Introducción
Una síntesis intelectual por fuera de la Grieta. Argentinidad y Cultura desde Borges y Jauretche
“La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización extraña, sino desarrollar Europa en América” (1).
Empecemos por una pregunta polémica¿Se pueden integrar dos cosmovisiones contrapuestas construidas para afirmar como elemento genuino y constitutivo de la nacionalidad, aquello que la otra visión niega ontológicamente como “Nacional”?Este es el laberinto argentino por antonomasia. La intención de anquilosar y negar al otro como tendencia intelectual y política de la historia nacional, sumada a un cúmulo infinito de interpretaciones y reinterpretaciones de pensadores, literaturas, sucesos históricos y políticos, han derivado en una simplificación binaria de la narrativa y el drama nacional. “La grieta”, como se la conoce en el sentido común, es la cristalización de este laberinto que, funciona como elemento simplificador de la realidad y de un supuesto espíritu nacional basado en una contradicción “maniquea” e infinita, trágicamente aceptada por grandes mayorías sociales, pensadores, analistas, comunicadores y claustros universitarios. Pero si rompemos el universo de simplificaciones de nuestra propia nacionalidad, nos encontramos con preguntas de una complejidad filosófica, histórica y política elemental para entender nuestro pasado, presente y futuro.
Por ello empezamos con esta reflexión de Jauretche de su libro “Manual de Zonceras”, porque en su afirmación podemos derivar algunas preguntas fundamentales. “Civilización Extraña”es el elemento Europeo Moderno del Siglo XIX, entonces cabe preguntar¿Es la tradición occidental moderna de Europa un elemento extraño para el “marco civilizatorio nacional”?Jauretche inteligentemente no nos propone negarlo con la radicalidad del exterminio, sino de incorporarlo, con lo cual la pregunta sería entonces, ¿Incorporarlos a qué? ¿Existe en Nuestra América y en la Argentina en particular, un marco civilizatorio distinto al occidental? Algunas variantes del Pensamiento Nacional y el revisionismo histórico nacionalista, nos proponen que la américa hispánica constituye una nueva civilización naciente en la Historia Universal, solo basta bucear en la antroplogía filosófica de Rodolfo Kusch o en Rodolfo Puiggrós y su “Historia Crítica de los Partidos Políticos en Argentina” (2). Hay otras variantes del Pensamiento Nacional, en las que se inscribe Jauretche, que nos van a proponer analizar la realidad de nuestra cultura y civilización nacional como parte de la tradición occidental. Sin embargo, para ellos, existe una escisión constitutiva en el seno de occidente. Por un lado, un elemento hispánico, proveniente de un sustrato Cristiano-Grecolatino-Católico, del cual sería heredera nuestra nacionalidad, y por el otro, un elemento Anglogermánico-Protestante-Liberal, en el cual las nacientes elites argentinas del Siglo XIX abrevaron, para dotar a Argentina de un proyecto semi colonial. El elemento hispánico bajo esta luz, contiene los principios filosóficos y jurídicos de la Escuela de Salamanca, cuyo quinto centenario actualiza sus aportes fundacionales al Derecho Internacional y los DDHH, englobando a su vez los procesos de sincretismo e inculturación del Evangelio. Es en este cruce de cosmovisiones donde las raíces nahuas, guaraníes y quechuas se integran al universo identitario de la América Hispánica, conformando una síntesis que no es ‘barbarie’, sino una forma situada de ser Occidente.
Por otro lado, la reflexión Jauretcheana que citamos, sirve como denuncia a un programa político de las élites liberales del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX, aquellas ideas políticas y filosóficas que nacieron con la “generación del 37”. “Desarrollar Europa en América”, es una síntesis de una multiplicidad de postulados de las elites post Caseros, que dejan por sentado el carácter barbárico, colonial, pre moderno e incivilizado de aquellos elementos espirituales, sociales y de naturaleza humana, que tuvieron desarrollo dentro del mundo precolombino, colonial e independentista en nuestro territorio. Todo aquello que se asocia a la tradición situada de hispanoamérica, fue catalogado de incompatible e indeseable para el desarrollo y el progreso de una Nación. Fue así que figuras como el caudillo, el indio y el gaucho (4), se tornaron arquetipos del atraso, de la improductividad, del elemento hispánico y de la imposibilidad de una idea nacional de grandeza, ajenos a la mejor tradición occidental: la anglogermánica-protestante-liberal.
Volvemos entonces a la pregunta inicial ¿Se pueden integrar dos cosmovisiones contrapuestas construidas para afirmar como elemento genuino y constitutivo de la nacionalidad, aquello que la otra visión niega ontológicamente como “Nacional”? Si tomamos la reflexión de Jauretche con la que iniciamos este trabajo, en donde existe una afirmación y una denuncia que nos indicaría un principio de incompatibilidad a simple vista, diríamos que sí; son cosmovisiones que se pueden integrar en una mirada unívoca sobre la cultura nacional, sin que dicha integración se interprete necesariamente un enfrentamiento maniqueo e infinito. Para lograr esta síntesis deseada, trabajaremos en la construcción de un concepto vital para este trabajo, el de “Soberanía Narrativa“, porque entendemos que existen elementos particulares constitutivos de la cultura nacional y su identidad, que surgen desde nuestro territorio como construcción genuina de la “argentinidad”, pero que se insertan a su vez, en la Historia Universal y la tradición occidental toda. Afirmamos que la Nación Argentina y su Cultura, deben ser entendidas como parte de occidente, pero desde un lugar particular y propio. Para visualizar este fenómeno, elegimos analizar la serie “live action” de “El Eternauta” del 2025 del director Bruno Stagnaro, la cual se volvió un fenómeno a nivel internacional y al cómic de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, publicado entre 1957 y 1959 en la revista “Hora Cero”. Este análisis lo proponemos realizar al calor del pensamiento de Jorge Luis Borges y su particular forma de entender la Argentinidad y el espíritu nacional; porque desde allí podemos interpretar un movimiento que observamos como tendencia de la identidad argentina; un fenómeno local como “El Eternauta” se inserta en la historia y la cultura universal, movimiento que es de suma relevancia si lo analizamos en clave de soberanía cultural.
