Aportes sobre la epistemología en el pensamiento nacional brasileño: entre el epistemicidio y la búsqueda de un nacionalismo emancipador

Alejandro Kwiatkowski

Introducción:

El presente artículo mantiene vínculos con una investigación más amplia realizada por el autor sobre los problemas que tuvo el legado político del varguismo brasileño teniendo en cuenta que, si bien es reconocido como el modelo fundamental para el establecimiento de la democracia social en aquel país, ha tenido dificultades para instalarse de manera perdurable en el tiempo como base del movimiento nacional de Brasil hasta el presente. Esta situación contrasta con lo sucedido con el Peronismo en Argentina que se constituye como el pilar fundamental del movimiento nacional hasta nuestros días.

Con ese propósito se pretende indagar sobre los aspectos vinculados con una ruptura epistémica en el pensamiento nacional brasileño, en diálogo con el desarrollo que ha tenido el nacionalismo en la figura de Getúlio Vargas y algunas problemáticas para el asentamiento del pensamiento nacional en el Brasil.

Los aportes del pensador brasileño Helio Jaguaribe serán de suma utilidad para el presente análisis, especialmente con su obra Burguesía y proletariado en el nacionalismo brasileño, editado en castellano en nuestro país por la editorial Coyoacán en 1961.

La ruptura epistémica en el nacionalismo brasileño

La primera cuestión a tener en cuenta para el estudio de la epistemología del pensamiento nacional en el Brasil es la situación de espera necesaria, por lo menos hasta los comienzos del siglo XX, para evidenciar el desarrollo de un pensamiento que sea efectivamente nacional y popular, el cual tendrá una mejor definición desde la crisis de las ideas del hemisferio norte con el desarrollo de la Primera Guerra Mundial. Una de las primeras obras que se interiorizan por las problemáticas del Brasil y su comunidad como nación, desde una perspectiva popular, fue Os Sertões (Los Sertones) de Euclides da Cunha, escrita en 1902, mediante la cual el autor devela las formas de vida, las penurias y la identidad de los habitantes de aquel Brasil profundo que los republicanos del litoral, admiradores de la tradición positivista europea, rechazaban o marginaban dentro de su proyecto oligárquico.

Hasta comienzos del siglo XX, siguiendo los lineamientos indicados por el filósofo João Cruz Costa en su obra Esbozo de una historia de las ideas en el Brasil, se puede afirmar que el pensamiento brasileño circuló bajo dos parámetros. Por un lado, bajo el formato de un tradicionalismo de añoranza hacia el pasado lusitano con una fuerte impronta regionalista que Cruz Costa ha definido como un tipo de nacionalismo “osado e ingenuo” (1957: 14), pero que no se adaptaba a la realidad nacional. Mientras que, por otro lado, una constante en la intelectualidad brasileña fue la imitación y el transporte de categorías europeas a la realidad del vecino país, especialmente del mundo de ideas ligado al positivismo, fuente fundamental para los defensores del régimen político de la república oligárquica que vio la luz en las últimas décadas del siglo XIX.

Este último aspecto puede corroborarse con la categoría que el sociólogo Boaventura de Souza Santos denomina “epistemicidio”. Durante la república vieja, el período comprendido entre 1889-1930, se montó un régimen político con alternancia en el poder federal por medio del pacto entre las oligarquías paulista y mineira, cuya base filosófica fue importada desde Europa, quitando la posibilidad de pensar un Brasil desde el propio territorio. Santos define al epistemicidio como una dimensión de la exclusión por la cual “los procesos de opresión y de explotación, al excluir grupos y prácticas sociales, excluyen también los conocimientos usados por esos grupos para llevar a cabo esas prácticas” (2009: 12). 

Tomando en cuenta lo que indica Boaventura de Souza, es justamente el epistemicidio lo que permitió durante décadas forjar un Estado oligárquico de exclusión, donde no solamente las mayorías populares se vieron ajenas a los beneficios del modelo primario exportador brasileño (incluso con la abolición de la esclavitud, no así de la explotación), sino que además el pensamiento nacional se vio marginado por las corrientes intelectuales del hemisferio norte. 

Finalizado el período de la república vieja y a la luz de las transformaciones ocurridas en el sistema político brasileño durante los períodos de gobierno de Getúlio Vargas, en adelante serán motivo de análisis las situaciones de dependencia que aún no puedan ser corregidas por el proceso revolucionario iniciado en 1930. Con motivo de dar cuenta del porqué de la dependencia brasileña y las alternativas para superarla, durante las décadas de 1950 y 1960 aparecerán estudios epistemológicos con una impronta más cercana a los ideales del marxismo latinoamericano, o bien, lo que podemos denominar una izquierda nacional.

