“Como hombre de letras, Ortiz Pereyra ha realizado una vasta labor. Sus libros son un espejo que se pasea por la vida social y económica del país. Reflejan desnudamente la realidad y constituyen un “yo acuso” tremendo para la casta de políticos sin entrañas que enfeudaron su patria al conquistador económico. El boicot del silencio por parte de la crítica y de la prensa, los ha mantenido sepultados en las trastiendas de las librerías. Pero esos libros no envejecerán ni morirán: al contrario, serán de más actualidad que nunca cuando nuestros hombres públicos se decidan a enfrentarse con la cruda realidad del drama económico que pesa sobre el pueblo argentino”. (Julio Barcos)
“Debemos continuar y completar la obra de argentinidad arrancando la marcha desde ese punto muerto en que nos dejó Yrigoyen: en lo cultural, defendiendo la Reforma Universitaria; en lo social, defendiendo al obrero, no por conveniencias electorales sino por patriotismo, pues el salario es argentino y los dividendos son extranjeros; en lo económico, defendiendo nuestras riquezas en el sentido de que se queden aquí para gozarlas nosotros, en vez de salir del país para que las aprovechen extraños”. (Manuel Ortiz Pereyra)
Breve esbozo biográfico[1] – El tribunal del honor nacional
El “zorro” Julio Argentino Roca transitaba el tercer año de su primer gobierno al cual accedió luego de aplastar la insurrección mitrista que se había alzado principalmente contra la federalización de Buenos Aires y la nacionalización de la renta de la aduana, y el estado nacional comenzaba a tomar forma, cuando el 5 de diciembre nace Manuel Ortiz Pereyra en Monte Caseros (Provincia de Corrientes), donde alumbró nuestro Libertador que llevaría adelante la primera emancipación, que nuestro pensador nacional va a considerar que había que completar con una tercera.
Su formación proviene en primer lugar del Derecho. En el año 1907 se gradúa de Doctor en Jurisprudencia y Ciencias Sociales. Se desempaña desde joven como abogado al mismo tiempo que hace sus primeros pasos en el periodismo. También es agricultor.
En Bahía Blanca lleva adelante el diario “El Comercio”. Publica algunos trabajos en relación a esta temática en 1911 bajo el título de “Fundamento intrínseco del Derecho” y “Métodos y puntos de vista”. Tempranamente se incorpora a las filas del radicalismo yrigoyenista. Ya con la llegada de “El Peludo” al poder en el año 1916 como fruto de la Ley arrancada a “El Régimen” cuatro años antes a fuerza de organización silenciosa y estallidos insurreccionales, en el comienzo de la democratización del acceso al aparato del Estado por parte mayormente de los sectores medios/medios bajos, con el apoyo de los restos de la construcción del roquismo en las provincias[2] (provenientes de la desintegración de las montoneras federales y de la posguerra de la Cuádruple Infamia contra el Paraguay[3]). Ortiz Pereyra ocupa diversos cargos como el de Ministro de Gobierno en Catamarca en el año 1918, Ministro de Gobierno en la Intervención en la Provincia de Jujuy cuatro años más tarde, Senador provincial de Corrientes, Ministro en la Intervención a la Provincia de La Rioja en 1924. Cabe destacar que también Ortiz Pereyra ha colaborado con gran cantidad de periódicos radicales en forma anónima.
En 1926 publica el libro “La tercera emancipación. Actualidad económica y social de la República Argentina”, y en 1928 “Por nuestra redención cultural y económica. Apuntes de crítica social argentina”(pensado como continuación del anterior). Más adelante reflexionaremos sobre los mismos. Desde el lugar que le toca siempre procura defender el interés nacional entendido también como el interés popular. Así, durante esa década del 20 se desempeña como Fiscal de la Nación, y en 1929 enjuicia a las organizaciones pro-patronales Asociación Nacional del Trabajo y la Liga Patriótica. Julio Barcos afirma sobre el desempeño de Ortiz Pereyra que “nunca un fiscal federal de la Nación había sido tan celoso guardián del interés social de la Nación”. (Barcos, 1933: 23)
Más aún cuando la crisis estalle en Wall Street y repercuta muy fuertemente en la Argentina semi-colonial dependiente, golpeando duramente el gobierno de Yrigoyen que si bien tenía proyectos durante su segundo gobierno (en el que había duplicado en votos a su contrincante en 1928), como la nacionalización de toda la estructura petrolera, no había avanzado en destruir los cimientos de la Argentina primitivamente agropecuaria lo que terminó sellando su suerte con la crisis.
