudillo Ricardo López Jordan, que fuera protagonista de numerosos relatos confundiéndose entre la leyenda y la historia.

En marzo de 1977 participaba de un “dossier” dedicado a Juan Manuel de Rosas, a 100 años de su muerte, donde también escribieron José María Rosa, Alejandro Martel, Cesar Belsunse, María Granata, Luis Franco y Abelardo Castillo. Allí Fermín Chávez escribía sobre los enemigos externos de Rosas, cuyo subtítulo era “Rosas y la soberanía nacional”. Nuevamente, Chávez recurría a la Historia para visibilizar una acción política que estaba en las antípodas del gobierno dictatorial.

 A fines de marzo de ese mismo año, publicaba “Las primeras letras del periodismo argentino”.

A propósito de los 176 años de la aparición de El Telégrafo Mercantil. Más allá de que sea concebido como una simple recensión donde Chávez destacaba las características de aquel primero periódico rioplatense, el énfasis final del articulo breve giraba en la clausura producto de una decisión autoritaria del Virrey para luego dar cuenta del derrotero del responsable del Telégrafo Mercantil.

Con respecto a la revista Crisis, permanece colaborando hasta el cierre definitivo de la misma. En la sección Carnet de la edición correspondiente a marzo de 1976, recopilaba testimonios y fragmentos vinculados a Malvinas; en la edición de mayo escribía (a 100 años del debate histórico) “Proteccionistas y librecambistas”: en un jugoso artículo (y con titulo hermoso por carga de sentido), Fermín Chávez reunía fragmentos del debate registrado en la Cámara de Diputados al discutirse la Ley de Aduanas de 1877. Con una actualidad que evidenciaba la persistencia de una lucha histórica entre dos proyectos de nación que aún no estaba resuelta, Chávez recuperaba por ejemplo un fragmento del alegato de Carlos Pellegrini:

“Se me dice: por regla general, cuanto mayor introducción existe, tanto mas movimiento comercial, tanto más desarrollo de la riqueza hay, diré: es cierto, pero este aumento de importación no en todo tiempo es necesario y conveniente.

“(…) Una ley que en este momento viniera a dar incentivo a la importación, que viniera a aumentar, tal vez ficticiamente, la importación, y hacer que nuestro comercio incurra en los mismos errores en que han incurrido, y de que tanto hemos sufrido, esa ley vendría a ser perjudicial”[4].

En dicho numero, además, proyectaba una semblanza dedicada a su maestro Leonardo Castellani. Finalmente en junio escribía en su última colaboración para la revista sobre el bicentenario de la fundación del virreinato del Rio de la Plata. Crisis cerraría a los dos meses, cuando celebraba el numero 40 (agosto 1976). Precisamente, en dicho numero anunciaba la última colaboración de Chavez para los famosos Cuadernos de Crisis: si anteriormente había desarrollado una semblanza de El Chacho, en este numero 29, desarrollaba sobre La Confederación. Un proyecto nacional olvidado. Aquel potente trabajo de Chávez que buscaba recuperar la trunca experiencia de la confederación después de Rosas. Casi como una burla histórica, propia del corsi e ricorsi nacional, el triunfo liberal que daría por tierra aquel proyecto podía apreciarse nuevamente (con distintos móviles, pero mismos propósitos) en marzo de 1976.

Un matrero entrerriano en la transición

La vorágine del tiempo no podía dar la relevancia que merecía aquel regreso de Juan Domingo Peron asi como tampoco pudo adquirir el valor que merecía su testamento político titulado “Modelo Argentino” siendo finalmente reeditado por el propio Fermín Chávez en 1981 a través de El Cid Editor (aunque previamente lo había editado de manera artesanal a través de su emprendimiento semiclandestino llamado “Pueblo Entero”, en octubre de 1980). La labor de Fermín Chávez durante este proceso oscuro de nuestra Historia se tiene que leer en clave de repliegue (desensillar hasta que aclare) y luego una avanzada prolífica desarrollada en tiempos de flexibilización del régimen militar que permitían ciertas publicaciones de expresiones partidarias, (aunque controladas y siempre bajo el peligro de clausuras y reprimendas). En las postrimerías de la recuperación de la democracia, se lo puede observar a un Fermín Chávez comprometido por mantener y difundir el testamento político del ultimo Perón ante las intentonas externas e internas que promovían la domesticación del peronismo, como movimiento político y social herético. Las producciones históricas, asi como también sus poesías clandestinas como su proyección ensayística están intrínsecamente ligadas al futuro del movimiento nacional bajo una ferviente misiva por sostener una memoria histórica que entraría en crisis con el triunfo de Raúl Alfonsín en 1983.


Imagen suministrada por Julián Otal Landi: Fermín Chávez en una entrevista para la revista Sol, Septiembre de 1980.

[1] Mascareño, Aldo. “Sattelzeite y transición. Fundamentos estructurales y semánticos de la modernidad en América Latina” en 8va Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, Buenos Aires, 2018.

[2] El autor agradece a Marcos Mele por facilitar dichos suplementos para su consulta.

[3] Alabart, Mónica, gauchos, montoneras y caudillos: una interpretación a través de la historieta El Chumbiao, de Fermín Chávez y Juan Arancio, en Folia Histórica del Nordeste, Nº 24, Resistencia, Chaco, Diciembre 2015, CONICET/UNNE.

[4] Chavez, Fermin. “¿Quién nos mete a modificar costumbres?” en Crisis. Nro. 37. Mayo de 1976.

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