Resulta central aquí la mirada de Borges, con su visión programática y constructora desde la literatura, de una mitología argentina a partir de la ciudad que se funde con el paisaje pampeano, “la orilla”. Jorge Luis Borges nos invita a ser protagonistas de occidente, no ser meros espectadores y por el contrario, pasar a ser herederos de esta tradición totalizada. La orilla del mundo, es decir la periferia, nos permite tratar todos los temas de la historia universal, sin supersticiones ni compromisos de pureza. Borges al igual que Jauretche, rechazan la zoncera que da por barbárico los elementos hispanoamericanos de nuestra tradición occidental, dándose así una síntesis intelectual entre dos tendencias que trágicamente no pudieron converger en el campo de la política, sobre todo desde 1955 con la Revolución Libertadora y el Borges consagrado (5).
Siguiendo el razonamiento borgeano, podemos afirmar que la argentinidad como fenómeno “descentrado”, periférico y singular, puede y tiende a insertarse en la historia universal. Asimismo, retomando el razonamiento de Arturo Jauretche, afirmamos también que la Cultura puede funcionar como motor de Liberación Nacional o como motor de Colonización. Consideramos a la obra de “El Eternauta” como prueba de lo antes afirmado, pues desde la argentinidad, se puede tomar un género anglosajón como la ciencia ficción y, en lugar de copiarlo como imitación colonial, se lo nacionaliza al situarlo en una Buenos Aires como centro ético y militar de una resistencia internacional, en donde el individuo heroico y metafísico borgeano, que tiene por destino la valentía y el arrojo al destino, funciona en una Comunidad Organizada: “Nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza. El sentido de comunidad es lo que da sentido a la vida del hombre, porque el hombre solo es una abstracción. La comunidad es el ámbito natural donde el hombre se desarrolla y alcanza su plenitud (6). He aquí el “héroe colectivo” que reemplaza al héroe mesiánico anglosajón.
La serie “El Eternauta” de Stagnaro del 2025 y el cómic original no son una típica construcción folclórica de consumo fronteras adentro, que busca el arquetipo de lo nacional en lo meramente entendible como narrativa localista, porque no tiene necesidad de “gauchos y camellos” como sostenía Borges en “El Escritor Argentino y la tradición” (7). El Eternauta es la cristalización del Occidente todo, hablando desde el sur, la periferia, la orilla. Es la tragedia griega, la epopeya de la frontera del Martín Fierro, es el costumbrismo del truco y retruco con el que se inicia la saga, es la invasión extraterrestre, es el cómic, es una serie mainstream de Netflix, que se convirtió en top 1 en 28 países y top 10 en 87 (8). Todo ello envuelto en el aura mortal de la nevada, tan profundamente local y tan universalmente comprensible.
Por último, antes de pasar al siguiente apartado, consideramos que la síntesis intelectual aquí buscada, puede cristalizarse en el concepto de Soberanía Narrativa, definiéndose como la capacidad de una Nación de narrarse a sí misma en la Historia y la Cultura Universal. Este concepto, nos permite conjugar la idea matriz Borgeana de la libertad creativa y programática de la argentinidad descentrada, periférica y orillera, con la cosmovisión Jauretcheana que nos propone pensar la cultura nacional, como un mecanismo de defensa y Liberación.
Podría objetarse que a partir de una plataforma global de entretenimiento con sede en los Estados Unidos, pretendemos traficar alegremente un elemento de nacionalismo casi chauvinista, pero afirmamos que no es así y lo desarrollaremos. Pero en primera instancia, sólo diremos que Soberanía Narrativa no es solo contar historias y exportar ficción literaria, sino que significa el poder de definir quiénes somos ante el mundo. Para nuestra interpretación, Netflix sólo es un vehículo masivo de distribución y consumo, porque la verdadera soberanía radica en el siguiente aspecto central; desde El Eternauta, se construye una mirada propia en donde Buenos Aires es centro de una resistencia internacional, descolonizando así la mirada hollywoodense; mirada en la cual la periferia se define por el caos que debe ser intervenido por un centro que se define a sí mismo, como garantía del orden.
Apuntes para una Teoría Nacional del Individuo
Habíamos cerrado el anterior apartado, describiendo algunos elementos y características del concepto de “Soberanía Narrativa” que pretendemos en este trabajo abordar. Siguiendo con ese razonamiento, la definición medular de dicho concepto, nos lleva a la idea de un tipo de capacidad: la de narrar una identidad singular en el campo universal desde una voz propia. Pero no se trata de narrar “cualquier cosa”, es decir, cualquier historia o cuento, sino que esta capacidad se verifica a partir de universalizar la singularidad. Es un tipo de capacidad distinta a la que podemos verificar como una suerte de transmisión enciclopédica de identidad, relatos y saberes ya universalizados, es por ello que intentaremos en el desarrollo teórico de este trabajo, describir la diferencia entre narrar lo universal desde un lugar situado y narrarse a sí mismo en lo universal.