La dialéctica de Darcy Ribeiro: el Brasil como pueblo nuevo

Sin dudas, uno de los mayores aportes conceptuales a la comprensión de la sociedad brasileña y su destino, lo realizó Darcy Ribeiro. Hacia fines de la década de 1960, en medio del exilio posterior al golpe contra João Goulart de 1964, Ribeiro escribió Las Américas y la civilización, obra en la cual realizó una tipificación sobre los pueblos latinoamericanos, donde describe tres tipos. 

El primer grupo está conformado por los pueblos testimonio herederos de las grandes civilizaciones precolombinas, donde la conquista española, más allá de la imposición de nuevos patrones culturales y normas sociales, no logró borrar la identidad originaria hasta el presente. En palabras de Carlos Piñeiro Iñíguez, Ribeiro se refiere con este tipo de pueblos a aquellos donde la conquista no ha podido “arrancar el cúmulo de costumbres, creencias y valores del antiguo ethos” (Piñeiro Iñíguez, 2006: 323). 

El segundo grupo es el de los denominados pueblos nuevos, donde el factor de mestizaje europeo con los habitantes indígenas y los esclavos africanos fue el factor determinante de esas poblaciones. En este caso Ribeiro considera que el Brasil es su mayor exponente dada su “magnitud poblacional, territorial y sus recursos” (Piñeiro Iñíguez, 2006: 323). En este grupo también se encuentran los grancolombinos, antillanos y chilenos (Ribeiro, 1985). 

Por último el autor brasileño indica la existencia de los pueblos transplantados donde el factor determinante es el componente mayoritario de inmigración europea que ha rivalizado y desplazado de las estructuras de poder a los mestizos españolizados, los cuales en su momento han realizado esa tarea con los pueblos indígenas. Este es el caso de los pueblos “rioplatenses”: Argentina, Uruguay y Paraguay, este último posterior a la guerra de la Triple Alianza. A su vez Ribeiro califica de pueblos transplantados a los angloamericanos de Estados Unidos y Canadá. 

Para este autor, la importancia del Brasil como pueblo nuevo radica principalmente en su potencial creador, que el resto de las categorías de los pueblos americanos no consiguen alcanzar, ya que conserva la tradición popular y autóctona, pero la complementa con las corrientes de la modernización (no entendido en términos eurocéntricos, sino en referencia a ideas jóvenes) necesarias para amalgamar al pueblo brasileño en su totalidad. Es de esa manera que puede surgir un nacionalismo modernizador en términos que Ribeiro ha interpretado al varguismo entre las décadas de 1930 y 1950. Y el Brasil en tanto “provincia de occidente” tiene mayor potencial que otros pueblos latinos según Ribeiro, porque está “lavado en la sangre del negro y en la sangre del indio, cuyo papel, menos que absorber europeidades, es enseñar al mundo un vivir más alegre y más feliz” (1995: 265).

Lo interesante en la obra de Ribeiro es la concepción de la forma de hacer ciencia. Piñeiro Iñíguez destaca que Ribeiro fue capaz de elaborar una “antropología dialéctica” (2006: 325), que toma distancia tanto de los dualistas que ponderan el adelanto de los países del primer mundo frente al atraso de la periferia, como de la corriente vinculada a un marxismo clásico que interpreta el atraso de nuestra región en función de un feudalismo residual por carecer de una revolución burguesa. 

Por último, Ribeiro caracteriza al subdesarrollo debido a la existencia de formas institucionalizadas de mantener la dominación, especialmente por parte de las oligarquías locales. Desmitifica, a su vez, la situación de “atraso” atribuida a la región latinoamericana, característica de los mecanismos de dominación cultural anglosajones, con una perspectiva comparable con la del filósofo argentino Enrique Dussel, quien ha afirmado que el proyecto de la modernidad que habitualmente es interpretado desde la periferia como un proyecto cultural europeo, necesariamente debe tomar en consideración que incluye una relación de dominación con la periferia, de manera que es “un fenómeno europeo, sí, aunque constituido en una relación dialéctica con una alteridad no europea que contiene en sus más remotos confines” (Mignolo, 2010: 18).  

Por eso mismo, desde la concepción de Ribeiro, somos una región igualmente avanzada o “moderna” porque somos contemporáneos a los países avanzados, al tiempo que existen modelos de nacionalismo modernizador, como los de Vargas y Perón, los cuales no necesariamente han terminado con la dependencia de nuestras naciones, pero sí han sentado la construcción de un proyecto nacional que necesariamente debe unirse de manera horizontal con los otros proyectos nacionales en pos de una patria grande. 