Así, el 6 de septiembre del 30 se produce el golpe por parte del nacionalismo oligárquico de José F. Uriburu (pero que en realidad quien mueve los “hilos” es el liberalismo probritánico de Agustín P. Justo que finalmente se quedaría con el gobierno dos años más tarde). Ortiz Pereyra renuncia al cargo de Fiscal para ponerse a disposición como abogado defensor de Yrigoyen perseguido y enviado a la Isla Martín García. Funda la decisión honorable de renuncia en “la imposibilidad moral de actuar como fiscal acusador de los militares o civiles que defendieron con las armas al gobierno legítimo contra los revolucionarios que resultaron triunfantes”. (Ortiz Pereyra. Cit. Galasso, 1984: 13) Solía sintetizar su acción diciendo que se había lanzado del quinto piso del Palacio de Justicia a la plaza pública.
Muy rápidamente, al mes del golpe, en octubre da luz a un periódico: “Renovación”. Desde el mismo sostiene en alto los ideales yrigoyenistas y se posiciona contra el alvearismo entreguista. En el periódico afirma la necesidad de renovar el radicalismo: “son necesarios otros hombres, otros métodos, otro lenguaje”. (Ortiz Pereyra. Cit. en Galasso, 1984: 14) El Régimen lo detiene como a muchos militantes radicales consecuentes. Es enviado a la Penitenciaría nacional y luego parte al exilio en Montevideo. A dos años del golpe desde la agrupación “Concentración de izquierdistas de la UCR” lanzan el periódico “Bandera radical” junto con Julio Barcos. Este último cuenta: “fundamos Bandera Radical y lo fundimos sin más trámites. Era demasiado “radical” para poder sobrevivir”. (Barcos, 1933: 36)
Entramos en los años de la denominada por el periodista tucumano José Luis Torres como “década infame”. (Torres, 1973) Años que retrata magistralmente Enrique Santos Discépolo en sus tangos, como el famoso “Cambalache”, del mismo año que se firma el Pacto Roca-Runciman (caracterizado por la prédica forjista como “estatuto legal del coloniaje”), o “Yira, Yira”: “cuando estés bien en la vía, sin rumbo, desesperao (…) verás que todo es mentira, verás que nada es amor (…) cuando manyés que a tu lado se prueban la ropa que vas a dejar”, “¿Qué sapa señor?”, o “Tres esperanzas”: “no doy un paso más, alma otaria que hay en mí, me siento destrozao, ¡murámonos aquí! (…) no ves que estoy en yanta, y bandeao por ser un gil… Cachá el bufoso… y chau… ¡vamo’ a dormir!”[4], por recordar algunos. Época en que los diarios se alimentan de suicidios todos los días, ya sea de famosos como Alfonsina Storni, Horacio Quiroga, Lisandro de la Torre, Leopoldo Lugones, etc. o anónimos que hundidos en la desesperanza y la miseria como en el tango de Discépolo deciden quitarse la vida[5]. Años de miseria, desocupación, “oficios inventados”, fraude electoral, crisis moral, de valores, en los que se cristaliza profundamente la subordinación a Gran Bretaña, etc. Pero también es una Argentina en ebullición en los que emergen un conjunto de ideas, revistas, denuncias, movimientos políticos, grupos militares nacionales, organizaciones obreras, etc. que van a ir aflorando en la década del 40, muchas de las cuales va a sintetizar, canalizar y potenciar la emergencia del peronismo.
En elecciones para el comité de Capital Federal, en la cual los radicales intransigentes que habían sido bautizados como legalistas (y rebautizados como divisionistas), quienes pretenden sostener la abstención revolucionario; en contraposición a los alvearistas a quienes se les había llamado mayoritarios (y rebautizados como renovadores) que pretenden levantar esa posición. Ortiz Pereyra se cuenta entre los primeros conformando el Movimiento de Continuidad Jurídica a pesar de ser un grupo compuesto mayormente por jóvenes, sin embargo hay presencia de algunos militantes antiguos como él o Juan B. Fleitas. En esta línea, en el año 1934 ante la posibilidad que en la Convención Nacional se levante la abstención nace el grupo de los “Radicales Fuertes”[6] (antecedente de FORJA), que anteriormente se habían nucleado en la “Agrupación Pro Voto Directo”. Escriben un documento emblemático de denuncia conocido como “Vocación revolucionaria del radicalismo. Manifiesto de los radicales fuertes”[7].
