Izquierda y desmalvinización: algunas lecturas. León Rozitchner vs Jorge Abelardo Ramos

Leandro Greca

El 24 de febrero de 1984, Jorge Abelardo Ramos1 envió una carta2 al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas en la cual lamentaba y criticaba la detención y el juzgamiento del cual eran objeto los tres Comandantes que decidieron “la reconquista de las Islas Malvinas” en abril de 1982. Presentándose como historiador y dirigente de un Partido Político “reconocido por la Justicia Federal”, Ramos calificaba como imperdonable el temperamento adoptado por la Justicia Militar en tanto la reconquista de Malvinas “reinstaló a la Argentina en la interrumpida tradición de las guerras de la independencia, nacidas junto con las milicias criollas en 1806”.

Ramos no ocultaba ni desestimaba, en este posicionamiento público, el régimen oprobioso que padecimos los argentinos durante la última Dictadura Militar. Régimen costosísimo en materia humanitaria e impulsor de una política económica regresiva, “cuya única beneficiada fue la oligarquía del puerto de Buenos Aires asociada al extranjero”. En tal sentido, Ramos entendía como lógico detener al conjunto de los Comandantes de la Dictadura, no sólo a los referidos ut supra, “como así también a los ministros, embajadores, y funcionarios gubernamentales que en alto número proporcionaron la mayoría de los partidos políticos, incluso el que actualmente está en el poder, para sostener el mencionado “Proceso””.

Lo que para muchos despertaba estupor, para nuestro autor no podía ser más claro3. La gesta de Malvinas era un motivo de orgullo y – sin que implique una cotradicción flagrante – la Dictadura Militar merecía el “repudio general”. Una reflexión, cara al pensamiento nacional, se imponía en esta esquela presentada por Ramos4: el señalamiento de la desmalvinización con el pretexto del oprobio que se impuso a sangre y fuego el 24 de marzo de 1976. Insistimos en que no queremos restarle dramatismo ni trascendencia al impacto corrosivo, que aún lamentamos los argentinos, producto de un régimen ruinoso cuyo sello distintivo fue el terrorismo de estado. Ahora bien, Malvinas merece otro tipo de tratamiento, un tratamiento diferenciado, y por eso acudimos al pensamiento de Ramos.

En Historia de la Nación Latinoamericana (2012), más precisamente en el capítulo XVII “De Bolívar a las Malvinas”, Ramos ensaya una explicación histórica de fondo sobre el Conflicto del Atlántico (CAS) Sur de 1982. Desde su perspectiva, la reconquista de Malvinas implicó el desbaratamiento de un plan del Reino Unido de Gran Bretaña tendiente a “descolonizar” Malvinas y propiciar un “Estado soberano”5 (p. 421). Estaban empeñados en garantizar su hegemonía en el Atlántico Sur al menor costo posible, deshaciéndose de buena parte de su flota en el entendimiento del lugar que ocupaban, en el concierto internacional, como una potencia en franca retirada. Toda esta operación, por supuesto, no era ajena a las estimaciones geológicas que se hacían, por entonces, en relación a la capacidad petrolera y a las incalculables riquezas ictícolas, de alto valor proteico, en el área en cuestión.

Aquí entendemos, al igual que Ramos y otros autores que revisaremos más adelante, que el Conflicto del Atlántico Sur (en adelante CAS) “exige una dilucidación más profunda que los simples hechos narrados o que una investigación del misterio psicológico de Galtieri” (p.426). El CAS hizo estallar muchos presupuestos que se creyeron adquiridos de una vez y para siempre6. La doctrina de la seguridad nacional, las fronteras ideológicas y el Tratado Interamericano de asistencia y protección recíproca (TIAR) se derrumbaban al mismo tiempo que América Latina y el Tercer Mundo rodeaban de solidaridad a la gesta argentina. Esta evidencia incontrastable en relación a la escala del conflicto, y su gravitación para la causa nacional y latinoamericana, no hizo mella en cierto sector del pensamiento de izquierda y progresista quienes, incluso, percibieron la guerra como “un duelo entre la democracia inglesa y la dictadura argentina” (p. 426).

La genealogía y antecedentes del CAS y el temperamento de la intelligentzia, en torno al particular, fueron también tratados por Ramos en su prólogo a “Honorable Lord Franks. El servicio secreto británico y la guerra de las Malvinas” (1985). Al prologar este informe, que revela el papel que jugó el MI6 en la campaña de desmalvinización de la cual fue objeto nuestro país, Ramos vuelve a enfatizar en lo ridículas que son las versiones cuyas explicaciones del CAS se agotaban en el “manotazo de ahogado” de la Dictadura para revertir su imagen tanto interna como externa. Así es que se propone ofrecer evidencia que demuestran los planes argentinos, en los años previos, para recuperar las Islas y las maniobras dilatorias de los británicos7. No es de extrañar, para Ramos, que este tipo de explicaciones provengan de cierta intelectualidad perezosa, que hace de la autodenigración una bandera, y renuente a dimensionar al CAS en toda su magnitud. Por eso, se encargaba de señalar a estos derrotistas con sus claudicaciones y zonceras8.