A partir de lo expuesto, siguiendo un razonamiento nacionalista, tercermundista y decolonial, podríamos sugerir que la oposición conceptual a Soberanía Narrativa, podría definirse como “Colonización Narrativa”. Pero entendemos que este último concepto no captura del todo el fenómeno que intentamos describir. Colonización Narrativa no refiere a la capacidad opuesta a la de Soberanía Narrativa, sino a la incapacidad de una nación de narrarse a sí misma en su propia historia y cultura nacional. Es nuestra intención describir y desarrollar otro tipo de movimiento y tendencia: la propensión al universal de una cultura e identidad nacional; fenómeno que no se constituye a partir de divulgar lo universalmente establecido como válido, sino más bien lo hace a partir de validar lo propio en la historia y la cultura universal desde una voz autóctona. Es por ello que, proponemos como oposición conceptual a Soberanía Narrativa, la noción de “Atrofia Narrativa”, que también la definimos a partir de una capacidad: la de divulgar lo universal desde un lugar situado, pero sin aportar la novedad singular del elemento constitutivo propio, es decir, sin esa voz autóctona. Para ello seguimos el razonamiento que Jauretche llama “zoncera madre”: “La zoncera madre, la que las parió a todas, es la de ‘Civilización o Barbarie’. Todo lo que no es europeo es bárbaro, y por lo tanto, para ser civilizados, tenemos que dejar de ser nosotros mismos. […] Así, la cultura dejó de ser un instrumento de creación para ser un instrumento de repetición.”(9). Este concepto que aquí presentamos como Atrofia Narrativa, podemos continuar definiéndolo como una narrativa de pretensión universal, pero capturada por un clima de época, que no aporta a la cultura y la historia universal una singularidad que las integra y redefine. Por lo expuesto, volvemos a afirmar que el concepto por oposición al de Soberanía Narrativa no es la Colonización Narrativa, sino más bien el de Atrofia Narrativa, en donde existe una idea de posicionarse desde lo universal pero sin la voz propia de la singularidad que constituyen el ser y estar situados, ese “Estar Siendo” que nos propone Rodolfo Kusch: “El estar no es un simple y pasivo hallarse en un lugar, sino una forma de instalarse en el mundo que precede al ser. […] Se trata de un estar siendo, donde la existencia no es una esencia pura y universal, sino una presencia situada que se resuelve en la contingencia de su propio suelo.” (10)
Creemos que El Eternauta y su éxito internacional, analizados a la lupa de filosofía de Jorge Luis Borges, implica un caso de análisis central y contemporáneo de Soberanía Narrativa, no sólo por instituirse como fenómeno masivo del entretenimiento, sino porque aporta a la Cultura Universal y su Historia, una mirada singular y original de entender al individuo; quizás un campo poco explorado del Pensamiento Nacional, que se ha centrado en fenómenos colectivos, resignando la idea de individuo al pensamiento liberal y anglosajón. Entonces cabría la pregunta ¿La obra de Stagnaro y la de Oesterheld, capturan la singularidad del individuo nacional y aportan en su éxito internacional una nueva originalidad?Entendemos que sí, que se nos presenta una definición de individuo despojada de su matriz egoísta, utilitarista y hedonista. El individuo nacional, en este marco, no se realiza contra los otros, sino en los otros, recuperando esa dimensión metafísica donde lo particular (el barrio, la nevada, el quincho de la casa de Juan Salvo o el taller de Favalli) se vuelve la puerta de acceso a lo universal, ese acceso que Jorge Luis Borges nos presenta en el “Aleph”: “Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, […] vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.”(11)
Es fundamental para seguir, retomar a Borges y su idea de un individuo metafísico. Para ello nos vamos a centrar en el cuento “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”. Consideramos a este relato central en nuestra hipótesis, porque en él se desarrolla, bajo nuestra perspectiva, la superación del individuo liberal, consumidor y egoísta, y por el contrario, desde la mirada que nos propone Borges, el individuo se instituye desde una matriz heroica y metafísica sin una ontología predeterminada, sino que se descubre a sí mismo en un instante particular, que la da sentido y destino, el momento en el cual el hombre sabe quién es para siempre, para la eternidad. El Sargento Cruz revela la metafísica del individuo nacional, en la captura de un instante preciso, que puede resumirse “un hombre es todos los hombres”; a partir de allí, el individuo deja de ser una singularidad economicista, porque Cruz ya no elige desde la utilidad o el contrato social, definiendo su existencia por ser policía; elige desde una verdad metafísica superior, su destino es el destino de su presa, es el destino de Martín Fierro. Al salvar a Fierro, se salva a sí mismo porque entiende que él es el otro: “Comprendió que un destino de lobo no es el de un perro gregario; comprendió que el otro era él” (12). Bajo esta fórmula se disuelve el “Yo Liberal” y el individuo se sitúa, pero no para transformarse en una nueva singularidad, se universaliza a partir de la crisis existencial que implica disolver el individuo economicista y utilitarista en una idea de destino trascendente, atado a sus antepasados y sus descendientes, atado a su comunidad. La elección y la revelación operan como un momento de iluminación sobre el verdadero sentido del ser, al Sargento Cruz “en definitiva” le sucede lo mismo que al entrañable Juan Salvo, protagonista de El Eternauta.