Levantada la abstención revolucionaria en enero de 1935, el 29 de junio de ese año nace en un sótano ubicado en la calle Corrientes 1778 (poco tiempo después se mudarían al histórico subsuelo de Lavalle 1725), la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), donde Ortiz Pereyra es miembro fundador. Entre los más relevantes están Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz[8], Juan B. Fleitas, David de Ansó, Félix Ramírez García, Homero Manzi, Luis Dellepiane, Gabriel Del Mazo. La experiencia culmina poco después de los acontecimientos del 17 de octubre de 1945 (específica y formalmente el 15 de diciembre del mismo año), y en estrecha vinculación con estos.
Ortiz Pereyra participó activamente (y aportando dinero de su bolsillo, en una agrupación en donde escaseaba el mismo), de la agrupación hasta su fallecimiento. FORJA cumple una tarea monumental de denuncia de la “década infame” por un lado, y denuncia en forma profunda y sistemática al gran actor velado de la historia argentina hasta entonces: el imperialismo británico. FORJA devela los mecanismos de dominación en materia económica, política y cultural. Levanta las banderas del nacionalismo popular anti-imperialista e influye en el nacimiento del peronismo[9].
Esto lo hace fundamentalmente a través de discursos callejeros, conferencias, sus míticos cuadernos, diversas publicaciones periódicas, y de libros. En este marco, Ortiz Pereyra publica el año de nacimiento de FORJA bajo su sello: “El S.O.S. de mi pueblo. Causas y remedios de la crisis económica argentina”. También colabora en el periódico Señales, y desde 1939 con Raúl Scalabrini Ortiz en el periódico que levanta el neutralismo durante la segunda Guerra Mundial, a saber: “Reconquista”[10]. Al periodista que por decir las “verdades nacionales” y denuncia la dependencia se le cerraban toda tribuna periodística, cuenta: “desde la aparición de Reconquista me siento otro hombre. Y no es para menos, pues ya me consideraba un fracasado, un pobre diablo, un sujeto destinado a ir a parar al Open Door, si antes no me llevaban a la Chacarita metido en un tacho de basura”. (Ortiz Pereyra. Cit. en Galasso, 1984: 19)
Este patriota que tuvo la valentía de denunciar al Régimen falaz y descreído, cimentar el primer movimiento nacional del siglo XX, no claudicar hasta en los momentos más aciagos, que tuvo que pagar con cárcel y exilio ser consecuente entre sus ideas y su acción política, que se recuperó uno y otra vez ofrendando su vida por la Causa Nacional fallece en Buenos Aires en el otoño de 1941, el 23 de mayo. Deja no sólo una obra lúcida, profunda, con vocación patriótica, y una forma de reflexionar propia y original que aquí se rescata, sino también un ejemplo de militancia política en favor del interés nacional y de la emancipación de nuestra Patria.
El epistemólogo criollo, las claves de la dependencia y el fortalecimiento de la conciencia nacional para la emancipación de la Patria
En este breve apartado no pretendemos, desde ya, un análisis extenso de la obra de Ortiz Pereyra, sino que marcamos algunos tópicos de la misma invitando a la lectura profunda de estos tres libros.
Desde el título que Ortiz Pereyra elige para su trabajo publicado en 1926 nos encontramos con una novedad en esa Argentina en la que gobierna Marcelo T. Alvear, ya que nos habla de una Tercera Emancipación lo que lleva a preguntarnos por su contenido en tanto ¿no estamos emancipados?, ¿no somos independientes?, ¿no nos liberamos en el siglo XIX?, ¿no tomamos nuestras decisiones?, si no las tomamos ¿quién las toma por nosotros?, esas decisiones ¿siguen el interés nacional?, entre otros interrogantes que se abren.
En la respuesta a estos interrogantes hay una clave de comprensión de la relevancia del pensamiento de Ortiz Pereyra, más aún en el contexto desde donde lanza estas verdades que procuran despertar el sentimiento nacional, agitar la conciencia nacional en virtud de su fortalecimiento, del cuestionamiento de la dependencia y de la emancipación definitiva de la Patria.