En las páginas que siguen a continuación, intentaremos darle continuidad a esta perspectiva trabajada por Ramos. Con más entusiasmo que orden, vamos a enfrentar y relevar lecturas, autores y polémicas que buscaron, por un lado, desestimar la trascendencia del CAS y, por el otro, vamos a valorar a quienes, muchas veces nadando contra la corriente, procuraron defender la Gesta de Malvinas sin por ello rendirle pleitesía a la última Dictadura Militar. Con la certeza de que no seremos exhaustivos, vamos a enfatizar en este relevamiento a pensadores o autores considerados de izquierda o progresistas.

Rozitchner

En el marco de su exilio en México, en mayo de 1982, durante la Gesta de Malvinas, León Rozitchner publicó un ensayo denominado “Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia. El punto ciego de la crítica política”. Circuló primeramente, como borrador9, en la discusión intelectual en el exilio, luego fue editado por el Centro Editor de América Latina, en 1985, reeditado por Losada en 2005 y por la Biblioteca Nacional en 2015. Con este último, vamos a trabajar.

Este trabajo de Rozitchner (2015) tiene un interlocutor claro: el Grupo de Discusión Socialista10. Estamos hablando de un nucleamiento de intelectuales argentinos exiliados en México quienes publicaron, el 10 de mayo de 1982, un documento titulado: “Por la soberanía argentina en las Malvinas: por la soberanía popular en la Argentina”. Rozitchner elabora su argumento a partir del señalamiento y la crítica a este pronunciamiento del Grupo de Discusión Socialista11.

Rozitchner dedica un capítulo entero12 a desmenuzar, punto por punto, los aspectos más significativos del documento que mencionamos. Allí detecta que estos intelectuales exiliados invitaban a pensar la recuperación de Malvinas más allá de la naturaleza entreguista y criminal de la Dictadura. En ese sentido, el documento también señala que los sectores de izquierda y progresistas que desearon el fracaso de la operación militar se empantanaron, con su razonamiento, en dos falacias simultáneas: la del origen y la de la coherencia. No dimensionaban que dos verdades relativas pueden conducir a una conclusión falsa (p. 34).

Más allá de las ironías, y de cierta utilización jocosa de comillas13, lo cierto es que Rozitchner expone, prácticamente sin comentarios adicionales, la columna vertebral del documento. Para el Grupo de Discusión Socialista, entonces, la gesta de Malvinas puso al desnudo la existencia incontrastable de los enemigos históricos del pueblo argentino. Por añadidura, esta operación se entronca con los “justos intereses populares” (p. 37). Las razones que asistían al país, para hacer lo que se hizo, nos permiten y nos permitieron hablar de una recuperación y no de una invasión como tampoco de haber iniciado una guerra. También por los alineamientos internacionales y la movilización popular que despertó, Malvinas implicaba la apertura de un nuevo campo de acción política con consecuencias insospechadas (p. 41). Anticipo de este nuevo escenario representaba la madurez y la sabiduría popular que supo distinguir, en tiempo real, el sentido histórico de la causa Malvinas sin desconocer, insistimos, el carácter odioso de la Dictadura Militar14.

En términos retóricos, Rozitchner hace su descargo como si fuese una confesión, como dijimos, no exenta de ironía. Es así que Rozitchner se hace cargo de su “pensar mal”, de su “traición”, al desear la derrota en Malvinas15. Se “hace cargo” en la medida en que hace prevalecer su deseo frente a quienes lo invitaban a identificar contradicciones principales. Se empeña en recuperar el valor de la subjetividad, del deseo en la política, frente a lo que él considera una seudocientificidad amparada en la geopolítica, las relaciones de fuerza y los intereses nacionales de largo plazo. Señala cómo en este posicionamiento “la razón rompe sus amarras con la afectividad” (p. 61).

Aún más, subrayaba el hecho de que su deseo anticipaba y era portador de la verdad histórica en tanto la derrota, para él, estaba escrita de antemano. Desde su perspectiva, un pueblo sumido en el terror no podía, de ninguna forma, impulsar una guerra popular. Además, y por añadidura, la “aventura” militar estaba enajenada del cuerpo social. Al estar sustentado en la represión y en el ocultamiento de la verdad, el régimen estaba debilitado en su capacidad de actuar. Y, por último, así dispuesta la causa Malvinas era una falsedad en tanto se blandía para beneplácito y legitimación de un poder opresor.

Amén de soslayar y subestimar los pormenores de un conflicto militar aeronaval, el conjunto de los argumentos de Rozitchner también pueden ser observados, como de alguna forma lo hizo el Grupo de Discusión Socialista, desde los elementos constitutivos del materialismo dialéctico. Desde el materialismo dialéctico, la historia no es reductible a las intenciones subjetivas ni a la naturaleza de un conjunto de actores. Si un régimen represor y cipayo, por esas ironías de las cuales hablaba Hegel, se niega a sí mismo, al propiciar un acto de fuerza contra el imperialismo, resta preguntarnos cómo podría tener cabida, en este caso, la negación de la negación. En una operación “impura” tendiente a la descolonización, asumiendo el carácter no controlado ni predestinado de la historia, la gesta de Malvinas, más allá de su conducción, fue asumida como tal por una porción mayoritaria de nuestro pueblo, en especial por sus organizaciones sindicales y de base, y aún hoy es evocada con orgullo junto a la memoria de nuestros combatientes caídos.