La nevada para Juan Salvo funciona como “Aleph”, es el momento de revelación e iluminación; en el cómic más prematuramente en el desarrollo narrativo, en la serie en forma más paulatina y centrada en esa propia revelación. Juan Salvo mira por la ventana y ve el fin de su pequeño mundo, la partida de truco, lo cotidiano, para ser arrojado a la totalidad de la historia universal. Su “yo” y su costumbrismo de clase media dejan de ser una unidad aislada y egoísta, pasando a ser un punto donde converge la experiencia humana, su experiencia situada se universaliza así. En El Eternauta, Juan Salvo descubre esto cuando la nevada borra las jerarquías sociales y lo obliga a ser “el otro” y en la narrativa de Stagnaro también “el que fue”, en ese permanente coqueteo con la Guerra de Malvinas. El “perro gregario” descubre así su destino de lobo. Siguiendo la Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, Borges afirma:”Cualquier destino, por largo y penoso que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. […] Comprendió que un destino de lobo no es el de un perro gregario; comprendió que el otro era él.”
La nevada no es un desastre natural, ni un arma de destrucción masiva de una fuerza invasora extraterrestre, sino constituye un hecho de revelación metafísica del individuo, que descubre su destino cuando se disuelve en el otro y esa experiencia se vuelve universal al profundizar su propia circunstancia, que podría darse en todo tiempo y lugar. En ese instante, Salvo deja de ser el individuo hedonista que juega al truco en una burbuja de confort, para transformarse en El Eternauta. Al igual que Cruz frente a Fierro, Salvo comprende que su supervivencia no es un hecho privado, sino colectivo.
Pero queda un punto aún por profundizar, el individuo nacional no solo se revela en el instante metafísico, lo hace también en la orilla, en la periférica Buenos Aires centro de una invasión internacional, en la periférica Vicente López con respecto al centro de poder de Buenos Aires, la circunstancia se profundiza así en la orilla también, en un pajonal en el caso de Cruz, en los márgenes de la barbarie técnica y defensiva en El Eternauta, en donde el individuo metafísico se despoja de su fe en la modernidad y el progreso técnico, en palabras del coprotagonista Favalli: “lo viejo funciona Juan” (13). El heroísmo, la orilla y la metafísica se constituyen así como elementos característicos centrales del Individuo Nacional, todo un acto de rebelión epistemológica, frente a la certeza universalista del individuo liberal o burgués, definido a partir de otra matriz, en tanto átomo aislado que compite con otros a partir del principio de escasez. El héroe colectivo como metáfora literaria de la Comunidad Organizada, tiene como condición necesaria la emergencia de un tipo de individuo de singularidad argentina, pero con capacidad de universalizarse. Aquí es donde funciona el concepto de Soberanía Narrativa, porque no solo se cuenta una historia de ciencia ficción, sino que le aporta a la historia y la cultura universal, una manera novedosa de ser y existir que puede ser comprendida, mirada y apropiada por la humanidad entera.
El poder al calor de la orilla. De la tensión centro-periferia a la universalización
Hemos llegado aquí a partir de una conclusión central en nuestra hipótesis: El fenómeno comercial de la serie y el cómic, no implica por sí solo una inserción en la cultura e historia universal, sino que se inserta en las mismas, por proponer una forma novedosa de definir la existencia que puede ser apropiada por la humanidad toda y este es el elemento central que define a la Soberanía Narrativa como tal. Si en el apartado anterior, analizamos las características del Individuo Nacional como una novedad con capacidad de universalizarse, nos interesa en este tercer punto, dar cuenta de una mirada global del poder, claramente singular y situada, pero al igual que en el caso del individuo, puede dar cuenta de un drama y una perspectiva universal, es decir, cómo pasamos de la aldea al cosmos. Queremos exponer que este movimiento hacia la universalización, implica una reinterpretación de la tradición de la periferia, dotando a dicha tradición del derecho a una “épica universal”; entendemos que Oesterheld y Stagnaro, logran capturar dicho movimiento, al hacer de Buenos Aires un escenario universal.
La filosofía borgeana en este punto resulta central una vez más, porque la constitución de nuestra ciudad capital en el epicentro de la resistencia ética y militar de la invasión, requiere una suerte de desjerarquización de los “centros naturales” que se nos imponen desde una mirada dominante. Para Borges, cualquier rincón de Buenos Aires puede ser el centro del universo, como el Aleph en un sótano de Constitución: “En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí circular; luego comprendí que esa rotación era una ilusión debida a los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.” (14) El universo cabe así un sótano de la calle Garay, entonces también la historia y la cultura universal, definidas como el destino de la humanidad, pueden estar contenidas en un chalecito de Vicente López, en la Plaza de los dos Congresos o en el Estadio de River Plate. La orilla deja de ser un simple espacio periférico, definido como lejanía del “centro natural” y pasa a ser el lugar de revelación metafísica, porque ya no se requiere que los personajes viajen al centro del mundo, sino que el centro del mundo se manifiesta en la periferia porteña a través de la resistencia. Por otro lado, la perspectiva Jauretcheana nos aporta las condiciones políticas de la revelación metafísica de la orilla; la periferia deja de ser el interior relegado para ser el espacio de la Conciencia Nacional. Desde Jauretche podemos afirmar que el poder ya no emana de los centros de decisión globales, sino desde la ética de la resistencia y de la autoconciencia, en palabras del autor: “Lo nacional es lo universal visto por nosotros mismos. El mundo no es una esfera que se nos impone desde afuera, sino una realidad que debemos integrar desde nuestra propia perspectiva, so pena de ser simplemente su periferia colonial.” (15)Podríamos sintetizar estas perspectivas, afirmando que lo universal no sólo se manifiesta ontológicamente en la orilla, como el Aleph en el barrio de Constitución, sino que para manifestarse necesita de una mirada que lo descubra. Es a partir de allí que surge la revelación metafísica que se vuelve política soberana, porque ya no se trata de una tensión entre centro y periferia, se trata del choque entre dos miradas por la disputa del sentido de lo universal.