Nos advierte desde el comienzo de ese trabajo que el mismo se posiciona “contra el cientificismo” y “contra el extranjerismo intelectual que gobierna la conducta de nuestros titulados gobernantes”, entendiendo que nuestro país tiene condiciones excepcionales y que “no debe buscar si no en sí misma la solución de sus problemas”. (Ortiz Pereyra, 1926: IX) Manifiesta el problema de la clase dirigente de espaldas a la realidad nacional. En esta advertencia podemos dar cuenta de la construcción de una epistemología propia, y de un posicionamiento que va a acompañarlo a lo largo de su obra. Fermín Chávez sostiene que “La tercera emancipación”adelanta más de dos década antes el planteo epistemológico de Karl Mannheim como de otros sociólogos y antropólogos. (Chávez, 1983)
Nuestro pensador rechaza tanto el enciclopedismo que había criticado Ricardo Rojas el año anterior al Centenario de la Revolución de Mayo como el eurocentrismo[11], sobre el que había puesto también su “mirada crítica” el autor de La Restauración Nacionalista, vale decir la importación acrítica de categorías realizadas en otro tiempo y/o lugar y sobre todo en función de otra realidad. En la dedicatoria de su segundo libro a Antonio Agudo Ávila[12] observa en Sudamérica “la exageración con que hemos copiado planes y programas europeos para rellenar las cabezas juveniles, sobresaturándolas de enciclopedismo” (Ortiz Pereyra, 1928: 5). Más adelante en el mismo trabajo insiste en la cuestión, afirmando crudamente que “practicamos el mimetismo de los orangutanes y todo lo copiamos, lo calcamos o lo reproducimos con el mayor cuidado para no alterar los rasgos del original”. (ibidem: 39)
Y si Leopoldo Lugones había reclamado ya en el año del Centenario en “A los Andes”, incluido en sus “Odas seculares”: “ojos mejores para ver la patria” (Lugones, 1910: 31) Ortiz Pereyra también atiende al reclamo, pone en consideración que los gobernantes vivieron con los “ojos puestos en Europa”, nos habla de la “sobreactuación delo Europeo” que no puede traernos soluciones a nuestros problemas, resalta que nadie se atreve a pensar con “su propia cabeza”, entendiendo así que a los problemas nacionales se los debe enfrentar con un criterio también nacional. No casualmente Fermín Chávez lo caracteriza como un epistemólogo criollo. (Chávez, 1999) Se trata así de romper con la manía de imitación, de ser creativos, de la construcción de un pensamiento original.
Entendiendo que los mecanismos de penetración cultural cuando se incorporan la conciencia son complejos de desentrañar, y al igual que Scalabrini Ortiz que reclama una virginidad de pensamiento a toda costa, advierte en el prólogo a “El S.O.S. de mi pueblo”: “si ud. quiere saber la verdad desnuda sobre la política que le perjudica, le arruina y le aflige; si ud. quiere conocer las causas y los causantes de la miseria general de su pueblo; si ud. quiere aplicar los remedios necesarios a la salvación común, lávese bien la cabeza hasta dejarla totalmente limpia de ideas raras, de teorías extranjeras, de prejuicios cientificistas… Mate, en una palabra los grillos de su olla”. (Ortiz Pereyra, 2012: 30)
Desde este marco plantea nuestro autor la cuestión nodal de “La Tercera Emancipación” en particular, pero también de su pensamiento en general. Argumenta que “la Revolución de Mayo y la declaración del Congreso de 1816, nos dieron una primera independencia: la de la Nación Argentina, con respecto a las demás naciones del mundo”. (Ortiz Pereyra, 1926: XXV)Señala en su recorrido que con la llegada de Yrigoyen al poder cien años después se obtuvo una segunda independencia, “la del pueblo para gobernarse libremente dentro de la Nación libre”. (ibídem) Llegando así al núcleo crítico de su pensamiento al considerar y poner de relevancia un aspecto que permanecía mayormente oculto respondiendo parte de los interrogantes que planteamos al comienzo de este apartado, ya que entiende que “ahora nos falta completar la nacionalidad, conquistando la última independencia: nuestra Independencia económica”. (Ibídem: XXVI)
Se lanza el pensador correntino a develar por un lado la dependencia y a cimentar esa tercera emancipación. No resulta casual entonces que Norberto Galasso argumente que este libro es “el primer intento dirigido a sustituir esa emoción radical que luego cultivará prolijamente Ricardo Balbín, por una concepción nacional fundada en razones económicas”. (Galasso, 1984: 9)
Cabe destacar que quien va a ser miembro fundador de FORJA toma y reivindica la figura de Alejandro Bunge quien entre 1914 y 1940 escribe casi cuatrocientos artículos y una docena de libros (Solberg, 1982) donde analiza los factores de la dependencia estructural de nuestro país[13]. No resulta casual entonces que podamos encontrar puntos de contacto entre las obras de los dos pensadores.