Además de adolecer de materialismo dialéctico, lo cual no es sustantivo para nuestro interés en este trabajo, la posición de Rozitchner, a juzgar por algunas de sus expresiones, carece de rigor documental y de un mínimo análisis de antecedentes. Sabemos que estamos hablando de un ensayo filosófico y con ingredientes del psicoanálisis. Ahora bien, las características de un género literario no debieran ser una excusa para hacer afirmaciones destempladas e infundadas como la que veremos a continuación. Al meditar sobre la ineluctabilidad del triunfo del “colonialismo yanqui e inglés”, Rozitchner, de forma retórica, se pregunta: “¿Vamos a creer que la Argentina esperó 150 años para que precisamente estos militares opresores reconquistaran las Malvinas porque antes no se quiso, de pura cobardía, asumir esa recuperación?” (p. 78).

El sentido de oportunidad de la gesta de Malvinas, la consabida referencia a los 150 años de ocupación desde 1833 a la que hace referencia Rozitchner, no son un dato anecdótico. En el derecho internacional, rige, por usos y costumbres, el principio de efectividad por el cual una potencia usurpadora, como Gran Bretaña, fortalece su posición si ejerce su poder, de facto, sobre un territorio de forma continua y sin demasiados sobresaltos. Esa ley no escrita sumado al plazo simbólico de los 150 años, una suerte de deadline, configuraban un secreto a voces: la necesidad de un pronunciamiento contundente por parte de Argentina antes de 1983 (Silenzi de Stagni, 1982). El 2 de abril de 1982, huelga afirmar, no fue un aerolito que cayó del cielo fruto de afiebradas mentes etílicas como podría desprenderse de las meditaciones de Rozitchner. Argentina venía alzando su voz en los foros internacionales y recalculando la colaboración logística que brindábamos desde el continente en el entendimiento de que la buena fe no permitía el avance de las negociaciones sino, por el contrario, el abaratamiento del costo financiero de la ocupación ilegal. Perón, durante su tercera presidencia, tuvo pleno conocimiento de este cuadro de situación e impartió órdenes en este sentido (Ibíd.).

Desde mediados de la década del 60, la causa Malvinas venía recobrando temperatura e importancia. A lo que hemos señalado en el párrafo anterior, debemos sumar, como acontecimientos clave, la Resolución 206516 de 1965 de la Organización de Naciones Unidas, el aterrizaje e izamiento del pabellón nacional en Malvinas del piloto argentino Miguel Fitzgerald en 1964 y, por supuesto, la gesta de los cóndores en 196617.

La causa Malvinas tiene sus raíces y el CAS, específicamente, causas de orden internacional de las que hablaremos más adelante. Cierto sector del progresismo y del pensamiento de izquierda han hecho caso omiso de los condicionantes internacionales del CAS y se han contentado con una mirada más endógena, circunscrita a la naturaleza del régimen militar. Si algo no se le puede negar al opúsculo de Rozitchner es que ha tenido una influencia decisiva en el debate público sobre el CAS18.

Las secuelas de Rozitchner

El 9 de diciembre de 2011, el matutino Página 12 publicó una nota de opinión del historiador Federico Lorenz19 denominada “Malvinas, el revisionismo y el rubor de Laura”20. La nota tenía como contexto las polémicas despertadas21 en torno a la creación del por entonces flamante Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego. Para colaborar en el esclarecimiento de estas polémicas, Lorenz consideraba importante “analizar las producciones de algunos de sus integrantes” (Ibíd.). Para cumplir con este objetivo, elige a Ana Jaramillo, integrante del Dorrego, y, por entonces, rectora de la Universidad Nacional de Lanús. Destaca además que, en ese 2011, la UNLA había publicado Malvinas en la historia. Una perspectiva suramericana (1492-2010), “un manual destinado a las escuelas secundarias de la provincia de Buenos Aires, en cuya redacción también participaron otros dos miembros del Dorrego (Francisco Pestanha y Marcelo Gullo)” (Ibíd.). Entonces, esta es la muestra que elige Lorenz para sumar su aporte a la polémica en curso.

A su juicio, el revisionismo, del cual Jaramillo inequívocamente formaría parte, se ha caracterizado por otorgarle “un sentido al pasado y organizar su relato (historia) en base a éste” (Ibíd). Además del marcaje a intelectuales y militantes del campo popular, como Jaramillo, además de la extraña candidez con la cual alude a una tendencia historiográfica como el revisionismo, Lorenz sostiene que el Manual de la UNLA está sustentado en “la idea de una conspiración que le esconde la verdad histórica al pueblo para frustrarlo en su destino” (Ibíd.). El “pecado” del Manual de la UNLA, para Lorenz, consiste en que busca aislar “la guerra del contexto en el que se produjo, verbigracia, la dictadura” (Ibíd.). Con ironía rozitchneana, Lorenz entrecomilla, al tiempo que subestima, el temperamento “desmalvinizador” que ha pesado como una losa en la cabeza de la intelligentzia argentina y que el Manual de la UNLA ha buscado problematizar.