En El Eternauta esta arquitectura del poder queda de manifiesto a partir del héroe colectivo y el individuo nacional que se universalizan desde el sacrificio y “Los Ellos”,en tanto descripción literaria y metafórica de un invasor tecnocrático y fantasmal. Pero tanto Jauretche como Borges, nos invitan a profundizar aún más este marco teórico, porque Los Ellos, no se revelan como un invasor frontal, sino que lo hacen a través de un brazo ejecutor: “Los Manos”. Desde la cosmovisión de Jauretche proponemos analizarlo desde las dinámicas de poder que se juegan entre Pueblo, Imperialismos y Oligarquías, así como desde la mirada de Borges a partir de los laberintos de mandatos que propone el invasor en su “Burocracia del mal”.
Continuando con el análisis podemos afirmar desde la narrativa de Oesterheld y Stagnaro, que la invasión no se manifiesta como un hecho bélico convencional, porque en este punto la apropiación descolonizada de la ciencia ficción, nos propone nuevos elementos de carácter filosófico propios de una historia situada en la orilla. Cuando hablamos de la instauración de una Burocracia del mal, lo hacemos a partir de una descripción sociológica del invasor, porque “Los Ellos” constituye un enemigo deshumanizado, invisible, administrativo y totalizante que convierte a Buenos Aires en un laberinto de nieve, en donde las reglas de supervivencia son dictadas por un tribunal que nunca muestra su cara. Esta metodología burocrática, puede analizarse al calor de Los Laberintos borgeanos, porque para Borges el laberinto no es solo una construcción física, sino una estructura metafísica que agota al hombre en la repetición y el mandato inintelegible: “Esa esperanza de ser descifrados (de encontrar el origen del mandato o el sentido del caos) es la que sostiene a los hombres en el laberinto, pero la certidumbre de que no hay un centro, o de que el centro es infinito, es lo que finalmente los agota.” (16). Los Ellos se instituyen así desde una metodología que tiene como fín la supresión y la destrucción identitaria del invadido, la nevada que funcionó como un elemento catalizador del despertar del Individuo Nacional, tenía otra intención por parte del poder imperial, la instauración de un primer laberinto. La desorientación funciona de esta manera, como un factor de poder primario del enemigo, una nevada que sirve como pared laberíntica hasta llegar al minotauro, un lugar en donde se pierden las certezas de una vieja razón universal imperante, pero en el campo de la resistencia como hemos visto, funciona como un hecho revelador. El poder así se despersonaliza y empieza a funcionar la burocracia, como un rasgo perfecto visto desde la mentalidad de Los Ellos, en donde no existe una personificación a la cual pedirle rendición o con quien parlamentar, dialogar o negociar, el hombre se agota así, ante lo inintelegible. Pero no se trata sólo de un arma de ocupación espacial o territorial, sino que en esa misión de desorientar y agotar al otro, cambia profundamente la concepción del tiempo al volverlo circular. La historia ya no se vive basada en el progreso característico de la modernidad o desde una teleología de principio y fin propia de la cosmovisión cristiana, el sobreviviente debe vivir a partir de la invasión en un presente perpetuo de resistencia, sin conocer a las claras la cara de su enemigo. Analizado bajo el marco teórico desarrollado en este trabajo, el laberinto tiene como objetivo instaurar la Atrofia Narrativa del invadido, porque busca la pérdida de su potencial capacidad de narrarse a sí mismo, quitándole la idea de un imaginario futuro, para encerrarlo en un presente administrativo de mera supervivencia.