Se sumerge en la realidad para indagar los puntales donde se asienta esa dependencia. Nuestro autor piensa que “sin gozar de independencia económica, todas las demás libertades son un mito”. (Ortiz Pereyra, 2012: 37) Denuncia así la tiranía de las empresas de trenes, luz, tranvías, teléfono, navegación, etc. que controlando esa estructura económica logran tener el control a su vez sobre los precios de nuestros productos. Resalta que “las empresas extranjeras de transportes fluviales o terrestres, atenacean al productor argentino con sus fletes onerosos hasta la exorbitancia”. (Ortiz Pereyra, 1928: 21) Denuncia asimismo a los bancos y la extranjerización de la economía. Considera que los extranjeros son los que han montado nuestra estructura jurídica, social, cultural y económica. La pluma de Ortiz Pereyra disparan, a decir de Julio Barcos, “una verdadera doctrina que los hechos se encargan de confirman diariamente”. (Barcos, 1933: 32)
Lo pone en términos históricos, considerando que nuestro país se emancipó en el Siglo XIX, “declarándose Nación soberana: pero quedó encadenada, económicamente a Inglaterra”. (Ortiz Pereyra, 2012: 63)Resalta y devela que la subordinación que sufre nuestro país es de parte de Gran Bretaña. Destaca así la derrota de las invasiones británicas (1806-1807), al mismo tiempo que el diseño de la estrategia de dominación indirecta, fundamentalmente por la economía, de Jorge Canning, vinculando la misma al entramado que se va profundizando con los años hasta el mismo año en que escribe su tercer libro con la influencia británica, de Sir Otto Niemeyer, en la creación del Banco Central de la República Argentina (BCRA), como asimismo en otras empresas y resortes de nuestra economía. Indaga en el pasado para comprender el presente, buscar líneas de continuidad, rupturas, analizar contextualizada e históricamente. En su pensamiento existe una primacía de la política “el idealismo activo en lo social y económico se matrimonia tan armoniosamente con su realismo en política”. (Barcos, 1933: 30)
En “Por nuestra redención cultural y económica” arremete contra la elite dirigente y su desconexión con la realidad, sosteniendo que “nuestros gobernantes dicen que el país goza de una gran prosperidad y se manifiestan encantados del bienestar colectivo, pues como ellos están bien y son incapaces de ver las tristes realidades profundas de nuestra vida económica (…) Lo mismo piensan los presidentes y directores de los frigoríficos, de las empresas de luz, de teléfono, de ferrocarriles, de navegación y de las compañías acopiadoras”. (Ortiz Pereyra, 1928: 28)
Estos párrafos como otros de la obra de Manuel Ortiz Pereyra bien podrían ser de Raúl Scalabrini Ortiz, lo que nos lleva a poner de relevancia los puntos de contacto de la obra de los dos pensadores correntinos que, como vimos, tienen también un vínculo personal estrecho al menos desde sus colaboraciones en “Señales”, “Reconquista” y en la trinchera forjista.
Esa dependencia que lleva a que en una Argentina que sobra trigo, maíz, carnes, lanas, cueros, petróleo, etc. “nada sea nuestro”, y así “si llegara el triste caso de una guerra, nos veríamos, los argentinos, desempeñando el tristísimo papel de carne de cañón, en defensa de los capitales británicos, de los dividendos británicos, del confort en que viven los accionistas británicos de Compañías que reparten en la Gran Bretaña los frutos de oro que les amasamos nosotros con nuestro sudor y nuestra imbecilidad”. (Ortiz Pereyra, 2012: 62) Propone el control nacional sobre los resortes de la economía en manos extranjeras. Esta es una preocupación que Ortiz Pereyra comparte con varios integrantes de nuestras Fuerzas Armadas que plantean estas problemáticas desde la década del 20, lo que los va a llevar a ir diseñando una noción de defensa nacional desde el punto de vista integral conjuntamente con el encuentro con la cuestión de la dependencia y la cuestión social[14].
