El 14 de junio de 1982 se acordó el cese al fuego entre Argentina y Gran Bretaña, evitando firmar una “rendición incondicional”,[1] la cual recién fue sentenciada en los Tratados de Madrid I y II (1989-1990). Ese mismo 14 de junio, comenzó en Argentina un proceso de desmalvinización, consistente en transformar en mala palabra todo lo relacionado con Malvinas. Así, no sólo no hubo un desfile de las Fuerzas que regresaron al continente después de dar un duro combate en el Atlántico Sur,[2] sino que incluso fueron ocultados y muy pronto fueron catalogados como “los loquitos de la guerra”.[3]
Con el inicio de los gobiernos democráticos un año y medio después, la desmalvinización no terminó, incluso se reforzó. Como comentó en esos años el politólogo francés Alain Rouquié, era necesaria una desmalvinización de la sociedad porque:
[quien pretenda evitar] que los militares vuelvan al poder tiene que dedicarse a desmalvinizar la vida argentina. Esto es muy importante: desmalvinizar, porque para los militares las Malvinas serán siempre la oportunidad de recordar su existencia, su función y, un día, de rehabilitarse. Intentarán hacer olvidar la guerra sucia contra la subversión y harán saber que ellos tuvieron una función evidente y manifiesta, que es la defensa de la soberanía nacional. […] Malvinizar la política argentina agregará otra bomba de tiempo en la Casa Rosada (Revista Humor, marzo de 1983).
La desmalvinización consistía y consiste en: deslegitimar la Guerra de Malvinas, calificándola como un manotazo de ahogado de la última dictadura militar argentina en un intento de sostenerse en el poder, capricho del “general borracho”; una guerra injusta, llevada adelante por soldados conscriptos de dieciocho años sin preparación ni materiales adecuados, desvinculando la guerra de 1982 de los dos siglos de luchas emancipadoras. Otro componente de este relato es que Argentina fue la responsable de la guerra, pasando por alto que quien se negó a cualquier tipo de negociación desde 1833 fue Gran Bretaña, y que fue ella la convirtió la recuperación incruenta realizada por Argentina el 2 de abril en una guerra, justificándose en la lucha del mundo liberal y democrático contra las dictaduras y el fascismo.[4] Así, Malvinas fue utilizada como un caballo de batalla para dar un tiro por elevación a la última dictadura militar: como afirmó Eric Hobsbawm “peleamos batallas del presente con ropajes del pasado”.
El relato desmalvinizador está plagado de incoherencias, inexactitudes, falsedades, y deshistorizaciones; en definitiva, utilizando la idea de Arturo Jauretche, se las podría calificar como zonceras desmalvinizadoras. Como señala este pensador de las cuestiones nacionales, las zonceras son “principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia (y en dosis para adultos) con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido” (Jauretche, 1973: 4). Así, la amplia mayoría de los diseños curriculares escolares, programas de cátedras universitarias, y guiones de los medios de comunicación, cuando tratan sobre la temática Malvinas, reproducen sin moverse un ápice de la versión desmalvinizadora, convertida en Historia Oficial.
Además, el fundador de FORJA sostiene que las zonceras no son un argumento, sino una conclusión que no se discute: “su eficacia no depende, por lo tanto, de la habilidad en la discusión como de que no haya discusión” (Jauretche, 1973: 5). Esta Historia Oficial sobre Malvinas no argumenta sus postulados, sino que los presenta como verdades absolutas que no se discuten, sino que se reproducen:
la historia oficial argentina es una obra de imaginación en que los hechos han sido conciente y deliberadamente deformados, falseados y concatenados de acuerdo a un plan preconcebido que tiende a disimular la obra de intriga cumplida por la diplomacia inglesa, promotora subterránea de los principales acontecimientos ocurridos en este continente. (…) [esta diplomacia] se presenta ante nosotros, en los textos oficiales, animada por sentimientos tan inmaculadamente desinteresados que son más propios de santos que de seres humanos (Scalabrini Ortiz, 1940: 52).