En el live action de Stagnaro queda aún más claro la manifestación militar de esta burocracia, porque la ocupación se organiza mediante dispositivos que parecen oficinas de control: puestos de vigilancia, escaneos, y la transformación de los humanos en “Hombres-Robot”. Este personaje mencionado se vuelve el arquetipo del invadido bajo la órbita del control social del invasor, porque el hombre-robot es un individuo que ha perdido su Soberanía Narrativa por completo. Ya no se narra a sí mismo, sino que es narrado por el teledirector del invasor, funciona así como metáfora perfecta de la alienación: un cuerpo que actúa, pero una voluntad que ha sido suprimida por un trámite tecnológico. Pareciera en este punto, que la metodología laberíntica propuesta por Los Ellos, se constituye en un sistema cerrado y totalizado sin posibilidad de aperturas; sin embargo, en la misma narrativa del Eternauta pero fundamentalmente en Borges, encontramos una salida a semejante régimen militar y de ocupación, porque como habíamos dicho anteriormente, la nevada no sólo funciona como laberinto, también lo hace como Aleph. Podríamos volver al cuento de Tadeo Isidoro Cruz para graficar lo expuesto, en donde el destino del lobo implica un salto existencial frente al perro gregario, porque este último intenta entender la ley del invasor para ver si puede negociar o adaptarse, como metáfora del colaboracionista. El Lobo por otra parte, metáfora del individuo nacional metafísico, comprende que la ley del invasor es intrínsecamente injusta y que la única salida es la ruptura ética. Cruz y Juan Salvo no salen del laberinto porque sean más inteligentes que “Los Ellos” o el Estado Nacional, sino porque recuperan su Soberanía Narrativa a través de un acto de voluntad: deciden que su vidas solo tienen sentido si están ligadas al destino de los otros. Por ello mismo, desde El Eternauta podemos afirmar que, mientras la Burocracia del mal busca atomizar (cada uno en su casa, cada uno con su miedo), el héroe colectivo reconstruye la trama social y el sentido de la existencia. La ruptura ética y la manifestación metafísica, dan por tierra al laberinto, ya no hay que seguir las reglas, quedando explícito el destino del lobo.
Sin embargo, este sistema de laberintos y burocracias inalcanzables en su metafísica de la desorientación, requiere de una cara visible, un ejecutor que traduzca el mandato del centro a la periferia. Es aquí donde emerge la figura de Los Manosen El Eternauta, quienes funcionan como la pieza clave de la arquitectura del poder imperial. Si “Los Ellos” son la entidad inalcanzable y fantasmal, los Manos son la representación literaria de lo que Arturo Jauretche define como las Oligarquías Intermediarias. Estos seres, dotados de una sensibilidad y técnica superiores, no son el poder real, sino su máscara necesaria. Como señala Jauretche, la función de estos sectores es la de actuar como una “agencia local de los intereses extranjeros”, cuya misión principal es “administrar la dependencia, traduciendo las necesidades del centro imperial a la realidad de la periferia” (17). El Mano, con su “glándula del terror” activada, es el arquetipo de esta intermediación: posee la capacidad de comprender la belleza y la ciencia, pero ha resignado su voluntad ante un mandato externo que, en última instancia, también lo desprecia.
En la narrativa de El Eternauta, el Mano está condicionado por un dispositivo biológico: la glándula del terror, que segrega un veneno mortal si el sujeto intenta rebelarse contra Los Ellos. Bajo nuestra lente, esta glándula es la representación física de la zoncera jauretcheana. No es otra cosa que el miedo al desorden, el miedo a la barbarie o el miedo a perder el reconocimiento del centro civilizatorio, lo que mantiene a las oligarquías y sus “Intelligentsias” intermediarias atadas al mandato imperial. Como bien señala Jauretche, este sector padece una parálisis de voluntad porque “el miedo a la barbarie es el miedo a la propia realidad, y ese miedo es el que los hace buscar un orden prestado” (18). El Mano, al igual que la oligarquía intermediaria, prefiere la seguridad mortal de su glándula antes que el riesgo de la libertad soberana, pues han sido educados para temerle más a su propio suelo que al invasor que los extermina. El Mano es la tragedia del intelectual colonizado: posee la capacidad de entender el universo y por ende Soberanía Narrativa potencial, pero su voluntad está intervenida. Su destino es ser un administrador del exterminio ajeno que, por temor a su propia eliminación, prefiere entregar a sus semejantes. Esta es la máxima expresión de la Atrofia Narrativa: el intermediario ya no puede contar su propia historia, sólo puede traducir, con miedo y eficiencia, la historia que otros escriben para él.
Como punto final de este tercer apartado, observamos la colisión definitiva entre este sistema de poder totalizado y la resistencia situada. Si la invasión representa la apoteosis de la técnica (rayos, naves, glándulas de control), la respuesta de la orilla es una rebelión ética y una manifestación metafísica. En la versión de Stagnaro, la frase “lo viejo funciona, Juan” (13) adquiere un peso simbólico fundamental: es el momento en que se desprecia la sofisticación técnica del invasor para recuperar la soberanía sobre los medios propios. Mientras que el Perro Gregario se rinde fascinado ante la superioridad de la herramienta enemiga, el héroe colectivo nacionaliza la lucha a través del ingenio, la “maña” y la solidaridad del quincho para hackear el laberinto administrativo. La victoria de la orilla no es una victoria de laboratorio, sino del Estar Siendo sobre el Ser abstracto. Es la afirmación de que una comunidad organizada, apoyada en su propia ética, es capaz de insertar su drama particular en la historia universal, no como una imitación colonial, sino como una novedad soberana. Buenos Aires deja de ser el objeto de una burocracia para convertirse en el sujeto de una epopeya universal.