Galasso afirma que su radicalismo “no se limita a las reivindicaciones democráticas, sino que apunta certeramente a la cuestión nacional (…) Viene ahora precisamente a ofrecer ideas claras al nacionalismo agrario de Yrigoyen, a esbozar una caracterización del enemigo principal, a formular soluciones concretas en el campo de la economía, la cultura, la técnica”. (Galasso, 1984: 8-9)
En el “S.O.S de mi pueblo” nuestro pensador explica sencillamente la dependencia con un lenguaje coloquial, aseverando que “nuestra Argentina ha quedado comparable a una casa sobre cuyo techo llueven dólares y esterlinas, pero nosotros, sus habitantes, no podemos aprovechar una sola gota de esa lluvia de oro, porque los caños de desagüe de nuestro techo han sido construidos para descargar en Europa y Norteamérica”. (Ortiz Pereyra, 2012: 74)
Años más tarde, su discípulo Don Arturo Jauretche, completó la idea en relación al peronismo estableciendo que “el peronismo no logró arrancar ese techo totalmente, pero le hizo un agujero muy grande y entonces nos empezamos a mojar, según lo demuestran las estadísticas de distribución del ingreso”[15]. (Jauretche, 1961. Cit. Galasso, 2008: 175) Más allá que nos permitimos discrepar con Don Arturo Jauretche en relación a que el peronismo se trató claramente de una Revolución Nacional que rompió la dependencia del imperio británico, sin recostarse en otro imperialismo, logrando un profundo desarrollo industrial y la construcción de una Patria con independencia económica, soberanía política y justicia social, nos sirve para observar la influencia del pensador correntino sobre el linqueño.
Observa y analiza a nuestro país como lo que Jorge Abelardo Ramos (1961) o Arturo Jauretche (2004b) llamarán semi-colonia (o colonia informal), en tanto una apariencia de soberanía pero una realidad subordinada la los designios de Londres. Una Nación “satisfecha de tener una linda bandera, un himno solemne y un escudo con gorro frigio aunque su tierra, sus productos, su comercio, sus industrias y todos los servicios públicos, terrestres, fluviales y marítimos se mantuvieran subyugados en manos extranjeras”. (Ortiz Pereyra, 2012: 63) Con su lenguaje llano y sin “pelos en la lengua” asevera que somos “una factoría repleta de cantores a la libertad, a modo de zorzales aprisionados en jaula de oro”. (Ortiz Pereyra, 1928: 23)En este marco, en “Por nuestra redención cultural y económica” pone de relevancia la importancia de la cuestión cultural para ese dominio económico (lo que más tarde Jauretche llamará “colonización pedagógica”), menciona y critica así la “falta e independencia cultural por causa de un extremado incondicionalismo extranjerista”. (ibidem: 98)
Ortiz Pereyra busca interpelar al lector, llama a realizar ejercicios como tomar un mapa y doblarlo para observar el tamaño de la Argentina en relación a América del Norte, Europa u otras regiones del mundo, observar también a través de mediciones el lugar privilegiado de nuestro país en el globo, llama a contrastar la riqueza de la Argentina con lo que cualquier compatriota puede encontrar en sus bolsillos, destacando así que “nuestras riquezas agropecuarias, están en manos de media docena de firmas y los habitantes de la República vivimos en una permanente crisis económica”. (Ortiz Pereyra, 2012: 34)
Se posiciona contra el individualismo que pregona el liberalismo y del análisis que deviene de esa doctrina, en tanto Ortiz Pereyra piensa que las crisis nunca son individuales, sino que son colectivas. Por lo tanto es una manifestación contra el individualismo capitalista, contra el “sálvese quien pueda”, si las crisis son colectivas, las soluciones a las mismas también lo son.
Todas estas denuncias las hace desde un lenguaje político muy interesante, el mismo que después se va a ver en Jauretche, con ironía, con mucha inventiva, con ciertos rasgos de una comunicación política moderna podríamos decir. Julio Barcos comenta al respecto que nuestro pensador “se decide a hablar en fácil sobre esta complicada asignatura social, en un mundo de “dómines” pedantes que gustan hablar en difícil de las cosas más sencillas”. (Barcos, 1933: 27) Resulta sugestivo también en este sentido que en la portada del libro “Por nuestra redención cultural y económica”, escribe debajo del título “no pretendo enseñar, solo aspiro a sugerir ideas”.
