“Señalemos por ahora que cada vez que reaparece la Patria Grande es porque se produce, como en 1916 y 1946, la coincidencia de Ejército y Pueblo y el consiguiente restablecimiento de una Política Nacional. La Patria Chica sólo subsiste, por su enfrentamiento, que es lo que ha buscado siempre y busca en los actuales momentos, estimulando el revanchismo de unos y otros para hacer imposible el diálogo del interés argentino.”
Arturo Jauretche, Ejército y política.
- Introducción
Hacia fines del siglo XIX, Argentina había logrado dejar atrás un cruento y largo período de guerras civiles y enconadas luchas fratricidas. Alcanzada la unidad política hacia 1880, el país había consolidado su inserción al mercado mundial como una economía de claro perfil agroexportador, proveedora de materias primas y alimentos, y receptora de productos manufacturados. De la mano de los capitales británicos, se había financiado e instalado en el país el tendido de una red ferroviaria que, lejos de estar pensada para el desarrollo integral y productivo de nuestro territorio, buscaba, a través de la unidireccionalidad de su trazado hacia el puerto de Buenos Aires, consolidar la dependencia de nuestra economía al modelo agroexportador obstaculizando cualquier intento de industrialización. Hacia el centenario de la patria, la frase “más rico que un argentino” se oía con frecuencia en la París de aquellos años, al tiempo que un médico y abogado catalán llamado Bialet Massé, de este lado del mar, daba cuenta en un célebre informe de las deplorables condiciones de vida de la clase trabajadora argentina.
Eran las contradicciones de una Argentina profundamente dependiente, cuya prosperidad económica descansaba en las bondades de un modelo agroexportador que sólo usufructuaban unos pocos y que, más temprano que tarde, comenzaría a mostrar signos de agotamiento. La primera guerra mundial pondría en tensión sus pilares fundamentales, dando lugar a un tímido desarrollo industrial, pero años más tarde serían los límites productivos de la pampa húmeda, la tendencia al deterioro en los términos del intercambio y la crisis de 1929 los golpes de gracia que terminarían por poner en crisis aquel modelo.
Si durante el primer cuarto de siglo XIX el país había conquistado su independencia política de la mano de la gesta emancipadora encabezada por San Martín, iniciado el siglo XX exhibía una inusitada subordinación de su economía hacia capital extranjero. Esta soberanía inconclusa rozó las fibras de un grupo de militares que se abocaron durante las décadas del 20, 30 y 40, no sólo a diagnosticar los sinsentidos de una economía extraviada y al servicio del interés extranjero, sino también a diagramar una estrategia de defensa nacional que necesariamente los condujo hacia una política de desarrollo industrial, que terminaría materializándose durante el gobierno peronista.
El presente trabajo tiene como objetivo analizar el surgimiento y desarrollo del pensamiento industrialista en el seno de aquellas Fuerzas Armadas durante la primera mitad del siglo XX, en el contexto de la crisis del modelo agroexportador y la persistente dependencia económica del país. A partir de una reconstrucción histórica que vincula los antecedentes de las guerras de independencia con la primera mitad del siglo XX, se busca demostrar cómo determinados sectores del pensamiento militar concibieron la industrialización como condición necesaria para la defensa nacional y la consolidación de una soberanía efectiva.
Para llevar adelante nuestro propósito, estructuraremos el trabajo en tres capítulos. En el primero de ellos, indagaremos en las raíces históricas de nuestras guerras de independencia, para señalar la estrecha relación que ya entonces existía entre defensa nacional y producción militar manufacturera. En el segundo de ellos, nos adentraremos en el fenómeno de la dependencia económica del país de principios de siglo XX, trayendo a colación una conferencia dictada en 1925 por el coronel Luis Vicat, señalando la preocupación que existía en aquellos años hacia el interior de nuestras Fuerzas Armadas por la profundización de la dependencia estructural del país al capital extranjero. Finalmente, en el tercer capítulo, nos abocaremos a destacar el pensamiento de figuras trascendentales de ese grupo de intelectuales militares[1] que, durante la primera mitad del siglo XX, contribuyeron con su prédica a favor del control de los recursos estratégicos y un despliegue industrial autónomo a que las Fuerzas Armadas se conviertan en un verdadero agente modernizador de nuestro desarrollo.
Con esa hoja de ruta en mente, iniciemos, ahora sí, nuestro camino.