Sin embargo, esta rebelión no debe entenderse como un rechazo ludita a la modernidad, sino como una apropiación espiritual de la técnica. Mientras que Los Ellos representan la técnica desalmada, aquella que Borges describiría como una maquinaria infinita y sin propósito humano (19), la resistencia de la orilla realiza un movimiento de traducción: toma los elementos del mundo técnico y los dota de un sentido trascendente. Como propone Rodolfo Kusch, se trata de “fagocitar la técnica, absorberla y ponerla al servicio de su propio estar” (20), transformándola de una herramienta de dominación en un medio para la afirmación de la existencia comunitaria, solo basta con recordar a Favalli con los cables, las radios viejas y los trajes de buzo. El coprotagonista no inventa nuevos elementos técnicos, los “argentiniza” al darles un uso soberano, en este caso la técnica sirve para Estar Siendo en el mundo, no para dominarlo burocráticamente. La tendencia argentina hacia lo universal se verifica aquí: no buscamos aislarnos del avance tecnológico, sino integrarlo a nuestra propia cosmovisión, subordinando la máquina al espíritu, es por ello que en el sistema de poder que se propone desde la orilla como ya hemos afirmado, la nevada puede funcionar como laberinto pero también como Aleph. La universalización para nosotros supone así, no simplemente un mero movimiento en la tensión “centro-periferia”, sino en un sistema de apropiación del destino de la humanidad y la naturaleza del hombre.
Conclusión
La Espada, la Filosofía Política y la Cruz
A lo largo de este trabajo, hemos intentado demostrar que la inserción de la Argentina en la historia universal no es un acto de mimetismo, ni un pedido de reconocimiento ante los centros de poder. Por el contrario, se trata de un ejercicio soberano de una voluntad, que utiliza la cultura como territorio de disputa. Al finalizar este recorrido, podemos afirmar que la Soberanía Narrativa no es solo la capacidad de contar nuestro propio drama, sino la potencia de proyectarlo como un drama humano universal. Para comprender este movimiento, es imperativo definir nuestra concepción de lo universal. Proponemos aquí que lo universal debe ser entendido como una hegemonía y no meramente como una ontología estática. Si bien hemos definido lo universal como el destino de la humanidad y la naturaleza del hombre, este no se manifiesta de forma espontánea en la periferia. Lo universal es, en realidad, el resultado de una mirada que logra imponer su sentido de la existencia sobre el caos. Cuando Jauretche afirma que “lo nacional es lo universal visto por nosotros mismos”, nos está indicando que la universalidad es una construcción política. La Argentina no espera a ser universal; se universaliza en la medida en que su propia narrativa situada, orillera y nacional, es capaz de disputar el sentido del mundo. Es por ello que elegimos El Eternauta como caso de estudio y reflexión, ya que la resistencia de Buenos Aires no es un evento local: es la construcción de una hegemonía ética que deviene en ontología, transformando el mero “estar” de un grupo de vecinos, en el destino posible de toda la especie humana. En esta clave, la Soberanía Narrativa implica un ejercicio primario de la voluntad de universalizarse. No se trata de un proceso inercial, sino de un acto deliberado: primero surge el ejercicio político de la resistencia y el reconocimiento del par, y solo entonces, deviene el ejercicio civilizatorio.
Como hemos visto en la relectura de Stagnaro y Oesterheld, el salto existencial de Juan Salvo, ese pasaje borgeano del “perro gregario” al “lobo” soberano, es el motor de esta transformación. La voluntad de no ser “narrados” por el invasor (el teledirector de “Los Ellos”) es lo que permite que el hombre de la orilla recupere su derecho a la épica. Esta primacía de la voluntad política sobre la determinación técnica es lo que permite que una nación periférica deje de ser el objeto de la historia ajena para convertirse en el sujeto de su propia civilización.
Esta voluntad de proyectar lo particular hacia lo universal que analizamos en la obra de Oesterheld y Stagnaro no es un fenómeno aislado, sino que constituye una conducta histórica recurrente en la cultura argentina. El Eternauta es, en este sentido, el espejo literario de una nación que se niega a ser periferia y que, sistemáticamente, se propone como centro de sentido para el mundo. Esta tendencia puede verificarse en múltiples ejemplos, de los cuales elegiremos tres de ellos para graficar en una síntesis que que se puede nominar como La Espada, La Filosofía Política y La Cruz:
Con respecto a“La Espada”, proponemos como verificador de la tendencia, a la gesta independentista sanmartiniana, porque el “Cruce de los Andes” no fue una operación de defensa fronteriza, sino un acto de voluntad continental. San Martín no pensó en la libertad de una provincia, sino en la construcción de una libertad universal para el sur del mundo, exportando una épica libertadora que no reconoció los límites impuestos por los centros coloniales.
Con respecto a“La Filosofía Política”, proponemos como verificador de la tendencia, al Justicialismo en el campo de sus ideas matrices, no en su accionar a lo largo de la historia, porque este marco filosófico representa quizás el intento más ambicioso de proponer una ontología propia. Heredero de la tradición humanista de la Escuela de Salamanca, el Justicialismo propuso la Tercera Posición no como un simple neutralismo geopolítico, sino como una respuesta universal a la crisis de la modernidad. En la Comunidad Organizada, la Argentina le habló a la humanidad toda, ofreciendo una síntesis entre el individuo y la comunidad que hoy, en plena era de la deshumanización tecnológica, cobra una vigencia renovada.
Con respecto a “La Cruz”, proponemos como verificador de la tendencia, la presencia global de Francisco I durante su pontificado que renovó múltiples aspectos de la vida de la Iglesia Católica Apostólica Romana, porque construyó una mirada situada en la “orilla” del mundo, para redefinir la agenda ética global con conceptos como la ecología integral, entre otros.