Es significativo que si analizamos esta obra política de Ortiz Pereyra contenida principalmente en estos tres libros damos cuenta de la “operación metodológica” que realiza, la forma de abordar las problemáticas y los caminos para resolverlas. Queremos decir, el pensador correntino primero indaga la realidad nacional, partiendo de ese análisis busca identificar los problemas, busca las causas de los mismos y luego propone un conjunto de “remedios”, “soluciones” a esas diversas problemáticas para lograr esa redención, esa salvación nacional, esa emancipación tanto cultural como principalmente económica.
Es necesario resaltar, como lo hace Norberto Galasso, algunas “limitaciones” que podemos considerar en relación a las ideas de nuestro autor. En primer lugar la influencia del liberalismo económico que termina vinculando su nacionalismo al agrarismo. Algo similar a Hipólito Yrigoyen. No observa la relación entre el sometimiento al “primitivismo agropecuario” y la carencia de independencia económica. No da cuenta así de la necesidad de la industrialización. Galasso afirma certeramente al respecto que ese nacionalismo democrático que expresa claramente nuestro pensador “no entronca con la corriente industrialista que tuvo sus precursores en Rafael Hernández, Vicente Fidel López, Carlos Pellegrini, Manuel Ugarte y otros”. (Galasso, 1984: 9)
Es explícito en este punto, tomando partido contra las “industrias artificiales”, pensando en términos librecambistas y contra el proteccionismo industrial. Esta es, sin dudas, su principal limitación. La misma viene aparejada a otra: no observar el papel central de los trabajadores en la emancipación nacional, sino que considera como el sujeto de la transformación a los sectores medios. Galasso remarca que “llega incluso a idealizarla, sosteniendo que es la gran explotada del país (…) reivindica a los chacareros (…) se define contra las industrias artificiales y aboga por el librecambio en contra del proteccionismo industrial”. (ibidem: 11)
Hay una última cuestión que queremos señalar y que se relaciona con su influencia sobre el pensamiento de Arturo Jauretche. Se trata de dos cuestiones: por un lado el influjo en relación a la forma de escribir sencilla, esa escritura criolla, para que lo comprenda cualquier compatriota, despojado de todo ribete academicista, de elementos de “distinción”, una palabra penetrante y una forma de comunicación moderna. Por otro lado, destacamos la creación de un instrumento si se quiere de descolonización pedagógica que son los “aforismos sin sentido”, sin lugar a dudas antecedente directo de lo que Jauretche llamará en la década del 60: zonceras[16]. Vamos solamente a mencionar algunos de los que el lector puede leer en su libro: “comprar a quien nos compra”, “América para la humanidad”, “debemos ahorrar sobre el hambre y la sed del pueblo”, “la ley de la oferta y la demanda”, “el estado es mal administrador”, etc.
Luego de este breve recorrido por su biografía política y algunas de sus principales ideas queda claro el por qué Manuel Ortiz Pereyra permaneció mayormente silenciado tanto en el momento que escribe sus denuncias con fervor patriótico como posteriormente, salvando desde ya los rescates a su figura que mencionamos aquí. Ahora bien, ese silenciamiento en la Argentina semi-colonial resulta en cierto punto un honor para un pensador nacional que luchó por el fortalecimiento de la conciencia nacional y por una definitiva emancipación. No casualmente Fermín Chávez afirma que Ortiz Pereyra deberá “un día cuando la nación se libere de sus actuales estacas, dar su nombre a alguna universidad argentina”. (Chávez, 1983: 159) Recuperar sus obras y ponerlas a disposición de todos va en este sentido, por eso saludamos la iniciativa e invitamos al lector a revivir al pensador con la lectura de sus ideas, como asimismo con la lucha por la emancipación nacional, por una Patria libre, justa y soberana.
* Sociólogo (UBA). Doctor en Comunicación Social (UNLP). Magister y Especialista en Metodología de la Investigación (UNLa). Profesor de Sociología (UBA). Director de la especialización en Pensamiento Nacional y latinoamericano del Siglo XX (UNLa). Docente universitario de grado y posgrado. Autor de libros como “La FORJA del nacionalismo popular”, “Volver a las fuentes. Apuntes para una historia y sociología en perspectiva nacional”, “La brasa ardiente contra la cuádruple infamia”, “Nación, Fuerzas Armadas y dependencia” y de más de doscientos artículos vinculadosal pensamiento nacional y el revisionismo histórico. Ha dictado más de doscientas conferencias en relación a las mismas temáticas.
Notas
[1] Los datos biográficos de Manuel Ortiz Pereyra los tomamos de Galasso, Norberto. (2005). Manuel Ortiz Pereyra (1883-1941). En Galasso, Norberto. (Coord.). (2005). Los Malditos. Hombres y mujeres excluidos de la historia oficial de los argentinos. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.
[2] Esta tesis la sostiene principalmente Roberto Caballero en su libro sobre la Revolución del 05 (Caballero, 1951)
[3] Esta tesis la desarrolla el cordobés Alfredo Terzaga en su biografía (inconclusa) sobre Julio Argentino Roca. (Terzaga, 1976) y nosotros en nuestro trabajo sobre las rebeliones de las provincias contra la Guerra contra el Paraguay. (Godoy, 2021b)
[4] Las citas de los tangos son extraídas de Discépolo, Enrique Santos. (2009). Tangos de Discépolo. En “¿A mí me la vas a contar? Discursos a Mordisquito”. Buenos Aires: Terramar.
[5] Norberto Galasso en la biografía que escribe sobre Discépolo da las estadísticas de suicidios que nos permite observar el incremento de los mismos en la década del ’30, siendo el año 1932 el pico de la curva. (Galasso, 1995)
[6] Donde están, entre otros, Arturo Jauretche, Luis Dellepiane, Amable Gutiérrez Diez, Juan Luis Alvarado, Juan Molas Terán, Conrado Miguez, Gabriel del Mazo, Homero Manzi, Atilio García Mellid.
[7] El documento es escrito por Juan Luis Alvarado.
[8] Aunque no se incorpora formalmente hasta años más tarde.
[9] Trabajamos profundamente con FORJA y con estas caracterizaciones en el libro “La FORJA del nacionalismo popular”. (Godoy, 2015)
[10] Trabajamos con estos dos periódicos y con todos los forjistas (o esstrechamente vinculados a la agrupación como en este caso) en nuestra tesis de maestría: “El ideario de FORJA a través de sus publicaciones periódicas. 1935-1945”. (Godoy, 2016)
[11] Referimos a La Restauración Nacionalista, donde Ricardo Rojas había advertido que: “a causa del vacío enciclopedismo y la simiesca manía de imitación, que nos llevara a estériles estudios universales, en detrimento de una fecunda educación nacional”. (Rojas, 1971: 137)
[12] Antonio Agudo Ávila (1874-1932). Nacido en Tucumán, militante de las filas yrigoyenistas, fue un médico distinguido, muy cercano a Hipólito Yrigoyen, se desempeñó durante varios años como médico personal del mismo. Intervino en la creación de la Facultad de Medicina de Rosario, Presidente del Departamento Nacional de Higiene en años de Alvear, electo Senador por Tucumán (no pudo asumir la banca), docente universitario. Falleció en Turín. (Páez de la Torre, 2017)
[13] Varios de los artículos y conferencias van a ser compilados en un libro emblemático que se edita el año 1940 bajo el título: “Una Nueva Argentina”. (Bunge, 1984)
[14] Abordamos a esa generación militar profundamente en “Nación, Fuerzas Armadas y dependencia”. (Godoy, 2021)
[15] Valga la siguiente digresión: hace tiempo explicando este tema en una de las “nuevas universidades” del Conurbano que están procurando “pensar en nacional”, un estudiante me dijo, siguiendo la misma lógica de razonamiento que “los gobiernos posteriores al peronismo se ocuparon en tapar los agujeros y le pusieron una membrana para que no vuelva a pasar el agua”, mucha razón tenía, sobre todo en la Argentina posterior a 1976 (dictadura que resulta la continuación de la instaurada en 1955), donde se ha profundizado la estructura de saqueo de la economía nacional, reprimarizado la misma y se la ha ligado profundamente a la valorización financiera dejando de lado un proyecto industrial. Resulta ser la cristalización de un modelo de miseria planificada.
[16] Lo hace en su famoso “Manual de zonceras argentinas”. (Jauretche, 2004) Vale destacar que en 1927 Guillermo Correa había editado el libro “La Zoncera”.
Bibliografía
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