Por último, desde su ideal se hace necesario romper con los “localismos provincianos”, como indica Piñeiro Iñíguez (2006: 326), y ver la necesidad de una verdadera unión regional frente al antagonista que es la América anglosajona. En simples palabras, apela a la construcción de un destino común como latinoamericanos.

Helio Jaguaribe y las contradicciones del nacionalismo brasileño

Previamente a la obra citada de Ribeiro, a principios de la década de 1960, sin la presencia física de Getúlio Vargas y en medio de un fuerte clima político destituyente hacia el proyecto nacional, Helio Jaguaribe escribió su obra Burguesía y proletariado en el nacionalismo brasileño, editada en nuestro país por Coyoacán.

Jaguaribe también se preocupa en este caso en identificar algunas cuestiones por las cuales, a pesar de mejorar sustancialmente tanto la situación de vida de los sectores populares brasileños como el manejo soberano de los recursos desde la revolución de 1930, el Brasil se encontraba anclado en una etapa de dependencia que no logra romper y que atenta contra la instauración de una democracia social duradera. Cabe destacar que el autor en cuestión se encuentra inmerso en la época de auge de las teorías de la dependencia frente a las tesis del modelo desarrollista que habían sido planteadas como una posibilidad por la CEPAL y puestas en práctica especialmente por el gobierno de Juscelino Kubitschek entre 1956-1961.

Una de las cuestiones clave para este autor, es la permanencia de una modalidad de Estado cartorial que no se pudo modificar con el paso del tiempo. Ese Estado cartorial, o cartorialismo, según la socióloga Maria Victoria de Mesquita Benevides, está vinculado con el pasado lusitano y la tradición de las oligarquías brasileñas que mantuvieron el control estatal hasta la revolución de 1930, y consiste en el hecho por el cual los gobernantes mantuvieron el control del poder político a través del otorgamiento de favores clientelares a los grupos que detentaban el poder económico del país. La misma autora indica que desde 1930 se termina con esa situación, sin embargo el nuevo gobierno nombra una serie de funcionarios bajo la misma modalidad, convirtiéndose en una mera “circulación de elites” (Silva Telles, 1994).

Para Jaguaribe, la continuidad del cartorialismo luego de 1930 es la contradicción principal del nacionalismo brasileño, ya que se pretende promover el desarrollo económico “preservando simultáneamente la política de clientela y el Estado cartorial” (1961, 32). De esta manera, si bien la revolución encabezada por Vargas se acompaña de un nacionalismo integrador como proyecto unificador de la nación, al mismo tiempo continúa ejerciéndose el clientelismo cartorial, subordinando los intereses del estado federal a los intereses particulares de las clientelas políticas estaduales, lo cual mina la posibilidad de desarrollo de un proyecto unificador y empuja al Estado a actuar en consecuencia de las “múltiples clientelas regionales” (Jaguaribe, 1961: 32), privando al Estado de una verdadera eficacia y un programa de gobierno coherente. 

Otras contradicciones políticas del nacionalismo brasileño que el autor menciona están vinculadas con la política exterior, particularmente en el marco de la guerra fría, sin lograr una coherencia interna entre los grupos que proponían un neutralismo estratégico, frente a aquellos que se encontraban guiados por un fuerte anticomunismo y planteaban el alineamiento directo con los Estados Unidos. Según Jaguaribe, el Estado brasileño queda en un marco de indefinición frente a estas dos posiciones “sin alcanzar las ventajas que la firme adhesión a una de ellas le proporcionaría” (1961, 33). 

A su vez, el posicionamiento externo frente a la situación del colonialismo también va a ser considerado como un factor de incoherencia de la clase dirigente brasileña. En este caso, culturalmente algunos miembros de la elite política continúan admirando o aspiran a alcanzar un desarrollo como el de las potencias europeas (ya se ha mencionado la teoría del desarrollismo) quienes, al mismo tiempo, mantienen el sometimiento de pueblos del tercer mundo donde explotan producción primaria similar y competitiva a la producción brasileña que se ve estancada o incapaz de prosperar en el mercado internacional. El problema principal para el autor radica en que el Brasil si elige aumentar la solidaridad con los pueblos oprimidos del tercer mundo, podría sufrir represalias económicas por parte de los organismos financieros internacionales, controlados por las potencias occidentales, a quienes el país sudamericano le debe, encontrándose así en una situación de dependencia económica y política periódica.