Así como Jauretche encontraba en la idea de “civilización y barbarie” a la madre de todas las zonceras, este artículo propone pensar como la madre de las zonceras desmalvinizadoras al postulado que sostiene que “Malvinas son islas inservibles sin valor, por las cuales no tiene sentido pelear”. A continuación, se ofrecen argumentos que muestran lo falaz de una afirmación de este sentido, mostrándola como lo que es, un zoncera.
En primer lugar, esta zoncera se cae a pedazos porque si fueran islas sin valor, no tendría sentido que Gran Bretaña mantuviera un enclave colonial a catorce mil millas de distancia, el cual tiene un costo de mantenimiento sumamente elevado, con una base militar permanente que tampoco es gratis. Si son islas sin valor, ¿por qué Gran Bretaña no se deshace de ellas?
Evidentemente tienen un valor, el cual, como sostiene Juan Campagna, está expresado en su posición geopolítica y estratégica a nivel mundial, y por el control de los recursos naturales del Océano Atlántico y la Antártida. (Campagna, 2022: 189).
Desde la Primera Revolución Industrial hubo una fuerte producción ovina en Malvinas, la cual significó ingentes recursos lanares para Gran Bretaña, beneficios explotados por la FIC (Falkland Islands Company). Pero, ante la baja de los precios internacionales de esta producción en los años setentas, se le comenzó a prestar atención a un nuevo recurso: el petróleo. Para ello, se realizaron investigaciones in situ, siendo la más destacada de ellas la que dio como resultado al Informe Shackleton, el cual concluía en 1976 que: “Un tesoro inmenso, compuesto de proteínas, gas natural y petróleo podría ocultarse en la zona que rodea a las islas Malvinas ocupadas por Gran Bretaña y reclamadas por la Argentina, en el Atlántico Austral” (Campagna, 2022: 215).
En la actualidad también destaca la disponibilidad ictícola, debido a que a nivel mundial ya fueron explotados gran parte de los recursos terrestres, lo que llevó a un giro hacia los recursos de los océanos. En este marco, se destaca que el Atlántico Sur tiene actualmente la mayor reserva ictícola del mundo, lo cual está potenciado por el hecho de que en los otros océanos es un recurso en franco agotamiento por la sobreexplotación que se viene practicando en los últimos años. (Campagna, 2022: 195, 231).
Para dar una dimensión a esta riqueza ictícola, la usurpación ejercida por Gran Bretaña le permitió extraer, por medio de la venta de licencias de pesca a buques extranjeros,
un promedio anual de unas 250 mil toneladas de recursos pesqueros de Argentina equivalentes a una comercialización final (1976-2019) por valor de unos 140 mil millones de dólares. Por otra parte, buques españoles, chinos, coreanos, etcétera, extraen nuestros recursos originarios migratorios en la zona adyacente a la Zona Económica Exclusiva Argentina en el orden de un millón de toneladas anuales. Además, pese al Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, que firmaran Argentina y Uruguay en 1973-1974, este último país aporta sus puertos, facilitando la logística de los buques extranjeros citados (Cafiero et al, 2022: 196).
Respecto a la posición geopolítica y estratégica privilegiada, Malvinas es un punto que permite dominar el cruce interocéanico entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico, el cual constituye un canal natural alternativo al artificial Canal de Panamá, ante una hipótesis de conflicto que lo inhabilite. Malvinas y las islas del Atlántico Sur también son un punto geoestratégico fundamental porque tienen proximidad al continente africano, siendo un posible punto de atraque ente América y África, y entre el Atlántico y el Índico.
Así, Malvinas permite dominar una zona del Atlántico Sur que comunica los océanos Atlántico, Pacífico e Índico, en los cuales hay rutas comerciales de vital importancia para el mundo occidental, como la ruta petrolera del Cabo de Buena Esperanza, que transporta el petróleo que produce Oriente Medio hacia América del Norte y Europa. Otra ruta de gran importancia y caudal es la que atraviesa las costas de Brasil, Uruguay y Argentina, y enlaza a través del Estrecho de Magallanes, el Canal Beagle o el pasaje Drake, con el Océano Pacífico. Por estas razones, “quien domina el tráfico del Atlántico Sur domina el abastecimiento de ciertos recursos estratégicos de Europa occidental y América del Norte. Esta zona del planeta se encuentra dentro de las necesidades hegemónicas del mundo marítimo” (Campagna, 2022: 195).