- Raíces históricas de la relación entre defensa e industria
El rechazo de las invasiones inglesas de 1806 y 1807 son el hecho histórico fundacional de nuestro ejército. Sus orígenes constitutivos dan cuenta de una innegable pulsión anticolonialista. Esta misma impronta se profundizará años después en las batallas de nuestras guerras de independencia libradas hacia principios del siglo XIX, donde podemos encontrar un precedente histórico en el cual se comenzará a entretejer esa vital correspondencia entre una política de defensa nacional y un proceso de producción militar manufacturero.
La heroica gesta emancipadora llevada adelante por el general José de San Martín es uno de los testimonios en este sentido. Es que el mundo militar y el mundo político, dos ámbitos no siempre fáciles de conciliar, encontraron en aquel general la síntesis que el momento histórico y las horas extraordinarias que se estaban viviendo requerían. Las dificultades para avanzar en la zona del Alto Perú y una serie de exitosas contraofensivas realistas fueron las que obligaron a San Martín a repensar su estrategia. Tras renunciar como comandante del Ejército del Norte, asumirá como gobernador de Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) e instalará allí su cuartel general, con talleres de artillería, almacenes de acopio de alimentos, fábricas de pólvora y campos de entrenamiento. Nótese la complejidad de la empresa. Jorge Abelardo Ramos señalará al respecto
En ese momento San Martín echa las bases de la industria metalúrgica y siderúrgica en la Argentina, con la invalorable ayuda de Fray Luis Beltrán. Primitiva como era, y nacida de la improvisación de la guerra, señala la primera intervención militar en la construcción de la industria pesada. Quede aquí establecido otro elemento capital en la historia del Ejército: fundador de industrias básicas, el liberalismo revolucionario de su jefe supremo nada tenía que ver con el liberalismo económico de la oligarquía porteña. Popular, nacionalista e industrialista, tal era el Ejército de San Martín. (Ramos, 1968, p. 26)
San Martín, que había sido condecorado en las batallas que había librado contra las fuerzas napoleónicas en Europa, trazaría, con notable capacidad, un plan transcordillerano para expulsar a las fuerzas realistas que buscaban perpetuar el dominio español en el continente americano. Cabe destacar que la conformación del Ejército de los Andes y la gesta sanmartiniana trajeron consigo una logística de dimensiones inimaginables en aquel entonces, una verdadera movilización industrial, donde la grandeza del propósito perseguido se convertiría en el sostén para no abandonar la campaña emancipadora. Piñeiro Iñígez, en este sentido, narra los distintos oficios que desempeñaban los hombres que acompañaron a San Martín en su cruzada de proporciones continentales.
Fray Luis Beltrán, formado por el matemático, físico y mecánico Benito Gómez, actuó para San Martín como pirotécnico, relojero, ebanista, fundidor, armero, arquitecto y herrero. Otros personajes […] como el “memorioso” Álvarez Condarco que, en realidad, era ingeniero; como Dámasco Herrera, que era mecánico; como el molinero Tejada, que era en verdad un inventor de iniciativa múltiple. […] Y más interesante aún resulta el hecho de que esas iniciativas puestas en marcha en función de objetivos militares pronto se transformaron en base para un desarrollo industrial manufacturero en la región cuyana (Piñeiro Iñígez, 2010, p. 280)
Brazo armado de la revolución americana, el ejército de San Martín cruzará la cordillera de los Andes y, tras darle la espalda a las pretensiones fratricidas de Buenos Aires que reclamaba el aplastamiento de los levantamientos montoneros, sellará el destino de la revolución americana con la liberación de Chile y Perú.
De esta forma, aquellas guerras de la independencia llevadas adelante con gran astucia política y destreza militar por San Martín se constituirán en un antecedente histórico de vital importancia que pondrá de manifiesto, en los orígenes históricos de nuestra nacionalidad, la íntima relación existente entre la capacidad de controlar los recursos estratégicos de una nación y la preservación de la soberanía nacional.
- Dependencia económica y vulnerabilidad estratégica
Ya entrado el siglo XX, en el año del Centenario de la patria, el país se encontraba naturalmente en otra etapa histórica. El auge del modelo agroexportador le había permitido a la Argentina alcanzar una prosperidad económica, consolidando de esta manera una matriz productiva anclada en la dependencia con el extranjero y el primitivismo agropecuario. Poco a poco, el país, reducido al rol de granja proveedora de materias primas, cederá el control de los principales resortes de gestión económica como bancos, flota mercante, puertos, seguros y ferrocarriles, al capital extranjero, ante todo británico.
En este marco, el problema de la dependencia económica será analizado tempranamente el 17 de julio de 1925 por el coronel Luis Vicat, en una conferencia leída en el Círculo Militar de Buenos Aires. Temprano propulsor de la explotación minera, vale la pena destacar alguno de los pasajes de su disertación
Nuestra agricultura y nuestra ganadería están aún muy lejos de haber dicho su última palabra. No solamente aumentarán la cantidad de sus productos, sino que mejorarán su calidad y se cosecharán muchos productos nuevos, algunos todavía insospechados. Eso aumentará, es cierto, nuestra riqueza nacional y quizás nuestro bienestar individual y colectivo, pero aumentará también, y en alarmantes proporciones, nuestra actual dependencia económica, financiera e industrial, dependencia que hace que toda nuestra vida nacional, incluso su defensa armada, depende de lo que nos pueda venir del extranjero, ya que todo lo compramos y vendemos fuera de fronteras. (Vicat, 1925, p. 2)
Las secuelas de la primera gran contienda mundial de 1914 – 1918 todavía resonaban en las reflexiones de este coronel. Los estados europeos involucrados en la guerra se habían visto en la necesidad inmediata de volcar todas sus industrias y movilizar a todos sus obreros, cualquiera sea su especialidad, hacia la fabricación de municiones y materiales para la guerra.
¿Y qué podríamos decir nosotros, argentinos, en caso parecido, puesto que no producimos ni hierro, ni carbón, ni muchas otras cosas indispensables? La necesidad de una organización de las industrias nacionales al servicio de las instituciones armadas ha sido reconocida en todas las épocas y por todos los hombres de Estado. (Vicat, 1925, p.3)
Para la elaboración de sus reflexiones, Vicat no partirá de análisis situados al otro lado del mundo o presupuestos ideológicos ajenos a la realidad nacional, sino que, por el contrario, sus consideraciones se encontrarán profundamente arraigadas en hipotéticos escenarios de conflicto situados y estudiados a lo largo y ancho de nuestra geografía nacional. Imaginando un bloqueo de nuestros puertos, se adentrará en un interesante e ingenioso planteo de situaciones, que dejarán en evidencia la falta de preparación e improvisación a la que quedaríamos expuestos como nación, si dichas situaciones se llevasen a la práctica.
Suponiendo que por cualquier razón tuviésemos que soportar el bloqueo efectivo de nuestros puertos, que nuestras rutas fuesen cortadas y que ninguno de nuestros vecinos quiera o se le permita darnos amplio tránsito por su territorio las consecuencias para nosotros serían sencillamente catastróficas. No debemos hacernos ninguna ilusión a ese respecto. Seríamos vencidos sin disparar un solo tiro fuera de los que se habrían necesitado para inmovilizar nuestra escuadra al enfrentarse con un enemigo de fuerza aplastadora; como puede haberlos. Eso se debe a la forma en que hemos dejado que se organice nuestra vida económica: producir materias primas para exportarlas y luego, con su importe, comprar en el extranjero todo lo que necesitamos. (Vicat, 1925, p. 4)
Las alarmas suenan para este coronel que entiende tempranamente la importancia de la planificación estratégica y la contradicción que encarna la subordinación económica y la necesidad de contar con un desarrollo propicio de la defensa nacional. De esta manera, la insensatez y el peligro de una economía subordinada y dependiente de intereses extranjeros quedarán establecidos en las conferencias de este coronel, y lo llevarán a plantear la necesidad de bastarnos a nosotros mismos, a través de la confección de un programa donde la producción militar manufacturera entre en su etapa industrialista.
Es dentro de nosotros mismos que debemos buscar nuestro programa de acción. El modificar nuestro actual modo de producir, de consumir, de comprar y vender no puede convenir a las naciones industriales que, al mismo tiempo que nos tienen como mercado, tratan de independizarse de nuestros productos. Debemos cesar de mendigar nuestro progreso al extranjero puesto que no han de mover ni un dedo para auxiliarnos a desarrollar nuestra minería y sus industrias derivadas, ya que eso va contra su interés. (Vicat, 1925, p. 10)
De esta manera, el llamado a terminar con la dependencia económica e impulsar la expansión del sector industrial, en un contexto histórico donde este último era percibido como un sector innecesario e insuficiente en un país cuya condición natural para el desarrollo, para muchos, parecía estar en su producción agrícola-ganadera, enaltecen aún más las reflexiones de este coronel.