El autor concluye que las causas del subdesarrollo brasileño y las incoherencias de su nacionalismo, deben ser indagadas en la propia experiencia del Brasil como pueblo-nación en general y no tanto de los movimientos nacionalistas en particular. En primer lugar, para Jaguaribe el nacionalismo “no es una actitud gratuita” (1961, 34), sino que es una alternativa que se materializa en un particular momento histórico del país, mientras que las incoherencias del nacionalismo son el propio reflejo de las incoherencias que atañen a toda la vida social del país “y resultan de la forma por la cual se produce la transición del subdesarrollo y semicolonialismo a un aprendizaje superior de organización eocnómica, social, cultural y política” (1961, 34).

La clave, según este pensador, reside en cuáles pueden ser las alternativas para superar esas contradicciones, situación necesaria para el desarrollo soberano del Brasil y responsabilidad exclusiva del nacionalismo del país vecino.

El fenómeno del nacionalismo y el concepto dialéctico de la nación

En la concepción de Helio Jaguaribe, el nacionalismo no es una ideología, sino un fenómeno histórico-social producto, como se ha mencionado, de un momento histórico en el cual una comunidad se convierte en nación, con plena participación popular. A decir del autor, el nacionalismo no es una tendencia racional del comportamiento político, sino un fenómeno por el cual, en todo caso, diferentes grupos de la sociedad adhieren voluntariamente a ese proceso de configuración de una nacionalidad que tiene “una faceta objetiva que no los hace susceptibles a juicios de valor, en términos de bien o mal, de verdad o error” (1961: 9). 

A su vez, Jaguaribe intenta desentrañar el concepto de nación, para el cual introduce dos acepciones en base a diversos investigadores, una objetiva y otra subjetiva. Para el primer caso, indica que los investigadores se preocuparon por definir a la nación en términos de componentes sociales como la raza, la tradición cultural o un sistema común de gobierno. Por otra parte, destaca que los subjetivistas “señalan que la nación es la consecuencia de la voluntad previa de construirla y mantenerla” (1961: 10), en una situación de plebiscito permanente. Para el autor, ambas posturas manejan criterios de realidad, por lo cual se inclina por la concepción dialéctica para explicar el desarrollo de la nación. 

La concepción dialéctica de la nación se fundamenta en el hecho que es cierto que la nación se construye a partir de elementos objetivos, pero a su vez necesita materializarse a través de un proyecto político que le dé vigor y la sostenga en el tiempo. Por lo contrario, para este autor no se puede hablar de nación a partir de una visión puramente voluntarista, ya que “la mera voluntad política crea estados, pero no forma naciones” (Jaguaribe, 1961: 12). Ante tal situación, introduce los conceptos de nación “en sentido histórico” y “en sentido político”, donde la primera necesariamente precede a la segunda, aunque no necesariamente se convierte en ella.

Apelando nuevamente a la estrategia de constituir etapas en el desarrollo de las naciones, Jaguaribe atribuye las cualidades objetivas del estado (sociedades con unidad étnica, cultural, habitando un mismo territorio) como factor necesario para la formación de naciones en sentido histórico. Sin embargo, como se dijo anteriormente, no todas esas sociedades llegan a constituir una nación. En palabras del autor, es necesario que una comunidad atraviese “la evolución faseológica” que constituya el fenómeno de la integración, con un propósito de desarrollo y un proyecto unificado, que genere las exigencias suficientes para crear una “nación política”. Por lo tanto, la nación histórica ex preexistente a la nación política, y solo podrá alcanzar esa última fase cuando se desarrolle el fenómeno del nacionalismo en dicha comunidad.

El nacionalismo integrador frente al nacionalismo imperialista  

La construcción dialéctica también es utilizada por Jaguaribe para demarcar dos proyectos de nacionalismo enfrentados. De manera análoga a lo que Juan José Hernández Arregui caracteriza y diferencia como nacionalismo de las metrópolis y nacionalismo de las colonias dentro de su obra Nacionalismo y liberación, el autor brasileño hace una distinción entre nacionalismo integrador y nacionalismo imperialista durante el siglo XX. El caso del nacionalismo integrador es típico de la periferia y surge de aquellas comunidades que se constituyen como nación, como es el caso brasileño estudiado a partir de 1930. Por otro lado, el nacionalismo imperialista es un fenómeno típico de los nacionalismos europeos y estadounidense del siglo XX, que necesitan para su sostenimiento el sometimiento de los pueblos de la periferia. 