Más allá de esta triada propuesta, esta tendencia se evidencia también, en nuestros Premios Nobel y en los éxitos deportivos internacionales, donde la Argentina, a pesar de ser una nación periférica en términos de recursos materiales, logra imponer su narrativa de talento, resiliencia y creatividad. Todos estos ejemplos confirman que El Aleph borgeano siempre ha estado allí: en la capacidad argentina de convertir su circunstancia local en una propuesta para el resto de los hombres. Nuestra historia demuestra que cuando ejercemos nuestra voluntad política, dejamos de ser el objeto de la historia de otros para convertirnos en los sujetos de una epopeya universal. En última instancia, la lección que nos dejan Oesterheld, Stagnaro, Borges y Jauretche es que la universalización no es un destino que se alcanza, sino una voluntad que se ejerce día a día. Argentina no es una nota al pie en la historia de Occidente, ni un laboratorio de pruebas para teorías ajenas; es el territorio donde el drama universal se manifiesta con un acento propio y una ética situada.
Si la invasión de Los Ellos representa la técnica que deshumaniza y la burocracia que anula la voluntad, la respuesta de la orilla es la afirmación de la vida comunitaria y la fe en que “lo viejo”, nuestros afectos, nuestra maña y nuestra memoria; fe que siempre vuelve a funcionar cuando el espíritu se pone de pie. Nuestra tendencia a insertarnos en la historia universal no es, por lo tanto, una búsqueda de aprobación externa, sino la culminación de nuestra propia madurez civilizatoria. Se trata, en definitiva, de entender que solo desde lo propio se puede hablar para todos, porque como bien sentenció Jauretche: “El mundo es un conjunto de naciones y solo se llega a lo universal a través de lo nacional, porque lo universal es una suma y no una resta” (21). Al igual que El Eternauta, caminamos por un presente perpetuo de desafíos, pero lo hacemos con la certeza de que, mientras seamos capaces de narrar nuestra propia epopeya, Buenos Aires, Adrogué, Córdoba, Trelew, o Posadas, seguirán siendo el centro de un universo que apenas estamos empezando a escribir.
Imagen de portada. Fuente: www.86coleccionismo.com.ar/
Notas
1 Jauretche, Arturo. Manual de zonceras argentinas. Buenos Aires: Ediciones Corregidor, 2003. Pag. 21.
2 Puiggrós, Rodolfo. Historia Crítica de los Partidos Políticos en Argentina, tomo III, La democracia fraudulenta. Capítulo I La Europeística. Hyspamérica. Buenos Aires, 1986.
3 Dulce María, Santiago. Época Barroca. La primera reflexión: la escuela de Salamanca. Seminario Panorama del Pensamiento Argentino y Latinoamerica. UNSTA. Buenos Aires, 2024.
4 Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo: Civilización y barbarie. Madrid: Alianza Ediciones, 2010. Pag. 33, 34, 41, 54.
5 Lucas M. Adur Nobile. Badebec Vol. 11 N° 21. El hacedor o la paratopía creadora. Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas, UBA. Buenos Aires, 2021.
6 Perón, Juan Domingo. La Comunidad Organizada. Buenos Aires: Ediciones de la Presidencia de la Nación, 1974. Pag 35.
7 Borges, Jorge Luis. El escritor argentino y la tradición. En Obras completas: 1923-1972 Vol. 1. Buenos Aires: EMECË Editores, 2006. Pag 270.
9 Jauretche, Arturo. Manual de zonceras argentinas. Buenos Aires: Corregidor, 2013. Pag 24.
10 Kusch, Rodolfo.Obras Completas. Tomo II: América Profunda / La negación en el pensamiento popular. Buenos Aires: Editorial de la Universidad de Lanús, 2007. Pag 84.
11 Borges, Jorge Luis. El Aleph. Buenos Aires: EMECÉ Editores, 2011. Pag 214.
12. Borges, Jorge Luis. El Aleph. Buenos Aires: EMECÉ Editores, 2011. Pag 66.
13 Bruno Stagnaro. El Eternauta. Capítulo 2, Salgan al sol. Buenos Aires: Netflix, 2025.
14 Borges, Jorge Luis. Obras Completas, Tomo I. Buenos Aires: EMECÉ EDITORES, 1974. Pag. 625.
15 Jauretche, Arturo. Obras Completas, Vol 6, FORJA y la década infame. Buenos Aires: Corregidor, 2011. Pag. 109.
16 Borges, Jorge Luis. Ficciones, La Biblioteca de Babel. Buenos Aires: EMECÉ Editores, 2011. Pág. 95.
17 Jauretche, Arturo. Obras Completas, Vol. 6: FORJA y la década infame. Buenos Aires: Ediciones Corregidor, 2011. Pág. 115.
18 Jauretche, Arturo. Política y Economía. Buenos Aires: Peña Lillo Editor, 1977. Pág. 42.
19 Borges, Jorge Luis. Ficciones. “La Biblioteca de Babel”. Buenos Aires: EMECÉ Editores, 2011. Cit: “La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible. […] A esa extensión desenfrenada corresponden los volúmenes. […] El hombre, el imperfecto bibliotecario, es obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos… solo puede ser obra de un Dios”.Pág. 89.
20 Kusch, Rodolfo. Obras Completas, Tomo II: América Profunda. Buenos Aires: Editorial de la Universidad de Lanús, 2007. Pág. 142.
21 Jauretche, Arturo. Los profetas del odio y la yapa. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1967. Pág. 156.
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