- Defensa nacional e industrialización: hacia un programa de desarrollo autónomo
De esta manera, Vicat se constituirá en uno de los precursores de toda una generación de militares que crecerán bajo la convicción de que el ejército debía erigirse como uno de los protagonistas del desarrollo industrial, ante la debilidad de una burguesía nacional sin conciencia del papel histórico que podía desempeñar como promotora de un capitalismo nativo. Ese lugar que la raquítica burguesía nacional elegirá dejar vacante encontrará en el ejército el punto de apoyo necesario para darle impulso a un programa integral de desarrollo industrial. Tal como sostendrá Ramos
En un país semi-colonial las fuerzas armadas tienden a sustituirse a uno o varios sectores de las clases dominantes, generalmente a aquellas que como la burguesía nacional carecen de suficiente homogeneidad social y autoconciencia como para defender el desarrollo del capitalismo nativo frente a sus adversarios de la oligarquía terrateniente o el imperialismo extranjero (…) Como la historia argentina lo demuestra, el Ejército asumió en varias oportunidades ese papel subrogante (Ramos, 1968, p. 10)
Cabe señalar que la primera mitad del siglo XX estará signada por dos guerras mundiales que daban al mundo militar una relevancia estratégica difícil de evadir. En consecuencia, este grupo de intelectuales militares serán, naturalmente, hijos del tiempo histórico que les tocó vivir. Influenciados por la noción de nación en armas emitida por el mariscal prusiano von der Goltz en 1883, estos militares no pensarán la defensa nacional únicamente en términos militares. Según esta noción, todos los sectores estratégicos de la nación debían estar al servicio de la defensa nacional, cuya planificación no puede quedar en manos de la improvisación. Sin dudas el sector militar será imprescindible, pero también lo serán el sector industrial, el sector económico, el sector científico, el sector sanitario, etc.
Es esta planificación estratégica la que decantará inevitablemente en el diseño de un programa de defensa nacional que priorice el control de los recursos estratégicos de la nación y la industrialización del país. Cabe aclarar que el llamado a una política de defensa nacional no significa en absoluto una predisposición a un conflicto bélico, sino una política de disuasión que puede traducirse en el viejo aforismo romano Si vis pacem, para bellum[2].
De estos pensadores militares, la tríada Mosconi-Baldrich-Savio ocupará un papel destacado, en la cual vamos a poder encontrar una férrea defensa de una política petrolífera de carácter soberano y una prédica a favor de la industria siderúrgica. Señala Piñeiro Iñígez respecto a Mosconi
En un artículo de 1927 titulado “El petróleo y la economía latinoamericana”, sostiene: “los países de Latinoamérica que, como el nuestro, explotan petróleo y no poseen yacimientos carboníferos…comercialmente explotables, deben preservar las fuentes del combustible líquido de toda influencia que no sea eminentemente nacionalista; el combustible constituye la plataforma sobre la que se levantará su futura organización industrial”. (Piñeiro Iñígez, 2010, p. 259)
Otros claros exponentes de esta generación son el brigadier Juan I. San Martín, con sus consideraciones a favor de la promoción del desarrollo de la aeronáutica argentina y la creación de una marina mercante o las reflexiones del general José María Sarobe estimulando la explotación de la riqueza nacional.
Las inquietudes de estos militares no se ceñían únicamente al ámbito económico, sino que muchos incursionaban en el campo de la historia. El profesor de la Escuela Superior de Guerra y capitán de fragata Oca Balda, recuperaba la figura de Carlos Pellegrini, defensor del proteccionismo económico, para contraponerla a la de Juan B Justo, conductor del partido socialista argentino que sostenía una prédica a favor del librecambio.
“El peor enemigo del proteccionismo en la Argentina era, sin duda, el libre cambio inglés, y por ello Pellegrini se preocupó de presentarlo en todos sus aspectos. No debió haber pasado inadvertido a su gran criterio el peligro de las comparaciones simplistas con que acostumbramos a imitar lo que hacen las naciones más adelantadas…Pellegrini luchando contra un ambiente adverso en 10 años montó la máquina administrativa más perfecta que podía concebirse fundada en una política económica moderadamente proteccionista. Juan B. Justo y el socialismo en veinte años de campaña librecambista, con la ventaja de tener a su favor la mayoría interesada del país, solo se ocuparon de destruirla con demagogia irresponsable (Piñeiro Iñígez, 2010, p. 276)
Quizá el nombre más resonante de este grupo de intelectuales militares sea el de Juan Domingo Perón, que incluso antes de llegar al poder, ya contaba con notorios aportes al campo de la historia militar y teoría bélica.
Como se dijo, los trabajos escritos de Perón, ligados a su capacidad y talento para la enseñanza y la exposición oral de temas complejos, le otorgaron el temprano prestigio “intelectual” de que gozaba entre sus pares (otra vez, las comillas, en este caso, para destacar que el término apenas si gozaba de circulación por ese entonces). (Piñeiro Iñígez, 2010, p. 257)
Sin embargo, lo que diferenció a Perón del resto fue su enorme capacidad para liderar una revolución que llevó a la práctica muchas de las transformaciones teorizadas años atrás, lo que llevó a que, sin dudas, su figura adquiriera otra dimensión. De todas maneras, sostenemos que el desarrollo industrial que se atravesó durante el gobierno peronista no puede comprenderse únicamente como el resultado de una coyuntura política y una mente excepcional, sino también como la expresión histórica de un conjunto de ideas que habían madurado durante décadas en numerosos sectores de las Fuerzas Armadas.
La preocupación por la defensa nacional, la industrialización y el control de los recursos estratégicos hunde sus raíces en esa tradición de pensamiento militar, aunque sería Perón quien lograría articular dichas ideas en un proyecto político de masas y traducirlas en una profunda transformación de la realidad nacional.
- Conclusión
En este trabajo hemos intentado dar cuenta del surgimiento y desarrollo del pensamiento industrialista en el seno de nuestras Fuerzas Armadas durante la primera mitad del siglo XX.
A través de la reconstrucción histórica propuesta, hemos visto cómo esa vinculación entre defensa e industria encontró un temprano antecedente histórico en nuestras guerras de independencia, donde la producción militar manufacturera y la organización militar jugaron un papel central para la expulsión de las fuerzas realistas del continente americano.
Para el centenario de la patria, los límites del modelo agroexportador, la inserción dependiente del país al mercado mundial y la creciente dependencia económica al capital extranjero, dejaron en evidencia el grado de vulnerabilidad al que el país se encontraba expuesto.
En las décadas posteriores, las reflexiones de militares como Vicat, Mosconi, Savio y Sarobe, entre otros, tuvieron un papel determinante en el desarrollo de una política de defensa nacional concebida en términos integrales, que derivó inevitablemente en un programa de desarrollo industrial que buscó dejar atrás la dependencia extranjera. En este sentido, el peronismo puede interpretarse como el período histórico en el cual muchas de estas teorizaciones encontraron su traducción política concreta.
Si como sostenía Hernández Arregui, “la lucha por la liberación nacional en las colonias se asocia siempre a la lucha por la industrialización”. (Hernández Arregui, 2004, p. 35), el análisis de este trabajo nos permitió sostener cómo, en determinados momentos históricos, las Fuerzas Armadas no sólo han acompañado esa lucha, sino que se erigieron como sus principales protagonistas.
Lejos de acompañar posiciones que encuentran en la devoción militar la solución a todos nuestros problemas, sí creemos que es necesario dejar atrás los análisis que sostienen que nuestras Fuerzas Armadas fueron, en todo momento y lugar, una institución que siempre ha jugado un papel regresivo e invariablemente reaccionario a lo largo de nuestra historia. Y esperamos que este trabajo sea un aporte más en ese sentido.
Imagen de portada. Fuente: www.red23noticias.com.ar
Bibliografía
Hernández Arregui, La formación de la conciencia nacional, Buenos Aires, Continente, 2004.
Jauretche, Arturo, Ejército y política, Buenos Aires, Corregidor, 2008.
Perón, Juan Domingo, Significado de la defensa nacional desde el punto de vista militar. Cátedra de defensa nacional, La Plata, 1944.
Piñeiro Iñíguez, Carlos, Perón: la construcción de un ideario, Siglo XXI – editora iberoamericana, Buenos Aires, 2010.
Ramos, Jorge Abelardo, Ejército y semi-colonia, Buenos Aires, Sudestada, 1968.
Vicat, Luis, Defensa nacional industrial: Bastarnos a nosotros mismos, Buenos Aires, Círculo Militar, 1925.
[1] La categoría de intelectuales militares será utilizada por Piñeiro Iñígez para referirse a aquella generación de militares que, durante las décadas del 20, 30 y 40 reflexionaron e hicieron notables aportes al estudio de nuestros grandes problemas nacionales.
[2] Si quieres la paz, prepárate para la guerra