En el marco de una visión muy propia del marxismo latinoamericano de la década del ’60, Jaguaribe realiza nuevamente una construcción en estadios, esta vez indicando que los países imperialistas ya dejaron atrás el nacionalismo integrador hacia el siglo XVIII y, por lo tanto, sus pensadores no solo no comprenden los fenómenos de los nacionalismos afroasiáticos, árabes y latinoamericanos, sino que los interpretan como una amenaza a la paz mundial o para la propagación del comunismo. Ese es el tipo de distorsión que puede hacer peligrar a los proyectos nacionalistas de la periferia cuando, en vez de ser interpretados como herramienta fundamental para el proyecto de emancipación, son interpretados en clave de colonización pedagógica con la matriz de pensamiento del hemisferio norte como amenazas a las libertades de los pueblos. Podemos citar el ejemplo que da Jaguaribe con pensadores británicos y franceses que buscan “equiparar la acción de Nasser a la de Hitler” (1961: 14), o bien el ejemplo que menciona Aritz Recalde sobre Deodoro Roca, uno de los impulsores de la Reforma Universitaria en nuestro país, quien en su obra El difícil tiempo nuevo de 1956 involucra en la misma línea de dictadores “sin visión ni grandeza” a Mussolini, Hitler y Getúlio Vargas (Recalde, 2018: 20).

Consideraciones finales

Sin pretender agotar las categorías de análisis del pensamiento nacional en el Brasil, podemos identificar que existió un reconocimiento del modelo de Vargas como aquel que ha incorporado a las fuerzas populares a la construcción de un modelo de nación en su conjunto, pero que ha tenido problemas para ejercer una política fuertemente soberana ante los embates de los propios actores sociales representantes del entreguismo clásico en el frente interno, y en su agenda exterior la incapacidad de establecer un marco de autonomía suficiente. Esta situación, que no fue exclusiva del nacionalismo brasileño, llevó a diferentes intelectuales a repensar el modelo de desarrollo brasileño en base a sus potencialidades y su propia historia buscando las claves para una verdadera emancipación.

Hacia mediados de siglo XX, las corrientes de pensamiento del pensamiento nacional brasileño que recupera aportes del marxismo, vinculadas a los aportes de Ribeiro y Jaguaribe, intentarán dar respuesta y proponer alternativas para una verdadera emancipación. 

Podemos así concluir que la ruptura epistémica con respecto a las matrices de pensamiento de las metrópolis (especialmente el positivismo y el darwinismo social), fue necesaria para pensar al Brasil desde Brasil, entre las décadas de 1910 y 1930, pero no ha quedado solo en ello, sino que se profundizó y adaptó a las realidades de mediados del siglo XX, volviendo sobre el propio proceso de revolución nacional iniciado en los ‘30.

* Imagen de portada: Bandera Brasil. Fuente: www.concepto.de

Referencias bibliográficas:

COSTA, João Cruz (1957). Esbozo de una historia de las ideas en el Brasil. México, Fondo de Cultura Económica.

HERNÁNDEZ ARREGUI, Juan José (1987). Nacionalismo y liberación. Buenos Aires, Contrapunto.

JAGUARIBE, Helio (1961). Burguesía y proletariado en el nacionalismo brasileño. Buenos Aires, Coyoacán.

MIGNOLO, Walter (2010). Desobediencia epistémica. Retórica de la modernidad, lógica de la colonialidad y gramática de la descolonialidad. Buenos Aires, Ediciones del Signo.

PIÑEIRO IÑÍGUEZ, Carlos (2006). Pensadores latinoamericanos del siglo XX. Ideas, utopía y destino. Buenos Aires, Siglo XXI.

RECALDE, Aritz (2018). “El Centenario de la Reforma Universitaria del año 1918 y la integración sudamericana”. Programa Interinstitucional de Investigación entre la UNAJ, la UNDAV y la UNPAZ “A cien años de la Reforma del 18. Las Universidades del Bicentenario piensan el Centenario”.

RIBEIRO, Darcy (1985). Las Américas y la civilización. Buenos Aires, CEAL.

RIBEIRO, Darcy (1995). O povo brasileiro. A formação e o sentido do Brasil. São Paulo, Companhia das letras.

SANTOS, Boaventura de Souza (2009). Una epistemología del sur: la reinvención del conocimiento y la emancipación social. México, Siglo XXI.SILVA TELLES, Olivia (6 de marzo de 1994). “História explica o ‘cartorialismo’”. Folha de São Paulohttps://www1.folha.uol.com.br/fsp/1994/3/06/cotidiano/4.html

* Imagen de portada: Bandera Brasil. Fuente: www.concepto.de

Alejandro Kwiatkowski
Profesor en Historia y Licenciado en Cs. Sociales y Humanidades – UNQ. Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano – UNLA.
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