Además, la importancia geopolítica y estratégica de Malvinas reside en su cercanía con la Antártida. El llamado continente blanco contiene el 70% del agua dulce del mundo, sin olvidar que el llamado “oro azul” será posiblemente la causal de las guerras del futuro. Además, la Antártida, a diferencia del Ártico, no es sólo hielo, sino hielo encima de un continente (el cuarto más grande del mundo), con cuantiosos recursos inexplorados. En base a su posesión sobre Malvinas y las islas del Atlántico Sur, Gran Bretaña reclama un sector de la Antártida como propio, el cual coincide en gran parte con las porciones reclamadas por Argentina y Chile.
Por lo tanto, “el valor estratégico del espacio geográfico y el control sobre los recursos naturales explica el interés de ocupación de las islas Malvinas y mares circundantes por parte de Gran Bretaña y, al mismo tiempo, su objetivo de consolidarse como potencia que vigila e incluye en su área directa de influencia el sector sudamericano de la Antártida” (Campagna, 2022: 189).
Por estas razones, la recuperación de las Malvinas daría a la Argentina el nivel de primera potencia en el Atlántico Sur alterando las relaciones de poder mundial. De este modo, Malvinas no es un sinsentido para Argentina, sino una fuente de recursos que la podrían recategorizar en el escenario mundial. Ante esta posibilidad operó la desmalvinización, sembrando en la población la idea de que son islas sin valor, por las cuales se peleó en una guerra injusta en 1982. La consecuencia de esta zoncera es que dejó de hablarse sobre el justo reclamo histórico de reivindicación de la soberanía argentina sobre Malvinas (Piccone y Mangini, 2013: 248). En este punto es interesante recuperar la reflexión sobre la oligarquía argentina que realizaron los hermanos Julio y Roberto Irazusta. Para estos pensadores, el problema de esta elite dirigente es que no piensa ni actúa en nacional, sino en extranjero (Irazusta e Irazusta, 1934: 194). Recordando esto, cobra sentido por qué se busca la desmalvinización en el propio país: porque beneficia a Gran Bretaña.
De hecho, Sofía Vasallo demostró que los argumentos de la desmalvinización son un calco exacto de los que utilizó Gran Bretaña durante la Guerra de Malvinas. El Ministerio de Defensa británico había llevado adelante una serie de ataques desmotivadores hacia la psicología de las fuerzas argentinas en Malvinas, como la emisora Radio Atlántico del Sur instalada en la isla Ascensión, o los panfletos arrojados desde el aire, donde se planteaba lo inútil de una resistencia argentina dada la diferencia técnica y tecnológica, y “presenta a la recuperación de las Malvinas como aventura absurda y criminal, producto de la arbitraria decisión de un dictador, que lleva a la muerte a sus soldados de ‘reconocido coraje’ por una ‘isla remota’. Busca erosionar la moral de la tropa aludiendo al desamparo, al hambre, al frío, al amor y al dolor de las familias” (Vasallo, 2019).
Por lo tanto, la zoncera desmalvinizadora que habla de que son islas sin valor, responde a los intereses británicos, defendidos en el propio país por la elite dirigente, políticos de turno, un arco importante de su intelectualidad,[5] gran parte de la prensa, y la mayoría de los ámbitos de educación.
En definitiva, al discutir esta zoncera desmalvinizadora, se buscó, como sostiene Jauretche, realizar un acto de liberación, porque “es como sacar un entripado valiéndose de un antiácido, pues hay cierta analogía entre la indigestión alimenticia y la intelectual. Es algo así como confesarse o someterse al psicoanálisis (que son modos de vomitar entripados), y siendo uno el propio confesor o psicoanalista” (Jauretche, 1973: 7). Un acto de liberación de este tipo, sin dudas, encaminará la recuperación nacional anhelada por tantos patriotas, como nuestros caídos y veteranos de la Guerra de Malvinas.
* Fuente Imagen: reporteaustral.com.ar
Referencias bibliográficas
Bramley, Vincent. (1994). Viaje al infierno. Escenas de una batalla de la Guerra de Malvinas. Buenos Aires: Planeta.