Para Lorenz, el tenor de esta iniciativa de la UNLA no es digna de un manual. “Desde una perspectiva educativa (dado que es un manual), esto es desaconsejable: si nuestro objetivo es facilitar el encuentro de las nuevas generaciones con el pasado, no deberíamos hacerles aprender el credo” (…) “Quien quiera aportar a una transmisión democrática y crítica, debe ofrecer tanto a los alumnos como a los docentes la mayor cantidad de elementos posibles para que esto suceda” (Ibíd.).

Contra toda evidencia empírica, que incluso el mismo Lorenz deja ver en su nota, se critica una suerte de desaprensión, de parte de Jaramillo y la UNLA, con respecto a la Dictadura, pese a que la mencionada estuvo exiliada en México. El reconocimiento del CAS como “hecho político y resultado de una aspiración histórica” (Ibíd.) no resulta, para Lorenz, una perspectiva aconsejable de transmitir a los docentes y estudiantes secundarios de la Provincia de Buenos Aires. Consideración extensiva a la descripción del desembarco en el marco de la Operación Rosario, a la publicación de fotos de los caídos en Malvinas, a la “épica”, a la heroicidad y al “nacionalismo territorialista” (Ibíd.) transversales a este Manual. Todo redactado como si los rasgos mencionados fueran objeto de vergüenza.

Las polémicas en torno a la creación del Instituto Dorrego, en esta nota, funcionan más como un subterfugio para cuestionar la “remalvinización” – en la cual muchos compañeros estamos empeñados – que como un insumo genuino y desinteresado. El título de la nota es deudor de un texto de la hija de Jorge Abelardo Ramos, Laura, cuyo título es: “Licenciada en rubores”. Lorenz lo cita22, extensamente, como corolario de sus argumentos, en tanto allí se exponen los sentimientos encontrados de Laura cuando vio por televisión a su padre caminando, “invitado por la Dictadura” (Ibíd.), en Malvinas, una vez recuperadas, junto a Saúl Ubaldini23. Más allá de la oblicua referencia a Ramos, y de eventuales escamoteos, la intervención de Lorenz termina como empezó: aferrado a ultranza, como Rozitchner, al binomio Dictadura-Malvinas como anticuerpo frente a cualquier tipo de “herejía belicista o territorialista”.

Apenas 70 días más tarde de esta nota de Lorenz, tomó estado público el nacimiento de un grupo intelectual progresista que no tomó ningún nombre en particular sino se limitó a la divulgación de un documento sobre el CAS y sus implicancias24. Cabe recordar que estábamos comenzando 2012, año en el cual conmemoramos el trigésimo aniversario del CAS. Con el título de “Malvinas: una visión alternativa”25, buscaban dejar su marca, con un sesgo rozitchneano, aunque incorporando elementos hasta entonces insospechados.

El documento empieza señalando la carencia de una crítica pública no ya a la Dictadura sino “al apoyo social que acompañó a la guerra de Malvinas y movilizó a casi todos los sectores de la sociedad argentina” (Ibíd.). Con suma “audacia”, se encomilla a las Malvinas como “política de estado” y se cuestiona además su “importancia real” “así como su escasa relación con los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan” (Ibíd). Con estos prolegómenos, presentan el punto central de esta intervención: “Creemos que es hora de examinar a fondo esa política a partir de una convicción: la opinión pública argentina está madura para una estrategia que concilie los intereses nacionales legítimos con el principio de autodeterminación sobre el que ha sido fundado este país” (Ibíd).

A contramano de nuestra tradición diplomática y de la disposición transitoria primera de la Constitución Nacional, estos intelectuales progresistas plantean: “Es necesario poner fin hoy a la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable, y ofrecer instancias de diálogo real con los británicos y –en especial- con los malvinenses, con agenda abierta y ámbito regional” (Ibíd.). Los argentinos debemos pagar el costo del “injustificable del uso de la fuerza en 1982” y comprender que “esa decisión y la derrota que la siguió tienen inevitables consecuencias de largo plazo” (Ibíd.).

Eso no es todo, hay más. Aventurándose en una especie de revisionismo sui generis, se sostiene que: “La Historia, por otra parte, no es reversible, y el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos -es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino- abre una caja de Pandora que no conduce a la paz (Ibíd.)”. Por último, la coronación, un llamado al orden, una guía de buenas prácticas para la conmemoración de efemérides. “Ojalá que el dos de abril y el año 2012 no den lugar a la habitual escalada de declamaciones patrioteras sino que sirvan para que los argentinos -gobernantes, dirigentes y ciudadanos- reflexionemos juntos y sin prejuicios sobre la relación entre nuestros propios errores y los fracasos de nuestro país” (Ibíd.).

Este documento, como adelantamos, llevó la perspectiva, comentada hasta aquí, a una dimensión desconocida. Del binomio Dictadura-Malvinas, desprendieron dos conclusiones: los argentinos tenemos la culpa por la ocupación y los habitantes de las Islas sí son un actor en la disputa por la soberanía. Resulta llamativo que, un año más tarde, como si existiese coordinación, los isleños “fueron escuchados” en el marco de un referéndum ilegal convocado por el Reino Unido. Casi por unanimidad, eligieron continuar siendo un “territorio británico de ultramar”26.

Una perspectiva diferente

Como contrapunto de este exasperado binomio Dictadura-Malvinas, sobre el cual venimos hablando, nos interesa repasar brevemente un trabajo académico, por cierto muy riguroso, que se propone desestimar a las causas internas como motor explicativo del CAS. Nos referimos a “El Conflicto del Atlántico Sur: Una perspectiva diferente” de Mariano Bartolomé (1996). A la hora de comentar los clivajes que dividen al estado del arte, Bartolomé plantea que “todas las ópticas pueden dividirse en dos grandes grupos: el primero de ellos vincula el CAS a causas inherentes al sistema político vigente en ese entonces en nuestro país; por el contrario, el restante pretende ubicar a este caso dentro del contexto internacional existente en ese momento” (p. 8).

En una declaración de principios, Bartolomé se pronuncia en favor de la segunda corriente de las mencionadas “considerando a la primera plagada de contradicciones, de dudosa objetividad por la carga valorativa que reflejan muchos de sus exponentes, insuficiente para explicar diversas cuestiones de importancia y, fundamentalmente, ingenuamente limitada al pretender justificar un conflicto entre dos Estados a partir de elementos de política interna únicamente” (p. 9). En efecto, su investigación persigue y se empeña en comprobar una hipótesis cuyo rasgo principal consiste en comprender al CAS como “el resultado de la deliberada creación de una crisis y su posterior escalada al plano bélico, por parte de uno de los contendientes, obedeciendo a objetivos previos no declarados” (Ibíd.).

Para arribar a sus conclusiones, Bartolomé comienza describiendo la gravitación estratégica que tenía, por entonces, el Atlántico Sur y cómo éste se inscribía en el conflicto propio de la Guerra Fría. Desde la década del 60, la Unión Soviética venía incrementando su poderío naval y su influencia en África. La independencia de Angola, a instancias de cierto apoyo soviético, y los acuerdos recíprocos en materia de defensa, prendieron todas las señales de alerta en Occidente. La presencia de bases militares en este país africano le permitía a la Unión Soviética una proyección hacia el Atlántico Sur de la cual carecía. Ésta se complementaba con la influencia soviética en Mozambique y con la base antártica de Novolazarevskaya. Juntos, los tres puntos, representaban un esquema triangular de interdicción sobre una de las líneas de comunicación marítimas más importantes del planeta (p. 282). Nos referimos a la “ruta que formaban los transportes de hidrocarburos desde Medio Oriente hasta Europa a través del Cabo”(p. 26), la consabida “yugular del petróleo”.

Por esta causa, tanto la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como Estados Unidos le otorgaron al espacio sudatlántico “una creciente importancia estratégica” (…) “coincidiendo en que Occidente debía fortalecer su presencia en el mismo” (p. 263). Las Islas Malvinas significaban, para la OTAN, la posibilidad de contar “con un adecuado dispositivo de defensa, hasta ese momento inexistente” (Ibíd.). No obstante, para cumplir con ese objetivo debía concretarse “como requisito previo la resolución en favor de Gran Bretaña del secular diferendo angloargentino sobre la soberanía” (p. 264) de las Islas.

En el entendimiento de que nuestro país nunca iba a renunciar a su soberanía, el empleo de la fuerza, en el marco de una guerra limitada, se reveló, ante los ojos de la OTAN, como una hoja de ruta viable. Puesto que ante un desenlace desfavorable para Argentina, se verían “congeladas indefinidamente” (p. 265) nuestras aspiraciones en el Atlántico Sur. Además de la OTAN y Estados Unidos, el gobierno británico, de signo conservador, estaba interesado en “recomponer su imagen su imagen ante el electorado” (p. 264). La Marina Real (Royal Navy), por su parte, también estaba interesada en demostrar su utilidad y esquivar, de tal forma, los recortes presupuestarios propiciados por la receta neoliberal de Thatcher y compañía (Ibíd.).

Así es que, en resumidas cuentas27, para Bartolomé, Gran Bretaña provocó deliberadamente el incidente de las Georgias28, “que es unilateralmente escalado al punto de inducir a la Argentina a retomar los archipiélagos en disputa, so pena de perderlos definitivamente” (Ibíd.). Durante todo el transcurso del CAS, el apoyo de Estados Unidos y la OTAN a Gran Bretaña se mantuvo incólume. Desde esta perspectiva, lejos de la “aventura etílica”, la genealogía y desarrollo del CAS “excede, evidentemente, el plano de la “casualidad” para adentrarse en el de la “causalidad”” (p. 266).

Comentario final

En estas páginas, hemos buscado confrontar diferentes lecturas en torno a lo que aquí hemos denominado Gesta de Malvinas o bien Conflicto del Atlántico Sur (CAS). Estas denominaciones, por supuesto, no son gratuitas. La primera nos ha involucrado en nuestro rol de ciudadanos comprometidos con la soberanía y con una específica interpretación del pasado reciente. La segunda, si se quiere más cercana a la neutralidad valorativa, nos ha permitido dimensionar al conflicto de 1982 en una magnitud más ambiciosa como la que se ha sugerido en la revisión de la investigación de Bartolomé (1992).

En esta confrontación de interpretaciones, hemos procurado intervenir con la mayor honestidad intelectual posible sentando nuestra posición al respecto. Creemos que muchos ciudadanos e intelectuales valiosos se enfrentan a un dilema ético significativo a la hora de evocar o caracterizar los sucesos de 1982. No es para menos habida cuenta de la naturaleza de la Dictadura Militar, de entonces, sobre la cual hemos abundado con anterioridad. Por eso es que, genuinamente, creemos en la buena fe de muchos compatriotas para quienes el significante Malvinas equivale a una contraseña dolorosa.

Ahora bien, esta comprensión no es óbice para detectar, para otros casos, todo tipo de prejuicios, provenientes del pensamiento progresista, cuyos parecidos de familia culminan en el comúnmente denominado “antimilitarismo abstracto” (Godoy, 2020). Este discurso consiste en asignarle al desempeño histórico de las Fuerzas Armadas, en todo tiempo y lugar, una carga irremediablemente negativa. El mismo parte de considerar, inequívocamente, a las Fuerzas Armadas como un mero instrumento de la clase dominante. Hablamos de un antimilitarismo, precisamente, abstracto porque “no se basa en la realidad, sino en un esquema teórico que se pretende aplicar sin analizar el caso concreto” (p. 75). Reduccionista y mistificador, este discurso es parte constitutiva de la connotada colonización pedagógica, la cual, históricamente, ha penetrado con mayor eficacia en los sectores medios, en las izquierdas, en las universidades y en los medios masivos de comunicación (Ibíd.).

Creemos que la causa Malvinas, no sólo la interpretación sobre lo acontecido en 1982, es rehén de este antimilitarismo abstracto. Resulta una tarea imprescindible, para el bien de la nación, despejar al Asunto Magno de todo tipo de malentendidos y prejuicios. La obra de Ramos, la tarea del Observatorio Malvinas de la UNLA, entre otras iniciativas, representan un faro en esta dirección. Y desde aquí hemos buscado sumar un aporte prestándole atención a esos ejemplos.

Citas:

1 Jorge Abelardo Ramos (1921–1994) fue un historiador, ensayista y político argentino, referente del pensamiento nacional y del revisionismo histórico. Animador de la corriente conocida como “izquierda nacional”, se propuso articular el marxismo con el nacionalismo popular. Ocupó cargos públicos y escribió numerosas obras sobre la historia argentina y lationamericana.

2 Ver en Jorge Abelardo Ramos. Carta al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. En línea. (Consulta: 7/7/2025). Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/ramos/1980s/1984febrero24.htm

3 Este posicionamiento, Ramos lo defendió en un programa radiofónico conducido por Hugo Gambini. Para mayor información ver en IZQUIERDANACIONAL (2012). Jorge Abelardo Ramos en 1984 (Malvinas). YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=xfYf6S59CkA

4 “Y esta presentación de un compatriota nace de mi alarma al ver reinar la alegría en Londres y la desmalvinización en la Argentina” (Ibíd.).

5 “El reconocimiento diplomático de Gran Bretaña, Estados Unidos y demás socios de la OTAN europea sería inmediato. No menos fulminante sería el tratado que el flamante primer ministro malvinés firmaría con Estados Unidos, otorgándole un contrato de arriendo por 99 años para la construcción de una base aeronaval, que sería luego puesta a disposición de los socios de la OTAN. La intriga no sólo encajaba dentro de la tradición de Lord Ponsonby sino también en el plan de austeridad fiscal impuesto por el gobernador conservador de la señora Thatcher” (Ibíd.).

6 “El general Galtieri se volvió antioccidental; y el Dr. Costa Méndez, abogado de grandes empresas inglesas, pronunció excelentes discursos antiimperialistas. Estos cambios son frecuentes en la historia universal. Más allá de las intenciones y propósitos de los participantes, los acontecimientos que desencadenaron son infinitamente más importantes que los circunstanciales actores. Hegel llamaba a tales disparidades: “ironías de la historia” (p. 425).

7 “El Informe Franks demuestra que, por lo menos cinco años antes que Galtieri soñara con ser Comandante en Jefe del Ejército y hasta Presidente de la República, la situación entre la Argentina y Gran Bretaña se encontraba al borde de la ruptura y del enfrentamiento militar. En enero de 1976, como lo prueba un texto del Dr. Arauz Castex publicado en el Informe Franks durante el Gobierno de la Presidente Isabel Perón el estado de tensión era intolerable. No solo habían pasado 150 años de la usurpación del suelo nacional por los ingleses y 17 de discusiones estériles en las Naciones Unidas. Simplemente, la arrogancia inglesa no admitía ya dilación alguna” (p. 12).

8 “El estado de indefensión es global. Gran parte de la “intelectualidad” ha sido formada en una actitud psicológica derrotista según la cual la Argentina no podría medirse con ninguna de las grandes potencias a riesgo de un fracaso bochornoso. La guerra de Malvinas puso en situación crítica esta subestimación nacional. El gobierno de la “democracia formal” suprimió en 1984 del calendario al 2 de abril como “día fasto” y consideró esa empresa, como gran parte de la “pequeña burguesía culta”, como una “aventura criminal”. Numerosos hombres públicos suspiraron en el anhelo inconfeso de una derrota argentina. No era la primera vez” (p. 15).

9 Circuló de forma muy reducida a través de manuscritos, cartas o fotocopias. Para mayor información: Profanas Palabras. (2012, 4 de abril). La izquierda y Malvinas: ayer y hoy. Recuperado el 22 de agosto de 2025, de https://profanaspalabras.blogspot.com/2012/04/la-izquierda-y-malvinas-ayer-y-hoy.html

10 Estaba integrado por: José Aricó, Sergio Bufano, Ricardo Nudelman, Jorge Tula, Emilio De Ípola, Néstor García Canclini, José Nun y Juan Carlos Portantiero, entre otros (p. 143).

11 La edición que estamos usando incluye este documento como anexo.

12 Hablamos de “De las razones científicas y objetivas que valoraron la “recuperación” de las Malvinas y su descripción”.

13 En otros pasajes del libro, no se priva de acudir a ciertas expresiones rayanas con la zoncera política. Habla de “patriotismo de opereta” (p. 25) y de “islas rocosas del Atlántico Sur” (p. 24) subestimando la importancia de la causa nacional.

14 “La Madre de Plaza de Mayo que, agitando una bander argentina, defiende nuestra soberanía sobre las Malvinas al mismo tiempo que sigue reclamando por su hijo desaparecido; el obrero cesanteado por Mercedes Benz que denuncia a la vez a la agresión inglesa y la política económica del gobierno militar; las multitudes que con sus estribillos atacan al imperialismo norteamericano sin dejar por ello de pedir el fin de la dictadura de Galtieri: he aquí hechos y acciones que señalan el camino, que expresan concretamente la madurez y la lucidez política que las fuerzas populares y los intelectuales progresistas necesitan, hoy más que nunca, para comprender el proceso actual e incidir eficazmente sobre él” (p. 47).

15En la edición postrera, Rozitchner se encarga de aclarar que esta expresión fue escrita como si el resultado estuviese ya dado: “Declaro humildemente (hoy que es 20 de mayo de 1982): he deseado el fracaso de la guerra emprendida por los militares en las Malvinas. Según ustedes, y los militares y las clases populares a quienes objetivamente vuestro juicio se une, seguramente soy un traidor. Y ustedes, para ellos al menos, ya no lo son. Pero, como ven, ni mi deseo ni el razonamiento de ustedes contribuyó mucho ni al triunfo ni a la derrota. La única diferencia es que la realidad coincidió con mi deseo, puesto que los militares argentinos fueron derrotados, y debo según ustedes asumir la culpa de ser traidor a la patria mientras que a ustedes, a quienes por demás la realidad les negó la razón, los salvó” (p. 57).

16 La Resolución 2065 de la ONU fue un gran triunfo diplomático argentino. Se adoptó en el marco de la XX Asamblea General, el 16 de diciembre de 1965, y representó un reconocimiento sobre la disputa de soberanía existente en Malvinas. Además, se invitaba a ambos gobiernos a dialogar, respetando los intereses de los habitantes, y se desestimaba el principio de autodeterminación de los pueblos para los habitantes de las Islas.

17 El Operativo Cóndor, realizado el 28 septiembre d e 1966, consistió en el secuestro y aterrizaje en Malvinas de un avión de línea por parte de un grupo de 33 militantes, provenientes del peronismo y del nacionalismo, liderados por Dardo Cabo. Durante 36 horas, el pabellón nacional flameó en aquel suelo patrio hasta que el grupo finalmente depuso sus armas ante el régimen de ocupación. Seis de las banderas que el grupo llevó a Malvinas son exhibidas, actualmente, en diferentes dependencias públicas y en la Basílica de Luján. Para profundizar en la lectura de este episodio, ver en Velazco (2010).

18 Horacio González (2015, 42m25s), en un archivo de historia oral, también destacó esta gravitación de Rozitchner. Ver en Biblioteca Nacional Mariano Moreno. 2015. Testimonio de Horacio Luis González. Segunda parte / 21 de octubre 2015. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=22FliYYpL3g&t=4808s

19 Además de historiador, Federico Lorenz es un docente y escritor argentino. Ha escrito numerosos trabajos sobre pasado reciente y violencia política, en ocasiones, articulada con la cuestión Malvinas. Ha dirigido el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur emplazado en la ex ESMA.

20   Ver   en   Página   12.   En   línea.   (Consulta:   13/11/2025).   Disponible   en:

https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/182974-56916-2011-12-09.html

21 Diferentes intelectuales e historiadores criticaron, por entonces, la “orientación ideológica” del Instituto y su carencia de autonomía institucional. Entre los críticos a esta iniciativa, estaban Luis Alberto Romero, Tulio Halperín Donghi, Hilda Sábato, Natalio Botana y Beatriz Sarlo.

22 A continuación, el pasaje citado por Lorenz: “Yo no sabía si esa acción era revolucionaria o no, pero sabía que quienes la dirigían eran responsables de tres atentados contra la vida de mi padre y la de su nueva familia (…), cuatro allanamientos a las distintas casas en las que se refugió en ese período, dos detenciones y cuatro procesos por violar la ley que prohibía la actividad política, además de haber participado del martirologio de decenas de afiliados de su partido, camaradas y amigos, entre otras decenas de miles de argentinos” (Ibíd.).

23 Lo que se omite es que “Licenciada en rubores” no es una crónica periodística sino más bien un cuento narrado desde la perspectiva de una niña.

24 Este grupo reunía a un conjunto de intelectuales y periodistas opositores a la administración de la Presidenta Cristina Kirchner. Los corrillos mediáticos lo presentaban como la contracara del oficialista “Carta Abierta”. Sus miembros originales fueron: Jorge Lanata, Juan José Sebreli, Emilio de Ípola, Pepe Eliaschev, Rafael Filippelli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Santiago Kovadloff, Gustavo Noriega, Marcos Novaro, José Miguel Onaindia, Vicente Palermo, Eduardo Antin (Quintín), Luis Alberto Romero, Hilda Sabato, Daniel Sabsay y Beatriz Sarlo.

25 El texto completo se puede leer en este link. La Nación. En línea. (Consulta: 14/11/2025). Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/politica/una-vision-alternativa-sobre-la-causa-de-malvinas-nid1450787/

26 Para más información, ver en Infobae. Referéndum: el 99,8% de los isleños pidió seguir siendo británico. En línea. (Consulta:                                         14/11/2025).                           Disponible                                  en: https://www.infobae.com/2013/03/11/700477-referendum-el-998-los-islenos-pidio-seguir-siendo-britanico/?gad_s ource=1&gad_campaignid=20993778607&gbraid=0AAAAADmqXxSXsUSRA1FXGV5hH_ThZ4eav&gclid=CjwKC AiAw9vIBhBBEiwAraSATpbOdeioII0TEaqPvXjHfwL8z6DuC4mLOBEVsrnhoBdGbjYTOyO5yxoCRGYQAvD_BwE

27 La conclusión con la cual Bartolomé corona su investigación, está redactada así: “Existen elementos de juicio que permiten considerar como probable que el Conflicto del Atlántico Sur (CAS) del año 1982 haya sido resultado de la deliberada creación de una crisis, y su posterior escalada voluntaria al plano bélico, por parte del gobierno británico, con el apoyo de los EE.UU. y la OTAN, con los objetivos no declarados de asegurar su liderazgo político en el corto y mediano plazo y facilitar la presencia militar (no necesariamente oficial) de esa alianza en la región” (p. 266).

28 El denominado incidente de las Georgias comenzó en marzo de 1982 cuando un grupo de obreros argentinos, de la empresa Davidoff, llegaron a la zona para cumplir con la tarea de desmantelar instalaciones balleneras. Allí izaron la bandera argentina y, en un gesto destemplado, Londres envió al rompehielos HMS Endurance con el objetivo de detenerlos. A partir de ese momento, la tensión fue in crescendo hasta desembocar en el 2 de abril.

Imagen creada de elaboración propia, creada con Inteligencia Artificial a partir de foto de Jorge Abelardo Ramos extraída del sitio: https://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Abelardo_Ramos y de foto de León Rozitchner extraída del sitio: https://www.facebook.com/catedraleonrozitchner/

Bibliografía

BARTOLOMÉ, Mariano (1996). El Conflicto del Atlántico Sur. Una perspectiva diferente. Buenos Aires: Círculo Militar.

GODOY, Juan E. (2020). Comunicación, Fuerzas Armadas y Cuestión Nacional. Los aportes a su resolución y la emergencia de una conciencia industrial en la Revista Militar desde la creación de YPF (1922), al 17 de Octubre de 1945. [Tesis de Doctorado, Universidad Nacional de La Plata]. Repositorio Institucional de la UNLP. https://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/112011

RAMOS, Jorge Abelardo (2012). Historia de la nación latinoamericana. Buenos Aires: Continente.

RAMOS, J (1985). [Prólogo]. Honorable Lord Franks. El Servicio Secreto Británico y la Guerra de Malvinas. Buenos Aires: Ediciones del Mar dulce.

ROZITCHNER, León (2005). Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia. El punto ciego de la crítica política. Buenos Aires: Ediciones Biblioteca Nacional.

SILENZI DE STAGNI, Adolfo (1982). Las Malvinas y el petróleo. Buenos Aires: El Cid Editor. VELAZCO, Carlos (2010). ¿Y si invadimos las Malvinas? La trama secreta de la Operación Cóndor. Buenos Aires: Fabro.

Autores en la web

Jorge Abelardo Ramos. Carta al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. En línea. (Consulta:                                                7/7/2025).                                Disponible                                en: https://www.marxists.org/espanol/ramos/1980s/1984febrero24.htm

Archivo hemerográfico

Jorge Lanata et al. Una visión alternativa sobre la causa de Malvinas. La Nación. En línea. (Consulta:                                               14/11/2025).                               Disponible                               en: https://www.lanacion.com.ar/politica/una-vision-alternativa-sobre-la-causa-de-malvinas-nid1 450787/

Federico Lorenz. Malvinas, el revisionismo y el rubor de Laura. Página 12. En línea. (Consulta:  13/11/2025).                                               Disponible                                  en: https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/182974-56916-2011-12-09.html

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