Cafiero, Mario; Godoy, Juan; Guidi, Dionela; y Defelitto, Rafael (2022). Las Malvinas, argentinas y suramericanas. El proyecto inconcluso de las Provincias Unidas en Suramérica. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial Octubre.
Campagna, J. (2022). Malvinas en el escenario internacional. Importancia geopolítica y estratégica de las islas y del Atlántico Sur. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Autores de Argentina.
Cangiano, F. (2012), “Desmalvinización, la derrota Argentina por otros medios”. Revista de la Facultad de Ciencias Sociales, núm. 80.
Eddy, P. y Linklater, M. (1988). Una cara de la moneda. La Guerra de Malvinas según la versión completa del The Sunday Times. Buenos Aires: Hyspamerica.
Hastings, M. y Jenkins, S. (1984). La batalla por las Malvinas. Buenos Aires: Emecé.
Irazusta, J. y R. Irazusta (1934). La Argentina y el imperialismo británico. Eslabones de una cadena 1803-1833. Buenos Aires: Tor.
Jauretche, A. (1973) [1968]. Manual de zonceras argentinas, Buenos Aires: Peña Lillo.
Mangini, Marcelo y Piccone, María (2013). “De la ‘desmalvinización’ a la regionalización del reclamo argentino por la soberanía sobre las Islas Malvinas”. Derecho Público, año 2, núm. 6, pp. 247-255.
Tinker, H. (1983). Malvinas. Cartas de un marino inglés. Buenos Aires: Emecé.
Thompson, J. (1985). No picnic [no fue un paseo]. La actuación de la 3ª Brigada de Comandos de Infantería de la Marina Británica en la guerra de las Malvinas. Buenos Aires: Atlántida.
Vassallo, María Sofía (2019), “Las otras marcas de Malvinas: el origen británico del modelo de las víctimas y el ´punto de vista del loco´”. Revista Viento Sur, año 9, núm. 21, ISSN: 1853-8762. Disponible en: http://vientosur.unla.edu.ar/index.php/las-otras-marcas-de-malvinas/
Woodward, S. (1992). Los cien días. Buenos Aires: Sudamericana.
[1] Ante la negativa de Menéndez de firmar un documento de estas características, Jeremy Moore, jefe de las tropas desplegadas en Malvinas, aceptó tachar la palabra “incondicional” (para disgusto de Londres) si eso significaba el fin de las hostilidades. Este acontecimiento tira por tierra una versión muy extendida según la cual “los pobrecitos chicos de la guerra” argentinos fueron derrotados en poco más de dos minutos por un ejército profesional como el británico: si hubiera sido así, no se explica por qué Moore puso tanto empeño en finalizar las hostilidades incluso al costo de contrariar las directivas políticas que le enviaban desde Londres.
[2] La literatura inglesa sobre la Guerra de Malvinas es profusa, ya que escribieron los propios combatientes (de distintos grados y nivel de responsabilidad), historiadores militares, corresponsales de guerra, y periodistas. Pese a la variedad de escritores, todos coinciden en destacar al soldado argentino (soldado en sentido amplio) por su valentía, arrojo y preparación. Un lugar común en dichos escritos es caracterizar a los soldados argentinos como leones que no cedieron ningún terreno sin dar una dura pelea, causando más problemas a los británicos de lo que éstos creían de antemano. Como dice el aforismo, “si querés saber cómo te fue en la guerra, preguntale a tu enemigo”. Ver: Bramley (1994), Eddy y Linklater (1988), Hastings y Jenkins (1984), Tinker (1983), Thompson (1985), Woodward (1992).
[3] Sobre la desmalvinización, ver Cangiano (2012).
[4] La consecuencia de que Argentina sea la responsable de la guerra es que ella debe pagarla con la liquidación de su patrimonio público, tal como se definió en los Tratados de Madrid.
[5] Al respecto, puede verse “Malvinas, una visión alternativa” carta realizada por un sector de la intelectualidad argentina. Allí, a treinta años del conflicto del Atlántico Sur, se afirma que Malvinas tiene “escasa relación con los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan”, e invita a conciliar “los intereses nacionales legítimos con el principio de autodeterminación [de los kelpers] sobre el que ha sido fundado este país”. como diría Jauretche, una “zoncera de autoridad”. La carta completa está disponible en: